Índice de Emiliano Zapata y el agrarismo en México del General Gildardo MagañaTOMO I - Capítulo XIII - Complot contra MaderoTOMO I - Capítulo XV - Zapata sostiene con firmeza las demandas revolucionariasBiblioteca Virtual Antorcha

EMILIANO ZAPATA
Y EL
AGRARISMO EN MÉXICO

General Gildardo Magaña

TOMO I

CAPÍTULO XIV

DIVISIÓN EN LAS FILAS REVOLUCIONARIAS


Efectos de la conducta del señor Madero

Lo condescendiente de don Francisco I. Madero para con los elementos del régimen porfirista, encabezados lógicamente por el señor De la Barra, iba disgustando, con sobra de razón, a muchos revolucionarios.

Hemos visto en el capítulo anterior que el general Zapata protestó por los sucesos de Puebla y por la inesperada actitud del Jefe de la Revolución. Podrá decirse que la protesta revela únicamente el modo personal de ver las cosas con cierta rigidez por parte del guerrillero suriano; mas por desgracia, no sólo con motivo de esos lamentables acontecimientos se puso de relieve la conducta del señor Madero, sino que su actitud de franco apoyo al Presidente León de la Barra, su ciega confianza en el Ejército Federal y sus pueriles temores de disgustar a los potentados, lo llevaron con frecuencia a tOmar una posición en contra de sus partidarios, originando en éstos la desconfianza y una muy adversa corriente de opinión.

En apoyo de lo asentado, vamos a reproducir una carta de firma insospechable, que fue tomada del archivo del señor Madero por el periodista señor José C. Valadés.

Dice así:

Guadalajara, 26 de junio de 1911
Señor don Francisco I. Madero.
México.

Muy querido amigo:

Aunque en estilo telegráfico, creo cumplir con un deber para con la patria y para con el amigo, al ponerlo a usted al tanto de lo siguiente:

Según pude observar en mi estancia en esa capital, hay muchos elementos revolucionarios que no se muestran muy contentos con la política seguida por usted y sus colaboradores inmediatos, siendo las principales causas la preponderancia a que aspira el reyismo, lo poco o nada que se hace para contrarrestarlo y el movimiento sordo del cientificismo, que no muere todavía.

En la atmósfera en que usted vive no puede darse cuenta exacta de esto; pero los que podemos tratar con todas las personas, lo notamos claramente. Se le tacha a usted de debilidad y complacencia con los enemigos, y se cree que de seguir así las cosas, esa debilidad y esa complacencia harán que los ideales revolucionarios fracasen.

Usted puede comprender muy bien la trascendencia de esa opinión, pues hay ya una corriente de ella que conceptúa a usted excesivamente bondadoso y que, por lo mismo, lo estima de inhabilidad para el alto puesto en que la nación, agradecida, quiere colocarlo. Muy pocos, a decir verdad, quieren reconocer en usted la energía necesaria para guardar incólumes los principios revolucionarios, y quienes así piensan, ven con tristeza la opinión contraria, pues que nadie como usted es el más indicado para guiar la futura República. Esa corriente de opinión a que me refiero, va extendiéndose con mucha rapidez entre nuestros mismos correligionarios.

Otra crítica no carente de fundamentos, es que se estima como una torpeza el licenciamiento rápido de las fuerzas revolucionarias, sin que se dé paso alguno para el licenciamiento de las fuerzas federales en lo que tienen de forzado, pues es opinión general que muchos de esos elementos forzados de las fuerzas federales, se irían gustosos a sus casas a la primera indicación. Dejar en pie al ejército federal en los momentos en que entran en acción los elementos no desaparecidos del antiguo régimen y hacer desaparecer las fuerzas revolucionarias, es tanto como abrir el camino a la victoria a la reacción.

Todos los que aman a usted, que constitUyen la mayoría, ven con profunda tristeza la política seguida por usted y sus colaboradores inmediatos y ansían una reacción hacia la energía que debe sostener, a toda costa, la bandera revolucionaria.

Aquí mismo, en Jalisco, aquella mala opinión se va extendiendo poco a poco y se cree que de seguir por el camino trazado, fracasa la revolución sin necesidad de las armas enemigas; y hasta se cree que no subirá usted al poder. Aquí mismo, en Jalisco, los elementos vencidos reaccionan de una manera poderosa y pretenden adueñarse del poder; pero sobre lo que a mi caso toca, yo respondo de ello y prometo a usted apelar a todos los medios en defensa de los ideales revolucionarios; en Jalisco, ni reyismo, ni cientificismo levantarán la cabeza, mientras pueda yo obrar con libertad.

Ahora mis observaciones propias:

He encontrado en México que el elemento reyista empieza a preponderar alrededor de usted mismo y que ha tocado esa influencia a sus inmediatos colaboradores, cuyos nombres me veda la dignidad revelar en estos momentos, pues hay persona de mucha confianza de usted y en quien hemos confiado casi siempre, que cree que el reyismo y el antirreeleccionismo fraternizan amorosamente: es una inocencia peligrosa.

Lo que he notado francamente es que lo que está jugando en la política oficial y ante la mirada bondadosa de usted, son los elementos políticos científicos y reyistas ya nuevamente en lucha, con exclusión casi completa de los verdaderos elementos revolucionarios. Mirando al Ministerio, se ve claramente que predomina el limantourismo (cientificismo), y que los elementos revolucionarios, apenas representados por el dignísimo y enérgico doctor Vázquez Gómez, están en minoría. De seguir así, sin que se reaccione con energía y sin temores ningunos, lo que no consiguieron los proyectiles federales lo conseguirían las intrigas políticas.

Yo quisiera, señor Madero, que usted pudiera disfrazarse un poco y que se pusiese en contacto con sus partidarios mismos para convencerse de que la opinión, que va haciéndose pública, acabará por mirar en usted, con profunda tristeza, solamente al apóstol y al caudillo, pero nunca al gobernante.

