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El escobarismo

(Testimonios de Antonio I. Villarreal)

PRESENTACIÓN


El movimiento escobarista, llamado pomposamente por sus instigadores, revolución renovadora, lidereado por el general José Gonzalo Escobar, constituyó la reacción de ciertos sectores militares ante el caótico panorama político que devino tras el asesinato, el 17 de julio de 1928, del general Alvaro Obregón, presidente reelecto.

En efecto, los acontecimientos de La Bombilla, hundieron a la clase política en un maremagnum. Tómese en cuenta que Obregón tenía ya toda su estructura establecida para hacerla funcionar una vez que asumiera el cargo presidencial; así, con su asesinato, generose un corto circuito en el sistema político, creándose un vacío de poder, en el que no pocos militares se sintieron desplazados. Y fue, precisamente en este contexto, donde se genera el levantamiento escobarista, con la expedición de su Plan de Hermosillo.

Ahora bien, es preciso aclarar que el escobarismo no fue un movimiento de caracter nacional, sólo abarcó una región del noreste de México; además, fue de corta duración: sólo dos meses, marzo y abril de 1929.

Así, tenemos que el escobarismo constituyó la lógica reacción contra el afianzamiento del llamado callismo, el cual logró sentar sus reales con el nombramiento del licenciado Emilio Portes Gil para que ocupara provisionalmente el cargo de Presidente de la República del 1° de diciembre de 1928 al 5 de febrero de 1930, teniendo como objetivo la preparación y convocación de elecciones presidenciales extraordinarias.

Considerado por propios y extraños como el loco intento de un cuartelazo, sin pies ni cabeza, el movimiento escobarista estaba condenado, desde sus inicios, al más rotundo de los fracasos, ya que no contaba con ningún apoyo de la población; ni obreros, ni campesinos, ni clases medias, sólo algunos militares formaban su base. Además, la falta de organización administrativa interna y de previsiones, limitaban sensiblemente sus horizontes.

Finalmente sucedió lo que debía de suceder, el cuartelazo quedo desarticulado en lo que canta un gallo.

Antonio I. Villarreal, partícipe en aquel entonces del movimiento antirreeleccionista, había quebrado lanzas con el sistema de la Revolución, al haber tenido serias diferencias con el general Obregón cuando, durante el régimen de De la Huerta ocupaba el cargo de Secretario de Agricultura. Posteriormente, con el mil veces censurable atrevimiento del general Alvaro Obregón de quebrar uno de los pilares ideológicos del movimiento revolucionario al buscar y finalmente conseguir la reelección presidencial, y con la desarticulación política que su asesinato generó, el señor Antonio I. Villarreal, consideró llegado el momento de ajustar cuentas con sus enemigos políticos, cometiendo la chamacada de unirse al escobarismo. Tal actitud de A. I. Villarreal a nadie debe sorprender ya que en asuntos políticos no era muy sagaz, puesto que su desmedida ambición cegábale, demeritando en mucho sus innegables e indiscutibles cualidades y capacidades.

Los documentos que incluimos, originalmente fueron publicados en un trabajo de Georgette José Valenzuela bajo el título Memorias del general Antonio I. Villarreal sobre su participación en la rebelión escobarista de marzo de 1929 y otros documentos, bajo el sello del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, en la colección Memorias y testimonios.

Chantal López y Omar Cortés
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