Indice de Instalación de la XXVI legislatura Recopilación y notas de Diego Arenas GuzmánCAPÍTULO QUINTO - Revive la pelea de liberales con católicos CAPÍTULO SÉPTIMO - La contrarrevolución la porra y la contraporraBiblioteca Virtual Antorcha

INSTALACIÓN
DE LA
XXVI LEGISLATURA

Recopilación, selección y notas de Diego Arenas Guzmán


CAPÍTULO SEXTO

REVIVE LA IDEOLOGÍA LIBERAL, SEGÚN EL LICENCIADO TREJO Y LERDO DE TEJADA

Apenas sosegados los ánimos después de la conmoción que provocó el licenciado Cabrera en el debate por la credencial del señor De la Mora, los diputados conceden su atención al dictamen que califica de buenas y legales las elecciones en los distritos 2°, 4°, 5°, 6°, 7° y 8° de la ciudad de México, y que declara diputados propietarios, respectivamente a esos distritos, a los señores licenciado Carlos Trejo y Lerdo de Tejada, Marcos López Jiménez, ingeniero Eduardo Hay, Manuel F. de la Hoz, Mauricio Gómez, Silvestre Anaya y doctor Alfredo Ortega, de quienes son suplentes respectivamente también, los señores Manuel Amor, profesor Néstor Monroy, licenciado Marcelino Dávalos, Juan Galindo Pimentel, Rafael Pérez Taylor, doctor Eduardo R. Velásquez y Daniel Loyo.

El señor Trejo y Lerdo de Tejada ven la oportunidad para precisar la posición política del partido que lo tiene por segundo jefe.

El prólogo obligado en esta tribuna -expresa- ha sido éste, y estoy obligado a cumplirlo también, porque estoy en las mismas circunstancias de todos los compañeros de salón; no vengo a defender mi credencial, porque os aseguro que dentro de mis intereses y mi conveniencia, no es más benéfico para mí ocupar una curul en esta Cámara, que seguir ocupando el puesto con que me ha honrado el Gobierno, y en el que, os protesto, he funcionado dentro de la más estricta aplicación de la ley.

Ha llegado el momento en que todos los grupos políticos, aquí honradamente representados, han esbozado más o menos ideas que tengo yo que esbozar, porque otros diputados y yo representamos aquí en estos momentos a un partido que tiene un programa, tiene promesas públicas hechas a sus electores; y en tales circunstancias, la norma del Partido Liberal tiene que ser el programa público que fue la base de los votos emitidos a favor de los miembros que ocupan esta Cámara.

Se habla mucho, señores, de gobiernismo; se habla de orientaciones malas en política; y la verdad es ésta: con toda la honradez con que siempre he hablado al público, os digo que la salvación de la patria no está, ni en la tendencia obstruccionista, ni en el gobiernismo incondicional: la patria necesita senderos más orientados, más justos y más prácticos de los directores de la política (aplausos).

¿Qué es ese elemento que encabeza el suntuoso orador Lozano? Un elemento liberal. ¿Qué es ese elemento que encabeza el señor Pascual García y otros de sus dignos compañeros de partido? Una orientación política.

Las luchas políticas, como dije, no deben establecerse de conciudadanos a conciudadanos, inspirados sólo en rencores y bajas pasiones; debemos establecer luchas de orientaciones políticas; nosotros creemos que la patria se salva por un camino, ellos creen que la patria se salva por otro camino distinto; vengamos a la polémica, discutamos con calma y con prudencia, porque no es lícito excitar a la República y arrastrarla a sacudimientos brutales que hemos visto no la benefician por sí solos.

Cuando la revolución de 1910 enarboló su bandera, me hice esta observación: es muy fácil excitar al pueblo, el sufragio efectivo es capaz de hacer una convulsión general, pero es una responsabilidad inmensa para el político, no tener preparada la obra que va a suceder a la que se destruya revolucionariamente (aplausos).

La fe de los que encabezaron la revolución, con quienes yo, no una sino muchas veces, comuniqué esas ideas que estimé convenientes, les impidió comprender mis observaciones; en la actualidad, siento mucho, señores, que los acontecimientos me hayan dado la razón, y quisiera tener la pena de haber desacertado, para ver a mi país en otras condiciones distintas de aquellas en que se encuentra.

La revolución de 1910, encabezada por Francisco I. Madero, hizo promesas públicas de gran trascendencia; seamos justos con el general Díaz y con Francisco Madero, no tengamos por ídolo a Madero, pero tampoco levantemos de nuevo el ídolo del general Díaz (aplausos).

No es este el momento en que analice el Gobierno del general Díaz, porque la verdad es ésta: toda la nación lo condenó, y si la nación destruyó hace meses ese Gobierno, ¿vamos ahora a levantar de nuevo, o su persona, o uno que venga a continuar su sistema de Gobierno? Entonces, señores, con la tristeza más grande en mi semblante, que no se modifica, señor Jáuregui, que es el mismo de los Lerdo de Tejada, le digo a usted y a todos, que sólo así se explica un Santa Anna que entraba y salía de la hacienda de Manga de Clavo, burlando y haciendo fracasar las aspiraciones nacionales (aplausos) ...

El señor Díaz Mirón clava esta apostilla en el discurso del señor Trejo y Lerdo de Tejada:

No hay que mencionar un 21 de mayo, cuando existe un 25 de junio.

El señor Trejo pone oídos sordos a la interrupción y continúa:

No, señores, vamos a arrostrar todos los problemas, vamos a enfrentarnos con todos los enemigos; pero vamos a tener un Dios sobre todos nosotros, el único que siento en mi corazón, el único que domina mi espíritu: la patria mexicana, a la que juro amar tanto como el Partido Conservador, aunque diste mucho y difiera de él en las orientaciones de la política nacional (aplausos).

¿Qué es gobiernismo? ¿Francisco I. Madero hizo promesas públicas? ¿Las ha cumplido? Justo y honrado es confesar que algunas de ellas sí, y al que se levante y me diga que no, le presento este argumento: se ha convocado a elecciones, han venido aquí todos y cada uno de los electos por los distritos. Todos vosotros habéis estado hablando constantemente de honor, de patriotismo, jurando por vuestras propias conciencias haber funcionado, en vuestro carácter de presuntos diputados, con la más absoluta independencia y con la más estricta justicia: habéis aprobado, como aprobaréis la mayor parte, en proporción abrumadora, las credenciales de los diputados; entonces, señores, si en la actualidad existe el mismo sistema inicuo que usaba el general Díaz, que así como errores tuvo virtudes, pero que yo lo juzgo en conjunto; entonces, señores, si esta es una imposición, confesad, esconded vuestras caras, no habléis de honradez, porque seríamos cómplices de una imposición brutal, que no se ha hecho (aplausos nutridos).

Ya veis: sufragio efectivo, no puro, que ningún país lo tiene, ni el país de Gladstone de que nos habla el señor licenciado Lozano; pero sufragio regular, con mayor amplitud y tolerancia por parte del Gobierno, y es imposible que el gobernante, que está en el Palacio, pueda hacer llegar la censura y pueda hacer llegar la presión a todas las regiones del país; es imposible. No hemos tenido elecciones puras, porque ni el Partido Católico, ni el partido que representa el señor Lozano en esta Cámara, ni ninguno de los partidos que existen en esta Asamblea, puede hacer esa promesa: se engañaría a sí mismo o sería un insensato quien en tales términos se expresara. No, señores, la revolución prometió sufragio efectivo, y dentro de la posibilidad humana de esa honradez invocada, que parece la diosa de este salón, debemos confesar que, en efecto, el sufragio efectivo se respetó y empieza a ser una verdad en México (nutridos aplausos).

