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IDEARIO DE HIDALGO

Alfonso Garcia Ruíz

IDEALES SOCIALES

Propiedad


Nos parece, sin embargo, que no puede catalogarse a secas a Hidalgo como un enemigo de la propiedad. El iniciador de la revolución procuró a toda costa dejar testimonio claro de su respeto por ese derecho. Profesante de las ideas que definen los derechos del hombre, entre los que el de propiedad figura como uno de los más importantes, Hidalgo quiso hacer comprender a todo el mundo, y especialmente a los criollos acaudalados, que la garantía del derecho de propiedad era precisamente uno de los móviles principales de la revolución. Si deseáis la quietud pública y la seguridad de vuestras haciendas ..., desertaos de las tropas de los europeos y venid a uniros con nosotros (1), decía, dirigiéndose a los criollos, quienes por temor a sufrir daños en sus propiedades no se atrevían a combatir abiertamente por la independencia, por más que en el fondo la deseasen.

Hidalgo quería de esta manera presentar un cuadro del futuro que contrastase lo más posible con las dificultades que los criollos pasaban por razón de que sus propiedades se veían constantemente amenazadas bajo el régimen español, hasta terminar a veces con la definitiva confiscación por un pretexto o por otro. A cultivar esa esperanza contribuiría, según Hidalgo, el hacer extensíva la garantía de sus propiedades a todos los individuos sin distinción, así fuesen los propios enemigos españoles. Por eso había declarado en un Manifiesto que su ánimo era sólo despojar a los gachupines del mando, sin ultrajar sus personas ni haciendas (2), y en otro, que el europeo que se entregare espontáneamente a nosotros será tratado con respeto, protestándose la seguridad de su vida y hacienda (3).

No obstante, el ejército insurgente, encabezado por el cura de Dolores, fue pronto acusado de cometer numerosas y graves depredaciones en contra de los bienes del Estado, de la iglesia y de los particulares, y la fama que ello originó fue uno de los motivos, no el más despreciable, del desprestigio que los realistas sembraron en contra de la causa insurgente.

En los primeros momentos, Hidalgo, comportándose como un jefe de gobierno, dió explicaciones a todas luces válidas en las circunstancias por que el pais atravesaba, y prometió restitución a todos los que habían soportado expropiaciones obligadas por las exigencias de la Nación (4). Pero al aumentar su numeroso e irregular ejército, ciertos momentos resultaron incontrolables para los jefes porque el pueblo que les seguía actuaba más bien como una terrible horda de destrucción que como un ejército organizado. El caudillo llegó a sentirse angustiado por la duda sobre si aquel comportamiento no significaba el principio de la anarquía, por cuya diabólica acción serían aniquilados los bienes y nulificados los principios que se perseguían. Sin embargo, jamás triunfó en él el pesimismo. Procuró ejercer una vigilancia estricta en cuanto estuvo a su alcance; amenazó con rigurosas penas a los comisionados que se excediesen de sus autorizaciones, y dió instrucciones para que éstos se manejasen con la urbanidad de un pasajero, satisfaciendo y pagando a precios corrientes cuanto pidan y se les ministren a no llevar expresa letra y firma mía para lo contrario (5) a fin de hacer renacer la confianza en la superioridad indiscutible de sus miras. Y cuando ante la Inquisición se le interrogó sobre las usurpaciones de los bienes de los españoles y criollos, dijo: que bien conoce que tal usurpación era no sólo injusta sino perjudicial y contraria inmediatamente a los intereses de los mismos criollos; pero la necesidad que tenía de ello para su empresa y la de interesar en ella a la plebe, no les permitía escrupulizar sobre los medios de llevarla adelante (6).

De cualquier manera aparece claro que Hidalgo quiso mantener básicamente intacto el derecho de propiedad; que ninguna de las reformas ofrecidas y proyectadas significaba en su pensamiento cambio alguno en el orden de sus principios reguladores, y que la mejor distribución de la riqueza, proclamada en favor de los elementos más bajos de la población, había de conseguirse, según él, por medios legitimos que no lesionasen el inalienable derecho de propiedad. Este fue el antemural de su acción revolucionaria.

No deben entenderse contrarias a este propósito las modificaciones que con respecto a dícho derecho sobrevendrian al sustituirse el orden jurídico colonial por el liberal y constitucional que Hidalgo propugnaba. Que variasen en éste o en aquel sentido los títulos de dominio; que las cargas civiles, administrativas, penales o eclesiásticas cambiasen o desapareciesen o que fuesen derogadas por otras; que se pusiese un limite claro a los motivos de expropiación y se les reglamentase para evitar las interpretaciones arbitrarias de los jueces y los ejecutivos y que, en general, prevaleciese en la teoria de ese derecho el criterio individualista más radical o se pusiesen ciertas taxativas a su goce en favor de su función social, no haria cambiar su esencia de propiedad privada. Por el contrario, el rodearla de todas esas garantias hacía suponer su más estricta consagración.



Notas

(1) Véase la nota referente a la Proclama de HIdalgo, en el apartado referente a Libertad y democracia.

(2) Véase la nota referente al Manifiesto de Hidalgo en el apartado referente a Libertad y democracia.

(3) Manifiesto ... Hernández y Dávalos: Ob. cit. I. No. 51. p. 120.

(4) Véase la penúltima nota del apartado Organización política y ciudadana.

(5) Comunicación del señor Hidalgo al señor Mercado ..., Hernández y Dávalos: Ob. cit. I. No. 131. p. 359-360.

(6) Declaración del cura ..., Ibídem. I. No. 2, p. 15-16.

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