Índice de Memorias de Francisco Vázquez GómezTercera parte - Capítulo VITercera parte - Capítulo VIIIBiblioteca Virtual Antorcha

Tercera parte

CAPÍTULO VII

EL GENERAL VICTORIANO HUERTA Y EL LICENCIADO MANUEL ROJAS: CONSECUENCIAS NATURALES DEL MANIFIESTO DEL 17 DE ABRIL DE 1912. IDEOLOGÍA DE ALGUNOS DIPUTADOS DEL BLOQUE LIBERAL RENOVADOR QUE LLEGARON AL CONGRESO CONSTITUYENTE.


C. Presidente de la Cámara de Senadores: ... bajo el concepto de que al desaparecer el Poder Ejecutivo, legalmente constituido, la comandancia de mi cargo no será hostil a las medidas de orden, y se considerará relevada de responsabilidades futuras, desde el momento en que se trate de cumplimentar un acuerdo tomado por el Poder Legislativo (1).

Finalmente, señores diputados, o estáis con Huerta o estáis con la revolución; o estáis con la ley, en cuyo caso sois revolucionarios, o estáis fuera de la ley, sancionando con vuestros actos de presencia los actos de un usurpador ... (2)


Con motivo de la carta que me ví obligado a escribirle al general Zapata, el señor licenciado don Luis Manuel Rojas, en colaboración con el señor licenciado don Ramón Prida, escribió un artículo que fue publicado en El Gráfico, de 14 de noviembre de 1930. Dicho artículo dice lo siguiente (3):

Solamente al calor de las pasiones políticas y por la fuerza ofuscadora de ciertos acontecimientos, llegan los hombres a tener confusiones de tamaña magnitud (de tener que aplaudir ... hasta los cuartelazos de febrero y la odiosa usurpación), y ello explica, tal vez, por qué razón el doctor Francisco Vázquez Gómez, Pascual Orozco ... etc., que habían sido revolucionarios sinceros, pudieron dar después su pública aprobación y apoyo al gobierno usurpador y reaccionario (en la peor forma) del general Victoriano Huerta, bajo la creencia ilógica de que el audaz pretoriano sería capaz de restablecer el orden público, a toda costa, y realizar al mismo tiempo los ideales socialistas de la revolución contemporánea. Para que no quepa ninguna duda acerca de que el doctor Vázquez Gómez perteneció en esos días al número de los que no daban la menor importancia a las conveniencias políticas, ante el caso de una revolución social, ni a la forma o modo de su desarrollo, por inmorales o tremendos que fuesen, basta enterarse de la carta que dicho personaje envió el día 15 de marzo de 1913 al general Emiliano Zapata (y que publicó El País, de México, en su edición del día 11 de abril del mismo año) invitándolo con todo empeño a. reconocer y secundar al gobierno de Victoriano Huerta. En cambio, Zapata se mantuvo fiel a su bandera revolucionaria, no obstante los antecedentes y gran influencia que sobre él habían tenido los Vázquez Gómez, y en esa ocasión, como en la decena trágica, la rebelión de Orozco y otras, el general Zapata dió pruebas de que era consciente, firme y honrado en su cruento papel, como caudillo de un movimiento del pueblo oprimido y para el bien de los hombres de su raza.

En El Gráfico, del 16 de noviembre del mismo año, decía yo del señor licenciado don Luis Manuel Rojas:

... cita una serie de falsedades del libro del señor licenciado don Ramón Prida, también científico, a quien reconoce como autoridad en estos asuntos ... El señor licenciado Rojas, como todos los escritores que se proponen falsear la verdad histórica, no transcribió mi carta a Zapata. Le suplico que la publique, ya que es escritor de planta de El Gráfico, para que el público vea, si es cierto que en ella invité a Zapata, y con empeño, a reconocer y secundar al gobierno de Huerta, también científico, según lo demostró cuando, desligado del felicismo, nombró libremente su gabinete.

Lo que el señor licenciado Rojas calla, son los motivos que me obligaron a escribir mi carta a Zapata. Estos constan en mis Memorias ya terminadas; pero, afortunadamente, vive en esta ciudad el doctor Guillermo Gaona Salazar, a quien comisioné para llevar la carta de que se trata y mi recado verbal, ya que se me obligaba a que dicha carta fuera por conducto del gobierno, como se hizo. El doctor Guillermo Gaona Salazar puede decir la verdad acerca de la tan traída y llevada carta.

