Índice de Crónicas y debates de la Soberana Convención Revolucionaria Recopilación de Florencio Barrera FuentesPrimera parte de la sesión del 11 de marzo de 1915 Primera parte de la sesión del 21 de marzo de 1915Biblioteca Virtual Antorcha

CRÓNICAS Y DEBATES
DE LAS SESIONES DE LA
SOBERANA CONVENCIÓN REVOLUCIONARIA

Compilador: Florencio Barrera Fuentes

SESIÓN DEL 11 DE MARZO DE 1915

Presidencia del ciudadano Matías Pasuengo
Segunda parte


El C. vicepresidente
Tiene la palabra el ciudadano Piña.

El C. Piña
Primero l1ame usted al orden a la Asamblea. (Campanilla)

El C. Piña
Estoy seguro de que muchos señores miembros de esta Asamblea están en la creencia de que yo me opongo a que se declare en receso la Convención, para que así tengan oportunidad los miembros de ella de poder ir a la ciudad de México a visitar a sus familias o a atender negocios particulares.

Manifiesto a ustedes que yo estoy enteramente conforme con esa idea y, por último, ante la realidad de los hechos no puedo oponerme. Veo que toda la Asamblea en masa opina por la idea de transladarse a México; por lo tanto no vengo a oponerme a que se tome un acuerdo conducente, a fin de que los señores delegados tengan el placer de ir a la metrópoli; sólo que yo me opongo a que el acuerdo respectivo se tome en la forma, en los términos en que lo consulta la Comisión dictaminadora, y para ello voy a dar mis razones.

En primer lugar, aun cuando tengamos todos el convencimiento de que la ciudad de México ha sido evacuada por las fuerzas carrancistas y ocupada a la vez por fuerzas del Ejército del Sur, eso no es una razón, para que nosotros sin más ni más cometamos la imprudencia de tomar un acuerdo en el sentido de que la residencia de los Poderes se fije nuevamente en la capital de la República.

Las observaciones que ha hecho a este respecto el distinguido delegado Dr. Cuarón, han sido por demás acertadas, perfectamente atinadas. Para tomar esa resolución es indispensable, en bien de los intereses que representamos, en bien de la institución misma de la cual formamos parte, que tengamos la más absoluta seguridad, o cuando menos muchas probabilidades, de que al transladarnos a la capital de la República vamos a gozar de todas las garantías necesarias, a fin de poder continuar, como hasta hoy, laborando en el sentido que nos hemos propuesto. Pudiera darse el caso, por una de tantas contingencias de la guerra, muy frecuentes en estos tiempos, de que el enemigo volviese a la carga, amenazando a la capital, y desde el momento en que la capital estuviera amenazada, ya no estariamos en condiciones, ni física ni moralmente, para continuar laborando en aquella capital; y no hay duda de que se daría el vergonzosísimo espectáculo de ser presa nuevamente de un pánico indescriptible y ridículo, para acabar, al final de cuentas, por huir vergonzosísimamente, como lo hicimos hace poco y venir a buscar nuevamente refugio en esta hospitalaria ciudad. Y a ese ridículo, a esa nueva plancha, como lo decía hace un momento, a que exponemos a la Asamblea (ese es mi criterio), es a lo que yo me opongo, y por esta razón pido que se repruebe el dictamen de que se trata.

Debo recordar, por otra parte, a los señores delegados, que conforme a una ley preexistente, la famosa ley parlamentaria, el Ejecutivo tiene la obligación imprescindible de consultar el día de mañana el nombramiento de su Gabinete, por fenecer el plazo de ocho días que se le concedió. El Ejecutivo, aunque nosotros entremos en receso, dará cumplimiento a esa disposición que es para él un mandato legal. Y, naturalmente, será improcedente que el Ejecutivo consulte la aprobación o reprobación de la Asamblea el nombramiento de sus Ministros, si la Asamblea va a entrar en receso.

Debo también recordar a los señores delegados, que conforme a la citada ley parlamentaria, puede el Ejecutivo, en los recesos de la Asamblea, someter ante la Comisión permanente la aprobación de los nombramientos que haya hecho, y la Comisión permanente será la que resuelva lo conducente; y ya que, según se nos ha manifestado por un grupo de delegados surianos, que están conformes en que se reserve el nombramiento del Gabinete, cuando la Convención se instale en la capital de la República, creo necesario facultar al Ejecutivo por medio de un acuerdo, para formar su Gabinete cuando la Convención funcione en la capital de la República, y creo conveniente que se tome este acuerdo antes de que entre en receso la Asamblea. (Una voz: No puede resolver la Permanente)

Yo sé, por conductos dignos de todo crédito, que el Ejecutivo, aun cuando la Asamblea se declare en receso, en cumplimiento de esa ley tiene que consultar el nombramiento del Gabinete. Al señor delegado que dice que la Permanente no puede resolver este asunto, debo decirle, refrescándole la memoria, que uno de los artículos de la ley parlamentaria dispone eso. Debo advertir otra cosa: por el hecho de que el Ejecutivo no diere cumplimiento a esta ley, sino hasta que se encuentren los Poderes en la ciudad de México, se le harán cargos en el sentido de que obstruye la labor de la Convención y de que se opone a que se ponga en vigor la Ley Parlamentaria. (Voces: No, no, no)

El C. Piña (continuando)
Pudiera ser que por no dar cumplimiento a lo mandado por la Convención, de someter en la fecha indicada, a su deliberación, el nombramiento de Ministros, se le hicieran cargos al encargado del Poder Ejecutivo (Siseos. Desorden. Campanilla)

Como he expresado de una manera muy clara y terminante, no tengo inconveniente en que la Asamblea entre en receso para reanudar sus sesiones en la ciudad de México; pero, en previsión de cualquier contingencia, deben tomarse algunas precauciones; sobre todo, atendiendo a las circunstancias anormales por que atravesamos; debemos considerar que, efectivamente, estamos expuestos a mil contingencias, y por esto yo desearía que la Asamblea entrara en un receso de diez días, por ejemplo, y que a la vez entrara en funciones la Comisión Permanente, la cual hará la convocatoria del caso, para citarnos al nuevo período de sesiones, fijando la fecha, el lugar, etc., etc., de acuerdo con las circunstancias; en apoyo de mi idea hay ya un precedente; en efecto, en un caso análogo esta misma Asamblea tomó idéntico acuerdo en Aguascalientes; aun cuando teníamos muchas facilidades para llegar a la capital de la República, en previsión de cualquiera emergencia, se nombró la Comisión Permanente, a la cual se dio la facultad de convocar a sesiones, como lo hizo en su oportunidad.

