Índice de Historia diplomática de la Revolución Mexicana (1910 - 1914), de Isidro FabelaPrimera parte Nuestra independencia amenazada Primera parte Impropia conducta del ministro inglésBiblioteca Virtual Antorcha

HISTORIA DIPLOMÁTICA
DE LA
REVOLUCIÓN MEXICANA
(1910 - 1914)

Isidro Fabela

PRIMERA PARTE

UN EMBAJADOR ANTIDIPLOMÁTICO



Antes de continuar el relato de los sucesos posteriores a la prisión del señor Madero, que fue el 18 de febrero de 1913, considero indicado hacer referencia a la conducta que observó con su gobierno el embajador de los Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson, al referirse a los acontecimientos de la Decena Trágica; y, en particular, a la personalidad del Presidente Madero y su gobierno.

Sobre ese período el distinguido jurista y literato, licenciado don Ramón Prida, escribió una importante obra histórica, titulada La culpa del embajador norteamericano Henry Lane Wilson en el desastre de México. La cual es el complemento de los dos tomos escritos por el ilustre revolucionario, periodista e historiador, licenciado don Luis Manuel Rojas: el primer tomo publicado el año de 1928, con el mismo título, y el segundo que sigue inédito.

El interesante libro de don Ramón Prida, también inédito, me fue gentilmente facilitado por los hijos del autor, don Pablo y don Antonio Prida, a quienes reitero públicamente mi reconocimiento por la confianza que en mí depositaron y por su gesto patriótico, ya que su mira, como me lo expreSaron personalmente, es la de que los trabajos de su señor padre sean, como él quería que fuesen, útiles para la formación de nuestra historia, al ser divulgados lo más posible.

En la obra de don Ramón he encontrado valiosos documentos que demuestran cuál fue la conducta antidiplomática, antijurídica, inhumana y perversa que observó dicho representante en los sucesos trágicos del mes de febrero de 1913 que culminaron con la prisión y asesinato del señor Presidente don Francisco I. Madero y de su leal compañero el señor licenciado don José María Pino Suárez, Vicepresidente de la República.

Para que se conozca la actitud parcial e injusta del embajador estadounidense hacia el señor Madero examinaremos el informe que Lane Wilson dirigió a su gobierno refiriéndose a las apreciaciones que la prensa de su país hacía respecto del Presidente mártir, informe que nos da a conocer el señor Prida. Transcribo algunos de sus párrafos.

Decía Wilson:

Estudiando la prensa de los Estados Unidos descubro que prevalece una opinión errónea respecto al carácter del gobierno del señor Madero. Es cierto que el señor Madero llegó al poder con un programa altruista y aparentemente con grandes ideales, pero su carácter y el de su administración se alejaron más, día a día, de esa meta; sobre todo en lo que se supone carácter bondadoso, degenerando rápidamente en un despotismo del peor carácter, acompañado por las pruebas más evidentes de corrupción, incompetencia, impotencia, ineficiencia y nepotismo.

En los últimos meses de su existencia, prácticamente fue un reinado de terror, sostenido por el espionaje, el despilfarro más escandaloso del dinero público, ilegales e inmotivadas confiscaciones y prisiones, la más rígida censura de la prensa y el engaño del público en el país y el extranjero por agentes pagados, nativos y extranjeros; el soborno del Congreso y del Ejército, el desconocimiento y falta de atención a los compromisos internacionales y prácticamente el gobierno de la nación por una familia que no estaba educada para el ejercicio del poder, a la que faltaba el debido patriotismo, la prudencia y la política, que eran imperativos esenciales dado el estado anormal y caótico del país.

Refiriéndose al señor Madero, dice:

Que era activo en las pequeñas cosas y evasivo, disimulado y negligente en las grandes; que llegó al poder como apóstol de la libertad, pero era simplemente un hombre de cerebro desordenado que tuvo la oportunidad de aparecer en el momento psicológico. Que las responsabilidades del puesto y las decepciones que recibió, motivadas por intrigas y rivalidades, habían hecho pedazos completamente su cerebro; que durante el bombardeo de la ciudad sus cualidades mentales, siempre anormales, se habían desarrollado en esa forma peligrosa de locura del que el mejor ejemplo en los antiguos tiempos había sido Nerón, en los modernos Castro. Que si no hubiera llegado al poder probablemente sus buenas cualidades habrían hecho de él un hombre de campo, benévolo, caballero, con ideales y sin mancha alguna en su vida. Pero que envuelto en el manto del poder sus diabólicas cualidades, que estaban dormidas en su sangre o en su raza, salieron a la superficie y dieron como resultado la ruina no sólo del individuo sino de millares de personas del pueblo mexicano.