Pocos días después (el 18 de noviembre), el señor licenciado don Luis Manuel Rojas, diputado, mientras Huerta quiso, del gobierno usurpador y reaccionario (en la peor forma) del general Victoriano Huerta, publicó mi carta a Zapata en El Gráfico, con la advertencia de que lo hacía a petición mía; pero al señor licenciado se le olvidó señalar, como era de su obligación, las palabras en que, según él, invitaba yo a Zapata, y con empeño, a reconocer y secundar al gobierno de Huerta (4).

En El Gráfico, del 26 de noviembre del mismo año, referí las peripecias relativas a dicha carta, y que son las mismas que se han leído en estas Memorias. En ese mismo número de El Gráfico, la Redacción de dicho periódico, en una nota, admitía haber recibido una carta del doctor Guillermo Gaona Salazar, en la que asegura ser cierto lo que refiere su colega y correligionario, el señor Vázquez Gómez, relativamente a su correspondencia con el general Zapata, y la cual carta no publicaron por falta de espacio. A continuación de dicha nota, aparecieron unos comentarios del señor licenciado Rojas, que más adelante transcribiré.

Así quedaron las cosas; pero desde entonces me propuse tratar ampliamente este asunto en estas Memorias. Muy fácil me será probarle a mi gratuito calumniador, que el doctor Vázquez Gómez no tiene que reprocharse el haber reconocido, ni haber recomendado a nadie que reconociera y secundara al gobierno usurpador y reaccionario (en la peor forma) del general Victoriano Huerta, y del cual formó parte el señor licenciado don Luis Manuel Rojas.

La carta del doctor Gaona Salazar, que no publicó El Gráfico, por falta de espacio, fue publicada, sin embargo, en El Nacional Revolucionario, de 30 de noviembre de 1930, y voy a tomar de ella los párrafos conducentes a probar que yo ni reconocí, ni invité a Zapata a reconocer y secundar al gobierno de Huerta, como con toda mala fe sostiene el señor licenciado Rojas. La carta está fechada el 18 de noviembre y dice en los párrafos relativos:

La misiva, en uno de sus párrafos, me menciona como comisionado ante el señor general Emiliano Zapata en esta forma:

El doctor Gaona Zalazar puede decir la verdad acerca de la tan traída y llevada carta. Y siendo este asunto de carácter histórico, me siento obligado a decir mi participación en este suceso; tanto más cuanto en el presente caso, el licenciado Rojas ha tratado de poner en tela de juicio la personalidad irreprochablemente revolucionaria del doctor Vázquez Gómez, al pretender hacerlo aparecer como huertista.

Me encontraba en la ciudad de Puebla, cuando fuí llamado urgentemente por el doctor Vázquez Gómez, acudiendo desde luego, y apersonándome con él, me dijo:

Lo mandé llamar a usted por ser la única persona de mi confianza, así como de los revolucionarios, para que me desempeñe una comisión. Desde que Victoriano Huerta se hizo cargo del poder, estoy siendo víctima de un espionaje que día a día se intensifica; sus esbirros, en forma descarada, me siguen a donde quiera que voy, y sólo falta que penetren a mi casa para ver cómo vivo; pero lo que me alarma, es el hecho que he recibido instancias del usurpador, en el sentido de que lo ayude a hacer la pacificación del país. Estas sugestiones, que al principio se me hacían en forma. comedida, hoy se me hacen con amenazas, pues se pretende obligarme a dirigir al general Zapata una carta para que deponga su actitud rebelde. Yo deseo que usted vaya a ver a Zapata; pero no a decirle que se rinda, eso no; qué barbaridad. Va usted a decirle que no se rinda: que no haga caso a las indicaciones del general Pascual Orozco. Haré una carta para Zapata invitándolo a que entable pláticas con el gobierno: de este modo ganaremos tiempo, y mientras prepararé mi viaje a los Estados Unidos para ayudar a la revolución y podré llevar noticias ciertas de la última palabra de la revolución del Sur. Zapata, por su parte, tendrá un descanso para organizarse, pues Huerta prepara grandes contingentes para destruirlo. Además, la carta se la entregará al señor ingeniero David de la Fuente, para que se le dé el visto bueno; pero en forma privada llevará usted a Zapara un memorándum que contendrá los siguientes puntos: Explicar a Zapata los motivos que me obligan a dirigirme a él para que enfable pláticas, que usted suplirá verbalmente. Segundo: llevará cinco o seis bases que contendrán las condiciones para las pláticas.

