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Para lo que sirve el gobierno

Hemos repetido varias veces que el gobierno, cualquiera que sea su forma, es una institución creada para proteger los intereses del rico y del poderoso y un azote cruel y maldito contra los intereses del débil.

Si un pobre acosado por el hambre, después de varios días de no llevar a su estómago ningún alimento, va y toma del mostrador de la tienda una pieza de pan, o si después de no tener fuego en su casa, va y saca una carga de leña de los espesos bosques pertenecientes a la hacienda del amo, los agentes de la autoridad - policías, soldados y jueces - arrestan o fusilan al que tomó la pieza de pan como al que sacó del monte la carga de leña, acusados por robo.

Y tanto el caviloso policía como el celoso soldado, que tan estricta vigilancia desplegaron en sus respectivas comisiones de velar por los intereses del propietario, son considerados por sus superiores en el rango militar, como los más cumplidos servidores y los candidatos más abocados al ascenso, por lo que ellos consideran meritoria labor en el cumplimiento de su deber.

Pero si una compañía petrolera, fabricante o industrial, que anualmente se reparte colosales fortunas amasadas con el sudor de sus trabajadores, reduce a tres pesos el salario de sus obreros a quienes antes pagaba cuatro pesos, por cada mil hombres ganará la empresa mil pesos más, y por cinco mil obreros la empresa tendrá un aumento efectivo de cinco mil pesos diarios más de lo que ganaba anteriormente.

Y si los obreros descontentos por esta injusta reducción de salarios con los que a duras penas pueden vivir, protestan y declaran la huelga contra la avaricia de la compañía explotadora - ya sabemos en la práctica el camino que se sigue: la compañía pide protección al gobierno, el gobierno, encargado de guardar el orden y de proteger la propiedad, manda soldados y ametralladoras para proteger los intereses de la compañía.

Pero si los obreros insisten en pretender que la compañía les restablezca sus antiguos salarios, la compañía alegará que en lugar de ganar está perdiendo dinero, y ya con esto está dicho todo. El gobierno declara ilegal la huelga y autoriza a la compañía explotadora a ocupar rompe huelgas para reemplazar a los huelguistas si éstos pretenden imponer su voluntad.

Demasiado sabemos que es así como obra el gobierno para resolver los conflictos entre el Capital y el Trabajo. Protege el robo en grande escala y castiga hasta con la pena de muerte al infeliz obrero que por mera necesidad toma una pieza de pan o una carga de leña. Sin la intromisión de esa institución maldita, las dificultades surgidas entre los trabajadores y sus amos se podrían arreglar directamente con la mano en la cintura. Los obreros no sólo obligarían al capitalista a pagar los salarios reclamados por ellos, sino que tomarían posesión de la fábrica o negociación cualquiera, a fin de trabajarla por su propia cuenta y repartirse las utilidades de acuerdo con sus propias necesidades y común beneficio.

Lo mismo se resolverían las dificultades existentes entre los campesinos y sus amos, los acaparadores de la tierra, quedando resuelto de este modo el más difícil problema que ningún gobierno del mundo ha podido resolver. La paz universal sería un hecho, esa paz que anhelamos todos los explotados y oprimidos de la Tierra. La paz engendradora de la tranquilidad en todos los corazones, del amor fraternal y de la armonía más amplia entre los humanos dispuestos a trabajar para su común bienestar.

El problema aterrador del hambre que tantas víctimas ha causado en este mundo de injusticias y de explotación del hombre por el hombre, quedaría resuelto para siempre; y hasta la pavorosa cuestión de la emigración mexicana que los gobiernos no han podido resolver - el de México y el de la Casa Blanca - también desaparecería por encanto, sin necesidad de que hombres de ciencia, comisionados por ambos gobiernos, se quiebren la cabeza para buscar las causas que impulsan a los trabajadores de México a emigrar al otro lado del Río Bravo, en busca del sustento que da la vida, obedeciendo a una ley muy natural de propia conservación.

Pero esos gobiernos que aparentan ignorar estas causas, ponen toda clase de trabas a los obreros a fin de obligarlos a que reciban en México los mezquinos salarios que los tacaños burgueses les pagan, abusos debidos a la protección del gobierno que dispone de cañones para ametrallar a los trabajadores.

Penitenciaría de Andoneguí

Tampico, Tamaulipas

Del periódico Avante, 19 de noviembre de 1927.


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