Pedro Kropotkin

LA GRAN REVOLUCIÓN
(1789 - 1799)
HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

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Presentación



La obra que ahora coloco en los estantes de la Biblioteca Virtual Antorcha, La Gran Revolución (1789 - 1799), del gran teórico del anarquismo comunalista, el ruso Pedro Kropotkin (1842-1921), es, sin duda alguna, uno de los más importantes ensayos que sobre el tema de la revolución francesa se han realizado.

Publicada en 1909, muy conocidos son los elogios que esta obra recibiría por parte de grandes personalidades, de entre las cuales sobresale la apreciación del gran lider bolchevique, Lenin, quien, si nos atenemos a lo expresado en la celebre entrevista que con Kropotkin tuvo, solicitó del llamado príncipe anarquista su autorización para la publicación de esta obra.

Necesitamos ilustrar a las masas, dijo Lenin, y sería deseable, por ejemplo, que su libro Historia de la Revolución Francesa, fuera publicado inmediatamente en una gran edición. Después de todo, es útil para cualquiera. Nos gustaría mucho publicar este excelente libro, y en una cantidad suficiente para llenar todas las bibliotecas, las salas de lectura en los pueblos y las bibliotecas de las compañías de los regimientos.

Pero, ¿dónde puede ser publicado? Yo no permito una edición publicada por el Estado, increpó Kropotkin.

¡No! ¡No!, interrumpió Lenin sonriendo amablemente.

Naturalmente no en la editorial del Estado, sino en una editorial cooperativa.

Kropotkin movió la cabeza, aprobando, visiblemente agradado por la propuesta y la rectificación.

Bueno, entonces, si usted encuentra el libro interesante y necesario, yo acepto publicarlo en una edición gratuita. Quizá sea posible encontrar una editorial cooperativa que acepte. (Véase, haciendo click aquí, Kropotkin, Pedro, Entrevista con Lenin y algunas opiniones sobre la Revolución Rusa, México, Biblioteca Virtual Antorcha, primera edición cibernética, enero del 2011. Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés).

Esa entrevista celebróse en Moscú durante el año de 1919, esto es, diez años más tarde de haber sido publicada.



Sobre el inmenso trabajo que Kropotkin realizó para escribir este soberbio ensayo, él mismo nos ilustra cómo empezo su labor, escribiendo:

Las investigaciones practicadas durante estos últimos treinta años por la escuela histórica, de la cual son representante M. Aulard y la Sociedad de la Revolución Francesa, han suministrado ciertamente preciosos materiales que arrojan mucha luz sobre los actos de la Revolución, sobre su historia política y sobre la lucha de los partidos que disputaban el poder. Pero el estudio de los aspectos económicos de la Revolución y de sus luchas no está hecho aún, y, como dice justamente M. Aulard, no bastaría una vida entera para terminar tarea semejante, sin la cual, preciso es reconocerlo, la historia política permanece incompleta y frecuentemente incomprensible. Sin embargo, en cuanto el historiador aborda este aspecto de la tormenta revolucionaria, toda una serie de nuevos problemas, vastos y complicados, se ofrecen a su consideración.

Con la idea de aclarar algunos de esos problemas, emprendí desde 1886, estudios separados sobre los orígenes populares de la Revolución, sobre los levantamientos de los campesinos en 1789, sobre las luchas en pro y en contra de la abolición de los derechos feudales, sobre las verdaderas causas del movimiento del 31 de mayo, etc. Por desgracia me he visto obligado a limitarme, para tales estudios, a las colecciones impresas -muy ricas sin duda- del British Museum, y no he podido entregarme a investigaciones en los Archivos nacionales de Francia.

O sea que durante cerca de ventitrés años Kropotkin estuvo realizando trabajos relacionados con el tema de la Revolución Francesa que, finalmente, concluiría con la publicación de La Gran Revolución.

Pero, ¿qué es lo que Kropotkin pretendió al escribir este ensayo?

La respuesta, a tal interrogante no es otra que el buscar ahondar en una parte sumamente importante del proceso revolucionario francés: la acción popular, la acción de las multitudes.

Tengamos en cuenta que en la opinión de Kropotkin, la conjunción de dos grandes corrientes, fueron cruciales en el desarrollo revolucionario, y así dice:

Dos grandes corrientes prepararon e hicieron la Revolución: una, la corriente de ideas, -la ola de ideas nuevas sobre la reorganización política de los Estados-, venía de la burguesía; otra, la de la acción, venía de las masas populares, de los campesinos y de los proletarios de las ciudades, que querían obtener mejoras inmediatas tangibles a sus condiciones económicas. Cuando esas dos corrientes se encontraron en un objeto común, cuando durante algún tiempo se prestaron un apoyo mutuo, entonces se produjo la Revolución.