El memorándum de referencia, en síntesis decía:

Huerta tendrá que retirar de los Estados de Morelos y Guerrero todas las fuerzas federales; estos Estados serían guarnecidos por fuerzas revolucionarias cuyo jefe sería Zapata; sus contingentes serían municionados, armados y pagados por el gobierno; los gobernadores de ambos Estados, serían nombrados por Zapata.

Por último, el doctor Vázquez Gómez me dijo:

Debe usted decir a Emiliano que mi deseo es que siga levantado y que el memorándum, en caso de que acepte, es sólo una estratagema, informándolo también que don Venustiano Carranza ha desconocido al gobierno y que en Sonora algo grave ocurre; recomendando a usted que su regreso pase desapercibido y se dirija luego a mi casa, advirtiéndole que está jugando mi cabeza, pues si nos descuidamos, sin remedio nos asesinarán ...

Con las instrucciones y los documentos, me concreté, en mi domicilio, a formar, en unión de mi hermano Gustavo, el plan que debía desarrollar para llevar a feliz término la comisión; porque el ser la situación del momento una completa agitación, desorientación y desconfianza, y al informar los periódicos de numerosas rendiciones, y dar suma importancia a la comisión que, encabezada por el coronel Pascual Orozco, Sr., había salido al Estado de Morelos, con el fin de hablar con Zapata para que depusiera las armas; siendo optimistas los comentarios, y haber el general Jesús Morales (alias El Tuerto) así como otros jefes surianos reconocido al gobierno de Huerta, los campos no se habían deslindado, y era difícil aventurarse a hacer el viaje sin meditarlo previamente.

Formulados mis planes, invité a mis buenos amigos Serafín Robles, que después llegó a ser general del Ejército Libertador y secretario de Emiliano, y a Gabriel F. Soto, que llegó a obtener el grado de coronel en las fuerzas surianas y hoy es mayor del Ejército nacional, que radican en esta capital, los que aceptaron con entusiasmo mi invitación ...

... y hacienda de Chinameca, lugar en que se encontraba el cuartel general de la Revolución del Sur. En este sitio fuí recibido por el general Gonzalo Vázquez Ortiz.

Acto continuo ... envié un recado a Zapata; dos horas después se presentó el hoy general de brigada del Ejército nacional, Manuel Palafox, a la sazón secretario de Emiliano, con una credencial en la que el jefe agrarista lo autorizaba a tratar conmigo. Supliqué al señor secretario, hiciera saber al general, que tenía instrucciones precisas del doctor Vázquez Gómez, de hablar personalmente con él ...

Al caer la tarde se presentó el general Emiliano Zapata; me saludó con afecto, así como a mis acompañantes. Sin perder tiempo, teniendo en cuenta su modo de pensar, abordé el tema, diciendo:

Traigo un abrazo para usted del doctor Vázquez Gómez y la recomendación de que no se rinda.

¿Yo rendirme? No hables de eso. Al que hable de paz lo quiebro. Mañana te enseñaré dónde están enterrados los acompañantes del papá de Orosco, que venían con la idea de que me rindiera, y a Orozco lo andan llevando de paseo, para que conozca los cerros de Morelos.

El suscrito expresó:

Muy bien, general, pensamos del mismo modo, y sacando el memorándum se lo enseñé, diciéndole:

Aquí están las instrucciones que tengo; desde luego, hay unas bases que no puede aceptar el Usurpador; se hicieron así para que no las acepte y ganar tiempo, en el caso de que usted se resolviera a entrar en pláticas con Huerta ...

En seguida expliqué amplia y claramente las razones que habían obligado al doctor Vázquez Gómez a dirigirle una carta, pidiéndole entrara en pláticas con el gobierno; hecho esto, entregué la epistolar. La leyó con detenimiénto, diciendo al finalizar:

Ya me esperaba que el tal por cual de Huerta habría de atropellar al doctor Vázquez Gómez: díle que no tenga cuidado, que no habrá quien dude de él, y que todos sabrán que esta carta se la han arrancado a la fuerza. Le dices también, que tan luego como reciba mi contestación, se vaya; que trabaje por el triunfo de la revolución; que ayude a su hermano Emilio, que no lo deje solo, porque si no, al llegar a México, también lo cuelgo; le dirás que cuento con veinte mil hombres, que mientras unos trabajan otros pelean; yo continuaré la guerra hasta triunfar.

A continuación ... se despidió, diciéndome

... Una vez que cumplas con tu cometido, te vienes a incorporar; lo mismo harán ustedes, dirigiéndose a mis compañeros.