Pintar así al señor Madero es más que una calumnia, es una infamia, es el engendro de un espíritu malévolo que no oculta su insania hacia ese bueno inmejorable que cayó al peso de su magnanimidad.

Quienes tuvimos el honor de conocer personalmente al mártir de nuestra libertad y todos aquellos que nos enteramos de los actos públicos de su corta vida política estamos de acuerdo que ese ser teratológico que fue Henry Lane Wilson, al juzgar de aquella manera a su víctima, cometió uno de los actos más vituperables que un hombre puede perpetrar en su vida. No, el señor Madero no sabía lo que era la maldad humana; era, al contrario, el símbolo de la bondad como desgraciadamente también fue el símbolo del candor político, defecto que pagó con su martirio.

La última vez que viera al Presidente Madero fue el día en que me llamó para darme sus instrucciones verbales, antes de marcharme a Chihuahua al lado del Gobernador Abraham González a ocupar el cargo de oficial mayor de su gobierno, puesto para el que me recomendara el propio Ejecutivo Federal. Aquel día, inolvidable en mis recuerdos, don Francisco me dejó la impresión de que tenía un alma diáfana como el cristal. Al través de sus ojos claros se adivinaban la pureza de su corazón benevolente y la nobleza de sus pensamientos.

¿Loco el señor Madero? Si la pasión desmedida por la libertad y el amor enfervorecido por la patria -sentimientos que dominaban su espíritU- pudieran considerarse, en aquellos momentos históricos de la dictadura porfirista, como actos de un loco porque se enfrentaba, a pesar de su pequeñez política, al coloso dictador Porfirio Díaz, entonces sí, don Francisco Madero tUvo la divina locura de los apóstoles de la libertad. Pero fuera de ese su quijotismo cuerdo, puro y valiente que, al fin y al cabo, tUmbó la tiranía porfirista, era el más normal y el más probo de los hombres. Decir que sus diabólicas cualidades estaban dormidas y salieron a la superficie, es descubrir que el verdadero espíritu infernal estaba en realidad en el pecho de aquel infame calumniador que merece los anatemas de la historia.

Comparar al santo laico que era el señor Madero con Nerón es el colmo de la irreverencia y la inverecundia.

Para comprender la parcialidad que guiaba a Lane Wilson al emitir sus juicios sobre los protagonistas de aquel drama nacional, veamos el parecer que da a su gobierno sobre el general Victoriano Huerta:

El general Huerta -dice- es sobre todo un soldado, un hombre de acero, de gran valor, que sabe lo que quiere y cómo alcanzar su objetivo; no creo que sea muy escrUpuloso en sus procedimientos. Es fervoroso creyente en la política del general Díaz y según creo es un convencido de la necesidad de cultivar las más amistosas relaciones con los Estados Unidos. Lo creo un patriota sincero y, hasta donde mis observaciones del momento me permiten formar una opinión, se separará gustoso de las responsabilidades de su puesto tan pronto como la paz y el restablecimiento de las condiciones financieras del país lo permitan.

Respecto al rebelde brigadier Félix Díaz, su opinión es la siguiente:

No creo que sea un hombre de carácter tan enérgico como el general Huerta, pero es un hombre de carácter muy compasivo, adverso al derramamiento de sangre y a cualquiera clase de crueldad. Se parece muchísimo a su tío el ex-Presidente Díaz, tanto en aspecto como en sus maneras y sin duda alguna, con el tiempo y el entrenamiento, desarrollará sus aptitudes de gobierno en alto grado y con verdadero éxito.

Llama la atención la circunstancia de que a pesar de que a Huerta lo describe con encomio, sin embargo al final de su juicio dice de él: No creo que sea muy escrupuloso. Y, sin embargo, el inmoral embajador ayudó al inescrupuloso, se puso de acuerdo con él para que realizara el golpe de Estado, y después también fue responsable, por negligente mala intención, del crimen proditorio cometido contra el señor Madero.