Esta carta me la inspira el amor a la causa y el cariño que profeso a usted.

De usted afectísimo amigo y partidario.

Roque Estrada.


Agitación en las filas revolucionarias

Un suceso inesperado, del que después se dijo que había sido el primer paso para eliminar a los hermanos Vázquez Gómez de la escena política, agitó profundamente las filas revolucionarias con los caracteres de una división: el señor Madero lanzó un manifiesto disolviendo el Partido Nacional Antireeleccionista para crear el Constitucional Progresista.

He aquí el manifiesto:

La revolución alteró el orden de continuidad del Partido Antirreeleccionista, por cuyo motivo en los actuales momentos ninguna agrupación política puede pretender legítimamente ser reconocida como centro directivo. Habiéndome reservado la jefatura del partido emanado de la revolución, al hacer la renuncia de Presidente provisional de la República, me parece conveniente reorganizar el antiguo Partido Antirreeleccionista sobre nuevas bases.

Desde luego, como las candidaturas mía y del señor don Francisco Vázquez Gómez, han sido lanzadas por numerosos clubes de la República, deseo, por lo que a mí respecta, retirarme de la política activa, delegando mis facultades en un comité central, integrado por las siguientes personas:

Juan Sánchez Azcona, Gustavo A. Madero, licenciado José Vasconcelos, licenciado Luis Cabrera, ingeniero Alfredo Robles Domínguez, licenciado Roque Estrada, Manuel M. Alegre, Enrique Bordes Mangel, ingeniero Eduardo Hay, licenciado Jesús González, licenciado Adrián Aguirre Benavides, doctor Ignacio Fernández de Lara, Pedro Galicia Rodríguez, Eusebio Calzada, licenciado Jesús Urueta, doctor Francisco Martínez Baca, licenciado Nicolás Meléndez, licenciado Jesús Flores Magón, Heriberto Frías, Rafael Martínez, licenciado Díaz Lombardo (Miguel) y Roque González Garza.

Como ya los principios sostenidos por el Partido Antirreeleccionista han triunfado en la conciencia nacional, y muy pronto estarán consignados en la Constitución, no tiene ya razón de ser la antigua denominación del partido, por cuyo motivo propongo que la nueva agrupación se llame Partido Constitucional Progresista.

El principal papel que deberá representar este comité, será de reorganizar el antiguo Partido Antirreeleccionista, bajo la nueva denominación; vigilar la completa realización de los principios sostenidos por el Partido Antirreeleccionista y la revolución y preparar la lucha electoral, tomando parte en las cuestiones locales, pero muy especialmente en las elecciones generales.

Me permito sugerir que a este comité se agrupe un representante del Club Aquiles Serdán, otro del Club Ley, otro del Club Libertador Francisco I. Madero, y tres miembros más, representando otras tres clubes de mayor importancia de esta capital.

Por último, deseo hacer conocer a ese comité y a las personas a quienes está dirigido este manifiesto, que el doctor Vázquez Gómez y yo creemos haber contraído un compromiso solemne con la nación, al publicar nuestro programa de gobierno, a raíz de la convención del año pasado, supuesto que las agrupaciones que nos han postulado, lo han hecho sobre la base de dicho programa. Por tal motivo, esperamos que las agrupaciones políticas que en lo sucesivo nos postulen, lo harán bajo la misma inteligencia.

Las últimas adiciones que haremos a nuestro programa, serán para lograr por los medios constitucionales la realización de las promesas que encierra el Plan de San Luis Potosí.

Conciudadanos: La lucha sostenida por el pueblo y sus antiguos opresores ha tenido un glorioso desenlace. El pueblo ha reconquistado su soberanía; los ciudadanos, el pleno ejercicio de sus derechos; pero no olvidéis que si no los ejercitáis con constancia y patriotismo, podéis perder el fruto de la victoria. Por tal motivo, nunca me cansaré de recomendaros que sigáis luchando sin descanso, siendo nuestros nuevos campos de batalla las urnas electorales, y nuestra arma más poderosa el voto.

Sufragio Efectivo. No Reelección.
México, D. F., a 9 de julio de 1911.
Francisco I. Madero.


Coalición de revolucionarios

Penosa impresión produjo en el elemento revolucionario el manifiesto del señor Madero. Algunos pensaron que estaban a punto de zozobrar los principios por los que habían luchado, pues la política seguida por el Jefe de la Revolución no era tranquilizadora, especialmente para quienes se habían lanzado a la lid con fines más elevados que el cambio de personas en el Poder Público.

La aparición del manifiesto hizo que apresuradamente se reunieran en la ciudad de México algunos jefes revolucionarios y que pactaran un apoyo mutuo y resuelto para contrarrestar la situación que claramente veían aproximarse. He aquí el pacto celebrado dos días después del manifiesto del señor Madero:

En la ciudad de México, D. F., a los once días del mes de julio del año de mil novecientos once, reunidos los que suscriben la presente, jefes del Ejército Libertador, han acordado:

I. Poner todos los medios que estén a su alcance para hacer que se cumpla en todas sus partes el denominado Plan de San Luis Potosí.

II. Prestarse todo el apoyo necesario, moral y material, mutuamente, con el fin de perseguir el cumplimiento del mencionado Plan de San Luis Potosí.

III. Cualquiera de los firmantes que haga traición a los demás, o falte al cumplimiento de las anteriores cláusulas, será juzgado como traidor, quedando autorizados los demás jefes para ejecutarlo sin más formación de causa.

IV. Que el apoyo a que se refiere la cláusula segunda se haga extensivo a las fuerzas que están bajo las órdenes de cada jefe.

Y para su constancia, firmamos la presente.