Sí, mi general -contestamos-. Con Un fuerte abrazo se despidió de nosotros el caudillo del Sur ...

Esta carta entra en muchos detalles, y se encontrarán algunas diferencias entre su contenido y lo que yo refiero en el curso de estas Memorias y que es lo mismo que publicó El Gráfico, de 26 de noviembre de 1930; pero, en el fondo, no hay diferencia, ni mucho menos contradicción.

En la fecha arriba indicada, y en el mismo periódico, el diputado de la usurpación, hace estos venenosos comentarios:

No es necesario poner en duda la veracidad íntegra con que aquí se producen los señores doctores Vázquez Gómez y Gaona Salazar, acerca de un asunto asaz escabroso y en que ambos manifiestan haberse asociado por amistad estrecha y afines convicciones o actitudes partidaristas, siendo natural suponer que a los dos interesa presentar ahora las cosas de la mejor manera; basta reflexionar en que el descargo efectivo y completo del señor Vázquez Gómez, para no ser incluído en el número de los primitivos revolucionarios que claudicaron al triunfo de la usurpación del general Victoriano Huerta, por sus rencillas con el régimen democrático del señor Madero, consistía únicamente en haber obtenido a tiempo del general Zapata, la contraprueba de su doble juego que tan sospechoso sería ante los juicios del futuro.

Según lo expresado por el señor licenciado Rojas, en lo que acabo de transcribIr, mi carta a Zapata tuvo, entre otros, el objeto de adquirir del general Zapata la contraprueba de mi doble juego; esta sería, en verdad, una previsión extraordinaria, y sobre todo, en momentos en que corre peligro la vida; por lo que se refiere a que el doctor Gaona Salazar y yo nos hemos puesto de acuerdo, ahora, es decir, en el mes de noviembre de 1930, para presentar las cosas de la mejor manera, pues que cabe suponer que así nos lo dicta el mutuo interés; por lo que se refiere a eso, repito, permita el señor licenciado don Luis Manuel Rojas que le diga que supone una falsedad, y que revuelve y confunde lastimosamente, por motivos que sólo a él interesan, el noble papel de amigo con las repugnantes actitudes de la complicidad. No inventó el señor Gaona Salazar su carta para salvar al doctor Vázquez Gómez.

En el periódico Excélsior, del 23 de junio de 1929, fue publicada, por El Cronista de la Revolución, una relación que trata del mismo asunto. Voy a copiar los párrafos relativos, aunque en ellos vuelvan a aparecer diferencias de detalle. Esta relación fue escrita, y así lo hace constar El Cronista de la Revolución, con los datos que suministró el entonces coronel Serafín M. Robles, quien, como se recordará, fue uno de los acompañantes del doctor Gaona Salazar cuando llevó mi carta a Zapata. Dice:

Se había consumado la traición de Victoriano Huerta, me dice el coronel Robles, cuando el doctor Francisco Vázquez Gómez recibió una carta de don Venustiano Carranza, recomendándole enviara emisarios a Zapata para que por ningún motivo se rindiera.

El ingeniero David de la Fuente, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas de Huerta, trataba de atraerse a los revolucionarios, y hablando con el doctor Vázquez Gómez, acordaron entrar en negociaciones con el guerrillero morelense. El doctor se aprovechó de esta. oportunidad para enviar a Zapata las instrucciones de don Venustiano, y dijo al ingeniero De la Fuente que él tenía personas de la confianza de Emiliano para cumplir con la comisión. Escribió, al efecto, para despistar, una carta diciendo a Zapata que vería con gusto que cesara en su lucha y entrara en arreglos (5).

Dió la casualidad que allí (Axochiapan) llegara al día siguiente el general Eufemio Zapata, hermano de Emiliano, quien les dijo categóricamente:

Si van ustedes a hablar de paz al hermano, los cuelga.

Le indicaron entonces que dentro de la suela del calzado llevaban una segunda carta del doctor Vázquez Gómez y trataron de mostrarla. Pero Eufemio les replicó:

No, no es necesario. Como la traen, así que la reciba el hermano.

Pueden ver los lectores de estas Memorias que la carta del doctor Gaona Salazar, o mejor dicho, la relación que hace, no fue inventada a última hora para cubrirme de las críticas futuras, pues si bien es cierto que hay diferencias con lo relatado por El Cronista de la Revolución, en el fondo coinciden perfectamente. Verá también el señor licenciado don Luis Manuel Rojas que cuando se procede con rectitud no es necesario andar pensando en recabar contrapruebas (?) de que se procede rectamente.