Por eso, don Ramón Prida enjuicia a Lane Wilson con estas certeras apreciaciones:

Esa pintura que hace el embajador, a su gobierno, de los tres personajes políticos que jugaron parte esencial en el episodio de nuestra historia conocido con el nombre de Decena Trágica, es, seguramente, el mejor retrato que de Henry Lane Wilson puede pintarse; al hacerla se muestra como es: mentiroso, falso, hipócrita, rencoroso, con apasionamientos de hombre inculto, con perversión absoluta. Se necesita una desvergüenza inaudita para calificar el régimen maderista de neronismo. ¡Madero un Nerón! Si de algo pecó el señor Madero fue por su benevolencia; pudo legalmente fusilar al brigadier Díaz, sentenciarlo por un tribunal legítimo y con arreglo a la ley vigente, y no lo hizo; toleró periódicos como El Mañana y el Multicolor que lo injuriaban diariamente a él y a sus ministros; y no puede conscientemente imputarse" a él ni a su gobierno un solo acto de crueldad, ni envió a ninguno de los redactores de esos periódicos a las trincheras para que observaran los hechos de cerca, ni los desterró, ni puso a nadie a dos metros bajo tierra.

Hay que tener en cuenta que ese informe, que lleva fecha 24 de febrero de 1913, está hecho a raíz de los asesinatos ejecutados en la Ciudadela en la madrugada del 19 de febrero de ese mismo año, que si no fueron hechos por orden directa del brigadier don Félix Díaz, cuando menos tuvieron su anuencia tácita ...

DOCUMENTOS DE LA SECRETARIA DE ESTADO
Múltiples mentiras del embajador Wilson a su gobierno

Avalora de un modo considerable el trabajo del licenciado Prida un documento auténtico del gobierno de los Estados Unidos del que dicho letrado mandó sacar copias fotostáticas de las piezas que le parecieron Utilizables para historiar los sucesos de aquellos días, y, primordialmente para el mejor conocimiento del papel que jugó en los sucesos de la Decena Trágica, especialmente en la caída y muerte del Presidente Madero, el embajador norteamericano. Tal documento es el expediente que el Departamento de Estado repartió entre los senadores y diputados que formaban el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de los Estados Unidos. Uno de esos ejemplares -dice el señor Prida- llegó a mis manos e hice tomar copia fotostática de todo él, que conservo en mi poder. Ese expediente tiene el carácter de confidencial y fue impreso y repartido el 14 de mayo de 1913.

De dicho acervo documental el licenciado Prida utilizó algunos telegramas de entre los cuales entresaco los que me han parecido más interesantes de los que el embajador'Wilson envió a Washington durante los días 9 al 18 de febrero de 1913, y algunos más pertinentes a mi objeto.

El día del levantamiento, 9 de febrero, Henty Lane Wilson dirigió a su gobierno varios mensajes; en uno de ellos dice:

La muchedumbre gritaba vivas a Díaz y mueras a Madero. Esa afirmación es mendaz, pues quienes estuvimos entonces en la capital de la República, sabemos que no hubo tales manifestaciones favorables al rebelde y contrarias al Presidente, sino todo lo contrario. El viaje que hiciera el señor Madero del Castillo de Chapultepec hasta el Palacio Nacional demostró las simpatías que el pueblo tenía por él, pues durante ese trayecto mucha gente lo siguió, haciéndole manifestaciones notorias de adhesión, lo que puede comprobarse al ver las fotografías de la época.

Otro telegrama de la misma fecha dice que no habiendo podido dar el gobierno las garantías que pidió para los extranjeros, las había pedido al general Félix Díaz, por conducto de un emisario, a quien previamente exigió credenciales en forma.

Este mensaje demuestra la ninguna consideración que merecían al embajador de los Estados Unidos las autoridades legalmente constituidas, únicas a las que debía pedir las garantías que creyera convenientes para seguridad de los extranjeros; y no al rebelde que no estaba en condiciones de darlas, y tampoco de recibirlas, pues no tenía la capacidad jurídica indispensable para que un diplomático consciente de sus deberes le pidiera nada. Siendo de extrañar que el Departamento de Estado al recibir tal mensaje no reprendiera muy seriamente por su conducta a aquel su representante que se dirigía a un rebelde dándole una beligerancia contraria a derecho.