Propongo, pues, que la Asamblea apruebe un acuerdo en el sentido de declarar que la Asamblea entra en receso por el término de diez días, entretanto las fuerzas convencionistas garantizan la permanencia y seguridad de la Soberana Convención Revolucionaria en la ciudad de México; comprometiéndose a reanudar las sesiones cuando para ello seamos convocados. Me parece que con un acuerdo en estos términos es suficiente.

El C. Cervantes
Suplico a usted que se sirva leer nuevamente esa proposición.

El C. Piña
La proposición no fue redactada por mí, pero encierra la idea de que el nombramiento de Gabinete se haga en la ciudad de México, y yo solamente añado que se declare que la Convención entra en receso y que funcionará mientras se reanudan las sesiones, la Comisión Permanente.

El C. Treviño
Pido la palabra para ilustrar al señor Piña.

El C. presidente
Tiene la palabra el ciudadano Treviño.

El C. Treviño
Yo ruego atentamente a la Secretaría que el dictamen de la Comisión de Gobernación sea leído, a fin de que se fije el ciudadano Piña en que ya se dice: Comuníquese al Ejecutivo para que surta sus efectos, y con eso ya se evita el escollo señalado por el señor Piña, y que se refiere al nombramiento de Ministros; es decir, a la Ley sobre parlamentarismo.

El C. Piña
Pido la palabra.

El C. presidente
Un momento, señor; está anotado antes el ciudadano Borrego.

El C. Borrego
Señores delegados:

Temo que la siempre elocuente y persuasiva peroración del señor Piña, pueda influir en el ánimo de ustedes. Nos ha expendido dos argumentos con los que yo no estoy de acuerdo. Nos ha dicho que es muy posible que las fuerzas convencionistas que hayan tomado posesión de la capital de la República, no puedan garantizar la permanencia de la Convención en aquella ciudad y que entonces nos veríamos obligados a retroceder aquí, lo cual sería ridículo.

Señores: yo creo que una retirada no es ridícula ni mucho menos vergonzosa. El señor Piña conoce nuestra Historia y la Historia de todas las naciones, y allí hay retiradas que son muy gloriosas; hay retiradas que valen más que una victoria. Será vergonzoso retroceder ante un enemigo inferior, pero no lo es si el enemigo nos ataca con un número muy superior a nuestras fuerzas; por ejemplo, si mañana o pasado cincuenta o sesenta mil hombres del ejército carrancista van sobre la capital y el Ejército convencionista tiene cinco o seis mil hombres, no podrá resistir, y entonces retrocederemos aquí; eso no es ridículo, no es risible; es sencillamente conveniente.

Otro de los argumentos que presenta el señor Piña, es que el Ejecutivo se verá en muy difíciles condiciones para cumplir con la Ley parlamentaria, y el señor Piña olvida esto:

Que la suspensión de un término implica la suspensión de los derechos y obligaciones de las partes. Así, por ejemplo, en Derecho, cuando se suspende un término, no corre para ninguna de las partes, los derechos y las obligaciones no se ejercitan, quedan en suspenso y se reanudan cuando deja de estar en suspenso el término. De manera que si el Ejecutivo mañana no puede proponemos a su Gabinete, a sus Ministros, que, conforme a la Ley parlamentaria, tiene la obligación de proponer, lo hará en México o donde se venza el término, cuando se reanuden las sesiones.

El C. Casta
Veo que en el dictamen se pone un plazo de diez días durante el cual nos podremos convencer si podemos permanecer o no en México; así es que la proposición que nos presenta el señor Piña es el mismo gato, nada más que revolcadito.

Por otra parte, la Comisión, al dictaminar en la forma que lo ha hecho, es en virtud de que tiene la firme convicción de que si la Asamblea no lo aprueba, los delegados o la mayoría de ellos se irán con la voluntad o contra la voluntad de la Asamblea.

También debo manifestar que la opinión de la Comisión es absolutamente contraria a la del señor Dr. Cuarón, respecto a si tenemos o no seguridad de permanecer en México; yo pregunto, señores, ¿hay fuerzas o no las hay? (Voces: No las hay)

Eso es simple y sencillamente nulificar al Ejército del Sur, pues en caso de peligro seguramente que el Ejército del Sur nos daría tiempo para retirarnos otra vez y protegería nuestra retirada; francamente eso no es más que miedo cerval e injustificado. (Voces: Muy bien. Aplausos)

El C. Matías Pasuengo
Quiero sentar este hecho: en México se aceptó la Ley parlamentaria, y algunos delegados sostienen que hasta se imprimió, y, sin embargo, venimos a Cuernavaca y el Ejecutivo no nos ha presentado la terna de los ministros ...

El C. presidente
Suplico al señor Pasuengo que concrete el hecho que desea exponer, porque se está saliendo de la cuestión.

El C. M. Pasuengo
También el ciudadano Piña se salió de la cuestión, diciendonos que el Ejecutivo va a tener que nombrar mañana a sus Ministros, y esto no se halla a discusión; pero la verdad es que el señor Piña se quiere salir siempre con la suya; eso era el hecho que quería yo sentar.

El C. Piña
Pido la palabra para una aclaración.

El C. vicepresidente
Tiene la palabra el ciudadano Piña.

El C. Piña
Procuraré ser lo más breve posible, para no cansar a la Asamblea.

Si yo me opongo, señores, a que se apruebe el dictamen que se consulta, es porque dice que entre en receso la Convención, por diez días, y se cite para reanudar las sesiones en la ciudad de México, el día 21 del corriente, a las cuatro de la tarde.

Pudiera darse el caso, y esto quiero hacerlo notar a la Asamblea, que por causas de fuerza mayor no pudiéramos reunirnos el 21 de los corrientes en México, sino, muy al contrario, quizá nos veamos en la obligación de correr nuevamente para acá, porque el enemigo amenace la capital, aun cuando sea, según se dice aquí, muy honroso correr, o quizá tengamos que irnos al Norte y desmembrarnos porque entrara el miedo y se escuchara el grito de sálvese quien pueda; puede darse ese caso.

Yo pregunto a los señores delegados: ¿qué pierde la Asamblea con tomar un acuerdo como el que yo propongo para que la Comisión permanente entre en funciones mientras dure el receso de la Asamblea, y que la Comisión permanente sea la que convoque a sesiones en la ciudad de México, en Cuernavaca, o donde le parezca conveniente? Mi idea es únicamente no exponer a la Asamblea a una plancha, porque para planchas nos hemos tirado muchas.

