Indice de Entrevista al señor Ingeniero y Senador Luis L. León por Píndaro Urióstegui Miranda El Plan de Aguaprieta ¿Existen los Tratados de Bucareli?Biblioteca Virtual Antorcha

ENTREVISTA
AL SEÑOR INGENIERO Y SENADOR LUIS L. LEÓN

Píndaro Urióstegui Miranda


EN TORNO AL CONFLICTO RELIGIOSO

PREGUNTA
Señor ingeniero, tenemos un especial interés en que nos haga un comentario sobre lo que en nuestra historia política y social se ha dado en llamar el conflicto religioso. ¿Quiere hablarnos sobre sus orígenes la forma en que se llevó a cabo y los intereses que intervinieron?

RESPUESTA
Como usted sabe, en su mayoría, el clero fue aliado del porfirismo.

Fue uno de los sostenes del viejo chinaco de la Reforma al final de su gobierno, mediante la famosa política de conciliación.

La Revolución fue en un principio combatida por el clero y posteriormente sus grandes dirigentes se aliaron con Victoriano Huerta, son hechos muy conocidos. Entonces la Revolución tenía desconfianza de los movimientos clericales; sin embargo, el señor Carranza frenó excesos de algunos revolucionarios extremistas como Villarreal en Monterrey y otros más, que quemaron confesionarios, santos y cosas por el estilo.

El señor Carranza, hombre de Estado, los reprimió, procurando más o menos evitar que se mezclaran las pasiones religiosas, para no convertir la Revolución en una guerra religiosa.

El pueblo de México, como usted sabe, en su mayoría ha sido católico, pero nunca ha sido clerical.

En la Independencia, en la Reforma y en los movimentos mismos de la Revolución el pueblo católico ha luchado contra los intereses conservadores, sostenidos generalmente por el clero mexicano, que tiene siempre una gran tendencia a intervenir en la política temporal, es decir, abandonar su misión espiritual y participar en la actividad del gobierno.

El señor Carranza empezó a dejar pasar inadvertidas esas presencias del clero, que tampoco se manifestaron muy fuertes hasta la Constitución de 1917.

Entonces, ya promulgada, muchos de los directores del clero, que estaban expatriados, tuvieron una junta en San Antonio, Texas, donde levantaron un acta y formularon un manifesto desconociendo la Constitución de 1917.

Obispos y arzobispos se encontraban en San Antonio atacando rudamente los Artículos 3°, 27, 123 y 130; sin embargo, no pasó de ser la protesta de unos expatriados que no tuvo eco en las luchas que se libraban en México.

En 1920 el general Obregón fue combatido, en su propaganda, por los elementos clericales.

Al acompañarlo me di cuenta que en Jalisco, en Aguascalientes y en Michoacán fue atacado, pues les decían a los católicos mexicanos que era él quien había apresado a varios sacerdotes y los había mandado a Veracruz y que había perseguido a la Iglesia. No tuvo eso resonancia y el general Obregón se desatendió de esos ataques como presidente, hasta que se llevó a cabo la gran manifestación en el Cerro del Cubilete donde está la iglesia de Cristo Rey.

Hicieron una peregrinación y una concentración enorme burlando las Leyes de Reforma. Obregón les llamó la atención, pero no le hicieron caso y entonces expulsó al delegado papal, Monseñor Phillipe. Así quedaron las cosas hasta que el general Calles tomó posesión de la presidencia de la República.

El general Calles se echó a cuestas una gran tarea de reorganización, sostenía su programa de reconstrucción del país, una política efectiva, nueva en cuanto a la orientación del Estado y merced a la cual se sentaron las bases que han servido para el desarrollo de los gobiernos posteriores.

En ocho meses organizó el Banco de México, transformó las instituciones bancarias, inició su política de construcción de carreteras y de obras de irrigación, en fin, construyó los cimientos sobre los que se ha desarrollado el Estado Mexicano, desentendiéndose por completo de problemas con el clero.

Yo no me explico por qué el clero empezó a atacar al gobierno del general Calles; unos creen, que precisamente porque vio que el gobierno de la Revolución iba muy aprisa en la reconstrucción del país y quiso evitarlo; otros sostienen, que para aprovechar la situación creada por los choques del gobierno callista con los grandes intereses petroleros, por la Ley del Petróleo, en que sostuvo la propiedad del subsuelo por parte de la nación.