Eso no es gobiernismo; eso es ser honrado, y lo sigo siendo. Ahora vamos a ver, la revolución, el Gobierno producto de esa revolución, ¿ha cumplido sus demás promesas? No, señores; así lo ha sostenido el Partido Liberal, lo sigue sosteniendo, y por eso cree que la obligación de todo partido organizado, que son de los únicos de quienes la patria puede esperar algo -porque el diputado independiente que se sienta en esta Cámara es un loco perdido en política que ningún beneficio pueda prestar a la nación ... (aplausos, siseos) los partidos políticos organizados, que son los únicos capaces de encauzar nuestra política, tenemos un deber sagrado que debemos cumplir en esta Cámara: pedir al Gobierno, exigir al Gobierno, imponer al Gobierno la política que creemos salvadora de nuestra patria. Esto hará el Partido Liberal; os lo prometo solemnemente, y no me cambio la fisonomía, señor Jáuregui; el día que una de mis palabras, el día que uno de mis actos desmienta mis promesas públicas, lo autorizo a usted para que me cambie definitivamente esa fisonomía que parece a usted el sello de la idoneidad y de la sinceridad de mis palabras (prolongados aplausos).

El señor Castellot nos habla de que la patria está convulsa y delirante; por poco la entierra definitivamente el señor Castellot, y debo decirle que la patria todavía no está agonizante, que la patria hasta ahora no agoniza; está en el momento de la reacción, está en el momento de la salvación (aplausos, bravos), está en el momento supremo en que los pueblos resuelven conscientemente si son dignos del Gobierno que les legaron esos héroes cuyos nombres están escritos con letras de oro en este salón, o si debemos ser dignos de una dictadura que si supimos arrojar brutalmente, necesitamos también demostrar ante la faz de la tierra que supimos poner algo en vez de esa dictadura; porque si no podemos poner algo en lugar de ella, la mereceremos ahora y siempre.

Así entiendo yo la palabra gobiernismo y así entiendo yo la palabra independiente. Desde este punto de vista, os protesto que el Partido Liberal no es gobiernista. El Partido Liberal no está conforme con la orientación que toma el Gobierno, quiere que se resuelva de una vez por todas en una política verdaderamente liberal, quiere que no aliente a todos los grupos, quiere que sepa marcarse una línea recta e indudable, para que con esta línea recta, o tiene mayoría o tiene minoría; pero contentar a todos en política es descontentar a todos en política; querer gobernar con todos los grupos políticos organizados y de tendencias distintas y hasta contrarias, es implantar la más absurda anarquía oficial. Así entiende el Partido Liberal sus convicciones, y en este sentido ha venido trabajando desde que entró a la vida pública nacional.

Estoy de acuerdo con el señor Lozano; los brincos en política son malos y de gran trascendencia para los pueblos; la evolución es necesaria para la vida de las colectividades; pero la evolución la detendrá siempre el Partido Conservador, porque está en su papel; la empujará el Partido Liberal, porque está en su papel y el equilibrio de ambas fuerzas será la grandeza y la prosperidad de la patria (aplausos).

Yo distingo en el elemento conservador dos tendencias. Los periódicos católicos me han pintado como un jacobino, como un exaltado; han dicho que he injuriado a la religión. Os protesto, que no es verdad, y que me he ocupado incidentalmente de la figura del señor Tamariz; pero entiendo que la figura del señor Tamariz no es emblema de la religión en México; me he ocupado de esas cosas en un solo sentido; y he atacado el uso de la organización religiosa en México, como gran influencia para la política. Yo no anatematizo la religión; amo, venero, respeto todos los credos que levantan el espíritu de los hombres, y para mí esto es tan respetable como lá religión de todos mis conciudadanos; el sombrero en la mano tendré siempre que uno de mis compañeros estuviera en un arrebato de su espíritu religioso, no por saber cuál religión estaba en esos momentos en su corazón, sino porque para mí ese conciudadano estaba adorando algo para él adorable, y jacobino y bestial es el hombre que anatematiza e insulta lo que otro ama, que tiene derecho de amar (aplausos).

La orientación política de México: esa será su salvación. ¿Sangre? Sí, se ha regado en México; sí, se está regando; lo que yo creo que debe hacer esta Cámara, lo que yo creo que están en el deber de hacer, es decirle al Gobierno: la sangre que se riega en la República tiene un origen profundo de todas esas convulsiones; no enviéis a Morelos solamente ametralladoras y soldados; afrontad esos problemas con honor y resolución; si encontráis al elemento conservador, atropelladlo, si es necesario, porque en política para salvar a los más, es necesario atropellar a los menos; pero el Gobierno envía soldados a Morelos y a Chihuahua, en donde ven ustedes que el problema es más intenso; y así parece que no quiere tocar con valor y resolución lo que se llama problema político agrario. En ese camino, desacertado en política, mataremos, devastaremos, mermaremos la República, pero no habremos cumplido con una de las sagradas promesas de la revolución de 1910. El credo liberal en México, en los momentos actuales, quiere que no esté supeditada la felicidad de los más a la felicidad de los menos; es el resurgimiento de tantos que no tuvieron privilegios en el festín anterior; ahora queremos un festín común para todos los ciudadanos, para todos los mexicanos, para todos los hombres que tienen los mismos derechos, las mismas prerrogativas, el mismo carácter constitucional ante el Gobierno (aplausos).

Así lo entiende el Partido Liberal, así os lo aseguro; ¿por qué el Partido Liberal se ha unido -sí, señores, se ha unido incidentalmente para determinados asuntos políticos- con el Partido Constitucional Progresista? Por la misma razón que os unisteis con el Partido Católico. ¿Por qué censuráis una unión así?, ¿por qué el público que no piensa y que no reflexiona tiene aplausos para una unión y siseos para otra? (Aplausos).

La política es un arte, y como arte, tiene que resolverse caso por caso, siempre empíricamente, pero siempre con espíritu de justicia. El Partido Liberal se unió accidentalmente con el Partido Constitucional Progresista; pero yo no puedo, ni debo defender al Partido Constitucional Progresista, por dos razones poderosas: porque no soy miembro de él, y porque no soy la persona indicada para ello; le arrebataría un lugar de honor, porque es un honor defender a su propio partido, y ese honor debe ser exclusivo, ese placer se debe dejar dueño de él a quien corresponda. Los miembros de este partido se defenderán en esta tribuna. El Partido Liberal es una agrupación de buena fe, que lucha por ideales y principios, no por personas; no ha predicado jamás la persecución de vuestra creencia, señores miembros del Partido Católico, y os protesto que en esa materia soy el hombre más amplio, y respeto la vuestra y las ajenas. No puedo ni quiero averiguar en estos momentos en qué religión está mi espíritu; yo no quiero entrar, señores, a una religión definitivamente por puro sentimentalismo; quiero llegar a ella por el alto prestigio de una convicción; por esa razón no sé a cuál pertenezco, y por ese motivo no soy ni puedo ser enemigo de ninguna creencia religiosa.

El Partido Católico no tiene más defecto que el que he pregonado siempre: su nombre. Reflexionad, señores, la tendencia conservadora no es una mancha en los países; es una piedra de toque angular tan necesaria para la prosperidad, como la piedra renovadora; sobre esas dos piedras se construirá el edificio de la grandeza nacional. Bienvenida sea esa piedra; ese es su lugar, que nos dé nuestro lugar, y os protesto que dentro del mayor espíritu de justicia trabajaremos siempre que podamos trabajar junto~; pero estaremos también lejos, muy lejos, siempre que la barranca inmensa de la orientación vuestra, respecto de la nuestra, nos tenga fatalmente separados.