Así, en su opinión, correspondía a los herederos de los denominados, en la época de la Revolución francesa, anarquistas, el internarse en la investigación del fondo de esas luchas populares que antecedieron y fueron contemporáneas del proceso revolucionario, buscando encontrar verdades y extraer conclusiones de utilidad, porque mal se hace en confundir motines, levantamientos, luchas callejeras con la Revolución.

Una Revolución, sentenciaba Kropotkin, es infinitamente más que una serie de insurrecciones en los campos y en las ciudades, es más que una simple lucha de partidos, por sangrienta que sea; más que una batalla en las calles, y mucho más que un simple cambio de gobierno, como el que hizo Francia en 1830 y 1848. Una revolución es la ruina rápida en pocos años de instituciones que habían empleado siglos en arraigarse y que parecían tan estables y tan inmutables que los reformadores más fogosos apenas osaban atacarlas en sus escritos; es la caída y la pulverización en un corto número de años de todo lo que constituía hasta la esencia de la vida social, religiosa, política y económica de una nación, el abandono de las ideas adquiridas y de las nociones corrientes sobre las relaciones tan complicadas entre todas las unidades del rebaño humano.

Es, en fin, la floración de nuevas concepciones igualitarias acerca de las relaciones entre ciudadanos; concepciones que pronto se convierten en realidades comenzando a irradiar sobre las naciones vecinas, y trastornan el mundo dando al siglo siguiente su orientación, sus problemas, su ciencia, sus líneas de desarrollo económico, político y moral.

Tenemos entonces que, para el llamado príncipe anarquista, el estudio del desarrollo revolucionario francés de fines del siglo XVIII constituía prácticamente una obligación, puesto que en sus entrañas quizá era posible extraer lecciones valiosísimas de las que podían hacer uso los desheredados del banquete social en su cotidiana lucha en pro de su liberación.

Ya hacía tiempo, escribia Kropotkin, que los filósofos del siglo XVIII venían socavando los cimientos de las sociedades cultas de la época, en las que el poder político, lo mismo que una inmensa parte de las riquezas, pertenecían a la aristocracia y al clero, en tanto que la masa del pueblo quedaba en la situación de acémila de los poderosos. Proclamaron la soberanía de la razón, predicaron la confianza en la naturaleza humana declarando que, aunque corrompida por las instituciones que en el curso de la historia impusieron al hombre la servidumbre, recobraría todas sus cualidades cuando reconquistara la libertad, y de este modo los filósofos abrieron a la humanidad nuevos horizones. Con la proclamación de la igualdad de todos los hombres, sin distinción de origen, y pidiendo la obediencia a cada ciudadano, -rey o campesino-, a la ley, considerada como la expresión de la voluntad nacional cuando ha sido hecha por los representantes del pueblo: con la demanda de la libertad en los contratos entre hombres libres y la abolición de las servidumbres feudales; formulando todas esas reclamaciones unidas entre sí por el espíritu sistemático y el método que caracterizan el pensamiento del pueblo francés, los flósofos habían preparado seguramente la caída del antiguo régimen, al menos en la mentalidad general.

Pero esto sólo no bastaba para que estallase la Revolución; había que pasar de la teoría a la acción, del ideal concebido en imaginación a su práctica en los hechos, y lo que sobre todo ha de estudiar hoy la historia son las circunstancias que permitieron a Francia hacer ese esfuerzo en un momento dado: comenzar la realización del ideal.

Y eso precisamente es lo que realiza Kropotkin al escribir esta obra: profundiza las circunstancias de manera meticulosa, exponiendo al lector, de manera clara y contundente, todas y cada una de las facetas por las que atravesó el movimiento revolucionario francés; y lo hace de una manera sumamente didáctica, obviando los lugares comunes y las anécdotas, y magnificando los eslabones del proceso, y todo ello expresado de una manera harto sencilla, sin rebuscamientos; con un lenguaje directo, claro, preciso.

Esa enorme facilidad de comunicación de la que nuestro príncipe anarquista hace gala, logra poner al alcance de cualquier intelecto el mensaje que esta brindando.

La edición que ahora estoy digitalizando mediante la elaboración de archivos pdf, no es otra que la bellísima y realmente formidable edición en papel traducida por el libertario español Anselmo Lorenzo y editada en México, a manera de facsimil, esto es, copiada de la edición original española, por Editora Nacional.

El diseño y la traducción de la edición que sirviome de base para la digitalización en archivos pdf, es verdaderamente maravillosa, y ya se convencerá quien se adentre a su lectura de lo que he señalado.

A continuación coloco, tratando de brindar mayores facilidades a las personas que por uno u otro motivo accedan a esta obra, el índice temático de la misma, advirtiendo que cada capítulo corresponde a un archivo por mí digitalizado.