Aunque muy a grandes rasgos, voy a referir cuál fue mi conducta a raíz de que Huerta asumió el poder: vinieron a verme dos comisiones de alumnos de la Escuela de Medicina, para suplicarme que volviera a dar mi clase; iguales instancias hizo el doctor Urrutia, entonces director de la mencionada Escuela; y el licenciado Jorge Vera Estañol, Ministro de Instrucción Pública, me escribió una carta diciéndome que, a instancias del doctor Urrutia, se me había nombrado profesor. Nada acepté (ni recibí dinero del usurpador), a pesar de que dicha Clase la había obtenido por oposición antes de cumplidos dos meses de haberme recibido y, naturalmente, le tenía grandísimo afecto. Por la cuestión política la había renunciado desde principios de 1912.

En esos días de confusión, muchos revolucionarios venían a inquirir mis convicciones respecto del nuevo gobierno, probablemente para normar ellos su conducta. Entre ellos recuerdo a los hermanos Cedillo, sinceros revolucionarios de aquel entonces que, como muchos otros, hicicron armas contra el gobierno reaccionario del jefe de la revolución; y al general Francisco de P. Mariel. A ninguno dije que reconociera a Huerta ni que el gobierno de este señor pudiera considerarse, ni remotamente, como revolucionario. Muy al contrario, les decía que no lo reconocieran, aun corriendo el peligro de las confidencias de esta clase. Por último, me expatrié, y en el extranjero viví todo el tiempo que estuvieron en el poder Victoriano Huerta y el licenciado don Luis Manuel Rojas.

Al principio de estas Memorias ofrecí demostrar al señor licenciado Luis Manuel Rojas, que él si reconoció a Huerta como Presidente de la República, que colaboró con él y que durante varios meses estuvo recibiendo dinero del gobierno del Usurpador, mientras que yo no hice nada de esto. Voy a cumplir mi ofrecimiento, para que no se diga que sin haberlo probado de antemano, afirmo, en los párrafos anteriores, que el señor licenciado Rojas fue diputado de la usurpación: es que lo evidente se impone.

Creo no será necesario insistir con el señor licenciado en que los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo forman el gobierno de la República. Por otro lado, basta ver el Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, correspondiente a aquellos días, para confirmar que el señor licenciado Rojas fue diputado, es decir, formó parte del poder legislativo del gobierno en que a la cabeza del ejecutivo figuraba el Usurpador; luego el señor Rojas legalizó con su presencia y actuación la presencia y actuación de Victoriano Huerta; colaboró con él (y esto no de una manera pasiva), lo reconoció pública y políticamente; y, por último, cobró sus dietas, es decir: recibió dinero de la usurpación.

He dicho que colaboró. En efecto: Rojas hizo hábilmente la defensa de los fabricantes de tequila (6)... y a eso se redujo, en la Cámara, su gestión revolucionaria. Aun más: el señor licenciado llevó a cabo, precisamente, lo que me atribuye con motivo de mi carta a Zapata. En la misma página del libro ya citado, también encontramos lo siguiente:

Rojas inició el 19 de agosto de 1913, el acuerdo tomado por el Bloque Renovador para ofrecer su mediación al Ejecutivo con el objeto de que los contendientes se escucharan y la paz se lograse sin la ingerencia de las cancillerías extranjeras.

No hay que olvidar que entre los contendientes se encontraba el general Zapata ...

El acuerdo a que se refiere lo anterior y lo más importante que se trató con este motivo, constan en El Independiente, de 2 y 5 de agosto de 1913, de donde copio lo siguiente:

La mesa del Bloque (Liberal Renovador) nombró en comisión a los diputados Rojas, Borrego, Rodiles Maniau, Ugarte, Palavicini y Novelo, para que redactaran un memorial que acompañarán a este acuerdo al ser entregado al señor Presidente de la República ...

A las siete de la noche entraban a la secretaría de Gobernación los diputados Rodiles Maniau, Ugarte, Palavicini, Luis Manuel Rojas, Alardín y Ugarte.

A las siete y media los recibió el señor doctor Urrutia, habiendo estado hablando con él, con el objeto de darle a conocer de una manera extraoficial, pues antes de todo lo deberá conocer el señor Presidente de la República, el texto del memorial, y los fines que persiguen de acercamiento entre el gobierno y la revolución ...