Para demostrar a ustedes, señores conservadores y católicos, mi criterio respecto de vosotros, os pongo este ejemplo. Si mañana o pasado el Gobierno me dijera: ¿Qué opinaría usted del nombramiento del señor De la Hoz para Tesorero General de la Federación?, diría esto: No pueden estar los caudales del Erario en manos más limpias que las del señor De la Hoz; pero si el Gobierno me consultara: ¿Qué opinaría usted del nombramiento para ministro de Gobernación del señor De la Hoz?, yo le diría, no por odio personal, sino por diferencias de convicción política: No, porque llevaría su orientación política conservadora a la política oficial, y sería enemigo de nuestras instituciones laicas y liberales. Bendita la hora solemne en que a este recinto llegaron las ideas, para dejar fuera las pasiones, las idolatrías y la política personal (nutridos y prolongados aplausos).

El señor Díaz Mirón pide que la credencial del diputado Trejo y Lerdo de Tejada sea admitida por aclamación; no halla eco, y el señor Castellot viene a la tribuna y puntualiza la posición del grupo a que pertenece, en esta forma:

En la acalorada y brillante alocución del señor Trejo y Lerdo de Tejada hay apreciaciones que me compete rechazar. La primera es que los miembros de esta agrupación independiente somos juguete de una pasión loca que no tiene absolutamente ni punto de mira, ni objeto definido.

No, señor Trejo y Lerdo de Tejada; los miembros independientes de la Cámara, no unidos ni encabezados por el señor Lozano, ni por nadie, sino cada uno con su criterio propio, somos liberales como usted mismo lo ha dicho; pero no lo somos a la manera del Partido Liberal encabezado por el señor Iglesias Calderón y por usted, porque este Partido tiene un programa absolutamente antiliberal; nosotros venimos a sustentar nuestras convicciones personales individualmente, y no a atacar ni a obstruir el camino del Gobierno; cuando éste marche bien, estaremos con él; pero nos apartaremos de su lado cuando tuerza esa ruta. No, señor Trejo y Lerdo de Tejada; no somos un grupo de obstruccionistas: los miembros independientes de la Cámara son hombres conscientes. (Aplausos, voces: ¡No! ¡No! ¡No!) ¡Somos conscientes, sí señor! (aplausos), que sostendrán su criterio contra el Gobierno, si el Gobierno ataca la ley; que mantendrán su criterio contra el Partido Católico, si intenta desgarrar la base liberal sobre que están establecidas la Constitución y nuestras leyes, y que marcharán con el Gobierno y con el Partido Católico, siempre que el Gobierno y el Partido Católico marchen con la ley.

Ese es el primer hecho que debo rectificar. El segundo, consiste en que yo no he dicho que la patria se encuentra agonizante; a este respecto pienso lo mismo que el señor Trejo y Lerdo de Tejada; yo he afirmado que la patria atravesaba un período de angustia, originado por la falta de cumplimiento de las promesas que la revolución hizo, sin que por eso deje yo de comprender que se han cumplido algunas de ellas. Sí, señores, ha habido sufragio; nosotros lo proclamamos; nosotros los independientes, unidos accidentalmente en la defensa propia, en la legítima defensa por la vida de nuestras credenciales. Nosotros proclamamos que ha habido sufragio; lo prueban las mismas credenciales que defendemos y cuidamos. Pero ese hecho no calma por sí solo la angustia de la patria. Si el señor Trejo pretende desmentir e~ta verdad, pretenderá tapar el sol con los dedos. No, señores, la patria no está agonizante; la patria está angustiada y conmovida; la patria, en estos momentos, pide el esfuerzo de todos; pero si de esos todos una gran mayoría se pone agresiva; si esa mayoría quiere lanzarse en contra de nosotros y oprimir cualquier caso de posible oposición racional; si la Comisión Escrutadora, en vez de ser una Comisión nombrada para este efecto, en vez de ser un tribunal de conciencia, como pomposamente se llama, se convierte, al decir de un ilustre orador, en un lecho de Procusto, para descoyuntar y destruir todo elemento posible de oposición, los independientes de la Cámara protestan. En nombre de la patria se pide concordia, se pide unión, pero en nombre de la patria se pide a todos respeto al derecho y respeto a la ley (aplausos).

El señor Hernández Jáuregui pide la palabra para alusiones personales; Urueta lo invita a que cite el artículo del Reglamento que autorice el uso de la tribuna parlamentaria para alusiones personales, y el señor Díaz Mirón a su vez, pide insistentemente que se le deje hablar para un hecho, que precisa de este modo:

El señor Castellot pretendió que el señor Madero, que es actualmente presidente de la República, no ha cumplido las promesas del Plan de San Luis. Y el cargo me parece irrisorio. El señor Madero no es presidente de la República, sino desde hace pocos meses. Y ni el indicado espacio de tiempo, ni el incesante aprieto de contiendas, conjuras y obstrucciones han permitido al señor Madero realizar plenamente la obra del saneamiento democrático. El señor Madero, no ha podido, hasta ahora, emplearse en lanzar el Alfeo a los establos de Augias, sino en cortar cabezas a la Hidra de Lerna.

Para alivio a la prolijidad de intervenciones parlamentarias, que desvían el curso de los debates substanciales, Cabrera expresa:

El artículo 101 del Reglamento ordena que los individuos de la Cámara, aun cuando no estén inscriptos en la lista de oradores podrán pedir la palabra para rectificar hechos o contestar alusiones personales.

Se va convirtiendo ya en una mala práctica parlamentaria pedir la palabra para comentar hechos, y suplicaria a la Mesa se sirviera fijar su atención sobre este artículo.

La excitativa de Cabrera acciona como espuela en el amor propio de Díaz Mirón.

Tengo práctica parlamentaria -afirma-, y no puedo ser discípulo del señor Cabrera; pero, si lo fuera, me declararía en huelga, como los alumnos de la Escuela de Jurisprudencia.

Esta candente alusión a la huelga con que los estudiantes de Leyes correspondieron al nombramiento de Cabrera para director de su escuela, arranca jubilosa ovación al público de galerías y a los diputados de los grupos católico y liberal independiente. Es como si la contrarrevolución diera la señal clara de que reconoce en Cabrera a su más diestro y esforzado adversario. Fatigada la Asamblea interrumpe sus labores para reanudarla el mismo día 12 de septiembre, a las tres y media de la tarde, hora que encuentra al secretario Pontón ocupado en dar lectura a un dictamen que dice:

El licenciado Manuel Castelazo Fuentes protestó por diversos conceptos la declaración del Colegio Electoral del 9° distrito de esta ciudad, siendo dos los motivos principales, que son: no computarse por el resultado de las actas, sino por boletas o cédulas, y fraude por suplantación.

Esta protesta no fue seguida de la reclamación ante la Comisión que subscribe por el propio licenciado Castelazo Fuentes; mas el C. Agustín Rocha se presentó en tiempo oportuno a reclamar por los mismos motivos; y los subscriptos, constantes en su criterio de no ser demasiado estrictos en la aplicación de la Ley Electoral en vigor, por ser del todo nueva para un pueblo por desgracia poco acostumbrado a esta hermosa función democrática estima la protesta y reclamación como si fuera una sola, porque ambas tienen los mismos fundamentos y los licenciados Castelazo Fuentes y Rocha fueron los candidatos oponentes de los triunfantes en este distrito electoral.

Ocurriendo a las pruebas aducidas, resulta que el primer punto, o sea la computación por boletas y no por actas, está comprobada por confesión del presidente del Colegio Electoral.