El C. Fierro
Pido la palabra para una aclaración.

El C. Cervantes
Pido la palabra para una aclaración. (Siseos. Desorden) (Voces: Callénse. No lo dejan hablar)

El C. Cervantes
Quiero hacer dos aclaraciones; en una de ellas estoy interesado personalmente.

Quiero insistir en mi opinión, significando que el señor Piña tiene, por un rasgo peculiar de su carácter, guiado por su primera impulsión, tiene la tendencia de que siempre subsista su opinión.

Refiriéndose al dictamen, dice que es deficiente porque señala las cuatro de la tarde del día 21, para que se reanuden las sesiones, y que allí se dice que entrará en receso la Convención, por un período improrrogable de diez días, sosteniendo que una y otra cosa pueden fallar; pero eso es de poca monta. Lo que me interesa, señores delegados, y en eso estriba el perdón que pido, es hacer constar que si expresé algunas palabras que pudieran desagradar al señor Piña, lo hice sin intención ninguna de ofenderlo. Yo tengo por el señor Piña una viva simpatía y una particular estimación; supongo que él me estima, y con toda franqueza, como amigo que soy de él, expuse un hecho que era una verdad, e insisto en afirmarlo; pero mi intención no implicaba, ni remotamente, la idea de ofenderlo en la forma más leve.

Hago esta aclaración, porque ha quedado en mi ánimo una impresión desagradable con motivo de ese incidente, y porque quiero que todos los señores delegados queden convencidos de que el señor Piña y Yo somos buenos amigos.

El C. Fierro
Creo que es inútil que estemos argumentando en pro de un asunto que está de antemano aprobado porque, ténganlo bien entendido: todos los delegados del Norte, quiéranlo o no lo quieran algunos delegados del Sur, se marcharán hoy o mañana a México, y no sólo ellos sino muchos de mis amigos íntimos del Sur, que me han indicado que están dispuestos a proceder en igual forma.

Respecto del escrúpulo del señor Piña, de que el Ejecutivo se encuentra en una situación anormal y que no sabrá qué hacer si la Convención se va, toda vez que por la Ley parlamentaria se le ha prevenido que nombre su Gabinete, lo cual debería hacer mañana, yo contesto al señor Piña que, según los acuerdos que se han tomado en Juntas privadas, se ha llegado a la conclusión de que los Ministros que aquí se nombraran funcionarían provisionalmente y que en México se nombraría el Gabinete definitivo.

Esto se acordó porque se temía que las fuerzas carrancistas hicieran resistencia todavía por mucho tiempo, y para evitar que siguiera funcionando el Presidente o Encargado del Poder Ejecutivo, como hasta hoy, es decir, sin tener Ministros, nombrando a los empleados subalternos para tales cargos y haciendo lo que le parecía conveniente; pero como las circunstancias han cambiado favorablemente para la Convención, sería ridículo que nombrara el Presidente un Gabinete provisional, para que dentro de ocho días se procediera a nombrar un Gabinete definitivo.

En consecuencia, creo que esto se podría subsanar adicionando la proposición con otra distinta, por medio de la cual se autorizase o se le concediera al Ejecutivo una prórroga por diez o quince días, para que proceda a someter a la aprobación de la Asamblea, el nombramiento de sus Ministros.

Respecto de si la Asamblea considera pertinente que entre en funciones la Comisión permanente, estimo que no lo juzgará así, porque claramente lo dice el dictamen que está a discusión: la Asamblea continuará en funciones y sólo suspende sus sesiones para reanudarlas en México el día 21 del mes actual.

En vano es que queramos oponernos a las ideas de la mayoría de los delegados, y sucederá en este caso lo que sucedió en México: en la última sesión se acordó que al día siguiente, a las nueve de la mañana, se reuniría la Asamblea; todos estuvimos conformes, y ya vimos cómo, a pesar de que ni siquiera se asomaban los carrancistas, salieron muchos delegados, unos a pie, otros a caballo y otros en automóviles, huyendo de la ciudad de México para venir a Cuernavaca; tres días después el enemigo no entraba aún, y ya la mayoría de los delegados estaba aquí. Lo mismo sucederá en este caso, si la Asamblea, guiada por las palabras demagógicas del señor Velázquez, para captarse los aplausos de las galerías; no considera ni aprueba el dictamen que se discute, pues la mayor parte de los delegados se marcharán a México, y no habrá quórum, y no podremos celebrar nuestras sesiones; y hay más: ni siquiera se les podrá amenazar con que se les multará, pues no habiendo quórum no habrá sesión y no habrá motivo para aplicar las multas.

Es de todo punto inútil continuar argumentando en pro, y pido a la Asamblea que apruebe el dictamen que se discute.

El C. Piña
Pido la palabra para una aclaración. (Voces: ¡Ya no, hombre! ¡Ya no! ¡Ya hablaron muchos!)

El C. Piña
Yo ruego a los señores delegados que sean indulgentes siquiera en esta vez. Es cierto que ya han hablado muchos delegados; pero me parece pertinente, aun cuando al señor González Cordero no le parezca, a juzgar por sus manifestaciones de desagrado ... (Voces: Esas manifestaciones son de todos. Ya estamos fastidiados)

El C. Piña
Se ha dicho aquí que desde el momento en que entra en receso la Convención, no corre el término Que establece la Ley parlamentaria ... (Voces: Eso es argumentar)

El C. Piña
No, señor; esa es una aclaración que quería hacer. Ahora voy a hacer otra muy pequeña. (Risas) (Una voz: ¡Ya no!)

El C. Piña
Tengo entendido, según lo que han dicho en lo privado algunos señores delegados, que no están conformes con que se apruebe el dictamen tal como lo han presentado, porque eso signifiea que la Convención entre en receso. En consecuencia yo pido que se reforme el dictamen en el sentido que ya se ha indicado.

El C. Valle
Pido la palabra. (Voces: ¡Ya no! Desorden. Campanilla)

El C. Valle
Es para sentar un hecho. No voy a tomar la palabra ni en pro ni en contra, sino únicamente ... (Siseos. Desorden. Campanilla)

El C. vicepresidente
Se hace presente a los señores delegados que en estos momentos es cuando menos debe darse lugar a que se diga que la mayoría ejerce presión sobre los que no quieren irse.

El C. González Cordero
Bueno, pues que se queden; yo me voy. (Risas. Desorden. Campanilla)

El C. Cruz
Aquí lo que veo es que no hay educación.

El C. Fierro
Pido la palabra para una moción de orden.

