Indice de Los seis libros de la República de Jean BodinLIBRO PRIMERO - Capítulo cuartoLIBRO PRIMERO - Capítulo sexto.Biblioteca Virtual Antorcha

Los seis libros de la República
Jean Bodin

LIBRO PRIMERO
CAPÍTULO QUINTO
Del poder del señor y si se deben tolerar esclavos en la República bien ordenada.


El tercer elemento del gobierno doméstico está constituido por el poder del señor sobre sus esclavos y del amo sobre sus criados. Incluso el nombre de familia viene de a famulus y famulatio. En efecto, por haber gran número de esclavos, se denominó familia al gobierno doméstico, en razón a la mayor parte de los sometidos a él; además, al no existir otra riqueza que la representada por los esclavos, se llamó familias a las compañías de esclavos, y familia a la sucesión del difunto. Séneca, queriendo mostrar la moderación con que el señor debe conducir sus esclavos, dice que los antiguos llamaron al jefe de la casa padre de familia y no señor. Debido a que todo el mundo está lleno de esclavos, excepto una parte de Europa, que, poco a poco, ya los admite, es necesario que tratemos aquí del poder del señor sobre los esclavos y de los inconvenientes y ventajas que resultan de la esclavitud ...

Se puede ser esclavo: por naturaleza (es decir, engendrado por mujer esclava), por razón de guerra, por delito (al que se llama esclavo por pena), por haber participado en el precio de la venta de su libertad por haberse jugado esta (como hacían antiguamente los pueblos de Alemania), o por haber hecho voto voluntario de ser esclavo perpetuo de otro (costumbre practicada por los hebreos) ...

Estas son todas :as clases de esclavos que hay. Respecto a los que son apresados por los bandoleros y corsarios, o son vendidos, con falso título, como esclavos, continúan, sin embargo, siendo libres, y, en términos de derecho, pueden realizar legítimamente toda clase de actos. Por lo que se refiere a los demás criados domésticos, ni por contrato, ni por convención alguna, pueden perjudicar su libertad, ni aceptar legado testamentario bajo condición servil, por pequeña que sea, y ni siquiera el esclavo puede prometer al señor que le da la libertad nada que signifique disminución de esta, a excepción de los servicios propios y comunes a los libertos ...

Aunque los criados domésticos no son esclavos y pueden actuar libremente, en juicio y fuera de él, sin embargo, no son como los simples asalariados o jornaleros, sobre los cuales no tiene, quien los ha contratado, poder ni mando, ni derecho de corrección alguno, como tiene el amo sobre los criados domésticos. Estos deben servicio, respeto y obediencia al amo mientras están en su casa, quien los puede corregir y castigar con discreción y moderación. Este es, en dos palabras, el poder del amo sobre los criados ordinarios, porque no pretendo ahora referirme a las reglas morales acerca del comportamiento de unos y otros.

Por lo que se refiere a la esclavitud, hay dos dificultades que aún no hemos resuelto. La primera es si la servidumbre de los esclavos es natural y provechosa, o va contra la naturaleza. La segunda, qué poder debe tener el señor sobre el esclavo.

En cuanto al primer punto, Aristóteles es de parecer que la servidumbre de los esclavos es de derecho natural y para probarlo no hay más que ver, dice él, cómo unos están destinados naturalmente a servir y obedecer y los otros a mandar y gobernar. Mas los jurisconsultos, que se atienen más a la opinión popular que a los razonamientos de los filósofos, sostienen que la servidumbre va directamente contra la naturaleza y hacen cuanto pueden para asegurar la libertad frente a la oscuridad o ambigüedad de las leyes, testamentos, sentencias y contratos; muchas veces no hay ley ni testamento que resista a los esfuerzos del jurisconsulto para libertar al esclavo, como puede verse en todo el derecho ...

Hay motivos para sustentar que la servidumbre es útil para las Repúblicas y que es natural, porque toda cosa contraria a la naturaleza no puede durar mucho, y cuando se la fuerza vuelve siempre a su primer ser, como, con toda evidencia, se ve en todas las cosas naturales ...

No hay una sola República que no los haya conocido, y hasta las personas más santas los tuvieron; y, lo que es más, en toda República el señor ha tenido poder sobre los bienes, la vida y la muerte del esclavo, excepto en alguna donde príncipes y legisladores han moderado este poder. No es verosímil que tantos reyes y legisladores hayan atentado contra la naturaleza, ni que los hombres sabios y virtuosos lo hubiesen aprobado, ni que tantos pueblos, durante tantos siglos, hubiesen aceptado la servidumbre ...