Sufragio Efectivo. No Reelección.
Juan Andrew Almazán.
Gabriel M. Hernández.
C. Navarro.
Camerino Mendoza.
E. Segura.
R. Ruiz.
R. Espinosa.
A. Guzmán.
Heriberto Jara.
Enrique W. Paniagua.
Miguel J. Barrón.
Francisco Reyes Pérez.
Ignacio Flores Piurol.
Jorge Rodríguez.
Camilo Arriaga.
Salvador González.
Macario Román Salgado.
J. Pesqueira.
N. Rivadeneyra.
Francisco J. Múgica.
A. M. Azueta.
Sabás Valladares.

Días más tarde, un mayor número de jefes revolucionarios hizo al Presidente peticiones concretas que veremos en el documento que sigue:

Señor doctor Francisco Vázquez Gómez.
Ciudad.

Muy señor nuestro:

Los subscritos, generales, jefes y oficiales del Ejército Libertador, nos es grato participar a usted, para que lo haga llegar al conocimiento del jefe de la revolución, señor don Francisco I. Madero, que en conferencia celebrada el día 18 del presente mes y año con el señor Presidente interino de la República, licenciado don Francisco León de la Barra, le pedimos:

Primero. Cumplimiento del Plan de San Luis POtosí,

Segundo. Expulsión del elemento científico de la cosa pública.

Tercero. Nombramiento de un general revolucionario como inspector de las fuerzas insurgentes.

Y que en conferencia celebrada ayer en la tarde, le pedimos:

El sostenimiento del señor licenciado don Emilio Vázquez Gómez en el gabinete, por ser el representante genuino de la revolución, haciéndole notar los riesgos que se correrán en caso contrario, y le garantizamos que, como elementos sanos de la revolución, siempre estaremos listos para velar por los ideales que la produjeron.

General Gabriel M. Hernández.
General C. Navarro.
General A. M. Azueta.
Por poder, generales J. Andrew Almazán y Emiliano Zapata.
Coronel R. Espinosa.
J. Caloca.
Por los señores generales Camerino Z. Mendoia, P. A. Martínez y Ernesto E. Guerra, Enrique W. Paniagua.
General Jesús H. Salgado.
Coronel Sabás Valladares.
Por poder, capitán 1° jefe de fuerzas insurgentes en Torreón, Francisco J. Múgica.
Por poder, Epigmenio Escajeda, Sabás Valladares.
Por orden del señor general Gabriel Hernández, coronel Francisco Reyes Pérez.
General inspector de fuerzas insurgentes en Aguascalientes, Alfonso Miranda.
General Guillermo García Aragón.
Coronel Miguel de M. Arrioja.
N. Rivadeneyra.
Miguel M. Ramos.
General Brigadier Delfino Villanueva.
Por Espinosa Caloca, Ignacio Flores.
Enrique W. Paniagua.
Coronel Pedro Pesquera.


Rudos ataques a Madero

La creación del nuevo partido político, rompiendo con el historial del Antirreeleccionista que se había enfrentado valerosamente con la más dura de las situaciones, motivó que muchos de sus miembros atacaran concretamente al señor Madero, porque, según lo expresaron, burlaba los principios fundamentales que habían unido a los luchadores en contra de la Dictadura y que fueron después proclamados en el Plan de San Luis.

Entre los cargos al Caudillo, estuvieron el de permitir la reelección de algunos gobernadores provisionales y la arrogación de facultades para designar un Comité Central Organizador, que los antirreeleccionistas compararon con el Círculo de Amigos del general Díaz.

A principios de agosto hubo una acalorada sesión en el Centro Antirreeleccionista, y después de pronunciados algunos fogosos discursos, llenos de cargos para el señor Madero, se propuso que una comisión fuese a Tehuacán, donde se encontraba, para pedirle explicaciones sobre su conducta.

Caldeados como estaban los ánimos, al discutirse la proposición hubo expresiones como ésta:

Madero no es un demócrata, sino un individuo que gasta el dinero de la Nación en jiras políticas, banquetes y vida holgada; Madero está lleno de ambiciones y no se le pueden pedir explicaciones de ningún género, porque ninguna mano limpia puede estrechar la del que ha banqueteado sobre los cadáveres insepultos de Puebla.

Otro motivo de disgusto y de distanciamiento entre el Caudillo y sus partidarios fue el pacto por el cual debía ocupar la cartera de Guerra el general Bernardo Reyes, tan pronto como el señor Madero ocupara la Presidencia de la República.

Simpatizadores de ese militar trataron de aprovecharse de la situación y lo presentaron no sólo como al futuro Ministro de la Guerra, sino como un posible candidato a la Presidencia, pues consideraban que para la fecha de las elecciones, Madero habría perdido su prestigio y la confianza de sus propios partidarios.


LA RENUNCIA DEL LICENCIADO VAZQUEZ GOMEZ

Un incidente grave y trascendental extremó el desacuerdo de los revolucionarios con su candidato: fue la renuncia que de la Secretaría de Gobernación hizo el señor licenciado don Emilio Vázquez Gómez, cuya actuación, antes de ser y siendo Ministro, le había captado las simpatías entre los maderistas.

Nunca estuvo conforme el señor De la Barra con la presencia del licenciado Vázquez Gómez en su Gabinete; pero tuvo que aceptarla porque así se lo impuso el Convenio de Ciudad ]uárez. Sin embargo, llegó un momento en que a la política del Presidente Interino esturbaba francamente el profesional de referencia y tuvo que pedir al señor Madero su separación del Gabinete, a lo que el Caudillo accedió por extrema debilidad, como lo calificaron muchos de sus partidarios.