Además en el informe que rindió al secretario de Estado con esa misma fecha expresa que: ese día dirigió una carta al Inspector de Policía y a todos los comisarios en las diversas demarcaciones encargándoles la clausura (requesting) de todas las cantinas y pulquerías.

Esa intromisión inaudita en los negocios internos de un Estado era una falta grave que el gobierno de Washington debía haber castigado con la destitución de su representante en México; y, sin embargo, no lo hizo. Tal atrevimiento sólo puede concebirse en un hombre que, o no estaba en completo uso de sus facultades mentales, por ser un ebrio consuetudinario, o que, si estaba en estado normal, acusaba una falta absoluta de sus deberes diplomáticos, y en todo caso, un desprecio total hacia las autoridades ante quienes estaba acreditado.

Al día siguiente de estallado el movimiento rebelde, en telegrama del día 10 dice a su gobierno:

Advertido de esta situación -la que ha expuesto en anteriores mensajes-, el Departamento debe tomar medidas para procurar que se envíen barcos de guerra de tonelaje suficiente para que hagan impresión y con marinos que puedan desembarcar en caso necesario. Medidas semejantes deben tomarse en la frontera.

A juzgar por el telegrama que en seguida insertamos, el Departamento de Estado contestó a su embajador el anterior mensaje en términos que no conocemos. Entonces Lane Wilson, refiriéndose a esa respuesta, replicó a las 4 de la tarde del mismo día:

Me refiero al del Departamento de 10 de febrero a las 11 a. m. Según parece mis miras han sido bastante claras aunque no suficientemente amplias ... Actualmente hay aquí sobre 5,000 americanos y quizá 25,000 extranjeros de diversas nacionalidades absolutamente sin ninguna protección c0ntra los zapatistas, que de hecho se están moviendo sobre la ciudad, ni contra la plebe, la que aunque hasta ahora no ha dado indicios de hacer algo, pero puede sin embargo en cualquier momento precipitar los conflictos. Nuestro gobierno tiene como principal deber el de proteger a nuestros connacionales y como deber secundario, nacido de nuestra proximidad y nuestra proclamada política en relación con los otros países, de dar protección a todos los extranjeros. No puedo indicar al gobierno de los Estados Unidos cómo debe hacer extensiva esa protección a los americanos y extranjeros que están en esta ciudad de México, por estar ésta en el interior del país, y demás dificultades; y además, también por lo incierto de la situación que puede en un momento dado cambiar radicalmente mejorando o empeorando.

Éste es un problema que pueden resolver mejor el Presidente y sus consejeros que esta embajada. Para mí, sin embargo, no hay duda de la inmediata necesidad, en anticipación a los trastornos y levantamientos, que por simpatía pueden surgir en los puertos mexicanos, de enviar a ellos formidables unidades de guerra, con suficiente número de soldados que puedan desembarcar, los que deben ser enviados a los puertos tanto del Atlántico como del Pacífico; también deben darse señales visibles de actividad y prevención en la frontera. Estamos formando aquí una guardia de extranjeros, y espero en breve poder anunciar que ha quedado efectivamente organizada. Actualmente sólo los americanos están haciendo servicio de patrullas en la parte de residencias de extranjeros. No hay ni soldados ni policías en servicio.

Por este mensaje se advierte claramente cuáles eran los deseos de Lane Wilson: los de alarmar a su gobierno haciéndole creer que la situación era de tal manera grave en la República Mexicana que era preciso dar garantías a sus nacionales y demás extranjeros residentes en este país, el de rodear nuestras costas con formidables unidades de guerra y suficientes marinos de desembarco que, en un momento cualquiera, pudieran llevar a cabo una invasión militar, provocando así una guerra del todo innecesaria y absolutamente injusta.

En aquellos momentos sólo en la ciudad de México había alarma, no obstante lo cual todos los extranjeros tUvieron completas garantías, y en cuanto al resto del país, es bien sabido que los rebeldes no fueron secundados por el pueblo, el que fue contrario, no sólo a los alzados de la Ciudadela, sino al traidor Huerta; a cuyo efecto se levantó en armas por todos los ámbitos del país para secundar el movimiento reivindicador de la honra y de las leyes de la República, poniéndose a las órdenes del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista don Venustiano Carranza, que levantó en Coahuila la bandera de la Revolución.

