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Por qué hay que afiliarse al Partido Antirreeleccionista
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Los retardatarios

La pedagogía moderna ha clasificado bajo la denominación de retardatarios a todos aquellós individuos que por su defectuosa conformaCión cerebral, se hallan incapacitados para adquirir una educación normal con la misma rapidez y aprovechamiento con que lo verifican los individuos físicamente bien conformados.

Aplicando el término a otro orden de incapacidades, hay datos suficientes (los que proporciona la clase ilustrada superior en nuestro país, en los últimos 30 años) para sostener que en ella existe un grupo muy numeroso de retardatarios en la escuela de la democracia. Pero con una diferencia esencialísima: que en pedagogía la falta de desarrollo es meramente física; al paso que en nuestros retardatarios en política, es debida a una defectuosa conformación moral, acentuada merced a la desastrosa iQfluencia de regímenes políticos liberticidas.

No hablemos de retardatarios en nuestras masas humildes porque como a nuestros pésimos gobernantes no les conviene que aquellas conozcan sus derechos, no les han abierto escuelas en cada poblado, en dOnde otras potestades como el clero, se apresuran a levantarles capillas, y en consecuencia, no se sabe de ellas otra cosa, sino su ignorancia con su cortejo de vicios; pero no que se haya comprobado ser incapaces para recibir una educación uniforme, lo mismo de su inteligencia que de su corazón.

Lo que es de todos sabido eS que nuestro pueblo es dócil por naturaleza; pero la única condición que impone para obedecer, es que no se le explote, que no se lé humille; que no se le degrade.

Los espíritus del grupo selecto antes mencionado, adquieren pronto un desarrollo intelectual capaz de lás más altas especulaciones científicas; mas tratándose de actividades éticas, existe en ellos (desgracia muy grande para nuestro país) una especie de alteración funcional en los órganos destinados a las manifestaciones sentimentales hacia los miembros de una colectividad, y en general, hacia nuestros semejantes.

Esta deformación psíquica impide un desarrollo armónico de todas las facultades del espíritu, y es causa de múltiples y funestos desacuerdos entre los dictados de la razón y los dictados del sentimiento.

Este, imperfecto y rudimentario, en lugar de ser órgano inspirador del ser inteligente, lo extravía y aprovecha de sus actividades para fomentar sus bastardas concepciones y satisfacer sus desenfrenados apetitos.

Así se observa que en esa clase ilustrada hay una mayoría compuesta por una fracción de gobiernistas que se ha dado en llamar científicos, en los que su atrofia moral es por demás notoria.

Son inteligentes, pero profundamente egoístas; algunos llegan hasta conceptuarse sostenedores de la Religión de la Humanidad; pero de hecho odian al pueblo, lo tratan con el más profundo desprecio y sólo saben prosternarse ante el Becerro de Oro y ante las plantas de los déspotas.

Conocen admirablemente la geografía física de la República Mexicana y saben que sus límites extremos son desde un paraje vecino a la confluencia de los ríos Colorado y Gila hasta la Boca del Suchiate; sin embargo, esa no es su patria; su repugnante deformación moral, los inhabilitaría para experimentar ni siquiera una sombra de vergüenza, de dolor o de nostalgia, el día en que esos queridos pedazos de tierra lejanos, los mancillara la planta extranjera y los perdiéramos para siempre.

Para esos contrahechos del espíritu, la patria la constituyen sus dehesas, sus palacetes, sus cajas de fierro y sus paniaguados; más allá, sólo tienen odio y desprecio para seres y cosas.

Todo su patriotismo puede resumirse en esta fórmula miserable: ubi bene-ubi patritae, que en buen romance equivale a decir que la patria de los científicos y de la actual facción corralista, está allí donde pueden explotar y al mismo tiempo humillar y escarnecer a todo el resto de sus conciudadanos.

¡Y estos mutilados del espíritu, degenerados del corazón, son los que pretenden regir los destinos de nuestra República!

Por fortuna, el pueblo sensato sabe ya de lo que son capaces nuestros retardatarios, que no sólo están satisfechos con la servidumbre impuesta por el General Díaz, sino que aspiran a establecer a perpetuidad una completa esclavitud disfrazada de democracia.

México, Agosto 2 de 1909.

(Publicado en el Anti-Reeleccionista. Organo del Centro Anti-Reeleccionista de México, de fecha 13 de agosto de 1909).

Federico González Garza

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