En vista que han hablado ya más de tres oradores en pro y tres en contra, y de que se han presentado setenta hechos y doscientas aclaraciones, es procedente que la Mesa pregunte, desde luego, conforme al Reglamento, si está suficientemente discutido el dictamen. (Bravos. Aplausos)

El C. vicepresidente
La Presidencia juzga pertinente la indicación del señor Fierro, y por conducto de la Secretaría se hará la pregunta a la Asamblea.

El C. Valle
Pido la palabra para sentar un hecho. (Voces: ¡No, no!)

El C. Valle
Iba a renunciar al uso de la palabra; pero una vez que el compañero Fierro, de una manera indebida, ha hecho uso de ella, me veo en la necesidad de protestar por que a mí se me niegue para sentar un hecho que es muy importante. (Voces: ¡Cállate, cállate! Campanilla)

El C. secretario Zepeda
Se pregunta a la Asamblea si está suficientemente discutido el dictamen.

El C. Velázquez
Pido la palabra en contra.

El C. vicepresidente
Ruego atentamente al señor Velázquez, que guarde compostura y que no introduzca el desorden.

El C. Velázquez
Y yo le ruego a usted que cumpla con su deber.

El C. secretario Zepeda
Suficientemente discutido.

En votación económica se pregunta si se aprueba.

El C. Piña
Pido votación nominal.

El C. Cuarón
Me permito llamar la atención sobre que el día 21 es domingo. (Voces: No le hace, no le hace)

El C. Zepeda
Dice el dictamen que va a votarse: (Lo leyó)

Los que estén por la afirmativa sírvanse ponerse de pie.

Aprobado. (Aplausos. Desorden. Campanilla)

El C. vicepresidente
Se suspende la sesión por unos momentos. (Voces: ¡No, no! ¡Que se levante! ¡Lista! ¡Lista!)

El C. presidente
Continúa la sesión. (Voces: ¡Lista! ¡Lista! ¡Vámonos!)

El C. vicepresidente
No se ha levantado la sesión; se va a dar cuenta con algunos asuntos urgentes.

El C. secretario Zepeda
Se ha recibido el siguiente oficio del ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo.

Al margen un sello con el escudo de la Nación, que dice: Presidente Provisional de los Estados Unidos Mexicanos.

Quedo enterado con suma satisfacción, de que la Soberana Convención Revolucionaria se ha servido facultar al Ejecutivo de mi cargo, para que de la cantidad de $25.000,000.00 que importa la emisión de papel moneda decretada con fecha 25 de febrero próximo pasado, invierta hasta la suma de $5.000,000.00 (cinco millones de pesos) en la compra y almacenamiento urgentes de artículos de primera necesidad con que habrá de proveerse a la capital de la República, cuando ésta sea ocupada por las fuerzas convencionistas.

Hónrome en presentar a esa H. Asamblea mis felicitaciones más sinceras por tan noble proceder, y tengo el gusto de participarle que tan luego como empiece a disponer del dinero de la nueva emisión, se dará atención preferente a tan ardua labor como la que hay que emprender en favor de la ciudad de México; permitiéndome hacer presente a esa Soberana Asamblea, la circunstancia de que desde un principio el Ejecutivo de mi cargo ha estado trabajando en ese sentido.

Protesto, como siempre, las seguridades de mi distinguida y atenta consideración.

Reforma, Libertad, Justicia y Ley.
Cuernavaca, Mor., marzo 11 de 1915.
El Presidente de la Soberana Convención, Encargado del Poder Ejecutivo.
R. González Garza.
(Rúbrica)

Al ciudadano Secretario de la Soberana Convención Revolucionaria.
Presente.

A su expediente.

El C. Cervantes
Señores delegados:

Voy a permitirme decir a ustedes que por noticias que he recibido sé que el Encargado del Poder Ejecutivo tiene apenas una pequeña cantidad de dinero, que alcanzará a la suma de veinte o treinta mil pesos; de manera que si nosotros no lo facultamos para que gestione de algún modo la adquisición de dinero, a fin de hacer pagos de urgencia, como sueldos de empleados, etcétera, etcétera, y a fin de dar sanción al proyecto de gastar cinco millones de pesos en elementos de primera necesidad, para llevar a la capital de la República, el Ejecutivo se verá en un conflicto, por lo que me permito suplicar a mis apreciables compañeros que esperen unos dos o tres minutos, a fin de facultar al Ejecutivo para que, por el procedimiento que sea justo y conveniente, se arbitre recursos, debido a que del dinero que se está imprimiendo todavía no se tiene ni un centavo.

El C. Pasuengo M.
Señores delegados:

Sin duda alguna que el Reñor delegado Cervantes obra con mucha buena fe; pero él olvida que ya se aprobó en la sesión anterior que de los veinticinco millones de pesos que se están imprimiendo debe tomar los cinco millones de pesos para gastos de cereales, y nada más justo que se haga tal como se acordó.

El C. Cervantes
¡Pero si no hay nada de dinero, hombre!

El C. Pasuengo
Bueno, pues cuando estén hechos, que de allí se tomen los cinco millones.

El C. Cervantes
El señor Pasuengo no se ha fijado en lo que dije hace unos momentos. Para que el Ejecutivo pueda usar de la autorización que se le concedió para invertir cinco millones de pesos en compra de cereales, es indispensable que se le autorice también a que se arbitre ese dinero en la forma que lo crea conveniente, toda vez que de la emisión de veinticinco millones de pesos, autorizada, no se cuenta con un solo centavo. De manera que de no hacerlo así nuestra autorización sería inútil, porque no tendría efecto; y de lo que se trata es de dar facultad al Ejecutivo para que pueda arbitrarse esos recursos de alguna manera, para efectuar los pagos urgentes y para hacer la compra de artículos de primera necesidad.

El C. Pasuengo M.
La vez pasada que se trató de este asunto, yo tuve una conversación con el Encargado del Poder Ejecutivo, y le dije lo que habíamos acordado en la Junta privada que tuvimos, y él me contestó: Esas son cosas de ustedes, que siempre se adelantan a lo que yo pienso e invaden mis atribuciones, y me echó una regañada. (Risas)

Me extraña que él no haya dicho nada respecto del dinero, y el señor Cervantes nos diga que hay necesidad de esa autorización. Francamente yo no entiendo esto.

El C. secretario Zepeda
Habiendo hablado un orador en pro y otro en contra, se pregunta si se toma en consideración. (Voces: ¡No, no! ¡Sí, sí!)

El C. Cervantes
Ruego a la Asamblea que espere unos momentos; voy a modificar mi proposición, presentándola escrita, para apoyarla ampliamente.