Las compañías petroleras gastaron mucho dinero e hicieron una gran propaganda internacional en contra del gobierno mexicano; el caso es que el periódico El Universal publicó unas declaraciones diciendo que los directores del clero no estaban de acuerdo con la política establecida por la Constitución de 1917. Todavía el gobierno del general Calles no hizo caso de ese asunto, se desentendió de ese ataque, pero un mes después publicaron una declaración directa del arzobispado de México donde recalcaba El Universal, que era una entrevista dictada palabra por palabra por el señor arzobispo Móra y del Río, donde claramente decía que el clero, la iglesia católica, los directores de la misma y los católicos en general. ratificaban el acuerdo, no podían reconocer y desconocian los artículos de la Constitución citados.

Ante un grupo que decía desobedecer la Constitución tuvo que reaccionar el gobierno. Entonces el general Calles les respondió por conducto de la Secretaría de Gobernación, ordenando la reglamentación de los artículos de la Constitución que establecian que no podia haber miembros del clero católico de nacionalidad extranjera y les dio un plazo a un sin número de sacerdotes españoles y franceses, que había aquí en México, para que abandonaran el ejercicio del culto cuando menos, o que salieran del país.

Entonces ellos empezaron a asociarse en lo que luego se llamó Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa y empezaron a organizar un boicot económico, pregonando la necesidad de que todos los mexicanos católicos no compraran más que lo estrictamente indispensable para vivir, con el propósito de ahogar economicamente a la administración del general Calles.

También se pusieron en contacto con inlereses extranjeros para tener, sobre todo, el apoyo norteamericano.

Solicitaron hasta conseguirla, una entrevista con el presidente Coolidge. No conformes con eso, hicieron manifestaciones de señoras que fueron disueltas por la policía.

En esas condiciones, Calles se preparó para lo que después se vio que era cierto: la sedición.

Todavía la CROM, encabezada por Morones, que era la organización más fuerte de los trabajadores mexicanos, invitó a una discusión libre y pública a la Liga dirigida por Palomar y Vizcarra y otros connotados católicos e intelectuales como Herrera y Lazo, Mier y Terán, René Capistrán Garza, que era uno de los más acivos, y otros muchos.

Estos aceptaron las bases sobre las que se celebrarían cuatro controversias: la primera se llevó a cabo entre Capistrán Garza y Puig Cassauranc, Ministro de Educación, que trató sobre la libertad de educación en contra de la educación laica establecida por la Constitución.

La segunda controversia fue sobre la Revolución Mexicana y el clericalismo, para la que fui nombrado en representación de la CROM. A la sazón era Ministro de Agricultura y contendería contra un arquitecto Galindo, pero ellos llevaban como gallo tapado, al licenciado Manuel Herrera y Lazo que era su mejor orador.

Aquello era un tumulto, las polémicas se celebraron en el Teatro Iris y despertaron un gran interés, casi entramos por sobre los hombros de los espectadores tanto yo como los los oradores de la Liga, y acompañando al arquitecto Galindo iba Herrera y Lazo.

Hablé en la primera parte de la controversia y al terminar, el arquitecto Galindo, se adelantó y dijo que él, como soldado obediente de sus superiores, daba un paso atrás y le cedía la palabra a Herrera y Lazo, al que llevaban para apabullarme.

Herrera y Lazo pronunció un discurso más bien lírico, al que luego le contesté, en medio de un ambiente muy acalorado porque la mitad de las entradas le correspondían a los revolucionarios y la otra mitad a los de la Liga.

Hubo algunos incidentes allí y al final, al caer el telón, me habían dado una gran ovación, por lo que ví alarmado a Herrera y Lazo, pero lo tratamos caballerosamente y tomándole del brazo lo saqué del teatro.

A la tercera controversia no concurrió la Liga, porque dijeron que se trataba de un asunto del dogma y ellos no permitían que se discutieran asuntos de carácter dogmático.

La cuarta controversia fue de Morones con Mier y Terán, un muchacho entonces muy joven, que ahora está escribiendo y es abogado, pero allí hubo una falla de parte de la CROM, que fue lo que les dio el pretexto a ellos para romper las controversias, no entregando boletos a la Liga sino dejándolos todos a la CROM por tratarse de su líder Morones y llenaron efectivamente el teatro, pero no dejaron entrar a los contrincantes; con eso les dieron un motivo para romper, pero en el fondo ya ellos estaban organizando su levantamiento.