Oficialmente la dimisión fue presentada el 2 de agosto de 1911; pero el texto fue conocido desde varios días antes por los más connotados revolucionarios. He aquí los términos en que está concebido el documento:

Texto de la renuncia

Después de haber tenido diversas dificultades con el señor Presidente de la República, motivadas por las circunstancias de representar él, en el actual Gobierno, la tendencia conservadora del antiguo régimen y yo la tendencia renovadora de la revolución triunfante, tendencia de la cual mi conciencia no ha debido ni debe separarse, el señor Presidente de la República ha tenido a bien ordenarme que presente mi renuncia del puesto de Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación, y cumpliendo con esa orden, vengo a renunciar y renuncio el puesto mencionado.

Ruego a usted, ciudadano Subsecretario, se sirva dar cuenta con esta renuncia al ciudadano Presidente de la República y al hacerlo, expresarle mi agradecimiento y profunda estimación por las consideraciones que tuvo a bien guardarme durante el tiempo que desempeñé aquella Secretaría.

Protesto a usted mis respetos y mi consideración más distinguida.

México, D. F., agosto 2 de 1911.
Emilio Vázquez Gómez.


Intervención del Dr. Vázquez Gómez

Pocos días antes de que el licenciado Vázquez Gómez presentara su dimisión, su hermano el doctor don Francisco, quien ocupaba la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Arces, dirigió al señor Madero la siguiente expresiva carta:

México, a 22 de julio de 1911.
Señor don Francisco I. Madero.
Tehuacán, Pue.

Muy estimado amigo:

Asuntos que considero de gravedad me obligan a escribirle y a suplicarle me dé su opinión sobre los puntos que trato. Seré lo más conciso que pueda para no quitarle tiempo; pero le ruego que lea y medite esta carta, para que obre con todo conocimiento de causa.

1° Como se lo he dicho muchas veces, considero una medida impolítica la separación de mi hermano del Ministerio de Gobernación, porque, como se lo he repetido hasta el cansancio, la revolución no está representada en el Gabinete como debía estarlo, pues ahora sólo tiene tres representantes; y si mi hermano sale, quedarán dos.

De esto se da cuenta todo el país, amigos y enemigos, y en los primeros comienza a notarse un movimiento de cierta desconfianza hacia usted, debido a que piensan que usted olvida sus compromisos y los sacrificios de la revolución y comienza a traicionarlos echándose en brazos del enemigo.

2° La separación de mi hermano, con toda seguridad, va a producir una honda y peligrosa división en nuestro partido, de lo cual se aprovechará el enemigo y nos dominará. Esto no tendría mucha importancia si se tratara de nuestras personas solamente; pero ¿qué hará el país y qué harán nuestros partidarios al darse cuenta de que usted ha puesto el triunfo de la revolución en manos del enemigo? Vendrá una división terrible y usted habrá perdido su prestigio ante el país, de una manera completa; y como su amigo sincero que soy, debo decirle que ya lo está perdiendo rápidamente.

Cierto es que el licenciado Cabrera es hombre de confianza para nosotros, pero el partido revolucionario lo considera reyista; y si a esto se agrega que es reyista el que será jefe de las fuerzas revolucionarias, el sentimiento antirreyista aumentará considerablemente y aumentará también la desconfianza hacia usted. Y, a mi juicio, deben evitarse estas divisiones.

En consecuencia, insisto con toda la energía que exigen las circunstancias, en que Emilio permanezca en su puesto y que pida una licencia al aproximarse las elecciones, en septiembre; porque esto no indica división en el partido, mientras que su renuncia en estos momentos significa una ruptura con el gobierno actual, que debe ser el representante de la revolución, y mi hermano se vería obligado a explicar ante el país el porqué de su separación en los actuales momentos. Esto no es un asunto de familia como usted cree: es cuestión de política y de exigencias de los intereses de la revolución misma.

Piénselo bien

3° Usted me ha dicho que el señor Presidente no está de acuerdo con mi hermano por el modus faciendi, y que él es quien desea la separación. En virtud de la gravedad del caso, hablé con el señor Presidente de este asunto, y me dijo que nada tenía que decir de mi hermano, pero que los revolucionarios lo exigían porque lo consideraban débil en sus determinaciones. Pues bien: ahora resulta que una comisión de jefes revolucionarios fue a pedir al señor Presidente que por ningún motivo consintiera en la separación de mi hermano, porque la miraban como un signo de que el partido revolucionario iba perdiendo rápidamente su influencia en el gabinete y poniendo éste en manos extrañas a la revolución. El Presidente se limitó a decir que ustedes consideraban débil a mi hermano.

4° Resulta entonces que los únicos realmente que piden la separación de mi hermano son el grupo de disidentes dirigidos por Gustavo, su hermano, quienes fueron a pedírselo al Presidente; pero esto lo hacen porque son enemigos míos y trabajan en contra mía de una manera activa y ya no oculta, por más que usted me haya dicho que los había disuadido. Si usted les ha dicho algo sobre el particular, el hecho es que no lo obedecen y continúan sus trabajos activa y enérgicamente.

En resumen: la separación de Emilio en estos momentos, significa que usted pone en manos extrañas el triunfo de la revolución; que los revolucionarios conscientes desconfían de usted lo mismo que los simpatizadores de buena fe; que usted perderá su prestigio como ya lo está perdiendo, y que, en el caso de que las disidencias lleguen hasta la violencia, según lo hace presentir el acta que usted conoce, tendrá usted que combatir a los mismos que le dieron el triunfo, apoyándose en los que fueron sus enemigos; y cuando éstos se den cuenta de que ellos son el apoyo de usted, lo arrojarán de su seno. Esto es muy grave para el país, para el partido revolucionario y para nosotros mismos; es decir, usted y yo y los demás partidarios.

5° Remedio radical:

Primero. Aumentar en lugar de disminuir en el gabinete el número de los representantes de la revolución, cambiando principalmente el de Justicia (licenciado Calero).