El C. secretario Zepeda
Se pregunta si se concede al señor Cervantes el permiso que ha solicitado de la Asamblea para retirar su proposición y presentarla modificada.

Los que estén por la afirmativa sírvanse ponerse de pie.

No se da el permiso. (Desorden. Campanilla. Siseos)

El C. Velázquez
La Mesa tiene la culpa del desorden, y vuelvo a llamar la atención del señor presidente, para que cumpla con su deber. (Campanilla)

El C. Borrego
Moción de orden. La Secretaría preguntó primero si se concedía permiso para retirar la proposición; no se concedió el permiso, y ahora debe preguntar si se considera de urgente y obvia resolución.

El C. vicepresidente
La verdad es que la mayoría de los señores delegados no se ha dado cuenta de cómo han pasado los hechos. (Voces: Que se retire la proposición)

El C. secretario Zepeda
El delegado Cervantes pidió permiso por conducto de la Mesa, para retirar su proposición y presentarla modificada. Se hizo la pregunta del caso, y como parece que hay duda respecto de la resolución de la Asamblea, la Presidencia suplica a los señores delegados se sirvan decir si conceden al señor Cervantes permiso para retirar su proposición y presentarla modificada. (Voces: ¡No, no!)

El C. Piña
Debemos votar por que se modifique esa proposición.

El C. vicepresidente Castellanos
Yo suplico muy respetuosamente al señor Piña tenga la bondad de abstenerse de esas manifestaciones, que no son nada convenientes, aquí, tratando de inclinar las votaciones en un sentido o en otro. Usted puede dar su voto, señor Piña, pero deje a los demás votar como gusten.

El C. Piña
Sí, señor, y también tengo el derecho de procurar que los demás lo den como yo.

Voy a hacer una moción de orden. El señor secretario ha interrogado a la Asamblea sobre si da permiso al señor delegado Cervantes para retirar su proposición y presentarla reformada en un sentido más amplio: la Asamblea ha contestado negativamente, es decir, que no se le da el permiso al señor Cervantes. Ahora resta que la Asamblea resuelva si toma en consideración la proposición del señor Cervantes.

Pido a la Presidencia que dé cumplimiento a esta disposición reglamentaria.

El C. vicepresidente
Me es muy penoso estar oyendo que a cada momento se le hacen indicaciones a la Presidencia, cuando no saben los señores delegados si está obrando bien o mal.

El C. secretario Zepeda
La presidencia, por conducto de la Secretaría, pregunta a la Asamblea si se toma en consideración la proposición del señor delegado Cervantes.

El C. Borrego
No es ésa la pregunta. Se debe preguntar si es de urgente y obvia resolución.

El C. presidente
No lo pide así el señor Cervantes.

El C. Borrego
Entonces debió usted haber mandado pasar la proposición del señor Cervantes a una Comisión. (Aplausos)

El C. secretario Zepeda
Se procede a dar lectura al artículo 10 del Reglamento.

El C. Borrego
No sé si la Asamblea o la Presidencia han perdido la cabeza.

¿Cómo es que se habla aquí de suspender la proposición, cuando no hay nada a discusión, sino que se trata de una proposición nueva? No es, señores, proposición suspensiva. Estamos violando el Reglamento.

El C. presidente
Me es muy penoso tomar la palabra para decir al señor Lic. Borrego que aunque él tiene la razón en decir que ésta no es una proposición suspensiva, de todas maneras la Mesa tenía obligación de leerla y la Asamblea la obligación de haberla rechazado; pero como la aceptó, yo pregunto: ¿qué debe hacer ahora la Asamblea?

El C. Borrego
La Mesa sólo tiene obligación de mandar dar lectura a las proposiciones y si no se pide que se declaren de pronta y obvia resolución, entonces debe dictar, el trámite de mandarlas pasar a tal o cual Comisión para que dictamine, pero no someterlas desde luego a la consideración de la Asamblea.

El C. presidente
El ciudadano Borrego debe convenir en que si la Presidencia cometió un error, también debe culparse a la Asamblea de ese error, y al señor Borrego, que debió entonces pedir la palabra para impedir que se consumara el hecho y no hacer uso de ella cuando el hecho está consumado.(Desorden. Campanilla) (Voces: La proposición fue rechazada de plano)

El C. Borrego
Hay un medio de encauzar el debate, sumamente sencillo, y consiste en preguntar a la Asamblea si se declara el asunto de pronta y obvia resolución.

El C. Cervantes
Señores delegados:

Es inconcebible, que por errores de trámite, por errores que cometieron la Mesa, y la Asamblea, estemos perdiendo el tiempo tan lastimosamente. Yo les ruego que dejen a un lado esas consideraciones de tramitación, que tengan en cuenta que yo obro con toda buena fe y que se presente una nueva proposición relativa al asunto.

Solicito que se pregunte a la Asamblea si la voz de los señores Piña y Velázquez es más autorizada que la del resto de los delegados. (Risas)

El C. presidente
Va a preguntar la Secretaría, siguiendo el consejo del señor Lic. Borrego, rogándoles que entremos al orden, si se considera este asunto como de pronta y obvia resolución.

El C. Piña
La primera proposición, ¿verdad?

El C. presidente
Ruego al señor Piña que no me haga tantas indicaciones, porque de lo contrario abandono la Presidencia, ya que no sirvo para nada.

El C. Piña
¡No la abandone usted, señor! (Risas)

El C. secretario Zepeda
Se pregunta a la Asamblea si considera como de pronta y obvia resolución la siguiente proposición:

No habiendo presentado aún la Comisión de Hacienda, para su discusión, el Proyecto para el Presupuesto de Egresos del Gobierno Convencionista, y teniendo en cuenta que seguramente no será bastante la cantidad de $200,000.00 para cubrir los gastos ordinarios y extraordinarios de la administración, entre tanto es presentado el referido proyecto, nos permitimos someter a la consideración de la H. Asamblea, el siguiente

DECRETO

Se autoriza al Ejecutivo para que por los procedimientos que juzgue convenientes, se arbitre recursos hasta la suma de un millón de pesos, a fin de hacer los pagos de urgencia y de iniciar la adquisición de artículos de primera necesidad, que se destinen a los habitantes de la capital de la República.

Cuernavaca, Mor., marzo 11 de 1915.
L. Cervantes.

Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse de pie.

Se considera como de pronta y obvia resolución.

A la Comisión de Hacienda.

(En seguida el ciudadano secretario dio cuenta con el Presupuesto de Egresos del Gobierno Convencionista)

El C. M. Pasuengo
Pido la palabra para una aclaración.

