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VII

MARTES 4 DE DICIEMBRE.

Hízose a la vela con poco viento, y salió de aquel puerto que nombró Puerto Santo: a las 2 leguas vido un buen río de que ayer habló: fue de luengo de costa y corríase toda la tierra, pasado el dicho cabo, Lesueste y Ouesnoroeste hasta el Cabo Lindo, que está al cabo del Monte al Leste cuarta del Sueste, y hay de uno a otro 5 leguas. Del cabo del Monte, a legua y media hay un gran río algo angosto, pareció que tenía buena entrada y era muy hondo, y de allí a tres cuartos de legua vido otro grandísimo río, y debe venir de muy lejos; en la boca tenía bien 100 pasos y en ella ningún banco, y en la boca ocho brazas y buena entrada, porque lo envió a ver y sondar con la barca, y tiene el agua dulce hasta dentro en la mar, y es de los caudalosos que había hallado, y debe haber grandes poblaciones. Después del Cabo Lindo hay una grande bahía que sería buen paso por Lesnordeste y Sueste. y Sursudueste.


MIÉRCOLES 5 DE DICIEMBRE.

Toda esta noche anduvo a la carda sobre el Cabo Lindo, adonde anocheció, por ver la tierra que iba al Leste, y al salir del sol vido otro cabo al Leste a 2 leguas y media: pasado aquel vido que la costa volvía al Sur y tomaba del Sudueste, y vido luego un cabo muy hermoso y alto a la dicha derrota, y distaba desotro 7 leguas: quisiera ir allá, pero por el deseo que tenía de ir a la isla de Babeque, que le quedaba según decían los indios que llevaba al Nordeste, lo dejó. Tampoco pudo ir al Babeque porque el viento que llevaba era Nordeste. Yendo así miró al Sueste y vido tierra y era una isla muy grande, de la cual ya tenía dizque información de los indios, a que llamaban ellos Bohio, poblada de gente. De esta gente dizque los de Cuba o Juana, y de todas esotras islas tienen gran miedo porque dizque comían los hombres. Otras cosas le contaban los dichos indios, por señas, muy maravillosas: mas el Almirante no dizque las creía, sino que debían tener más astucia y mejor ingenio los de aquella isla Bohio para los captivar aquellos, porque eran muy flacos de corazón. Así que porquel tiempo era Nordeste y tomaba del Norte, determinó de dejar a Cuba o Juana, que hasta entonces había tenido por tierra firme por su grandeza, porque bien habría andado en un paraje ciento y veinte leguas, y partió al Sueste cuarta del Leste, puesto que la tierra quel había visto se hacía al Sueste, daba este resguardo, porque siempre el viento rodea del Norte para el Nordeste, y de allí al Leste y Sueste. Cargó mucho el viento y llevaba todas sus velas, la mar llana y la corriente que le ayudaba, por manera que hasta la una después de medio día desde la mañana hacía de camino 8 millas por hora, y eran seis horas aún no cumplidas, porque dicen que allí eran las noches cerca de quince horas: después anduvo 10 millas por hora; y así andaría hasta el poner del sol 88 millas, que son 22 leguas, todo al Sueste. Y porque se hacía noche mandó a la carabela Niña que se adelantase para ver con día el puerto, porque era velera, y llegando a la boca del puerto, que era como la bahía de Cádiz, y porque era ya de noche envió a su barca que sondase el puerto, la cual llevó lumbre de candela, y antes quel Almirante llegase adonde la carabela estaba barloventeando y esperando que la barca le hiciese señas para entrar en el puerto, apagósele la lumbre a la barca: La carabela como no vida lumbre corrió de largo e hizo lumbre al Almirante, y llegado a ella contaron lo que había acaecido. Estando en esto los de la barca hicieron otra lumbre: la carabela fue a ella, y el Almirante no pudo y estuvo toda aquella noche barloventeando.


JUEVES 6 DE DICIEMBRE.