Segundo. Conservar a Emilio en Gobernación hasta poco antes de las elecciones en que pedirá una licencia como habíamos convenido.

Tercero. Nombrar como jefe o inspector de rurales y revolucionarios a un general revolucionario (Figueroa), con un Estado Mayor técnico que se ocupe en organizar a los revolucionarios.

Cuarto. Mantenernos unidos a toda costa, porque lo que están haciendo sus enemigos es impolítico en estos momentos.

Quinto. Acentuar la acción sobre el enemigo para satisfacer a la opinión pública, al partido revolucionario y a la justicia.

Si no se hace ésto rodamos, y ni usted ni yo tendremos probabilidades del triunfo en las próximas elecciones.

Sexto. Nunca he sido partidario de que usted haga declaraciones en la prensa, porque de ellas toman pie los enemigos para entablar polémicas a que usted no debe dar lugar en estos momentos. Así pues, opino que guarde el silencio más absoluto en materia de prensa, y que si me tiene confianza, me comunique sus ideas en los asuntos serios, para dade mi opinión. Esto no lo hago por imponerme, ni mucho menos, sino para obrar de acuerdo, unidos y para hacerle saber cosas que llegan a mí por otros conductos. Yo le he de decir siempre la verdad y de buena fe, esté usted seguro.

Repito: lea usted con calma esta carta, medítela y detenga usted la salida de Emilio y el nombramiento del jefe o inspector de rurales. Es absolutamente indispensable.

Saludos afectuosos a su apreciable señora, un abrazo de su amigo, y en espera de su contestación sobre estas cosas, quedo su afmo. y S. S.

F. Vázquez Gómez.


La contestación del señor Madero

La respuesta del señor Madero no se hizo esperar. He aquí lo que ya había resuelto respecto del señor licenciado Vázquez Gómez:

Tehuacán, Puebla, 22 de julio de 1911.
Señor doctor Francisco Vázquez Gómez.
México, D. F.

Muy estimado amigo:

Acabo de recibir su grata de ayer, que contesto desde luego, para que no pierda tiempo su enviado.

No veo, como usted, un peligro en la separación del licenciado Emilio Vázquez del Ministerio, pues no habrá quien lo atribuya a divisiones entre nosotros. Además, no es preciso que renuncie: yo ya se lo indiqué en la carta que le escribí sobre el asunto, diciéndole que podía pedir una licencia en caso de que pensara salir fuera de México, pues no sería verosímil ni conveniente que pidiera licencia para retirarse del Ministerio y permaneciera en la capital.

Tampoco creo se va a decir que perdamos representantes en el Ministerio, porque el licenciado Luis Cabrera es reconocido como miembro de nuestro partido y nadie teme ya al reyismo. Por lo demás, en vez de perder en fuerza en el Ministerio, hemos ganado, pues ahora tenemos al Ministro de la Guerra de nuestra parte, que olvida usted contar, porque a González Salas yo lo considero completamente nuestro, y es el Ministerio más importante en los actuales momentos, el de Guerra (después de Gobernación, por supuesto).

Recuerde que desde la otra vez que hablé con usted convinimos en que su hermano se retiraría a fines de este mes y no ha habido ninguna circunstancia que venga a indicar la necesidad de cambiar de determinación.

En caso de que de un modo real viésemos que había desconfianza en la opinión, lo cual no existe, el Ministerio que se podía cambiar era el de Calero; pero no lo juzgo necesario, porque no veo la situación tan alarmante como usted la ve.

Respecto a la circunstancia de que usted y yo resultemos derrotados en las elecciones, lo veo sumamente remoto y no debe alarmarse por lo que dicen los periódicos, que como no tienen ahora la amenaza de antes, están haciendo alardes de independencia y de valor, Pero la opinión pública no es tan fácil de desviarse como se cree, ni es tan tonto el pueblo para irse a creer del Imparcial y El Diario.

Ya le he explicado a usted por qué aparentemente he perdido prestigio. Recientemente obtenido el triunfo, los vencidos no sabían cómo los trataríamos y estaban con un temor grandísimo, por eso no revelaban su modo de pensar; pero cuando han visto que pueden con entera libertad manifestar sus opiniones, ahora nos atacan; pero es mejor que así lo hagan, porque así conocemos a nuestros adversarios y nos cuidaremos de ellos; además de que yo no temo las luchas democráticas.

Yo creo que con La Nueva Era va a ser muy suficiente para encauzar perfectamente la opinión.

Ya sabe cuánto quiero a su hermano el licenciado, pero no creo que sea un mal para él ni para la causa, que se separe en los momentos actuales.

Respecto al nombramiento de inspector de rurales, yo también tenía muchos deseos de que hubiera sido Figueroa, pero me parece que nó tiene los conocimientos necesarios para organizar el cuerpo de rurales en toda la República. Además, ahora ya está acordado que sea el general Villaseñor y a éste le habló el Presidente de acuerdo conmigo.

Respecto a las ideas reyistas de este señor, no hay que preocuparse, pues fue reyista en la época en que se creía que Reyes era una esperanza para la patria y no tiene ningún compromiso personal con él, así es que no tenemos por qué temer que vaya a conspirar contra nosotros, puesto que es la única forma en que él podía hacerlo, si es que llega a intentar algo.

En cuanto a los trabajos de Gustavo contra usted, no sé en qué sentido dice usted que son ostensibles, pues ayer estUvo aquí Sánchez Azcona conmigo y hablamos extensamente y no me dijo nada de ello; por lo contrario, todos en el Comité están de acuerdo en que usted siga siendo el candidato del partido para la Vicepresidencia.

No puede usted atribuir a esos trabajos la renuncia del licenciado Vázquez, pues usted sabe que desde hace mucho tiempo el señor Presidente lo deseaba, por razones que extensamente le he referido.