Y respecto del segundo punto, o sea fraude por suplantación, también está acreditado en lo que se refiere a unos cuantos votos, apareciendo como presunto responsable de ese hecho delictuoso el C. Camilo Navarrete, que fue procesado por tal motivo por el juez primero de Distrito de esta ciudad.

Por consiguiente: lo que se discute es una cuestión de hecho, o sea saber el número exacto de votos que correspondieron a cada uno de los candidatos que se presentaron en el 9° distrito electoral, siendo de un lado los señores doctor Orive y Orijel, como propietario y suplente, respectivamente, y del otro lado, los CC. licenciados Castelazo Fuentes y Rocha, del propio modo.

Los primeros fueron candidatos del Partido Constitucional Progresista y Liberal unidos, y los segundos, candidatos independientes.

Hay la especial circunstancia de que los candidatos de la fórmula independiente usaron, para su elección, de las boletas o cédulas del Partido Liberal, o sea con el distintivo depositado por este partido en la Secretaría de Gobernación; y aunque eran candidatos independientes, según verbalmente manifestó a esta Comisión el señor Rocha, porque tuvo autorización del Partido Liberal en esta ciudad, autorización de que no tuvo conocimiento el Partido que postulaba a los señores doctor Orive y Orijel, que, por haberse unido para apoyar las mismas candidaturas de los distintos distritos electorales de esta ciudad, acarreó confusiones para los votantes, porque, guiados por el distintivo de cada boleta, como es permitido por la Ley Electoral, depositaron sus votos en las ánforas de las distintas casillas.

Aclarado esto, se percibe sin dificultad que hubo un error en los votos relativos de los señores Castelazo y Rocha, porque los votantes, sin estar advertidos de quién era candidato independiente, guiándose tan sólo por el color de las boletas, votaron como del Partido Liberal y Constitucional Progresista, a quienes precisamente fueron los oponentes de la candidatura aprobada por estos dos partidos acabados de mencionar.

Esto aclarado, resulta que cualquiera que sea el número de votos emitidos en favor de los señores Castelazo Fuentes y Rocha, entrañan un verdadero error sobre las personas elegidas, porque, como antes se dijo, siendo candidatos independientes, se les eligió con las cédulas de distintivo rojo del Partido Liberal, cuyo partido por estar unido al Constitucional Progresista, para la fórmula Orive-Orijel, indujo a error a los votantes.

Este error nulifica la elección hecha de los señores Castelazo Fuentes y Rocha, de acuerdo con la fracción IV del artículo 112 de la Ley Electoral.

Por lo mismo, el número de votos que obtuvo la fórmula Orive-Orijel, aun cuando siendo menor que los que consigna el Colegio Electoral en su cómputo en que hizo la declaración respectiva, siempre le favorece porque representa la pluralidad de votos que exige el artículo 113 de la Ley Electoral invocada.

Y atenta la que precede, la subscripta Comisión tiene la honra de proponer lo que sigue:

1° Son de calificarse como buenas y legales las elecciones de diputados, propietario y suplente, del 9° distrito electoral de este Distrito Federal.

2° Es diputado propietario por el 9° distrito electoral del Distrito Federal, el C. doctor Adolfo Orive, y suplente, el C. Manuel Orijel.

El señor Castelazo Fuentes hace esta impugnación al dictamen:

Consideraciones de orden político, moral y legal, me imponen el deber de impugnar la candidatura de las señores Adolfo Orive y Manuel Orijel, como diputados propietario y suplente, respectivamente, por el Distrito Federal, y como consecuencia, de impugnar también el dictamen que, relativo a dicha credencial, nos ha consultado la Comisión Escrutadora. Esta Asamblea, única en su género después de muchos años de abyección política, es seguramente una conquista dentro del nuevo régimen: todos las que de ella formamos parte, tenemos la conciencia de que nuestra voluntad es soberana, de que nuestras actos han sido enteramente libres e inspirados en el más independiente criterio, y de que, para juzgar quiénes son las que deben entrar a esta Representación, no hemos de sentir, como no hemos sentido hasta la fecha, presión oficial de ninguna naturaleza.

El señor licenciado Trejo y Lerdo de Tejada y el señor licenciado Castellot han reconocido esta mañana que la promesa relativa al sufragio libre ha sido cumplida; pero yo tengo que proclamarlo muy alto, porque es de justicia y es la verdad: el Gobierno general ha tomado especial empeño en dar toda clase de seguridades y de garantías, sin distinción de credos y de banderías políticas, a amigos y enemigos, para que se les administre, amplia, debida y eficaz justicia en todas aquellas cosas en que se hicieran valer derechos o acciones derivadas de la Ley Electoral. El señor Presidente de la República, personalmente y por conducto de los secretaríos de Estado, de Justicia y de Gobernación, me dio instrucciones para que exhortase a todos los agentes del Ministerio Público Federal, adscriptos a los juzgados de Distrito de toda la República, con objeto de que inmediatamente que se tuviese conocimiento de que se cometiera un fraude electoral, hicieran las averiguaciones correspondientes, a fin de que se aplicase la ley con todo el rigor al que resultase responsable. En acatamiento de tales instrucciones, corrí una circular telegráfica a todos los referidos agentes, y en todos aquellos casos concretos en que se presentó una queja al procurador, se observó igual conducta, es decir, se acudió a la vía telegráfica, tratando de secundar así las miras y las propósitos del Ejecutivo, que no han sido otros que las de sancionar el sagrado principio del sufragio efectivo, escrito, por desgracia, con la sangre de miles de mexicanos.

No vamos, por lo mismo, nosotros ahora a hacer labor personalista, ni a incurrir en la inmensa responsabilidad de atropellar tal principio, cuando el Gobierno ha querido y quiere grabarlo en la conciencia nacional y cuando nosotros, con nuestro civismo y nuestra alteza de miras, hemos estado dando ya un saludable ejemplo en las actuales circunstancias en que, por desgracia, aún no está consolidada la paz en la República. En el orden político, tengo que secundar las miras y propósitos del Ejecutivo, y no puedo sancionar con mi silencio, los fraudes que se cometen cuando todavía ocupo el puesto de procurador.

En el orden moral, tengo obligaciones y compromisos serios que cumplir.

El Club Liberal Democrático de Azcapotzalco me hizo su postulación para diputado propietario por el 9° distrito Electoral, que comprende las municipalidades de Tacuba, Guadalupe y Azcapotzalco. La misma postulación me hicieran diversos clubes de Tacuba y numerosísimos vecinos de Guadalupe Hidalgo. La fórmula quedó establecida así: Manuel Castelazo Fuentes, propietario, y Agustín Rocha, suplente. Acepté marchar unido en la candidatura con el señor Rocha, convencido, como estoy, de sus ideas y principios liberales, de su honradez y de sus aptitudes para el desempeño del cargo. Sabía que el señor Rocha representa una fuerza en la municipalidad de Azcapotzalco, por la circunstancia de ser oriundo y vecino de esta última ciudad, y formar parte de una numerosísima y acomodada familia, y tener amplias relaciones en los pueblos vecinos de la municipalidad. Preví yo el triunfo, y así fue: caso notable en el Distrito Federal, resultó ser la votación en el municipio de Azcapotzalco: de 1,500 individuos que, conforme al padrón tenían que votar, votaron 1,300 por la candidatura Castelazo-Rocha, independiente, contra 68 votos que obtuvo la candidatura del señor Orive, no obstante estar apoyado por el Partido Constitucional Progresista y el Liberal. Este resultado se debió, no solamente a las causas antes apuntadas, sino a que un grupo numerosísimo de amigos y partidarios nuestros hicieron una propaganda activísima con menoscabo de sus intereses y quizá con sacrificios pecuniarios.