Para finalizar, tan sólo me resta el desear una positiva consulta o una amena y gratificante lectura.

Marzo de 2016
Omar Cortés



INDICE

PRIMERA PARTE

Prefacio de Pedro Kropotkin.

Capítulo I
Las dos grandes corrientes de la Revolución.

Capítulo II
La idea.

Capítulo III
La acción.

Capítulo IV
El pueblo antes de la Revolución.

Capítulo V
El espíritu de rebeldía: los motines.

Capítulo VI
Necesidad de los Estados Generales.

Capítulo VII
La sublevación de los campos en los primeros meses de 1789.

Capítulo VIII
Motines en París y en sus inmediaciones.

Capítulo IX
Los Estados Generales.

Capítulo X
Preparativos del golpe de Estado.

Capítulo XI
París en vísperas del 14 de julio.

Capítulo XII
La toma de la Bastilla.

Capítulo XIII
Consecuencias del 14 de julio en Versalles.

Capítulo XIV
Levantamientos populares.

Capítulo XV
Las ciudades.

Capítulo XVI
Levantamiento de los campesinos.

Capítulo XVII
La noche del 4 de agosto y sus consecuencias.

Capítulo XVIII
Los derechos feudales subsisten.

Capítulo XIX
Declaración de los derechos del hombre.

Capítulo XX
Jornadas del 5 y del 6 de octubre de 1789.

Capítulo XXI
Terror burgués. Nueva organización municipal.

Capítulo XXII
Dificultades financieras. Venta de los bienes del clero.

Capítulo XXIII
La Fiesta de la Federación.

Capítulo XXIV
Los distritos y las secciones de París.

Capítulo XXV
Las secciones de París bajo la nueva ley municipal.

Capítulo XXVI
Lentitud en la abolición de los derechos feudales.

Capítulo XXVII
Legislación feudal de 1790.

Capítulo XXVIII
Pausa de la Revolución en 1790.

Capítulo XXIX
La huída del rey. La reacción. Fin de la Asamblea Constituyente.

Capítulo XXX
La Asamblea Legislativa. La reacción en 1791-1792.

Capítulo XXXI
La contrarrevolución en el Mediodía.

Capítulo XXXII
El 20 de junio de 1792.

Capítulo XXXIII
El 10 de agosto; sus consecuencias inmediatas.

Capítulo XXXIV
El interregno. Las traiciones.

SEGUNDA PARTE

Capítulo I
Las jornadas de septiembre.

Capítulo II
La Convención. El Municipio. Los jacobinos.

Capítulo III
El gobierno. Luchas en el seno de la Convención. La guerra.

Capítulo IV
El proceso del rey.

Capítulo V
Montaña y Gironda.

Capítulo VI
Esfuerzos de los girondinos para detener la Revolución.

Capítulo VII
Los Anarquistas.

Capítulo VIII
Causas del movimiento del 31 de mayo.

Capítulo IX
Reivindicaciones sociales. Estado de los ánimos en París. Lyon.

Capítulo X
La guerra. La Vendée. Traición de Dumouriez.

Capítulo XI
Inminencia de un nuevo levantamiento.

Capítulo XII
El levantamiento del 31 de mayo y del 2 de junio.

Capítulo XIII
La Revolución popular. El empréstito forzoso.

Capítulo XIV
Tierras comunales. Lo que hizo de ellas la Legislativa.

Capítulo XV
Devolución de las tierras a los municipios.

Capítulo XVI
Abolición definitiva de los derechos feudales.

Capítulo XVII
Bienes nacionales.

Capítulo XVIII
Lucha contra la escasez. El máximum. Los asignados.

Capítulo XIX
La contrarrevolución en Bretaña. Asesinato de Marat.

Capítulo XX
La Vendée. Lyon. El Mediodía.

Capítulo XXI
La guerra. La invasión es rechazada.

Capítulo XXII
La Constitución. El gobierno revolucionario.

Capítulo XXIII
Consunción del espíritu revolucionario.

Capítulo XXIV
El movimiento comunista.

Capítulo XXV
Ideas sobre la socialización de la tierra, de las industrias, de las subsistencias y del comercio.

Capítulo XXVI
Fin del movimiento comunista.

Capítulo XXVII
Constitución del gobierno central. Las represalias.

Capítulo XXVIII
Instrucción. Sistema métrico. Nuevo calendario. Tentativas antirreligiosas.

Capítulo XXIX
Destrucción de las secciones.

Capítulo XXX
Lucha contra los hebertistas.

Capítulo XXXI
Caída de los hebertistas. Ejecución de Dantón.

Capítulo XXXII
Robespierre y su grupo.

Capítulo XXXIII
El Terror.

Capítulo XXXIV
El 9 termidor. Triunfo de la reacción.

Conclusión de Pedro Kropotkin.

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