Cuando amanecia se halló 4 leguas del puerto; púsole nombre Puerto María, y vido un cabo hermoso al Sur, cuarta del Sudueste, al cual puso nombre Cabo del Estrella, y parecióle que era la postrera tierra de aquella isla hacia el Sur, y estaría el Almirante dél 28 millas. Parecióle otra tierra como isla no grande al Leste, y estaría dél 40 millas. Quedábale otro cabo muy hermoso y bien hecho, a quien puso nombre Cabo del Elefante al Leste, cuarta del Sueste, y distábale ya 54 millas. Quedábale otro cabo al Lesueste, al que puso nombre el Cabo de Cinquin, estaría dél 28 millas. Quedábale una gran escisura o abertura o abra a la mar, que le pareció ser río, al Sueste y tomaba de la cuarta del Leste, habría dél a la abra 20 millas. Parecíale que entre el Cabo del Elefante del de Cinquin había una grandísima entrada, y algunos de los marineros decían que era apartamiento de isla; aquélla puso por nombre la Isla de la Tortuga. Aquella isla grande parecía altísima tierra, no cerrada con montes sino rasa como hermosas campiñas, y parece toda labrada o grande parte della, y parecían las sementeras como trigo en el mes de mayo en la campiña de Córdoba. Viéronse muchos fuegos aquella noche, y de día muchos humos como atalayas, que parecía estar sobre aviso de alguna gente con quien tuviesen guerra. Toda la costa desta tierra va al Leste. A horas de vísperas entró en el puerto dicho, y púsole nombre Puerto de San Nicolás, porque era día de San Nicolás por honra suya, y a la entrada dél se maravilló de su hermosura y bondad. Y aunque tiene mucho alabados los puertos de Cuba, pero sin duda dice él que no es menos éste, antes los sobrepuja, y ninguno le es semejante. En boca y entrada tiene legua y media de ancho y se pone la proa al Sursueste, puesto que por la grande anchura se puede poner la proa adonde quisieren. Vade esta manera al Sursueste 2 leguas; y a la entrada dél por la parte del Sur se hace como una angla, y de allí se sigue así igual hasta el cabo, adonde está una playa muy hermosa y uu campo de árboles de mil maneras y todos cargados de frutas, que creía el Almirante ser de especería y nueces moscadas, sino que no estaban maduras y no se conoscía, y un río en medio de la playa. El hondo de este puerto es maravilloso que hasta llegar a la tierra en longura de una (En blanco en el original) no llegó la sondaresa o plomada al fondo con 40 brazas, y hay hasta esta longura el hondo de 15 brazas y muy limpio, y así es todo el dicho puerto de cada cabo hondo dentro a una pasada de tierra de 15 brazas y limpio, y desta manera es toda la costa muy hondable y limpia que no parece una sola baja, y al pie della tanto como longura de un remo de barca de tierra tiene cinco brazas, y después de la longura del dicho puerto yendo al Sursueste, en la cual longura pueden barloventear mil carracas, boja un brazo del puerto al Nordeste por la tierra dentro una grande media legua, y siempre en una misma anchura como que lo hicieran por un cordel, el cual queda de manera questando en aquel brazo, que será de anchura de 25 pasos, no se puede ver la boca de la entrada grande, de manera que queda puerto cerrado, y el fondo de este brazo es así, en el comienzo hasta la fin de 11 brazas y todo basa o arena limpia, y hasta tierra y poner los bordas en las yerbas tiene ocho brazas. Es todo el puerto muy airoso y desabahado, de árboles raso. Toda esta isla le pareció de más peñas que ninguna otra que haya hallado: los árboles más pequeños, y muchos dellos de la naturaleza de España, como carrascos y madroños y otros, y lo mismo de las yerbas. Es tierra muy alta, y toda campiña o rasa, y de muy buenos aires, y no se ha visto tanto frío como allí, aunque no es de contar por frío, mas díjolo al respecto de las otras tierras. Hacia enfrente de aquel puerto una hermosa vega, y en medio della el río susodicho: y en aquella comarca (dice) debe haber grandes poblaciones según se vían las almadías con que navegan tantas y tan grandes dellas como una fusta de 15 bancos. Todos los indios huyeron, y huían como vían los navíos. Los que consigo de las isletas traía tenían tanta gana de ir a su tierra, que pensaba (dice el Almirante) que después que se partiese de allí los tenía de llevar a sus casas, y que ya lo tenían por sospechoso porque no lleva el camino de su casa, por lo cual dice que ni les creía lo que le decían, ni los entendía bien ni ellos a él, y dizque habían el mayor miedo del mundo de la gente de aquella isla. Así que por querer haber lengua con la gente de aquella isla le fuera necesario detenerse algunos días en aquel puerto, pero no lo hacía por ver mucha tierra, y por dudar quel tiempo le duraría. Esperaba en nuestro Señor que los indios que traía sabrían su lengua y él la suya, y después tornaría y hablará con aquella gente, y placerá a Su Magestad (dice él) que hallará algún buen resgate de oro antes que vuelva.