Persiguiendo la idea de que llegaran barcos de guerra a los puertos mexicanos -dice el señor Prida- Henry Lane Wilson telegrafió al cónsul de los Estados Unidos en Veracruz, señor Canada, a efecto que reuniera a los cónsules extranjeros en dicho puerto y les arrancara una solicitud dirigida a él para que a su vez dicho cónsul pidiera al gobierno norteamericano el envío de barcos de guerra. Para el mejor éxito de su intriga, solicitó del ministro de Cuba, señor Márquez Sterling, que éste telegrafiara al cónsul Sanjenís, que patrocinara la petición del embajador, naturalmente el ministro señor Márquez Sterling hizo todo lo contrario, y el cónsul de Cuba en Veracruz frustró los planes del embajador. Éste, días después, decía al señor Márquez Sterling, que el cónsul cubano en Veracruz era muy bruto, pues no había sabido secundar el proyecto del cónsul señor Canada.

Después de leer este mensaje a cualquiera se le ocurre, conociendo los hechos acaecidos y el comentario del señor Márquez Sterling, que el bruto no era el estimable cónsul de Cuba en Veracruz, señor Sanjenís, sino el embajador yanqui que estaba maquinando cosas contrarias a su misión, al tratar de sobornar a un probo funcionario extranjero que sí sabía cuáles eran sus obligaciones oficiales.

Al mediodía del 10 de febrero telegrafió lo que sigue:

La situación en estos momentos parece no haber cambiado materialmente desde el telegrama de esta Embajada el 9 de febrero a las 7 p. m. El Presidente y su gabinete han abandonado Palacio y esta Embajada ignora dónde se encuentra. El general Huerta, cuya lealtad es discutible, se ha hecho cargo de Palacio. Prácticamente, todas las autoridades locales en los Estados, la policía y las fuerzas rurales, se han pronunciado en favor de Díaz, que se está atrincherando fuertemente en la Ciudadela con 2,500 o 3000 hombres bajo su mando inmediato. Según parece Blarquet está cortado en Toluca con las tropas federales, o es desleal. También Ángeles que manda las fuerzas federales en Morelos está cortado. Dos trenes llegarán hoy de Querétaro con tropas que se suponen leales. Según se dice De La Barra y Huerta están en inteligencia con el objeto de llegar a un arreglo que evite nuevo derramamiento de sangre. No puede obtenerse protección alguna para los extranjeros residentes en ésta ni para las Legaciones. Estoy en unión de mis colegas, que calurosamente aprueban esta acción, organizando una fuerza extranjera que proteja la vida y las piedades de los extranjeros. Espero que quedará lista aptes del anochecer pues se teme una invasión de zapatistas provenientes del sur. La situación no sólo se presenta aquí con caracteres alarmantes sino amenazantes en los Estados, donde parece haber tenido eco, especialmente si triunfan los revoucionarios ...

Este mensaje está lleno de falsedades. El Presidente y su gabinete no abandonaron el Palacio Nacional sino al contrario, los ministros del señor Madero apenas se enteraron de la asonada militar se dirigieron a la residencia oficial del poder ejecutivo para acompañarlo. Este hecho me consta personalmente porque los días 9 y 10 dejé mi domicilio que se encontraba entonces en la calle de Bucareli, frente al Reloj, para presentarme al gobernador del Distrito, licenciado don Federico González Garza, a quien acompañé a Palacio quedando en la comandancia militar donde vi al general Huerta recién nombrado comandante militar de la plaza.

El licenciado González Garza, que bajó por mí a la comandancia poco después de hablar con el señor Presidente, me dijo que todos los miembros del gabinete acompañaban al señor Madero con el fin de ponerse a sus órdenes en aqueltos momentos críticos.

Decir que todas las autoridades locales en los Estados, la policía y las fuerzas rurales se habían pronunciado en favor de Díaz era una mentira absoluta, pues no hubo uno solo de los gobiernos locales que se pronunciara en favor de los rebeldes.