Respecto a la solicitUd que hicieron los generales Navarro y Azuera, Salgado, etcétera, me parece inconveniente, porque no deben ellos andarse metiendo en cuestiones políticas.

Usted sabe que la mayor parte de los que firmaron esa carta a usted son los mismos que firmaron aquel plan famoso, por cuyo motivo no debemos permitirles que tomen ingerencia en asuntos que nos incumben, porque donde nos dejemos dominar por ellos, sería sumamente peligroso.

Es conveniente, pues, que haga usted saber esto a los jefes revolucionarios.

Recuerdos a su apreciable familia y mi abrazo para don Emilio y me repico una vez más su amigo que mucho lo aprecia y su atto. S. S.

Francisco I. Madero.


GARCIA GRANADOS EN EL GABINETE

La aprobación del señor Madero

Resuelta ya la separación del licenciado don Emilio Vázquez Gómez, el candidato del Presidente don Francisco León de la Barra fue el ingeniero Alberto García Granados. Así lo comunicó al señor Madero, quien dió su absoluta aprobación, como puede verse por el telegrama que en seguida reproducimos:

San Lorenzo, julio 27 de 1911.
Sr. Fco. L. de la Barra.

Me parece muy bien García Granados para sustituir Vázquez Gómez. No he visto artÍculo Cabrera, pero no dudo tendrá razones para pensar en otra persona. Me gusta Díaz Lombardo; pero sería preferible para ese puesto Federico González Garza, Sánchez Azcona o Roque González Garza. En el primer caso Díaz Lombardo podría sustituir a González Garza en Justicia. Es muy necesario en Gobernación un elemento netamente revolucionario para que lo obedezcan fácilmente los jefes insurgentes.

Francisco I. Madero.

La salida del licenciado Vázquez Gómez y el nombramiento de García Granados, se consideraron como un triunfo del Presidente De la Barra y de los científicos sobre la Revolución, favorecido por la debilidad de su propio Jefe.


Madero refuta a Vázquez Gómez

Tan luego como fue conocido par el señor Madero el texto de la dimisión del licenciado Vázquez Gómez, se apresuró a rectificar los conceptos virilmente expuestos por el dimitente. He aquí el documento que se dió a la publicidad:

Acabo de saber el texto de la renuncia del licenciado Emilio Vázquez Gómez de la Secretaría de Gobernación, en la cual afirma que su separación. se debía a que él representa la idea revolucionaria mientras que el señor Presidente de la República, ciudadano Francisco León de la Barra, representa la reacción, y hubo choques por este motivo. Considero de mi deber manifestar a la Nación que eso no es exacto, que el señor De la Barra separó al licenciado Emilio Vázquez por su poco tacto para tratar cuestiones delicadas y apoyándose en razones que a mí y a la mayor parte de los miembros del Comité nos han parecido muy fundadas.

El hecho de que el nuevo Ministro designado sea el señor Alberto Garcia Granados, con el licenciado Federico González Garza de Subsecretario, demuestra que el señor Presidente procura nombrar su gabinete de acuerdo con las aspiraciones nacionales, pues el mérito de las dos personalidades, bajo el punto de vista de las aspiraciones de la República, no puede ser dismtido. Como la mejor prueba de ello en lo referente al señor Alberto García Granados, recordaré que fue designado Gobernador del Distrito por el mismo licenciado Emilio Vázquez, lo cual demuestra la alta estimación que él mismo le tiene y que lo considera un elemento que satisface a las aspiraciones de la Revolución. El señor Presidente, queriendo evitar dificultades con el Partido Revolucionario, de un modo sumamente caballeroso consultó conmigo la conveniencia de ese cambio y debo agregar qUe la elección que él hizo para substituir al licenciado Emilio Vázquez Gómez, ha merecido toda mi aprobación. Siento haber tenido que dar este paso; pero me ha obligado el licenciado Emilio Vázquez Gómez, poniendo trabas al gobierno del señor De la Barra, a quien todos los antiguos revolucionarios tenemos el deber de fortalecer, pues es nuestra obra y representa actualmente a la Nación tan dignamente que será la mejor garantía de que la voluntad nacional será respetada en las próximas elecciones y no debemos permitir que sea violado, ni siquiera aparentemente, el principio del sufragio efectivo, cuya conquista es nuestro principal orgullo, como hubiese sucedido si el licenciado Emilio Vázquez sigue en el Ministerio, mientras su hermano es el candidato de nuestro Partido para la Vicepresidencia. Pero no es esta la única razón para que se separara el licenciado Emilio Vázquez, pues hubo otras que no viene al caso decir; pero si tienen confianza en mí, sepan los miembros del Partido Revolucionario que esas razones, a mi juicio, fueron de bastante peso para acreditar la separación. Por último, puedo asegurarles que, con los últimos cambios en el Ministerio, las aspiraciones de la Revolución están mucho más bien aseguradas y garantizadas.

Sufragio Efectivo. No Reelección.
San Lorenzo, Tehuacán, Puebla, 2 de agosto de 1911.
Francisco I. Madero.

Protesta de maderistas por la renuncia

La separación del licenciado Vázquez Gómez, considerado como un firme sostén de los intereses revolucionarios dentro del Gabinete presidencial, provocó indignación y motivó que un grupo de maderistas lanzara una enérgica protesta, firmada entre otros por los jefes Cándido Navarro, Alberto Carrera Torres, Alfonso Miranda, Miguel M. Ramos, Alberto L. Guajardo y Guillermo Procel, casi todos ellos con mando de fuerzas insurgentes, y decidió que el Centro Antireeleccionista nombrara una comisión para entrevistar al señor Madero.

A continuación transcribimos el informe que rindió el señor Fortino B. Serrano Ortiz, sobre la entrevista:

Ciudadano Presidente del Centro Antirreeleccionista de México.
Presente.