Tengo, pues, señores, el compromiso moral de velar por mis electores y de impedir que sus derechos sean burlados.

El mismo resultado me esperaba obtener en la municipalidad de Guadalupe Hidalgo. Hace más de dieciocho años que soy vecino de la Villa de Guadalupe; durante todo este tiempo pudiera decirse que sin interrupción he desempeñado los cargos de síndico y regidor del Ayuntamiento de dicha ciudad. He formado siempre parte de cuantas comisiones han exístido, relativas al interés público; he estado siempre en contacto con todos los pueblos de la municipalidad; en todos tengo amigos, clientes y conocidos. ¿Qué podría yo temer, pues, al señor Orive en Guadalupe, cuando es enteramente desconocido en esa ciudad? La verdad es, señores, que el único candidato serio en aquel punto para mí, era el Partido Católico en Guadalupe Hidalgo, dadas las condiciones levíticas de dicha ciudad. Temía yo, y así sucedió, que el clero le prestase una poderosa ayuda.

El día de las elecciones, varias casillas se vieron integradas por sacerdotes católicos que fungían como instaladores y escrutadores. En las puertas de la Colegiata de Guadalupe Hidalgo, sacerdotes católicos repartían profusamente hojas sueltas que aconsejaban la candidatura del Partido Católico. No obstante todas estas circunstancias, no fue el Partido Católico el que me venció en la Villa de Guadalupe Hidalgo.

Por arte de birlibirloque, el señor Orive, de acuerdo con el cómputo de las juntas escrutadoras, obtuvo 950 votos contra 400 y pico que se asignan a la candidatura Castelazo-Rocha. Esto se debe a las causas que paso a enumerar: el señor Orive tuvo la desgracia de contar en Guadalupe Hidalgo con un partidario ciego y audaz llamado Camilo Navarrete. Dicho individuo, como una prueba de admiración a su candidato, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Tacuba, el 5 de julio, en la Junta Computadora de votos, se entregaba a sus funciones, este señor me siseaba y se entregaba a todo género de manifestaciones hostiles tan sólo porque yo, en legítimo derecho, protestaba enérgicamente contra los procedimientos seguidos por la Junta para el cómputo, y con todo el cinismo de un cretino, en alta voz, decía que era porrista y que eran los procedimientos que daban resultado al Partido Constitucional Progresista. En honor de la verdad, ante semejante estulticia, señores, el candidato señor Orive, hombre correcto, se indignó y me manifestó a mí personalmente en el Salón, que con semejantes partidarios se desacreditaba cualquier partido.

Siendo, como son, públicas las juntas escrutadoras de votos, asistí a todas ellas, y al revisarse el expediente relativo al pueblo de Azcapotzalco, perteneciente a la municipalidad de Guadalupe Hidalgo, pude observar con gran sorpresa que, cuando en el padrón figuraban 80 individuos con derecho a votar, en el acta se le asignaba al señor Orive un número doble de votos; es decir, 160.

Esta circunstancia; la conducta posterior que observó el individuo Camilo Navarrete, según antes he dicho; la relativa a que el propio individuo hacía alarde en Guadalupe Hidalgo de lo que él llamaba pico-largadas, diciéndose que tras de sí traía todo el Partido Constitucional Progresista, dieron la clave de todos los fraudes. Los que se descubrieron fueron innumerables; pero los que han quedado plena y perfectamente comprobados, son los relativos a las secciones 26, 27, 28 y 30 de la misma municipalidad, en la forma que voy a expresar: en la sección 26, correspondiente al pueblo de Tlacamaca, no obstante que el instalador era un individuo llamado Gabino Valeriano, se presentó un individuo' Agustín Sánchez, quien, por instrucciones previas que recibió de Camilo Navarrete, firmó él más de ochenta boletas, todas en favor del Partido Constitucional Progresista, y todo esto sin que hubiesen estado presentes ni los instaladores, ni los escrutadores, ni hubiese ocurrido a votar ningún individuo.

En el pueblo de Atzacoalco, el instalador designado tampoco se presentó en la Mesa, y sí lo hizo un individuo llamado Pedro Escobedo, quien, sin tener carácter legal de ninguna naturaleza, porque no era ni instalador ni escrutador, se apoderó de ella e hizo que la mayor parte de las boletas se firmasen por el candidato del Partido Constitucional Progresista; a los muy pocos individuos que se presentaban a votar, no se les hacía saber siquiera que existían otros candidatos, y el mismo individuo Escobedo fue quien redactó el acta correspondiente a dicha sección; todo esto, repito, sin tener carácter legal de ninguna naturaleza en la referida Sección.

En el pueblo de San Juan de Aragón, en la sección 17, no hubo elecciones el domingo 30, y al día siguiente, el lunes, cuando la ley ya no autoriza elección alguna, se presentó personalmente el señor Camilo Navarrete y, no obstante todas las indicaciones y todas las observaciones que le hacían los instaladores y los escrutadores, dijo que no le espantaban petates de muerto (son sus palabras textuales), y entonces él, apoderándose de la mesa, escribió de su puño y letra el acta, en la cual hizo constar 129 votos en favor del partidario del Constitucional Progresista, y cogió igual número de boletas para comprobar lo que decía en el acta, y después el mismo individuo, con un aire de vencedor, trasladó el expediente a Guadalupe Hidalgo. Igual infracción se repitió en otro pueblo de Guadalupe, y no la repito, porque es enteramente idéntica.

Yo no vengo aquí, señores, a poner nada de mi propia cosecha; yo no vengo a que aquí se me crea bajo mi palabra de honor; no vengo aquí, como el señor licenciado Fausto Moguel, aduciendo hechos que no han podido ser comprobados desgraciadamente, aun cuando todos creen en su honorabilidad; tampoco vengo aquí a presentar constancias como las que se presentaron ayer al discutirse la credencial del señor Aspe, que son constancias autorizadas, expedidas por una autoridad política y que, como perfectamente aseguraba el señor Macías, no tienen valor legal de ninguna naturaleza.

Las pruebas de los hechos a que antes me he referido constan de una copia certificada expedida por el juez 19 de Distrito del Distrito Federal, y remitida oportunamente a la Comisión Escrutadora de Credenciales.

En esa copia aparece, en primer lugar, el escrito de querella, y en seguida obran declaraciones de más de quince testigos, quienes, no obstante la responsabilidad que les resulta por tener el carácter de instaladores y escrutadores, no han podido menos de confesar lisa y llanamente todos los hechos; obran las declaraciones del procesado Camilo Navarrete, plenamente convicto y confeso y en muchísimos puntos conteste; y obra, finalmente, señores diputados, un auto de formal prisión dictado por el juez 1° de Distrito en contra de Camilo Navarrete, auto que no fue apelado por el mismo procesado Camilo Navarrete, y consentido por su defensor, el señor Víctor Moya y Zorrilla, que es nada menos que un miembro de la Comisión Escrutadora.

Si bien es cierto que la Comisión Escrutadora de votos no pudo tener oportunamente en cuenta esos fraudes, y aun cuando los hubiera podido conocer, nada hubiera podido decidir, porque, conforme a la ley, no puede hacer calificaciones de esta naturaleza, no lo es menos que la Junta incurrió en graves responsabilidades al hacer los cómputos. Esas irregularidades originaron la enérgica protesta que yo formulé en la misma Junta y las protestas constan en el acta que ha servido nada menos que de credencial al señor Orive, y no me explico cómo, después de aparecer las cosas de una manera tan clara, la Comisión consulta a esta Asamblea la aprobación de dicha credencial.