El C. secretario Zepeda
Se pregunta a la Asamblea si se considera como de pronta y obvia resolución.

Los que estén por la afirmativa sírvanse ponerse de pie.

Sí se considera de pronta y obvia resolución.

El C. Velázquez
No se considera de pronta y obvia resolución.

El C. presidente
Sí se considera de pronta y obvia resolución.

Suplico al señor Velázquez que suba al foro a convencerse de que han votado por la afirmativa más de las dos terceras partes de la Asamblea.

El C. secretario Zepeda
Pasa a la Comisión de Hacienda.

Se suplica a los miembros que la integran se sirvan pasar a dictaminar.

El C. presidente
Se suspende la sesión por cinco minutos.

El C. presidente
Se reanuda la sesión.

(El C. secretario Zepeda dio lectura al siguiente dictamen):

Comisión de Hacienda.

Los suscritos, en vista de la proposición relativa que presentó el ciudadano Cervantes, se permiten someter a la deliberación de esta H. Asamblea, el siguiente

PROYECTO DE DECRETO

Unico. Se faculta al ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo, para que por los medios que juzgue oportunos se arbitre recursos hasta la suma de un millón de pesos, a fin de satisfacer las necesidades del Gobierno Convencionista.

Sala de Comisiones de la Convención Soberana.
Cuernavaca, marzo 11 de 1915.
E. Liñeiro.
Héctor Fierro.

El C. Cervantes
Pido la palabra en contra.

El C. presidente
Tiene la palabra el ciudadano Cervantes.

El C. Cervantes
Señores delegados:

Cuando me permití hacer la proposición, expresé muy claramente que se trataba de dos necesidades urgentes: la de hacer los pagos a los empleados públicos, cosa que me parece de urgencia, y, segunda, más importante todavía, la de arbitrarse elementos de primera necesidad para dar sanción al decreto aprobado por esta Asamblea.

Los señores ponentes del dictamen, desatendiéndose de esa segunda razón, que es de gran importancia, han dictaminado solamente diciendo que se faculta al Encargado del Poder Ejecutivo para adquirir fondos a efecto de cubrir las necesidades del Gobierno Convencionista; y yo me permito preguntar a los firmantes: ¿no son necesidades del Gobierno Convencionista, dar cumplimiento al Decreto que aprobamos ayer?

El C. Liñeiro
La parte final del dictamen claramente expresa que se faculta al Ejecutivo para invertir la suma de un millón de pesos para atender a las necesidades del Gobierno Convencionista; y el señor Cervantes dice que el dictamen no está completo, porque no sanciona la autorización que ayer dimos al Ejecutivo para invertir cinco millones de pesos en atender a las necesidades del pueblo de la ciudad de México.

Yo me permito contestar al señor Cervantes que si es una necesidad del Gobierno Convencionista atender a las necesidades del pueblo, pues si no lo fuera francamente yo no sé cuáles sean entonces las necesidades del Gobierno.

Nuestro objeto es que el Ejecutivo pueda disponer, con cargo a esos cinco millones que autorizamos ayer, de un millón de pesos, mientras se hace la emisión de billetes, en el concepto de que dentro de diez o doce dias, en que esté terminada esa emisión, habrá gastado el Ejecutivo cuatrocientos mil pesos en gastos de la Administración, y el resto podrá emplearlo en atender a las necesidades del pueblo de la ciudad de México.

El C. Cervantes
No me satisface en nada la explicación del señor Liñeiro y pido la palabra en contra.

El C. vicepresidente
Un momento, señor. Tiene la palabra el señor Casta, en contra.

El C. Casta
El dictamen está mal hecho, y la explicación que nos ha dado el señor Liñeiro, incomprensible. La proposición aprobada por esta Asamblea expresa que se autoriza al Encargado del Poder Ejecutivo, para que, por los procedimientos que juzgue convenientes, se arbitre recursos para hacer los pagos de urgencia y para la adquisición de articulos de primera necesidad, etc., etc.

Como se ve, la Comisión de Hacienda ha omitido considerar en su dictamen esta última condición, y francamente yo no me explico el porqué. La Comisión se concreta exclusivamente a facultar al Ejecutivo para disponer de la suma hasta de un millón de pesos para los gastos del Gobierno Convencionista, y la Asamblea ha aprobado que el Ejecutivo se arbitre fondos para la compra de artículos de primera necesidad.

Por tal concepto, suplico a la Comisión de Hacienda que dictamine en debido orden, añadiendo esa segunda condición en su dictamen.

El C. vicepresidente
Tiene la palabra en pro el ciudadano Piña.

El C. Piña
Señores delegados:

En mi humilde concepto, la Comisión dictaminadora ha interpretado correctamente la idea noble que tiene el autor de la iniciativa que motiva dicho dictamen, toda vez que en este acuerdo único se faculta al Ejecutivo para que disponga, por los procedimientos que estime más convenientes, hasta de la suma de un millón de pesos para los gastos que reclama el Gobierno de la Convención, tales como pago a sus empleados, asi como para proveerse de artículos de primera necesidad, para remediar en lo posible las condiciones pésimas en que se encuentra la clase menesterosa de la capital de la República. Esto también es una necesidad del Gobierno Convencionista.

Por otra parte, el criterio de la Comisión dictaminadora ha sido que el Ejecutivo ya está autorizado para gastar hasta cinco millones de pesos en la compra de artículos de primera necesidad, y para disponer de esa cantidad hará uso de la emisión de veinticinco millones que están imprimiéndose en Toluca; y es muy natural suponer que el Ejecutivo, al tener autorización para gastar hasta cinco millones de pesos, puede obtener algún empréstito de medio millón o de un millón de pesos y satisfacer lo dispuesto por la Convención.

Además, yo tengo noticias (y esto como interventor de la Convención en la emisión de esos billetes) de que probablemente antes de ocho o diez días ya estarán en circulación esos billetes y de esa primera emisión podrá disponer el Ejecutivo, para satisfacer lo dispuesto en el acuerdo anterior, relacionado con la compra de artículos de primera necesidad para abastecer a la capital de la República.

El C. Cervantes
Señores delegados:

El concepto del señor Piña, sistemático por excelencia, en esta ocasión es humilde, como él lo expresa; si la humildad valiera algo en este caso, yo declararia que era muy loable; pero, desgraciadamente, a la humildad de su concepto se agrega el error fundamental en que incurre, y por eso no es de tomarse en cuenta esa opinión.