Cumpliendo con mi deber como Presidente de la Comisión designada por este Centro, para apersonarnos con nuestro candidato presidencial ciudadano Francisco I. Madero y someter a su consideración y resolución el formulario que, en asamblea del día dos del actUal hubo de acordarse, en este mismo recinto, vengo a rendir el correspondiente informe para conocimiento de toda la asamblea que me escucha.

Por justificados motivos el ciudadano Vicepresidente del Centro que fue designado como Presidente de la Comisión, no pudo concurrir a Tehuacán y delegó en mi humilde persona su autoridad y representación, debiendo yo a estas circunstancias el tener el honor de dirigiros la palabra para imponeros en concreto del resultado de la delicada misión que se nos confirió.

Decididos a ir personalmente en busca de don Francisco I. Madero, en la noche del jueves 3 del actual nos embarcamos para San Lorenzo, Tehuacán, lugar donde residía nuestro candidato, acompañados por la honorable Comisión del Ejército Libertador, conforme aquí fue acordado. Llegamos a nuestro destino la mañana del 4 del actual, observamos que un grupo de doscientos jinetes del Ejército Libertador estaba tendido en línea desplegada, presentando armas al son de una llamada de honor. Al preguntar por qué estaba allí esa fuerza, fuimos informados de que así lo había ordenado el ciudadano General Jefe de la Zona, con lo cual nos tranquilizamos y continuamos la marcha rumbo a San Lorenzo. Casi a la mitad del camino, un alto Jefe del Ejército Libertador nos manifestó que deberíamos obrar con mucha prudencia para tratar tan delicado asunto con el señor Madero, porque había observado que no tenía buenas intenciones con respecto a nuestra misión. Cuando estábamos en esa conferencia llegó un ayudante del señor Madero, el que, dirigiéndose al ciudadano general Cándido Navarro, le lanzó esta increpación:

¿Conque también usted es de los conspiradores?

Ambos se abrazaron y se adelantaron, no enterándonos de lo que hayan hablado. Llegamos hasta la residencia del señor Madero, el cual, ya enterado de que nos acercábamos, salió de una pieza contigua para recibimos diciéndonos:

Estoy a su disposición.

Nos introdujo a una sala en donde, rodeado de su Estado Mayor y de ambas comisiones unidas, manifestó que él quería que aquella conferencia fuera pública, para lo cual tenía ahí de antemano a un representante de algún diario católico de la ciudad, a lo que se le contestó que nosotros llevábamos al señor Carlos Ezeta, como representante de El Demócrata Mexicano, el cual, por escrúpulo diplomático, se había quedado en el patio; el señor Madero indicó que entrara, repitiendo que él en sus actos públicos no quería la puerta cerrada.

Debo aquí hacer constar que el señor Madero se encontraba en un estado de alarmante sobreexcitación, de tal manera, que la sangre le subía a la cabeza y con el ceño completamente adusto; eran sus ademanes impulsivos, indicando que la cólera lo dominaba.

Desde luego abordé el asunto manifestándole el objeto de nuestra presencia. El ciudadano Madero nos increpó para saber con qué carácter lo interrogábamos, pues si era en son de amenaza, podíamos dar por terminado el asunto desde luego; mas si nos dirigíamos al correligionario, contestaría nuestras preguntas.

Le contesté que lo interpelaríamos en su calidad de candidato presidencial por el Partido Antirreeleccionista de la República y en un corto y mesurado discurso le manifesté las razones que obligaron al Partido Antirreeleccionista a tomar decisiones en la solemne e histórica Asamblea del 2 del corriente mes, leyéndose en voz alta las tres preguntas que en pliego cerrado llevaba.

El me contestó que por la prensa había abordado el asunto y que creía que ya estaban contestadas.

Le hice constar que nuestras intenciones eran categóricas, a lo que contestó que no podía plegarse a esa condición; pero, tomando el pliego y leyendo él la primera pregunta, contestó:

El Centro Antirreeleccionista de México, que fundó el licenciado Emilio Vázquez, en unión mía y de otros correligionarios, después de la pasada lucha electoral, lo considero disuelto y hoy sólo es Club, al que le reconozco el derecho de organizar y trabajar, dentro de los límites de la ley, en la próxima lucha electoral. Respecto a mi programa de gobierno, será el de la Convención del 15 de abril de 1910, completado con aditamentos del Plan de San Luis Potosí.

Pasó a leer en alta voz el segundo punto, siempre bajo la impresión de una violenta excitación nerviosa, y contestó en seguida:

Mi última palabra sobre este particular la he dado a conocer en telegrama que dirigí al Presidente Interino de la República, C. Francisco León de la Barra; luego, con ademanes de marcada irritación, nos hizo observar que en el Centro se le había insultado al compararlo con un ratón y a Reyes con un gato, haciendo constar que, en todo caso, él (el señor Madero) sería el gato y Reyes el ratón, a quien su desprestigio orillaría a la ruina.

La tercera pregunta fue contestada diciendo:

Ciertamente influí con el señor De la Barra para la separación del licenciado Emilio Vázquez, supuesto que el señor De la Barra me consulta todos sus actos, en sus más nimios detalles, por lo cual estoy obligado a sostener todos los acuerdos del alto funcionario citado, que representa al Gobierno emanado de la Revolución; en cuanto al licenciado Vázquez, podría compararlo con un niño, habiendo tenido que darle consejos desde hace dos años para que no me pusiera en ridículo y sólo hasta ahora he obrado, por tratarse del C. Presidente.