De ahí siguieron con choques y declaraciones, hasta que empezaron a levantar grupos de cristeros en el centro de la República pero principalmente en Jalisco, Guanajuato y Michoacán.

Encabezaban la mayor parte de estos grupos sacerdotes que se convirtieron en militares, así es que no fue el general Calles el que provocó a los clericales; fueron ellos los que provocaron al gobierno del general Calles, que no hizo más que defender su autoridad y hacer respetar la soberanía del país.

Trataron inútilmente de obtener ayuda con los elementos descontentos del gobierno en el extranjero, principalmente con los petroleros. Sufrieron serias derrotas que ensangrentaron al país, murió mucha gente; fue como en todas las guerras civiles, sobre todo cuando tienen tintes religiosos, muy sanguinarias, porque se mueven ya generalmente por fanatismos y así hasta que fueron derrotados por el ejército.

Al terminar el gobierno del general Calles el clero entró en convenios con el presidente Portes Gil, para lograr la pacificación y abandonaron a su suerte a muchos grupos de alzados que tuvieron que irse rindiendo posteriormente como pudieron.

Quiero hacerle una aclaración que juzgo de una gran importancia histórica; yo que vivía en Chihuahua, fui a visitar al general Obregón en Nogales y llevé conmigo al general Marcelo Caraveo y a otros militares que eran amigos del propio general, que después de que se pusieron en contacto con él regresaron como partidarios de su candidatura; pero Obregón me retuvo un día más para contarme que la víspera de nuestra visita habían llegado a visitarlo un abogado norteamericano, un representante de los Caballeros de Colón y un representante de los grandes dignatarios católicos del clero norteamericano para pedirle que les dijera qué esperanzas tenían de celebrar un arreglo con él, ya que iba a suceder al general Calles en el gobierno.

El general Obregón me contó delante de un testigo, un hombre que se encargaba de sus negocios, Ignacio Gaxiola, que él les había dicho: tuvieron ustedes una conferencia con Aarón Sáenz, cuando se iniciaba mi candidatura, le ofrecieron no intervenir en la lucha política y rompieron el compromiso porque ustedes apoyaron las candidaturas de Arnulfo Gómez y Francisco Serrano; así es que cualquier pacto con ustedes estaba roto. Ahora ustedes lo que quieren es que yo ponga en evidencia a Calles, para que todo el mundo diga que todo se debía a la intransigencia de Calles, nada más llegó el general Obregón y se arregló; pero eso que a ustedes les da un triunfo, a mí me causaría una derrota, porque los revolucionarios van a opinar al revés: que el revolucionario íntegro fue el general Calles y el que claudicó fue Obregón, por eso yo les doy un consejo, arréglense con Calles, él tiene la más buena voluntad para llegar a un arreglo con ustedes, siempre que respeten las leyes y acepten la Constitución; arréglense con Calles antes de que entre yo, porque si no me van a obligar a seguir una política semejante.

Yo entonces la quise hacer de sibila y le dije al general Obregón: pues mi general, yo creo que el peligro ahora lo corre usted; el general Calles es un problema que se les resuelve a ellos en meses, pero usted les ha dejado una amenaza de seis años. ¡Cuídese general!

¡No!, dijo Obregón y agregó: no le hicieron nada a Calles, que me van a hacer a mí.

Sin embargo, días después vino el general Obregón a la ciudad de México y hubo el atentado de Chapultepec: le arrojaron una bomba y unos disparos a su coche y finalmente, probablemente viendo una amenaza en el general Obregón por seis años, lo asesinaron en La Bombilla.

El conflicto llamado religioso debe ser examinado serenamente y se verá que fue provocado por la intemperancia y por las ambiciones de dominio político de elementos clericales.

No podemos culpar ni a todo el clero del país ni a todos los católicos del país, sino a grupos especiales que pretendían el poder y que supieron aprovecharse del momento en que intereses norteamericanos, muy fuertes, eran enemigos del gobierno del general Calles.
Indice de Entrevista al señor Ingeniero y Senador Luis L. León por Píndaro Urióstegui Miranda El Plan de Aguaprieta ¿Existen los Tratados de Bucareli?Biblioteca Virtual Antorcha