Dijo el señor Piña, como argumentación final, que él, como interventor de la emisión de veinticinco millones de pesos, acordada, asegura que dentro de ocho o diez días ya habrá billetes en circulación; francamente esto no viene al caso, porque debe saber el señor delegado Piña que antes de ocho días se puede morir mucha gente de hambre, en México, y que la misión humanitaria de la Convención consiste en autorizar al Ejecutivo para arbitrarse recursos con el fin de procurarse elementos que impidan esa hambre en la ciudad de México.

En el dictamen a discusión, que los señores ponentes reformaron, porque yo me permití el desacato de no estampar mi firma en algo que ellos trataban de formular, estiman que se debe suprimir el concepto fundamental de mi proposición, pues sólo dicen que se autorice al Encargado del Poder Ejecutivo para que por los medios que él crea convenientes, se arbitre hasta la suma de un millón de pesos, para gastos del Gobierno Convencionista, y yo propuse que se arbitrara esos recursos el Ejecutivo, para dos objetos: primero, para hacer todos los pagos urgentes tales como pago a empleados, etc., etc., y segundo, para adquirir elementos de primera necesidad, a fin de llevarlos a la ciudad de México; y los señores dictaminadores de la Comisión como ya lo expresé antes, se contentan con decir que se autorice al Ejecutivo para adquirir ese millón de pesos, a fin de satisfacer las necesidades del Gobierno Convencionista.

Si decimos: para las necesidades del Gobierno Convencionista, damos a entender, creo yo, que pura y sencillamente nos limitamos a aquello que el Gobierno Convencionista normalmente necesita, según lo que sus presupuestos y sus ingentes necesidades le hagan gastar, pero nos nos referimos en manera alguna a los gastos que debe hacer para satisfacer esa sanción humanitaria de la Convención, para que se adquieran artículos de primera necesidad y se vendan o se regalen a la clase menesterosa de la capital de la República.

Es sorprendente que la Comisión insista en defender ese error, cuando que lo que se pide es simplemente una aclaración del concepto.

Yo, francamente quiero suponer que entienden de distinta manera mi pensamiento; pero aun concediendo que dentro de las necedidades del Gobierno Convencionista se encuentran la de atender a la compra de artículos de primera necesidad, como lo ha declarado el señor Liñeiro, bien pudiera aclararse el concepto diciendo que se considera como una necesidad del Gobierno Convencionista la de obedecer el mandato de esta Soberana Convención, para adquirir elementos de primera necesidad; pues bien pudiera suceder que surgiera en el ánimo del Ejecutivo, como hombre honrado que no quiere comprometerse pero que se verá obligado a invertir el dinero que sea necesario en artículos de primera necesidad, bien pudiera surgir, decia, la duda de si la Convención aprobaría su procedimiento, y por eso juzgo que no es impertinente hacer la aclaración del concepto y pedir a la Comisión, respetuosamente, que modifique su dictamen en el sentido que indico.

El C. Fierro
No creo que tenga razón el señor Cervantes, al decir que debe facultarse expresamente al Ejecutivo para invertir tal o cual suma en la compra de artículos de primera necesidad, conforme a un decreto anterior, porque el señor Cervantes no debe ignorar que el Gobierno puede adquirir esos artículos sin pagar inmediatamente.

Si, por ejemplo, quiere el Ejecutivo adquirir mil decálitros de maíz, el dueño de este artículo no se lo va a negar tan sólo porque no le haga el pago en el acto, sino que seguramente se esperará cinco, seis u ocho días, el tiempo que sea necesario para que se le pague su mercancia.

El señor Cervantes sabe que la ley autoriza al Ejecutivo para adquirir los artículos de primera necesidad, a reserva de que el Gobierno cubra el importe de las mercancías compradas.

El C. Liñeiro
El Gobierno tiene autorización para disponer de la suma de cinco millones de pesos para la compra de artículos de primera necesidad, por una parte; ahora se le da autorización para que se arbitre hasta un millón de pesos, y no se dice que para sueldos de empleados o para la compra de artículos de primera necesidad; de manera que es un millón de pesos que entra en Caja y, con la autorízación que tíene el Ejecutivo, de disponer hasta de la suma de cinco millones de pesos para la compra de artículos de primera necesidad, claro es que de ese millón puede tomar tres, cuatro o quinientos mil pesos, lo que crea necesario, con cargo a la autorización anterior.

Francamente yo no sé cómo no me ha comprendido el señor Cervantes. La cosa es bien clara.

El C. Cervantes
Pido la palabra, para una aclaración.

El C. vicepresidente
Tiene la palabra el ciudadano Cervantes.

El C. Cervantes
Ya se aclaró el pensamiento del señor rlelegado Fierro.

Dicho señor no quiere que el Ejecutivo gaste ni un solo centavo en artículos de primera necesidad para remediar el hambre de los habitantes de la ciudad de México. (Siseos)

Dejo a la justicia de la Convención, juzgar de ese criterio.

El señor Liñeiro nos viene con la idea de que no es necesaria la autorización que yo propongo, porque ya se dio otra al Ejecutivo para invertir cinco millones con ese objeto ¡y ya es mucho dinero!

Yo aseguro al señor Liñeiro que la Nación no perderá un solo centavo, porque si bien es cierto que se van a comprar esos artículos de primera necesidad, se venderán a ínfimos precios, logrando así mitigar el hambre del pueblo y recuperar el dinero. (Aplausos)

De manera que lo que aquí sucede es que, primero por apasionamiento y después con mala intención, se quiere no facultar para esos gastos extraordinarios, porque el señor Fierro se opone a lo que yo digo; y, en segundo lugar, pQrque los señores Liñeiro y Fierro no han llegado a entender cómo se emplearán esos cinco millones de pesos.

El C. secretario Ramírez Wiella
Señores delegados:

En toda autorización que se dé al Ejecutivo con el carácter de extraordinaria, se le limita necesaria y forzosamente el objeto a que se destina esa autorización. En consecuencia, de los cinco millones de pesos que se ha autorizado al Ejecutivo para invertir en la compra de artículos de primera necesidad, no podrá distraer ninguna suma en otro objeto distinto sino con autorización expresa de la Asamblea.

En tal virtud, creo que el dictamen cierra por completo las puertas al Ejecutivo, para invertir suma alguna en otro objeto que no sea los gastos ordinarios del Gobierno y de la Administración.

El C. secretario Zepeda
Habiendo hablado tres oradores en pro y tres en contra se pregunta a la Asamblea si está suficientemente discutido.

El C. Piña
Moción de orden, señor Presidente.

El C. G. de la Torre
Moción de orden.

Que se pregunte a la Asamblea si está conforme en que se reforme el dictamen en el sentido que indica el señor Cervantes.