Entre las principales irregularidades se encuentra la siguiente: La Junta Computadora de votos no hizo declaración de ninguna naturaleza en favor de los señores Orive y Ürijel; única y exclusivamente, como consta del acta que ha tenido a la vista la Comisión, inserta el dictamen de la Comisión respectiva, en la cual se dice que el doctor Orive y Orijel obtuvieron la mayoría absoluta de votos; pero la Comisión, lo mismo que la Junta, hizo punto omiso de todas las demás cantidades; no se menciona el nombre del candidato del Partido Católico, ni se menciona tampoco el nombre de otros candidatos.

Para que se hubiera podido decir que había una mayoría absoluta de votos en favor de Orive-Orijel, era necesario que se hubiesen puesto las cifras que correspondían a cada uno de los demás, y de la comparación de esos sufragios, se viera si era cierta o no la mayoría. Una infracción verdaderamente notable es la de que, para los cómputos, se tomó como base, no el resultado de las actas, sino el resultado que marcaban las boletas que estaban en los expedientes; por ese procedimiento se ha sancionado el fraude más escandaloso.

El decreto de 22 de mayo del corriente año, relativo a las elecciones para diputados y senadores, da a los candidatos y a los representantes de los partidos el derecho de pedir las copias de las actas; esas copias encierran la verdad legal; son constancias auténticas, porque llevan la firma de los que intervienen en ella, del instalador, de los escrutadores y de los representantes de los partidos. Pues bien, señores; haciendo uso de tal derecho, solicitamos las copias de todas las actas correspondientes a la municipalidad de Tacuba, y aquí están y obran en mi poder. Conforme a dichas actas, aparece que el señor Orive obtuvo 340 votos, y no obstante esa circunstancia, la Junta le asigna 787 votos; es decir, se hace fraude con más de 400 votos. El mismo resultado se obtuvo en Guadalupe Hidalgo: conforme a las actas, que también obran aquí, el señor Orive no alcanzó más de 350 votos, incluyendo cuatrocientos y tantos votos que obtuvo por medio de fraudes, según se ha comprobado en la investigación que llevó al Juzgado 2° de Distrito, y a pesar de esa circunstancia, la Junta Computadora le asignó novecientos y tantos votos.

Si la Comisión hubiese visto la enormidad de las irregularidades de que adolece esa credencial habría entrado al examen más atento de la misma; le bastaría con haber suplido, con haber subsanado algunas deficiencias de la Junta, que no hizo cómputo de ninguna naturaleza; le bastaría haber descontado las cédulas que indebidamente se introdujeron después de terminada la elección. El fraude, en ese caso, está comprobado, porque las cédulas no tienen huella de haber pasado por el ánfora, porque los dobleces de un papel quedan indelebles; si hubiera tenido todos esos escrúpulos y todos esos cuidados, es indudable que habría tenido que declarar que los candidatos triunfantes eran Castelazo Fuentes y Rocha; pero no lo hizo así; por lo contrario, aduce un argumento enteramente baladí: dice que nosotros usamos el sello del Partido Liberal. El sello en sí nada implica; la popularidad del señor Rocha es palpable, y la mía lo es también, y, por lo mismo, no cabía confusión de ninguna naturaleza. Yo pido a esta Asamblea que rechace el dictamen, por los motivos que antes he indicado.

El señor Sánchez Azcona, al tomar posesión de la Mesa que preside la Asamblea, ha dicho, y con razón, que todos debemos venir aquí a laborar por la patria con lealtad y amor. Pues bien, señores, la prueba de vuestra justificación está en desechar esta credencial; es de tal manera maculada, es tan impura, hiere de tal modo el sentimiento de los electores, que no podemos admitirla; es la única credencial de todas las que se han presentado que trae sobre sí un estigma, que es el nombre de un procesado sobre el cual se ha puesto la mano de la ley: el auto de formal prisión dictado en contra de Camilo Navarrete indica terminante y expresamente que ha quedado comprobado el cuerpo del delito; es decir, el hecho delictuoso que merece pena corporal que significa la violación o los atentados a las garantías constitucionales. Si se hubiese de admitir esta credencial y el dictamen que respecto a ella ha presentado la Comisión, no sé con qué criterio puede la Comisión objetar otras credenciales, porque no hay una sola que pueda tener los vicios de que ésta adolece.

El secreto del Gobierno inglés para mantener incólume el inmenso poder de Inglaterra ha sido (siseos) ... ha sido la justicia en todos sus procedimientos. La única instrucción que reciben los oficiales ingleses que van a la India es: Gobierne como usted quiera; pero nunca dé motivo justificado de queja.

Este procedimiento, señores, creo que es el que nos conviene política y moralmente para la República.

El señor Moya y Zorrilla viene a combatir las razones hilvanadas por el señor Castelazo Fuentes, y dice:

El señor procurador Castelazo Fuentes tal vez ha estado perfectamente mal informado acerca de quién fue el defensor del señor Camilo Navarrete. Es verdad que el señor Camilo Navarrete tiene ligas conmigo, pero son ligas políticas.

El señor Camilo Navarrete, al ser víctima de la influencia que ejerce el señor procurador de Justicia en el Distrito Federal, acudió a mí, y me propusieron fuese el defensor. Yo, por varios motivos, no quise aceptar; primero, porque tenía compromisos que afrontar como secretario del Partido Constitucional Progresista y no podía atender al proceso de esa causa que se seguía en esta ciudad, y por eso nombró al señor licenciado don Luis López Masse, para que se hiciera cargo de la defensa de Navarrete.

Creo que el señor procurador, una vez que se le ha hecho presente esta aclaración, se servirá hacer una rectificación.

Lastimado por las palabras del señor Moya y Zorrilla, el licenciado Castelazo Fuentes responde:

Rechazo enérgicamente la imputación que me hace el señor Moya y Zorrilla, sin fundamento de ninguna naturaleza: es una imputación que me hiere en mi dignidad y que hiere al señor Juez de Distrito. Que presente una sola prueba que indique que por medio de mi influencia el señor Navarrete fue puesto en la prisión.

Por la justicia del dictamen quiebra ahora esta lanza el diputado Serapio Rendón:

Tiene mucha razón el señor Castelazo Fuentes al quejarse de los procedimientos ilegales de un hombre llamado Camilo Navarrete, y tan cierto es lo que dice el señor Castelazo Fuentes, que la Comisión lo consignó en su dictamen y por eso reconoce y acepta que se cometió el fraude en determinadas casillas, como exactamente dice el señor licenciado Castelazo Fuentes; pero la Comisión, para ser justa, descontó del total de votos los que se refieren a las casillas fraudulentas; por manera, pues, que está estimado el caso. El señor licenciado Castelazo Fuentes, tomando por base ese punto, generaliza para decir que toda la elección está viciada, lo cual es erróneo, porque de un hecho aislado no podemos sacar conclusiones generales, como él pretende. En este caso, sin darse cuenta el señor licenciado Castelazo Fuentes ha estado hablando en plural; dice de él y del ciudadano Rocha: Hicimos, diremos, tornamos; y acaso tenga razón, porque como es todo un caballero no me desmentirá cuando voy a decir esto: es cierto que él, con el justo afán de obtener el triunfo en el sufragio, les escribió cartas a todas las personas, propagando su candidatura. Cuando el señor Castelazo Fuentes desempeñaba y desempeñó el alto puesto de procurador general, a nadie se oculta que no es posible, a pesar de que el señor Castelazo Fuentes indicara que no con su carácter de procurador se postulaba; no es posible, repito, que se pudiera hacer la distinción entre el individuo y el funcionario público; por manera, pues, que a esas personas que les recomendaba su candidatura, siempre entre líneas, dada la relación que ha habido de las autoridades para los sencillos ciudadanos, no podían dejar de ver ese carácter de procurador de la República que tiene el señor Castelazo Fuentes.