Lo que asevera acerca de que De la Barra y Huerta están en inteligencia con el objeto de llegar a un arreglo que evite nuevo derramamiento de sangre; eso, de haber sido cierto, demuestra que el embajador sabía de esa connivencia que después se verificó plenamente.

El 11 de febrero telegrafió lo siguiente al cónsul general de los Estados Unidos:

Señor:

Sírvase usted informar a los cónsules y agentes consulares que están bajo la jurisdicción de usted, si fuere posible por telégrafo y si no por correo, lo siguiente:

El domingo en la mañana hubo un levantamiento en esta ciudad. Los generales Reyes y Díaz fueron sacados de la prisión militar de Santiago e inmediatamente tomaron el mando del ejército que se había amotinado. El general Reyes fue muerto al atacar el Palacio Nacional, pero el general Díaz con sus fuerzas capturó el arsenal y ahora está al frente de una considerable parte de la ciudad, habiéndosele unido gran parte de las fuerzas militares que aquí estaban, la policía y una parte de los rurales. Soy de usted ...

Henry Lane Wilson.

También en este mensaje el embajador falta a la verdad al decir que a los rebeldes Díaz, Reyes y Mondragón se les unió una gran parte de las fuerzas militares, de la policía y de los rurales. Lo cierto es que fuera de las tropas que desde un principio se unieron a los citados rebeldes no se les agregaron después ningunas más, sino al contrario: se les segregaron los alumnos de la Escuela de Aspirantes que fueron reducidos al orden por el general Villar en el propio recinto del Palacio Nacional, del que se habían apoderado. Por lo demás, la policía y las fuerzas rurales permanecieron leales al gobierno desde el principio de la rebelión.

El día 12 (9 p. m.) envía a Washington esta información:

La lucha ha sido terrible, pero a intervalos ... Dos mil revolucionarios han llegado a la estación de San Lázáro para ayudar al general Díaz, pero no puedo asegurar que hayan logrado unírsele. A cada momento la situación se pone más y más peligrosa y el pánico es enorme ...

Llama la atención la mentira garrafal de este mensaje. La aseveración de que 2,000 revolucionarios han llegado hasta la estación de San Lázaro para ayudar al general Díaz era completamente falsa. El día 12 telegrafía:

Mis informes sobre las pérdidas habidas en los encuentros del lunes y martes están bajo la realidad. La Cruz Blanca ha informado a la embajada que tenía aproximadamente 1,200 heridos y la Cruz Roja no ha enviado informe alguno.

No se ha dado el número de muertos, pero indudablemente es muy grande. Ni la Cruz Blanca ni la Roja son respetadas por las fuerzas federales. El Presidente de esta última organización fue muerto. Algunos miembros de la Cruz Blanca fueron sorprendidos acarreando municiones, y fuerzas de Díaz los ejecutaron.

En ese mensaje -dice el licenciado Prida- hay varias falsedades y quizá una confusión. El presidente de la Cruz Roja era en esa época el licenciado don Rafael Pardo que aún vive. Ninguno de los miembros de la Cruz Roja, no obstante la labor ardua que tuvieron, sufrió daño. Uno de los médicos de la Cruz Blanca, el doctor Antonio Márquez, cometió la imprudencia de atender un herido en medio de la plaza en vez de hacerlo llevar al portal donde él y el herido habrían tenido abrigo, y pagó cara su imprudencia pues murió a consecuencia de un balazo que recibió al estar haciendo la curación.

Respecto a la afirmación de que la Cruz Blanca tenía en sus salas 1,200 heridos, hay que decir lo que don Ramón Prida se tomó el trabajo de averiguar con el muy honorable doctor don Rosendo Amor, que era entonces el presidente de la Cruz Blanca.

Dicho doctor Amor en carta que envió al señor Prida el 15 de mayo de 1929 le dice:

... Los datos de la Asociación que coinciden exactamente con mis recuerdos son los siguientes: heridos 527, muertos 27.

Como usted justamente lo piensa son muy exageradas las informaciones del embajador americano y muy encomiable su propósito de rectificarlas.