El C. Piña
Suplico a la Secretaría se sirva dar lectura a la nota del Ejecutivo, relacionada con la autorización que esta Asamblea le concedió para invertir la suma de cinco millones de pesos en la compra de artículos de primera necesidad.

El C. secretario Zepeda
Con mucho gusto. (La leyó)

El C. Piña
Hago notar a la Asamblea que, en la parte final de esa nota, el Ejecutivo manifiesta que desde antes que recibiera la autorización de referencia, ya estaba trabajando en el sentido de proveerse de artículos de primera necesidad, para remediar la situación aflictiva por que atraviesa el pueblo de México.

El C. Cervantes
Lo cual no prueba nada.

El C. Piña
Sirva la aclaración que acabo de hacer, para demostrar que, sin una autorización expresa, puede el Ejecutivo hacer gestiones en el sentido que se propone el señor Cervantes.

El C. Casta
El Ejecutivo, simple y sencillamente, nos dice que con anterioridad ha estado gestionando la compra de los artículos de primera necesidad; pero no nos dice el Ejecutivo de dónde va a sacar dinero para pagar esas mercancías.

Ahora, con la proposición del señor Cervantes, se le faculta para que haga esos gastos, a no ser que los señores Fierro y Liñeiro, por algo así como espíritu de egoísmo, traten de impedir al señor Presidente que lleve a cabo sus ideas, porque en ese dictamen no se le faculta para hacer ese gasto, y entonces el Ejecutivo se verá en el caso de acaparar esas mercancías sin pagarlas, y luego las pagará.

El C. Fierro
Puede hacerlo.

El C. secretario Zepeda
Se pregunta a la Asamblea si da permiso para que se retire el dictamen, a fin de modificarlo.

El C. Fierro
El señor De la Torre, que ignora lo que dice el Reglamento, se creyó con facultad de pedir que se retirara el dictamen, y esto sólo la Comisión puede hacerlo.

Ahora, si la Asamblea no quiere aprobar el dictamen, que lo rechace.

El C. Cervantes
Efectivamente, tiene razón el señor Fierro, porque estos dictadores de nuevo cuño quieren que se sujete uno al Reglamento forzosamente, y por esto pide que se rechace ese dictamen.

El C. secretario Zepeda
Se pregunta a la Asamblea si está suficientemente discutido.

Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse de pie.

Suficientemente discutido.

Se pone a votación el Proyecto de Decreto, que dice: Unico. (Lee)

Los que aprueben, sírvanse ponerse de pie.

Aprobado. (Aplausos)

El C. Cervantes
Pido la palabra, para una solemne protesta.

El C. vicepresidente
Tiene usted la palabra.

El C. Cervantes
Es inconcebible, señores delegados, que el pasionalismo asqueroso que reina en esta Asamblea, producido por los excesos de una comida de hoy, en que celebramos algo venturoso, como es la ocupación de la capital de México, se dé lugar a que cometamos la indecencia de aprobar cosas semejantes.

Ese dictamen de los señores Fierro y Liñeiro, en quienes ha triunfado el pasionalismo, es sencilIamente absurdo, porque se desvirtúa por completo el propósito que yo tuve al pretender que se facultara al Ejecutivo para la compra de artículos de primera necesidad, lo que era muy lógico concederle, desde el momento en que hemos aprobado largarnos de aquí y no le damos dinero, ni le damos autorización para que pueda cumplir lo que le mandamos hacer antes.

Yo presento una formal protesta, para que la vergüenza caiga sobre los firmantes del dictamen, toda vez que la proposición que yo presenté y que fue aprobada por la Asamblea, ha sido desvirtuada por ellos.

El C. Contreras
Desearía hacer notar al señor presidente que cuando la gente menuda trata de hacer una protesta, le exige que sea por escrito, y sólo los leaders tienen el derecho de presentarla como les da la gana.

El C. vicepresidente
¿Cuántas veces ha pedido usted la palabra, señor Contreras, para una protesta?

El C. Contreras
Interrogue usted a la Asamblea y verá cómo siempre se niega a escuchar mis protestas y me dice que deben ser por escrito. Así lo hace el señor presidente Castellanos.

El C. Castellanos
El señor Contreras ha incurrido en un grandísimo error, pues debía haber protestado contra mí y no contra el señor Pasuengo. Por otra parte, ya se dio el caso de que el señor Cervantes pretendiera hacer una protesta verbalmente, y yo le dije que debería hacerla por escrito. Ya ve, pues, el señor Contreras, que aunque el señor Cervantes sea leader, yo no le concedo la palabra para protestas, pues hay un Reglamento, y me atengo a lo que él dispone.

El C. Contreras
Como efectivamente hay un Reglamento para todos sin excepción, yo creo que no debe ser el estira y afloja y que cada presidente lo interprete a su manera, sino que deben interpretarlo, tanto uno como otro, con toda justicia y honradez.

El C. vicepresidente Pasuengo
Contesto al señor Contreras que yo no he incurrido en ese defecto que me imputa, porque el señor Cervantes habló sin que yo le concediera la palabra. (Voces: ¡Lista! ¡Lista! ¡Vámonos!)

El C. Cuervo M.
Quiero que conste que he dado mi voto en contra de ese asunto simplemente por ... (Voces: ¡Ya, hombre! ¡Ya! ¡Se hará constar!)

El C. Cervantes
Deseo que se me diga si se hará constar mi protesta en el acta. (Desorden. Campanilla)

El C. S. Fernández
Debo manifestar a la Asamblea que, efectivamente, el espíritu del acuerdo que autoriza al Ejecutivo para gastar la cantidad de cinco millones de pesos en artículos de primera necesidad, fue que esa suma se tomara de los veinticinco millones de pesos ... (Voces: Ya no hay nada a discusión. ¡Cállate!)

El C. Fernández
Bueno. Que conste mi voto en contra.

El C. Piña
Pido la palabra, para un hecho, señor presidente. (Voces: Ya no hay nada a discusión. ¡Lista! ¡Lista!)

El C. secretario Ramírez Wiella
Como es potestativo para la Mesa, pasar lista, no creyéndolo necesario, no hace uso de esa facultad.

El C. vicepresidente
Se levanta la sesión. (¡Aplausos nutridos! Voces: ¡A México! ¡A México!)

Índice de Crónicas y debates de la Soberana Convención Revolucionaria Recopilación de Florencio Barrera FuentesPrimera parte de la sesión del 11 de marzo de 1915 Primera parte de la sesión del 21 de marzo de 1915Biblioteca Virtual Antorcha