Dice muy bien el señor Castelazo Fuentes, y es justo advertirlo, que no fue él el que acusó a Navarrete; pero también es cierto que el juez de Distrito, como todas las autoridades, sabía que ese fraude estaba cometido, no solamente contra el señor Rocha, sino contra el alto funcionario llamado procurador general de la República.

Esto es lo que tiene que informar la Comisión; por gusto no lo hubiera dicho, porque estas cosas, aunque no pueden lastimar a nadie, siempre sería mejor que las calláramos; porque desgraciadamente, si examinamos todas las credenciales, no podemos hallar una perfecta legalidad, por distintos motivos; porque nuestro pueblo en primer lugar, no está suficientemente educado para hacer el uso viril de sus derechos; abusan de él las autoridades, abusan de él los más listos. De esa naturaleza, si vamos a buscar lacras, efectivamente hay muchas credenciales que las tienen. Es por esto que la Comisión adoptó este criterio: que cuando se tratara de irregularidades, no se empeñaría en que éstas nulificaran la elección, no solamente porque eran irregularidades, sino porque, conforme al artículo 112 de la Ley Electoral, que es el que da la lista de cuáles son los casos de nulidad no admite esas ligeras irregularidades. El artículo 113 dice que cuando el vicio de irregularidad por fraude no afecte a la pluralidad de los votos, tampoco será nula la elección.

Esto fue lo que tuvo en cuenta la Comisión para que, desestimando todos los votos que indebidamente computó el Colegio Electoral, siempre halló mayoría para el candidato que ha designado en su dictamen, y por lo cual la Comisión Revisora, oponiéndose a la petición del ciudadano diputado Castelazo Fuentes, suplica muy respetuosamente que se apruebe el dictamen tal como lo ha presentado.

Han de escucharse en seguida estas palabras del señor Juan Sarabia, refutando a la Comisión:

Nos encontramos, hay que decirlo francamente, en presencia de uno de los más escandalosos fraudes que hayan podido cometerse durante esta campaña, y lo verdaderamente sensible es que este fraude no se haya cometido en aquellas apartadas regiones donde la ignorancia de los ciudadanos, donde la incultura de las gentes pudiera servirles de excusa, sino que haya venido a cometerse, dando un ejemplo de inmoralidad, en pleno Distrito Federal, donde las autoridades superiores y los ciudadanos todos estamos obligados a manejarnos con la mayor cultura y con la mayor moralidad.

Los argumentos que aduce la Comisión para dar por aceptada la credencial del señor Orive y rechazar la de los señores Castelazo Fuentes y Rocha, son verdaderamente ridículos.

La primera objeción que se presentó por los candidatos que aparecen denotados, es que no se hizo la computación de votos por actas, sino por boletas. Señores: es perfectamente claro, es elemental para cualquier espíritu medianamente ilustrado, que el criterio de la ley, al establecer que, después de verificada la elección en una casilla, se levante un acta firmada por el personal de esa casilla y por los representantes de los diversos partidos políticos que en ella lucharon, es con el objeto de que el acta sea verdaderamente fiel, de que el cómputo sea exacto y estén conformes con él todos los representantes de los distintos partidos políticos, y que, después de hecho el cómputo, después de levantada y firmada el acta por el personal de la Mesa y los diversos representantes de los partidos políticos, no haya lugar a que se metan indebidamente otras cédulas con las que se trate de defraudar más tarde el voto público. Y sin embargo, señores, la Comisión, la que está en la obligación más estricta de aplicar la ley en este caso, la que más que ninguno de los ciudadanos diputados aquí presentes, tiene la obligación de dar a la ley la interpretación que debidamente le corresponde, es la que nos viene aquí saliendo con que se acepte el cómputo de votos por boletas y se deje a un lado la computación de votos hecha por actas (aplausos).

Con este procedimiento, única y exclusivamente con este procedimiento, es como se ha dado al señor Orive una mayoría absolutamente ficticia, una mayoría que no le corresponde, que no tiene, porque no es popular en el distrito, porque todos los antecedentes son favorables a los candidatos independientes, y porque el señor Orive tiene la mancha -no digo él personalmente, sino su credencial- de haber conquistado votos por individuos que cometieron infracciones, infracciones de las que los responsables han tenido que caer bajo los tribunales, para que se les juzgue por ese delito.

Repetidas veces ha estado manifestando la Comisión, por conducto de su presidente, el honorable señor licenciado Serapio Rendón, que el criterio que la anima en la revisión de credenciales, ha sido más bien rigorista con los miembros de su propio partido y benévolo con sus contrarios. Ha confesado que no se ha obrado en absoluto, de mala fe, y como falible que es la Comisión, considera que sí puede equivocarse. Pues bien, señores, la Comisión, en este caso, se ha equivocado de la manera más absoluta y lamentable, y tal parece que en este caso se ha hecho una excepción y el criterio de partido se ha aplicado para favorecer al señor Orive, que goza de todas las ternuras del Partido Constitucional Progresista (bravos, aplausos).

Señores: Es verdaderamente, repito, ridículo el dictamen de la Comisión; no se apoya en un solo texto legal, no tiene la menor fuerza de lógica, o de justicia, o de razón. Como se ve en este dictamen, tengo que decirlo con toda franqueza, impera el anhelo, el afán, la obsesión decidida de hacer diputado al señor Orive por votos que no obtuvo y de desechar una candidatura independiente que luchó, que trabajó, que tiene derecho a venir aquí a representar a los pueblos que componen el 9° distrito electoral.

La Comisión nos presenta objeciones que, de tomarse en cuenta, solamente sirVen para reforzar la demostración de que no tuvo razones de verdadero peso. Se extiende largamente el dictamen de la Comisión sobre la cuestión de que los candidatos se llamaron independientes, y usaron el sello del Partido Liberal, y cosas por el estilo.

En primer lugar, yo le pido a la Comisión que me diga en qué fracción del artículo 112, que expresa la causa de nulidad de las elecciones, se funda para nulificar la elección de los señores Castelazo Fuentes y Rocha, por haber usado determinado sello en sus boletas. Cuando los ciudadanos tienen deseos de votar por un ciudadano determinado -y esto lo digo porque en mi caso sucedió lo mismo, y en mi caso hay boletas de distintos partidos con mi nombre, y el candidato oponente ha hecho objeciones parecidas a las de que aquí se trata-, cuando los ciudadanos tienen conciencia de su voto, no necesitan de un disco más o menos para ir a votar por determinado candidato. Qué triste popularidad es la del señor Orive y la de mi contrincante por el primer distrito electoral de San Luis Potosí, que necesitan un sello de determinado color para que sus votantes los reconozcan, porque no tienen méritos anteriores, porque no se han presentado a ese pueblo con méritos verdaderos, porque no los han conocido en una larga época de luchas y de trabajos por la felicidad de la patria y por la felicidad de ese pueblo, al que aquí han tratado de representar (aplausos).

Repito, señores, que el dictamen de la Comisión carece absolutamente de valor; el dictamen de la Comisión, desgraciadamente, trata de sostener uno de los más escandalosos y vergonzosos fraudes electorales que hayan tratado de cometerse, y ese fraude escandalosísimo es a favor del Partido Constitucional Progresista (aplausos).