Estos argumentos demuestran verosímilmente que la servidumbre es natural, útil y honesta, pero hay razones con qué responder. Por mi parte, estaría dispuesto a reconocer que la servidumbre es natural cuando el hombre fuerte, robusto, rico e ignorante obedeciera al sabio, discreto y débil, aunque sea pobre. Pero someter los sabios a los locos, los inteligentes a los ignorantes, los malos a los buenos, me parece que va contra la naturaleza, salvo que se argumente sutilmente diciendo que el esclavo prudente gobierna y manda a su señor y el sabio consejero a su rey imprudente ...

Alegar que la servidumbre no hubiera durado tanto tiempo si fuese contra la naturaleza, constituye un argumento irrefutable si se refiere exclusivamente a las cosas naturales, que tienen la propiedad de conformarse a la inmutable ordenanza divina. Pero habiéndose dado al hombre libertad para elegir entre el bIen y el mal, muchas veces contraviene la prohibición y escoge lo peor en contra de la ley de Dios y de la naturaleza. La opinión depravada tiene tanta fuerza para él que se transforma en ley con mayor autoridad que la misma naturaleza; de este modo, no hay impiedad ni perversidad que no haya sido tenida por virtud y piedad.

Todo ello demuestra que no hay que medir la ley natural con las acciones de los hombres, por muy antiguas que sean, ni concluir, por tanto, que la servidumbre de los esclavos sea de derecho natural, ni que la caridad consista en guardar los cautivos para obtener de ellos ganancia y beneficio, como si fueran animales. ¿Quién perdonaría la vida del vencido si matándolo pudiese sacar mayor provecho que salvándole la vida? ...

Si la experiencia de cuatro mil años nos pone de manifiesto tantas desgracias, rebeliones, guerras, subversiones y mudanzas acaecidas en las Repúblicas a causa de los esclavos, y tantos asesinatos, crueldades y villanías odiosas cometidas por los señores en las personas de los esclavos, puede concluirse que la esclavitud es perjudicial ...

A quien diga que el rigor de las leyes se puede moderar con prohibiciones y castigos severos a quienen mataren a los esclavos, yo les preguntaré: ¿Qué ley puede ser más justa, más firme, más perfecta que la ley de Dios y que tan sabiamente haya provisto a ello? ... ¿Quién sostendría la acusación por la muerte de un esclavo? ¿Quién escucharía la denuncia? ...

La ley de Dios dispuso prudentemente que nadie fuese esclavo sin antes haber servido durante siete años y gustado del carácter de su amo o acreedor y consintiese después en ser su esclavo perpetuo ...

El viejo proverbio que dice tantos enemigos como esclavos, muestra claramente la amistad, fidelidad y lealtad que se puede esperar de los esclavos ...

Se me argumentará que con la esclavitud se suprimirá el infmito número de vagabundos y deudores que, después de haberse comido todo, pretenden pagar a sus acreedores con quiebras, al tiempo que se acabará con el gran número de vagabundos y perezosos que consumen las ciudades y chupan, como avispas, la miel de las abejas. Además, ladrones y piratas se nutren de tales gentes. Respondo, en cuanto a los fallidos, que la ley de Dios tiene en cuenta esto cuando ordena que sirvan a sus acreedores durante siete años ...

Por lo que se refiere a los ladrones, afirmo que, en tal caso, habría diez por uno, porque el eSclavo, pudiendo huir, se verá siempre obligado a ser ladrón o corsario, ya que ni puede tolerar a su señor, ni exhibirse, a causa de sus marcas, ni vivir sin bienes ...

El político prudente no es quien destierra de la República a los ladrones, sino quien les impide entrar. Esto podría lograrse fácilmente si hubiera en cada ciudad casas públicas para enseñar diversos oficios a los niños pobres, como en París, Lyon, Venecia y otras ciudades bien administradas, donde hay viveros de artesanos, que son la mayor riqueza de un país.

Tampoco soy de parecer que se dé la libertad a los esclavos de repente, como el Emperador hizo en el Perú, porque no teniendo bienes de qué vivir, ni oficio para ganarse la vida y acostumbrados a la dulzura de la ociosidad y de la libertad, no querían trabajar, de suerte que la mayor parte murió de hambre. El procedimiento mejor es enseñarles algún oficio antes de darles la libertad. A quien me diga que no hay mejor amo que el que ha sido buen criado, responderé que es una opinión mal fundada, aunque antigua, pues no hay nada que humille y envilezca más al corazón noble y generoso que la servidumbre, y nada que impida más la majestad de mandar a otro que haber sido esclavo. Por ello, el Maestro de la Sabiduría dice en sus proverbios que nada hay más intolerable que el esclavo hecho señor ...
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