... la secretaría del Bloque nos dió un boletín, en el que constan detalles de la entrevista con el señor Presidente ...

BOLETÍN

A las once y treinta minutos de la mañana, se hizo anunciar la comisión del Bloque Liberal Renovador, de la Cámara de Diputados, con el señor Presidente de la República, en su casa de Popotla.

El señor general Huerta escuchó con atención al licenciado Luis Manuel Rojas, quien dijo: Que como presidente de la comisión, ponía en manos del Primer Magistrado la nota del grupo renovador, en la cual está inserto el acuerdo tomado por el expresado Bloque parlamentario, proponiéndose mediar en el acercamiento de los contendientes para procurar el arreglo de las dificultades interiores, sin más mira que la patriótica de evitar cualquiera intromisión exterior.

El ingeniero diputado Palavicini dió lectura al escrito que al efecto fue entregado al señor Presidente, quien manifestó: Que no acepta la mediación propuesta, porque la dignidad nacional y la del gobierno le indican que no deben transigir con la revolución; y que si los diputados renovadores creen tener influencia con los revolucionarios, pueden hacer cerca de ellos las gestiones privadas que deseen, pero sin llevar autorización oficial alguna.

Se ha dicho (y no tengo motivos para pensar que lo hizo para evitar las críticas futuras) que el señor licenciado Rojas fue uno de los que votaron en contra de la aceptación de las renuncias de los señores Madero y Pino Suárez; pero en la página 8 del Diario de los Debates (apéndice), del día 19 de febrero de 1913, se encuentra lo siguiente:

El C. Pérez: Tengo la honra de informar a esta respetable Cámara, que el señor general Huerta, por mi conducto, hace saber a vuestra soberanía que, en su concepto ha desaparecido el conflicto legal en que nos pone la renuncia de que carecemos, a virtud de que el señor Francisco I. Madero mandará dentro de pocos instantes a esta honorable Cámara su renuncia y de que, en esa virtud, el señor ministro de Relaciones sc hará cargo de la presidencia. (Voces: ¿Y el vicepresidente?)

Respecto al vicepresidente, no ha expresado todavía nada sobre el particular, pero suplica también a esta honorable Cámara, con todo el respeto que se merece, se sirva constituirse en sesión permanente a efecto de que pueda recibir hoy mismo la renuncia a que antes se ha aludido ...

El C. secretario: Dispone la presidencia que se consulte a la Cámara si nos constituimos en sesión permanente. Los que estén por la afirmativa, que se sirvan poner en pie.

Se constituye la Cámara en sesión permanente.

Y en la página 10 del mismo Diario de los Debates, se lee lo siguiente:

El C. Olaguíbel: Propongo que se empiece a deliberar, y, a propósito, me permitiría suplicar al señor presidente de la asamblea que por conducto de una comisión y por la vía telefónica o la que su cordura le dicte, haga saber a quien se deba hacer saber, que estamos esperando la renuncia del presidente.

El C. secretario: Tengo la honra de manifestar al señor licenciado Olaguíbel, lo mismo que a la Cámara, que, para que se pregunte por la vía telefónica, me permito nombrar en comisión al mismo señor Olaguíbel, al señor Escudero y al señor Novelo, para que se acerquen a quien corresponda a efecto de que sea enviada inmediatamente la renuncia. (Esta sesión fue presidida por el C. Ignacio Borrego.)

(La comisión referida se ausentó del salón para cumplir con su cometido, y regresó al cabo de pocos momentos.)

El C. Olaguíbel: La comisión que la presidencia de la Cámara se sirvió nombrar, a efecto de acercarse a quien correspondiera para recabar la renuncia de los señores Madero y Pino Suárez, tuvo el honor de cumplir su cometido, y en respuesta se complace en anunciar a la asamblea, que el señor licenciado Lascuráin, portador de los dos documentos a que he aludido, se encuentra en el salón Verde de esta Cámara, en donde espera a uno de los secretarioa de la asamblea para poner en sus manos las renuncias.

A esta sesión en que la Cámara urgió la renuncia a Madero, asistió el señor licenciado Luis Manuel Rojas, y cuando se preguntó a la asamblea si se constituía en sesión permanente, a instancias del general Huerta, como se ha visto antes, para que recibiera ese mismo día la renuncia, el señor licenciado Rojas no dijo nada, y con su presencia y su silencio hizo suyas las palabras del C Pérez y del C. Olaguíbel.