El señor general Cándido Navarro, reposadamente, manifestó que no estaba de acuerdo con lo aseverado por el señor Madero tocante a la destitución del señor Emilio Vázquez, toda vez que dicho ciudadano, en los actuales momentos, es quien encarna los ideales de la Revolución. Arrebatado en cólera el señor Madero contestó:

Que él no toleraba que los militares tomaran parte en política y mucho menos él, Navarro, que era indigno de pertenecer al Ejército Libertador y que si se le tachaba de falta de energía, deben saber de una por todas las veces, que él había expuesto su pecho ante los insubordinados Villa y Orozco en Ciudad Juárez, que era enemigo de que se derramara sangre, pero que, si se le juzgaba cobarde, estaba dispuesto a matar por medio de la ley.

Navarro, con sobrada serenidad y estoicismo, trató de justificarse ante el Jefe de la Revolución sin conseguir aplacar la violencia de éste hasta que uno de sus ayudantes hizo presentes los altos méritos del citado general; entonces el señor Madero le tendió su mano, recomendándole procurara vindicarse porque en su poder tenía cartas de acusación contra él, a lo que Navarro contestó haciendo notar que había luchado por principios y no por interés bastardo alguno, puesto que no había recibido ningún dinero hasta la fecha y que, como se le recomendaba, se justificaría llegando a México, advirtiendo que él era víctima del cientificismo de su Estado natal.

Con toda calma el correligionario Antonio Herrejón López observó al señor Madero que extrañaba que, ante una comisión enviada expresamente para conferenciar con él, se hubiera manifestado impulsivo y no hubiera refrenado su cólera; que bien estaba que a los militares los tratara como quisiera, pero que a toda una Delegación de ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes, no estaba bien recibidos de tal manera; que aprovechaba la ocasión para indicarle que, como Jefe de la Revolución, podía delegar sus facultades en cualquier Comité; pero nunca querer reorganizar y cambiar de nombre y de objeto a un Partido reconocido por él mismo, al cual le debe toda la popularidad y el prestigio de que goza; que ¿cómo es que reconoce la Convención de 1910 y su programa de Gobierno y trata de convocar a otra Convención? Que él le sugería la idea de que formara una Asamblea para designar el Comité Ejecutivo Electoral y entrar de lleno a la lucha con la fórmula Madero-Vázquez Gómez, que él mismo reconocía.

Al oír esto el señor Madero reconoció que había estado exaltado por tratarse de militares; pero que los civiles le merecían toda clase de consideraciones; que de los primeros no tolerará amenazas ni interpelaciones; pero que a los segundos les reconoce sus derechos, toda vez que iban con el carácter de ciudadanos.

Para terminar tomaron la palabra los ciudadanos Joaquín Rojas Hidalgo y Jesús Villafaña, quienes encarecieron la unión y la adhesión al señor Madero. Este los abrazó.

Yo, como Presidente de la Delegación, rindo este informe de una manera sincera y verídica, dejando a la Asamblea el derecho de tomar el acuerdo que le corresponda; pero, para terminar, debo hacer constar que tan pronto como el ameritado general Cándido Navarro desembarcó del Ferrocarril en esta capital, fue aprehendido y conducido a la Penitenciaría.

Sufragio Efectivo. No Reelección.
México, a 5 de agosto de 1911.
Fortino B. Serrano Ortíz.

Aprehensión del íntegro revolucionario Cándido Navarro

Efectivamente, apenas llegados a México los miembros de la comisión y los jefes maderistas que habían ido a Tehuacán, fueron reducidos a prisión el general y profesor Cándido Navarro, honrado revolucionario guanajuatense, así como varios firmantes de la protesta por la separación de don Emilio Vázquez Gómez. A todos se les internó en la Penitenciaría por haber hecho uso de uno de los derechos de ciudadano, por cuya reconquista habían contribuído al triunfo de la Revolución.

El desacuerdo, pues, entre los revolucionarios y su Caudillo, se acentuaba cada día y el cisma se perfilaba ya con todas las probabilidades de una nueva lucha armada.


Zapata cifraba todas sus esperanzas en Madero

Al conocer don Gustavo A. Madero, con quien estaban en constante comunicación los hermanos Magaña, las enérgicas protestas del general Zapata por los procedimientos seguidos por el Presidente, procedimientos que estimaba contrarios a los intereses de la Revolución, y con los que, en ciertos casos, también el propio don Gustavo no estaba de acuerdo, escribió una carta al mencionado general, en la que lo felicitó de manera cordial y sincera por su actitud. A este comunicado el Jefe morelense contestó en la siguiente forma:

Villa de Ayala, Mor., agosto 8 de 1911.
Señor don Gustavo A. Madero.
México, D. F.

Por conducto del señor don Rodolfo Magaña he recibido su estimable grata de fecha 4 de los corrientes, y en atenta contestación me permito la honra de manifestarle que agradezco infinito la felicitación que me hace, y crea usted que siempre seré firme y leal partidario de nuestro Jefe de la Revolución, señor don Francisco I. Madero, puesto que es el único hombre en quien se han cifrado todas las esperanzas, todas las aspiraciones del pueblo mexicano.

Desde que se inició la revolución contra la dictadura, he sido y he procurado ser el más fiel de sus subordinados, porque he querido cooperar con él, hasta donde me fuera posible, en bien de la patria y en bien de mis conciudadanos o compatriotas. Varias veces se han hecho constar en la prensa falsedades que con toda energía he rectificado, pues como lo he dicho a usted antes, ni por un momento vacilaré en seguir la línea de conducta que me he trazado, siendo íntimo, leal y firme partidario de su estimable hermano. Reciba usted mis saludos, y deseándole prosperidad y bienestar, me es grato repetirme de usted afmo. amigo y atto. S. S.

General Emiliano Zapata.

Índice de Emiliano Zapata y el agrarismo en México del General Gildardo MagañaTOMO I - Capítulo XIII - Complot contra MaderoTOMO I - Capítulo XV - Zapata sostiene con firmeza las demandas revolucionariasBiblioteca Virtual Antorcha