El día 13 a las 3 de la tarde, dice a su gobierno:

Desde temprano ha habido a intervalos fuerte cañoneo. A lo que parece el combate de hoy ha sido favorable para Díaz, pues ha desmontado dos o tres cañones federales y ahora está cañoneando el Palacio Nacional con cañones de grueso calibre desde la Ciudadela; también está cañoneando desde la Escuela de Tiro del gobierno y desde la Escuela de San Lázaro; ambos puntos parece que están bajo su control. Desde la azotea de la Embajada se puede ver que el Palacio Nacional y toda la plaza se encuentran envueltos en una nube de humo y polvo, lo que indica que el daño sufrido por el Palacio ha sido grande. 440 rurales acaban de llegar y se han situado frente a la Legación Alemana.

Los oficiales han dicho al ministro alemán que no saben de qué lado están, pero que su coronel había tenido una entrevista con Díaz. Por fin ha salido Blanquet de Toluca, marchando por las líneas nacionales hacia el Norte, a González, para regresar haciendo un rodeo al Sur. No creo que su llegada haga cambiar gran cosa la situación, pues tengo informes de que sus tropas son dudosas. No obstante estos informes favorables a Díaz hay que recordar que según los datos que tenemos las fuerzas del gobierno son muy superiores.

Durante el fuego de esta mañana el Club Americano fue completamente destruido, y cuatro americanos cuyos nombres se ignoran se dice fueron muertos en una iglesia protestante. No he podido confirmar esta última afirmación. Han llegado a la Embajada informes de que hay un tren listo para llevar al Presidente. Esta información proviene de un despachador de trenes.

Todo este telegrama -comenta el señor Prida- es un tejido de embustes; el Palacio Nacional no se vio un solo momento envuelto en humo, durante la Decena, ni podía verse, porque los disparos de la Ciudadela no podían hacer llegar el humo hasta allá. No pudo por lo tanto ver el embajador desde la azotea de la Embajada un humo que no existió, ni menos confundirlo con una polvareda que tampoco pudo existir. Aún más, es suficiente consultar el plano de la ciudad para quedar convencido de esa imposibilidad dada la situación de la Embajada. Ni la Escuela de Tiro ni la Estación de San Lázaro estuvieron un solo momento en manos de los felicistas. En esos puntos como en todo el norte y este de la ciudad dominó el gobierno hasta qud cayó.

Los cuerpos rurales ni un solo momento vacilaron en su actitud, y ello se explica, esos cuerpos estaban formados por antiguos revolucionarios, voluntarios que habían combatido al lado del señor Madero, bajo las órdenes de jefes netamente maderistas. Tan es así que como veremos más adelante, cuando Victoriano Huerta preparaba, de acuerdo con Henry Lane Wilson, la traición que debía llevarlo al poder por medio del crimen, su primer cuidado fue alejar a loS rurales que estaban en los alrededores del Palacio Nacional, y así expresamente lo dice el embajador a su gobierno en telegrama del 17 de febrero.

El día 13 (3 p. m.) sigue telegrafiando Lane Wilson:

Informes no oficiales que llegan de Oaxaca, Manzanillo, Guadalajara, Veracruz, Puebla y otras varias ciudades dicen que se han declarado en favor de Díaz.

Estas informaciones son completamente faltas de 'veracidad, pues ninguno de los Estados mencionados se levantó en favor de Félix Díaz. El día 14 (11 a. m.) dice:

¿Quisiera el Departamento darme instrucciones inmediatas sobre las medidas que puedo tomar o que me permita tomar para disponer de los barcos y marinos que deben llegar mañana a puertos mexicanos?

Con relación a la situación que prevalece en México y Veracruz recomiendo se me faculte dentro de las disposiciones legales, y cUando el Departamento lo juzgue debido, con facultad de proceder inmediatamente según las circunstancias y sin necedidad de nuevas instrucciones. La situación a cada momento se pone más peligrosa y las condiciones aquí son casi caóticas. La escasez de víveres y la amenaza del hambre son en realidad fait accompli y el Departamento debe considerar al contestanne este telegrama todas las contingencias que pueden sobrevenir.

El 14 (2 p. m.) sigue mintiendo el embajador al decir:

Se han recibido telegramas que dicen que Puebla y Tlaxcotlalpan han sido tomados por los revolucionarios y han reconocido a DÍaz.

Lo que era del todo inexacto.
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