Índice de Diálogos de los muertos de Luciano de SamosataCapítulo XXIICapítulo XXIVBiblioteca Virtual Antorcha

CAPÍTULO XXIII

Protesilao, Plutón y Perséfone

PROTESILAO.- ¡Oh, señor y rey nuestro, Zeus!, y tú, hija de Deméter: no despreciéis mi súplica amorosa.

PLUTÓN.- ¿Qué quieres de nosotros? ¿Cómo te llamas?

PROTESILAO.- Protesilao de Fílace, hijo de Ificlo, uno de los guerreros que ayudaron a los aqueos y el primero en morir de los que fuimos a Troya. Os pido que me liberéis durante un breve espacio de tiempo para pasarlo en la Tierra.

PLUTÓN.- Protesilao, ese favor lo pedís todos los muertos, y a ninguno se le concede.

PROTESILAO.- Pero, Plutón, yo no deseo la vida; el objeto de mi amor es mi esposa, a la cual deje sola en el tálamo, recién casada; después, pobre de mí, morí en el desembarco a manos de Héctor. Así que, es el amor de mi esposa lo que no me deja tranquilo. Quiero volver a verla, aunque sólo sea un momento y prometo que después regresaré.

PLUTÓN.- Protesilao, ¿no bebiste el agua del Leteo?

PROTESILAO.- Ya lo creo, señor, pero mi caso era muy complicado.

PLUTÓN.- Debes tener paciencia. También ella vendrá un día, y no habrá necesidad de que vayas tú a buscarla.

PROTESILAO.- Pero Plutón, es que no soporto la espera. Tú también estuviste enamorado y sabes lo que es amar (52).

PLUTÓN.- ¿Y qué ganarás con volver a la vida por un día, si después lamentarás esta misma suerte?

PROTESILAO.- Intentaré convencerla de que me siga a vuestra morada, así que dentro de poco recibirás dos muertos y no uno.

PLUTÓN.- La ley divina desestima tu petición, y no hay ningún precedente.

PROTESILAO.- Plutón, haz memoria: por la misma razón disteis a Orfeo su Eurídice (53), y a mi parienta Alcestis le permitisteis marchar, para hacer un favor a Heracles.

PLUTÓN.- ¿Cómo osas a ponerte ante los ojos de aquella tu linda esposa, siendo un cráneo tan desnudo y feo? ¿Y cómo te acogerá, si estás irreconocible? Seguro que se asustará y saldrá corriendo y habrás hecho un viaje larguísimo en vano.

PERSEFONE.- Pues, soluciona también eso, amado. Encarga a Hermes que, en cuanto Protesilao esté bajo los rayos del sol, lo toque con su varita, convirtiéndolo en el joven hermoso que era cuando abandonó su tálamo.

PLUTÓN.- Hermes, ya que Perséfone apoya la petición de Protesilao, llévalo arriba, y conviértelo en un hombre casado. Y tú, hijo de Iriclo, recuerda que sólo dispones de un día, después debes volver.

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