Tan luego como la asamblea resolvió constituirse en sesión permanente, el señor licenciado Rojas se concretó a hacer esta proposición en unión de otros señores diputados: No se llamará a funcionar, en ningún caso, a los suplentes de los diputados propietarios que se encuentran privados de su libertad.

En resumen: el señor licenciado don Luis Manuel Rojas fue huertista, diputado de la usurpación, colaborador del Usurpador, y recibió dinero del general Victoriano Huerta. Por si esto no fuera bastante, el mismo señor licenciado, como miembro de la Cámara, hizo suyo el conflicto legal en que se encontraba Huerta por carecer de la renuncia de Madero; hizo saber, a quien se debe hacer saber, que estaba esperando la renuncia; con el C. Escudero y siempre como miembro de la Cámara, se acercó a quien correspondía a efecto de que fuese enviada inmediatamente la renuncia, y se acercó a quien correspondía para recabar la renuncia de los señores Madero y Pino Suárez, considerando un honor este cometido. Cuando el señor licenciado tuvo en sus manos la renuncia de los señores Madero y Pino Suárez ... no las aceptó.

Razonando con el señor licenciado, diré: ¿Hubo juego en este asunto asaz escabroso? Y si lo hubo, ¿fue simple, o doble? ¿Obtuvo a tiempo el señor licenciado Rojas las pruebas o contra-pruebas?

Los CC. Francisco Escudero Verdugo y José Natividad Macías, miembro prominente, el primero, del Bloque Liberal Renovador a que perteneció el señor licenciado Rojas y del cual fue presidente en el mes de abril de 1913, y el segundo, compañero del ciudadano Rojas en el Constituyente; los CC. Escudero y Macías, repito, pueden darnos alguna luz sobre este asunto:

C. Escudero: Yo he dicho en alguna interview de algún diario de esta capital, que la única razón de ser que tiene el actual régimen de la República, es la paz, y todo lo que no contribuya a la paz de los espíritus y a la paz de la nación, es criminal (7).

Lo hemos dicho públicamente, en todos los tonos, en los periódicos, en la Cámara: no queremos hacer labor obstruccionista, no queremos ser opositores; pero sí queremos ser diputados, y tener libertad de palabra, porque, señores, si en el régimen nuevo no nos permiten hablar, no nos permiten opinar, mejor sería volvernos a nuestras casas (8).

El C. Macías: Yo no vengo, señores diputados, a defender a los compañeros que por ofuscación u otros motivos, que no quiero juzgar, se hayan ido al campo revolucionario; yo vengo a sostener aquí la dignidad de la Cámara y el alto fuero que los funcionarios públicos deben disfrutar para llenar debidamente sus funciones (siseos); y esto me creo obligado a hacerlo, señores diputados, en los momentos precisos en que la voz de a calumnia se levanta de la manera más injusta y más infundada para acusarnos de conspiradores, para presentarnos a las miradas suspicaces del gobierno como hombres que estamos presentando obstáculos para que la paz pueda establecerse ...; por eso quiero que se nos diga qué obstáculoo hemos puesto al gobierno para que desarrolle su programa. ¿No hemos sido de los más solícitos para que la paz se establezca? (Voces: No, no. Siseo.).) Señáleseme entonces un hecho solo que pueda avergonzarnos y que pueda demostrar lo contrario; no hay uno solo, absolutamente ninguno (9).

El C. Rivera: ... y ahora, por fin, se nos lanza el epiteto de revolucionarios y conspiradores a los que pertenecemos al grupo liberal de esta Cámara. Es preciso venir aquí a levantar la voz muy alto, para decir cuál ha sido el objeto de la institución de ese grupo, que en la época maderista llevó el nombre de Renovador, y que hoy se honra en llevar el título de liberal, grupo liberal de la Cámara. (Siseos.) (10).

El C. Escudero: ¿Qué es posible que no haya reminiscencias patrióticas? nosotros los liberales, a raíz de la tragedia de febrero, quisimos de buena fe ayudar al nuevo régimen, porque, antes que otra cosa, somos mexicanos (11).

No es necesario proseguir. Solamente diré que el C. Luis Manuel Rojas estuvo presente en la sesión en que el caracterizado miembro de su grupo emitió los conceptos ya citados; y que dicho señor Rojas, con su presencia y su silencio, hizo suyas las palabras del señor Escudero.

Por si su presencia y su silencio no hubieran sido bastantes, el señor licenciado Rojas, a los cuatro días de haber hablado por boca del licenciado Escudero, refrendaba las palabras de éste en unas declaraciones a la prensa:

... porque los motivos de unión de los diputados que forman el grupo del Partido Liberal Renovador, están fundados en una profunda identidad de ideales políticos (12).

