Índice de Poema pedagógicoPresentación Capítulo 2
Principio sin gloria de la colonia Gorki
Biblioteca Virtual Antorcha

LIBRO PRIMERO
Capítulo 1

CONVERSACIÓN CON EL DELEGADO PROVINCIAL DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA

En septiembre de 1920 me llamó el delegado provincial de Instrucción Pública.

- Escúchame, hermano -me dijo-, he oído que andas chillando por ahí... porque han instalado tu escuela de trabajo... en el local del Consejo Provincial de Economía.

- ¿Cómo no voy a chillar? La cosa no es para chillar solamente: es para aullar. ¿Qué escuela de trabajo es ésa? Toda ahumada, sucia... ¿Acaso se parece eso a una escuela? (1)

- Sí... Para tu gusto, haría falta construir un edificio nuevo, colocar nuevos pupitres, y entonces tú te dedicarías a la enseñanza. El quid no está, hermano, en los edificios; lo importante es educar al hombre nuevo, pero vosotros, los pedagogos, no hacéis más que sabotearlo todo: el edificio no os gusta y las mesas no son como deben ser. Os falta eso... ¿sabes qué?.. El fuego revolucionario. ¡Necesitáis la raya en los pantalones!

- ¡Yo no llevo raya en los pantalones!

- Bueno, tú no la llevas... ¡Intelectuales asquerosos! No hago más que buscar y rebuscar... La cosa tiene mucha importancia. ¡Hay tantos ladronzuelos de ésos, que es imposible ir por la calle! Además, ya se meten en las casas. Me dicen que éste es un asunto nuestro, de Instrucción Pública... ¿Qué te parece?

- ¿Qué va a parecerme?

- Pues eso, precisamente, que no quiere nadie: que todos se defienden con uñas y dientes, que todos dicen: Nos degollarán. Naturalmente, os gustaría tener un despachito, libros. . . ¡Tú te has puesto hasta gafas!...

Me eché a reír:

- ¡Vaya, también las gafas le molestan!

- Es lo que yo digo: que sólo queréis leer. Pero, si se os da un ser vivo, entonces salís con ésas: Me degollará. ¡Intelectuales!

El delegado provincial de Instrucción Pública me acribillaba enojado con sus pequeños ojos negros, y, bajo los bigotes a lo Nietzsche, su boca expelía insultos contra toda nuestra casta pedagógica. Pero este delegado provincial de Instrucción Pública no tenía razón...

- Usted escúcheme...

- ¡Qué "escúcheme" ni qué "escúcheme"! ¿Qué puedes decirme? Me dirás: ¡si fuera esto como en Norteamérica! Hace poco leí un librito acerca de eso... Alguien me lo dio intencionadamente. Reformadores... O, ¿cómo es? Espera... ¡Ah! Reformatorios. Pero eso no existe todavía en nuestro país.

- No, usted escúcheme.

- Bien, le escucho.

- También antes de la Revolución se hacía entrar en vereda a esos vagabundos. Entonces había colonias de delincuentes menores de edad...

- Esto no es lo mismo, ¿sabes?... Lo de antes no sirve.

- Precisamente. Y esto quiere decir que el hombre nuevo debe ser forjado de un modo nuevo.

- De un modo nuevo; en eso tienes razón. Pero nadie sabe cómo...¿Y tú lo sabes?

- Yo tampoco.

- Pues yo tengo en la delegación provincial de Instrucción Pública gente que sabe...

- Sin embargo, no quieren poner manos a la obra...

- No quieren los infames; en eso tienes razón...

- Y, si yo me pongo a ello, me harán imposible la vida. Haga lo que haga, dirán que no es así.

- Estás en lo justo; lo dirán esos sinvergüenzas.

- Y usted les creerá a ellos y no a mí.

- No les creeré. Les diré: debíais haberlo hecho vosotros mismos.

- Bueno; ¿y si, en realidad, me armo un lío?

El delegado provincial de Instrucción Pública dio un puñetazo sobre la mesa.

- Pero, ¿por qué vas a armarte un lío?... Bien, pues te armas un lío. ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Acaso yo no lo comprendo o qué? Armate todos los líos que quieras, pero hay que obrar. Después veremos. Lo más importante es ¿sabes?.. no una colonia de menores, sino una escuela de educación social. ¡Necesitamos, ¿comprendes?, forjar un hombre nuestro! Y tú eres quien debe hacerlo. De cualquier forma, todos tenemos que aprender. Y, por lo tanto, tú también aprenderás. Me gusta que me hayas dicho francamente: no sé. Eso está bien.

- ¿Y sitio hay? Porque, a pesar de todo, hacen falta edificios.

- Hay sitio, hermano. Un sitio magnífico. Precisamente allí había antes una colonia de menores. No está lejos, a unas seis verstas. Se está bien allí. Hay bosque, campo... Podrás criar vacas...

- ¿Y gente?

- ¿Gente?... En seguida la saco del bolsillo. ¿Tal vez necesitas también un automóvil?

- ¿Dinero?...

- Dinero hay. Toma.

De un cajón de la mesa sacó un paquete.

- Ciento cincuenta millones (2). Para toda clase de gastos de organización. Reparaciones, los muebles que precises...

- ¿Y para las vacas?

- Para las vacas tendrás que esperar; allí no hay cristales. Y luego haces el presupuesto para un año.

- No está bien así. Sería mejor ver antes el sitio.

- Yo lo he visto ya. ¿Es que tú vas a ver mejor que yo? Ve. No hay más que hablar.

- Bien, de acuerdo, -asentí aliviado, porque en aquel momento no había nada más terrible para mí que las habitaciones del Consejo Provincial de Economía.

- ¡Eres un valiente! -resumió el delegado provincial de Instrucción Pública-. ¡Manos a la obra! ¡La causa es sagrada!

**NOTAS**

(1).- Se alude a la escuela que Antón Makárenko dirigía en Poltava. La escuela no tenía local propio y las clases se daban en el edificio del Consejo Provincial de Economía.

(2).- Moneda en curso en 1920.

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