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Penitenciaría Federal de los Estados Unidos.

Leavenworth, Kansas.

3 de agosto de 1921.

Nicolás T. Bernal.

Oakland, Calif.

Mi querido Nicolás:

Tu carta del 18 de julio último la recibí.

Me llenan de regocijo los esfuerzos de los compañeros mexicanos. Sin embargo, no puedo abrigar la esperanza de ser puesto en libertad; anteriormente se han hecho esfuerzos para ello, pero sin provecho. Soy considerado peligroso por los que están en el Poder, como puede verse por la carta del señor Daugherty al señor Harry Weinberger. Peligroso para el capitalismo, por supuesto; peligroso para la tiranía, y mientras el capitalismo esté en la silla en los Estados Unidos, seguiré siendo un forzado huésped de sus calabozos. El señor Daugherty, como vocero del gobierno, quiere que demuestre yo arrepentimiento, y en esto el sarcasmo toca los límites de la tragedia. ¿Arrepentimiento? No he explotado el sudor, el dolor, la fatiga, ni el trabajo de otros; no he oprimido ni una sola alma; no tengo de qué arrepentirme. Mi vida ha sido consumida sin haber adquirido riqueza, poder o gloria, cuando pude haber obtenido estas tres cosas muy fácilmente; pero no lo lamento. Riqueza, poder o gloria solamente se conquistan atropellando los derechos de otro. Mi conciencia está tranquila, porque sabe que bajo mi vestidura de convicto late un corazón honrado. Yo pudiera ser puesto en libertad tan sólo con firmar una petición de perdón, arrepintiéndome de lo que he hecho, como sugiere el Ministerio de Justicia que haga. Entonces podría reunirme a mi pobre y abandonada familia; podría atender la decadencia de mi vista, cuya debilidad, que está siempre aumentando, arroja sombras a mi alrededor y amargura en mi corazón; pero pienso que la alegría de estar afuera de este infierno, que parece haberme tragado para siempre, sería cruelmente ahogada por la protesta de una indignada conciencia que me gritaría: ¡Vergüenza! ¡Vergüenza! ¡Vergüenza! Porque es mi honor como luchador por la libertad, mi honor como defensor del pobre y del desheredado, vigorizado en treinta años de lucha por la justicia para todos, el que está en peligro. Siendo así, no renunciaré al ideal, venga lo que venga.

Con la esperanza de saber pronto de ti y algo respecto de la impresión de mi último drama, me despido con saludos para todos nuestros buenos camaradas, y un fuerte abrazo de tu hermano.

Ricardo Flores Magón


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