Así fue como el señor licenciado don Luis Manuel Rojas, el convencido corralista hasta mayo de 1911, el diputado de la usurpación que de buena fe quiso ayudar a Huerta a raíz de la tragedia de febrero, tendió el puente que habría de llevarlo por sobre el torbellino de las corrientes revolucionarias, a la presidencia del Congreso Constituyente de 1917.




Notas

(1) Telegrama del general José Refugio Velasco. Los últimos dias del Presidente Madero. Pág. 549.

(2) Excitativa Parlamentaria. Isidro Fabela. Piedras Negras, Coah., 1913. En México Revolucionario, de Alfredo Breceda, Pag. 381.

(3) El señor licenciado Rojas, en alguno de sus articulos publicados en El Gráfico, hizo mención de las relaciones especiales que sobre cuestiones de historia contemporánea había escrito para él (Rojas), el señor licenciado Prida. En el articulo que comenta el autor de estas Memorias, la colaboración de dicho señor licenciado, se hace constar expresamente. Creo oportuno, por lo mismo, copiar aqui algunos párrafos del libro Francisco I. Madero y la Verdad, de que es autor el señor Alfonso Taracena. Dicen:

Volviendo al secreto de los muertos, se me ocurre que ya que el licenciado Prida goza de la gloria de la vida, debiera dilucidar el caso que el doctor De los Monteros casi ha iluminado con certera perspicacia. El doctor De los Monteros acusa al licenciado Prida de haber confeccionado las declaraciones de Cárdenas, publicadas en El Paso Morning Times, del viernes 16 de julio de 1915, precisamente cuando el licenciado Prida era encargado o cosa así de la edición en castellano de ese periódico. No es de justicia que la historia se prive de conocer una verdad de esa trascendencia. El licenciado Prida tiene ante sí el ejemplo del licenciado García Naranjo, que acaba de confesar ser el autor de una carta apócrifa de Mondragón a Félix Díaz. Aparte de que, aclarando la verdad, el licenciado Prida se resarciría de la falta de haber suplantado en las declaraciones de Cárdenas a Cecilio Ocón, con el licenciado Reyes, pues que si es él (Prida) el autor del documento, está en su derecho al hacerle las enmiendas que le plazcan. (Pág. 41).

Como se ve, Cárdenas no hace aparecer en todo esto al licenciado Rodolfo Reyes, a quien el licenciado Prida confunde deliberadamente con Cecilio Ocón, en su deseo de hacer victima. a su enemigo, de su ira desatentada. (Pág. 36).

(4) He dicho que mientras Huerta quiso, y estoy obligado a probarlo.

El C. Martinez Escobar: ... Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, a todos los habitantes de la República, sabed ...

Articulo 1° Los diputados y senadores al Congreso de la Unión, propietarios y suplentes en ejercicio, que no concurrieran al próximo periodo de sesiones que empezará el 16 de septiembre del corriente año, quedarán por este solo hecho exentos de las penas en que hubieran incurrido conforme a la Ley de 26 de enero de 1862 ...

Dado en el cuartel general, en Durango, a los siete días del mes de agosto de mil novecientos trece. (Diario de los Debates del Congreso Constituyente, tomo 1, número 2. Querétaro, 25 de noviembre de 1916).

El C. Rojas fue diputado hasta el 10 de octubre de 1913, fecha en que Huerta disolvió la Cámara.

(5) Creo de mi deber hacer constar que nunca recibí indicación alguna del señor Carranza, en el sentido indicado.

(6) Los Diputados, Página 389. Félix F. Palavicini. Tip. El Faro, México.

(7) Diario de los Debates, de 7 de abril de 1913. Pág. 7.

El C. Escudero llegó a Secretario de Estado del señor don Venustiano Carranza, quien dignamente no contribuyó a que hubiera paz en aquel entonces.

(8) Diario de los Debates, de 7 de abril de 1913. Página 11.

(9) Diario de los Debates, de 7 de mayo de 1913. Página 8.

(10) Diario de los Debates, de 7 de mayo de 1913.

(11) Diario de los Debates, de 6 de mayo de 1913.

(12) El Diario, del sábado 10 de mayo de 1913, página 3.

Índice de Memorias de Francisco Vázquez GómezTercera parte - Capítulo VITercera parte - Capítulo VIIIBiblioteca Virtual Antorcha