Índice del Epistolario revolucionario e íntimo de Ricardo Flores MagónCarta anteriorCarta siguienteBiblioteca Virtual Antorcha

Penitenciaría Federal de los Estados Unidos.

Leavenworth, Kansas.

Octubre 3 de 1921.

Señorita Elena White.

Nueva York, N. Y.

Mi querida camarada:

Tu apreciable carta del 24 de septiembre último fue recibida. Es una carta muy interesante, y debes de estar tranquila porque no me molestó, no podía molestarme. Es un documento, y de los más queridos, que habla del trabajo en que pusiste a tu cerebro para distinguir el camino que tienes que andar en tus generosos esfuerzos. No me cansa ver a una joven en busca de luz, y lo único que siento es que a quien acudes para ver la claridad, es a mí. Sin embargo, tomo mi lápiz para contestar tus preguntas, y si la respuesta dista de ser luminosa, créeme, mi querida Elena, que es sincera y hecha de muy buena voluntad.

Es cierto que la unión sindicalista que tenemos en este país ha perdido el espíritu que la animó durante su juventud. Sé bien que ha repudiado sus mejores tácticas; pero ¿es irrevocable esta repudiación? No: podemos obligar a este rebaño a adoptar otra vez tácticas revolucionarias y echar al mar a su Comité Ejecutivo con sólo desplegar toda nuestra energía entre sus miembros. Si abrigo la opinión que los libertarios se unan a la unión sindicalista con preferencia a otras, es porque sus miembros son, al menos, conscientes de su clase, lo cual ya es una gran ventaja sobre las uniones obreras a cuyos miembros tendríamos que enseñarles los principios más rudimentarios de la guerra de clases para hacerles asumir una actitud revolucionaria. Esta sería la tarea de muchísimos años, con el resultado que la inevitable catástrofe nos sorprendería en nuestra enseñanza en la escuela de párvulos, enseñando el A, B, C, a bebes barbudos, y cuando levantáramos la frente sería para ver a los marxistas ya en el poder. Debemos tener presente que no estamos bajo condiciones normales para poder trabajar cómodamente en la preparación de un futuro distante. El momento es anormal; si no nos damos cuenta de la rapidez de la corriente, es porque estamos en ella, corriendo con ella, y la anormalidad requiere medidas de urgente necesidad. Esta es la razón porque estoy en favor de tomar como nuestra arma la mellada y enmohecida unión sindicalista. En el tiempo que se necesitaría para ponerla en buen orden de trabajo no podríamos hacer una nueva. Por supuesto que no debemos descuidar la escuela de párvulos si nos queda tiempo, y debemos ver que nos quede tiempo para la enseñanza de los bebes de las uniones obreras. En efecto, debe estimularse ese movimiento de que hablas, el de los Comités pro - talleres y, en general, cada quien, donde quiera que se encuentre, debe trabajar por el ideal; pero si es posible llevar a cabo una acción concertada, creo que lo mejor que hay que hacer es concentrar nuestra atención en las uniones sindicalistas para que muera la aborrecida centralización y se restauren las buenas tácticas, hoy muertas.

Sí, estamos en desacuerdo en la cuestión del folleto. Lo considero excelente cuando arroja luz sobre lo que ha sucedido en Rusia; pero no puedo ver su imparcialidad cuando recomienda una guerra abierta a los marxistas en países donde hay preparativos para intentar romper las cadenas. Una guerra semejante en esos países solamente prolongaría la vida del enemigo, y, por lo tanto, su poder, pues mientras combatiéramos entre nosotros mismos, lo dejaríamos en paz. Por supuesto que esto no significa que debemos abandonar la propaganda de nuestros ideales, lo que no debemos de hacer. Debemos propagar sin cesar nuestros ideales; pero debemos ayudar en la tarea común de romper el yugo. Si es necesario arrojar al arroyo un palo para llegar a la orilla opuesta, y el palo es pesado y requiere la fuerza de dos hombres, uno de ellos no va a pelear con el otro que tiene el mismo propósito: el uno debe aceptar la ayuda del otro y trabajar por llegar al otro lado del arroyo. Una vez del otro lado, la lucha no hace mal, se ha pasado el arroyo y el peligro que hacía imperioso su paso, quedó en la otra orilla. El folleto en cuestión aconseja una lucha ruda antes de colocar el palo en el arroyo. No puedo convenir con esto. Si tenemos temor que una vez del otro lado el que nos ayudó pueda tratar de ponernos bajo las mismas condiciones, o aún peores que los que nos hacen abandonar la orilla actual, tendremos tiempo de estar preparados para la emergencia. Trabajemos; propaguemos nuestros ideales con intensa energía. Este punto es muy importante, y quisiera yo saber otras razones en favor de una guerra a muerte entre los que tratamos de romper el yugo capitalista; pero deseo hacer notar con toda claridad que los marxistas, contra quienes no deseo luchar antes de que se ponga el palo para pasar el arroyo, son los marxistas revolucionarios, aquellos que no recomiendan más la boleta electoral.

He aquí que no me queda más espacio, y por fuerza tengo que terminar mi carta con el presentimiento que no convendrás conmigo, lo cual me apena, porque siento gran placer cuando estamos de acuerdo tu y yo. Tal vez después de todo lo que se diga, tu tengas razón (*). Estás en posición de juzgar las cosas mejor que yo en este horrible infierno. Estás en contacto con las masas: sientes su pulsación, mientras que yo sólo lo supongo. ¡Ojalá que esta confesión sirva de paliativo a cualquiera contrariedad que pudieses sentir en la manera de ver las cosas tu viejo pero sincero amigo, que tanto cariño siente por ti!

Da mi cariño a Erma, así como a todos los buenos camaradas, y tú, mi querida Elena, recibe el afecto de tu camarada.

Ricardo Flores Magón

(*) Los hechos demostraron que es ingenua una unión con los marxistas para hacer un frente común al capitalismo.

Max Nettlau hace notar, en Errico Malatesta, pag. 212, edición de La Protesta, Buenos Aires, Argentina, lo que el mismo Malatesta escribió en Umanita Nova sobre este respecto:

Cuando volví a Italia ... la revolución estaba a la orden del día.

Nosotros éramos demasiado poco numerosos para poder tomar solos la iniciativa de la acción con algunas probabilidades de éxito. Por eso fuí uno de los más calurosos factores del frente único, un esfuerzo para arrastrar a la acción a aquellos que habiendo prometido la revolución, los unos por fines groceramente electorales, los otros por un entusiasmo transitorio provocado por los hechos de Rusia, no podían confesar decentemente que no querían la revolución porque, para no hablar más que de razones honestas, no la creían posible.

Los hechos me han desengañado.

Clamamos palabras duras, gritamos contra la traición.

Pero si miramos el fondo de las cosas, si consideramos el tipo de organización adoptado por los socialistas y el personal que constituye su clase dirigente, y principalmente el modo y el devenir revolucionario, entonces deberemos convenir en que ellos no fueron traidores, sino que nosotros fuimos ingenuos .

Y continúa: Hacer anarquistas, ponernos en grado de dar a la preparación revolucionaria y al hecho revolucionario nuestra impresión, he ahí nuestra tarea actual ...(Nota del Grupo Editor).


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