Indice de Entrevista al C. General de brigada Nicolás Fernández Carrillo por Píndaro Urióstegui Miranda Villa se fuga de la prisión de Santiago Tlatelolco Cómo se vivía en el norte del paísBiblioteca Virtual Antorcha

ENTREVISTA
AL GENERAL DE BRIGADA
NICOLÁS FERNÁNDEZ CARRILLO

Píndaro Urióstegui Miranda


MÁS DATOS BIOGRÁFICOS

PREGUNTA
¿Usted en qué fecha nació señor general y con quién casó?

RESPUESTA
Nací el 10 de noviembre de 1875 Y me casé en 1903 con una señorita llamada Juana Terrazas en el poblado de La Concepción; actualmente soy viudo, pero tuve seis hijos: tres hombres y tres mujeres; pero ya en la pelea, se me murieron tres en Ojinaga, dos hombres y una niña; me quedan vivos tres: dos mujeres y un hombre.

PREGUNTA
¿Y qué puestos públicos ha desempeñado usted señor general?

RESPUESTA
Todo lo que he desempeñado son comisiones de la Revolución.

Así serví doce años al gobierno constituido.

Después de andar con el general Francisco Villa, se me comisionó por el gobierno a Colima, Michoacán y Jalisco durante el levantamiento de los cristeros hasta que vine a resultar acá por Tampico.

Cuando era presidente provisional el licenciado Emilio Portes Gil, Calles ordenó que se me reconociera el grado, pero el Secretario de la Defensa Nacional que era el general Amaro, con quien siempre había peleado en contra, no quería reconocérmelo, pero como el que mandaba era Calles entonces Amaro reconoció la orden.

Calles me mandó llamar y me presenté con él y luego me rodearon unos de sus oficiales, pero me puso su mano en el hombro.

La manera de ver de Calles era siempre hacia abajo y así me dijo: oye, ¿por qué le fuiste tan leal al bandido de Villa?

Yo me sofoqué y no podía hablar, pero, pensé si me fusilan que me fusilen y le contesté: pues mire general, quiero decirle que me permita, pues, contestar lo que me pregunta.

¡Sí° -me dijo-, ¡habla con franqueza!

Yo hablo fuerte, le dije, no con enojo, pero hablo fuerte, así como le fui leal al bandido de Villa le hubiera sido leal al bandido de Calles.

Y luego dí un paso atrás, pero me rodearon.

Entonces les dije: por eso pedí permiso, no voy a sacar arma, a lo que Calles repuso: ¿lo puedes probar?

Y le contesté: Sí señor, permítame meter la mano a la bolsa.

¡métela!

Yo traía en la bolsa de mi cartera una mica con un recibo que me firmó Calles cuando era profesor de segunda categoría en Agua Prieta, Son., no de primera.

En aquel entonces el general Villa le mandó a un emisario para que consiguiera parque, porque nosotros no podíamos conseguirlo. Calles le contestó que le mandara cinco mil ochocientos novillos de cuatro años para arriba. Como todo el ganado era de la revolución, me mandaron a agarrar los novillos y se los llevé a Calles con una carta que me dio Villa.

Llegué a los siete días y me dediqué a localizarlo.

El ganado lo dejé retirado y entré al pueblo buscando al profesor Calles; una persona me dijo: mira, es aquel vestido de negro. Yo le salí adelante, me bajé del caballo y le pregunté: ¿el profesor Don Plutarco Elías Calles?

A sus órdenes, contestó.

Yo le entregué la carta, la leyó y me preguntó: ¿y dónde está el ganado?

Mire, donde están esos humitos está el ganado, está echado ahorita bebiendo agua y descansando.

¿Cuánto ganado trae?, me volvió a preguntar.

Traigo mil ochocientos novillos, quizá un poco más.

A lo que me contestó: dentro de tres horas arrímelo más cerca, vaya ver si lo trato.

Y se fue.

A las cuatro de la tarde regresó y me dijo: ya está arreglado, vamos a verlo; venía acompañado de tres americanos, uno hablaba muy bien español y Calles también hablaba inglés; entonces empezaron a meterse con sus carros entre el ganado y el ganado empezó a alborotarse.

Entonces les comenté: si siguen en los carros se nos va el ganado porque es muy ladino; les dí caballos y reunieron el ganado.

Como a la hora ya vinieron a arreglar el trato y entonces Calles me dijo: arrimas el ganado a tales horas allá en la puerta de la línea divisoria, te han de entregar estos señores cinco millones de cartuchos, cada caja trae dos mil, ábrelas y cuando ya estés seguro de que es parque entonces tú entregas el ganado y que te den un recibo.

¡Muy bien! Y así lo hice. Entregué el ganado, pero me sobraron cien novillos, entonces uno de los americanos me dijo: déjalos ir y me regalaron cincuenta pistolas por ellos.

Vino Calles y entonces me pidió un recibo, yo se lo di y le pedí otro que era el mismo que le presenté en esa ocasión y que me sirvió para salvarme.

Así fue como me reconocieron el grado y anduve doce años con tropas a mi mando.

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