Existen -la Comisión tuvo que haberlas visto-, las constancias a que se ha referido ya el señor licenciado Castelazo Fuentes, de lo que se está averiguando en el Juzgado 1° de Distrito sobre los verdaderos delitos cometidos por Camilo Navarrete en la elección del señor Orive. La Comisión debe haber observado ahí infinidad de faltas, infinidad de errores. En una mesa, por ejemplo, un padre iba a votar por sus hijos, un amigo iba a votar por sus amigos, un hermano por su hermano, y las casillas electorales aceptaron esos votos, y la Comisión ha tenido ante su vista la constancia de todos esos hechos escandalosos, y no ha sido la Comisión para rechazar de una manera rotunda la candidatura que se presenta manchada con tales faltas, sino que, por el contrario, la ha apoyado y ha pretendido arrojar indebidamente de este lugar a los ciudadanos que verdaderamente obtuvieron el voto de los pueblos del 9° distrito electoral.

No solamente son presunciones, no solamente son éstos los argumentos que tengo yo que presentar en favor de la candidatura de los señores Castelazo Fuentes y Rocha, para solicitar que se deseche de la manera más terminante el dictamen de la Comisión, sino que tengo otras pruebas que no quiero por el momento exponer. Creo que lo que he dicho, que lo que ha expresado el señor licenciado Castelazo Fuentes y que se desprende de las constancias de este expediente, basta por lo tanto para ilustrar el criterio de esta Asamblea en el sentido de que se rechace esta credencial; pero si fuere preciso, yo tomaré nuevamente la palabra para demostrar de la manera más terminante que es el interés exclusivo del Partido Constitucional Progresista el que ha pesado para dar el dictamen favorable al señor Orive (aplausos).

El señor Sarabia ha atraído alta suma de buenas voluntades hacia la candidatura del licenciado Castelazo Fuentes; pero el incansable Serapio Rendón vuelve a la tribuna para redargüir:

La ventaja que existe cuando diversas fuerzas concurren en una Asamblea, es tener la satisfacción de oír las voces de los distintos partidos políticos, para que la verdad pueda resplandecer como resultado de la discusión.

En este caso, me felicito de que un luchador antiguo, un hombre que se ha conquistado su prestigio por el valor de sus ideas, como es el señor Sarabia, venga a depurar una credencial para que todos los miembros de la Asamblea puedan formarse un juicio exacto. Las razones que acaba de aducir -no se ha fijado en ello el señor Sarabia- están dichas aunque en otra forma, no de la manera brillante que él usa, en el dictamen a que antes se ha dado lectura.

Habla el señor Sarabia de los fraudes que ha cometido Camilo Navarrete, y dice a la Comisión que no tuvo valor para desechar esos votos. Es que el señor Sarabia no se ha fijado que esto lo dijo la Comisión en el dictamen; que no se estimarían estos votos, precisamente por fraudulentos; no se fijó el señor Sarabia en que cuando tuve el honor de informar de palabra, reiteré que, quitando todas esas boletas fraudulentas o todos esos votos nulos, siempre quedaría en pie la credencial, porque la fraudulencia no afectaba la pluralidad de los votos, sino afectaba solamente a una parcialidad. La Asamblea constantemente ha aplicado este principio, y por eso no es una novedad.

El señor Sarabia se equivoca al decir que la Comisión computó por actas, y no por boletas; si se hubiera fijado bien en el dictamen, habría oído que se dijo que se hizo la rectificación, porque desgraciadamente las actas, como dijo atinadamente el señor Castelazo, encerraban fraudes o errores en la votación, pues algunas de ellas no estaban de acuerdo con la verdad.

Por manera, pues, que todos los cargos que se nos han estado haciendo, anticipadamente los había destruido la Comisión en su dictamen. Y sobre lo que muy especialmente debo llamar la atención del señor Sarabia es sobre este hecho preciso: él habla de cómo debe aplicarse la ley, y no sabe que desgraciadamente la realidad dista mucho de ello, como ya también lo expliqué, por la inexperiencia de nuestro pueblo y por la deficiencia de una ley nueva, como es la Electoral. Mostraría esto al señor Sarabia, puesto que los miembros de las Comisiones necesitaron examinar los paquetes electorales: que unas veces sobran, y otras, faltan boletas, y cuando se trata de pequeñas cantidades, una, dos, o tres boletas, la Comisión ha sido de amplio criterio para no exigir una exactitud matemática, porque comprende que la aplicación de una nueva ley en país no suficientemente preparado para el sufragio, tiene que ser deficiente. En el caso de que se trata, las boletas no fueron otras las que se sirvieron para el cómputo, y todas las que sobraron fueron deducidas de los totales.

El señor Sarabia cree que los colores de las boletas de los distintos partidos políticos no tienen ninguna influencia en la votación, y es porque no tiene presente que, conforme a la ley, cuando se vota con una boleta que tiene marcado su distintivo registrado en el Ministerio de Gobernación, esto es, cuando las boletas pertenecen a un partido político, no se necesita firmar las boletas; basta con que el escrutador o la mesa haya dicho votó, para que la cédula que se reciba sea buena sin necesidad de firma.

Esta es la razón de por qué la Comisión encontró que no es regular la votación que se hizo en favor de los señores Castelazo y Rocha, porque, siendo ellos candidatos independientes, esto es, sin boletas registradas con determinado distintivo, las votaciones fueron hechas con boletas del Partido Liberal, que en el distrito de Tacuba estaba unido con el Constitucional Progresista, y por lo tanto, para la fórmula Orive y Orijel. Así es que esas boletas fueron las buenas. En este detalle no se ha fijado el señor Sarabia, que si se hubiera fijado, lo conozco lo bastante, sé que es un hombre sincero y razonador y no lo hubiera aceptado.

En efecto, el señor Sarabia no se ha dado cuenta de este caso especial: nosotros no tratamos de arrojar de aquí (¡líbrenos Dios de tal cosa!) a nadie, y tenemos que decir que por un distrito del Estado de Guanajuato, el señor licenciado Castelazo Fuentes mereció el sufragio de sus conterráneos; su credencial ha sido aprobada ya; por lo tanto, el señor Castelazo Fuentes tiene perfecto derecho a su curul, lo cual así lo ha declarado esta Asamblea.

Vamos, pues, al fondo de la cuestión, y nos encontramos con que el señor licenciado Castelazo Fuentes, en el supuesto de que se aprobara la credencial, como pretende el señor Sarabia, prácticamente le resultaría nula, porque como no puede tener dos representaciones al mismo tiempo, forzosamente tendría que optar por una de ellas; me inclino a creer que optaría por la del distrito de Guanajuato, y siendo así, síempre habría que hacer elección en el otro distrito.

Estas son, pues, las razones que convencerán a cualquiera que se despoje de todo, que prescinda de todo interés de partido y no oyendo más que la razón y la lógica.

El señor Castelazo Fuentes insiste en el carácter fraudulento de las credenciales expedidas a los señores Oríve y Orijel; el diputado Martínez Rojas opina que debe ser declarada nula la elección en el 9° distrito de esta ciudad, y el licenciado Cabrera apoya en breve discurso esta opinión. Pero la mayoría de diputados y presuntos diputados no comparten estas opiniones, y llamados a votar, aprueban aquellas credenciales.
Indice de Instalación de la XXVI legislatura Recopilación y notas de Diego Arenas GuzmánCAPÍTULO QUINTO - Revive la pelea de liberales con católicos CAPÍTULO SÉPTIMO - La contrarrevolución la porra y la contraporraBiblioteca Virtual Antorcha