VIERNES 7 DE DICIEMBRE.

Al rendir del cuarto del alba dio las velas y salió de aquel Puerto de San Nicolás, y navegó con el viento Sudueste al Nordeste 2 leguas hasta un cabo que hace el Carenero, y quedábale al Sueste un angla y el Cabo de la Estrella al Sudueste, y distaba del Almirante 24 millas. De allí navegó al Leste luengo de costa hasta el Cabo Cinquin, que sería 48 millas; verdad es que las 20 fueron al Leste cuarta del Nordeste, y aquella costa es tierra toda muy alta y muy grande fondo: hasta dar en tierra es de 20 y 30 brazas, y fuera tanto como un tiro de lombarda no se halla fondo; lo cual todo lo probó el Almirante aquel día por la costa mucho a su placer con el viento Sudueste. El angla que arriba dijo llega, dizque al Puerto de San Nicolás tanto como tiro de una lombarda, que si aquel espacio se atajase e cortase quedaría hecha isla, lo demás. bajaría en el cerco 3 ó 4 millas. Toda aquella tierra era muy alta y no de árboles grandes sino como carrascos y madroños, propia, diz, tierra de Castilla. Antes que llegase al dicho Cabo Cinquin con dos leguas, halló un agrezuela como la abertura de una montaña, por la cual descubrió un valle grandísimo, y vídolo todo sembrado como cebadas, y sintió que debía de haber en aquel valle grandes poblaciones, y a las espaldas dél había grandes montañas y muy altas, y cuando llegó al Cabo de Cinquin, lo demoraba el Cabo de la Tortuga al Nordeste, y habría 32 millas, y sobre este Cabo Cinquin, a tiro de una lombarda, está una peña en la mar que sale en alto, que se puede ver bien; y estando el Almirante sobre el dicho cabo le demoraba el Cabo del Elefante al Leste, cuarta del Sueste, y habría hasta él 70 millas, y toda tierra muy alta. Y a cabo de 6 leguas halló una grande angla, y vido por la tierra dentro muy grandes valles y campiñas y montañas altísimas, todo a semejanza de Castilla. Y dende a 8 millas halló un río muy hondo sino que era angosto, aunque bien pudiera entrar en él una carraca, y la boca todavía sin banco ni bajas. Y dende a 16 millas halló un puerto muy ancho y muy hondo hasta no hallar fondo en la entrada ni a las bordas a tres pasos, salvo 15 brazas, y va dentro un cuarto de legua. Y puesto que fuese aún muy temprano, como la una después de medio día, y el viento era a popa y recio, pero porque el cielo mostraba querer llover mucho y había gran cerrazón, que es peligrosa aun para la tierra que se sabe, cuanto más en la que no se sabe, acordó de entrar en el puerto, al cual llamó Puerto de la Concepción, y salió a tierra en un río no muy grande questá al cabo del puerto, que viene por unas vegas y campiñas que era maravilla ver su hermosura: llevó redes para pescar, y antes que llegase a tierra saltó una lisa como las de España propia en la barca, que hasta entonces no había visto pece que pareciese a los de Castilla. Los marineros pescaron y mataron otras, y lenguados y otros peces como los de Castilla. Anduvo un poco por aquella tierra ques toda labrada, y oyó cantar el ruiseñor y otros pajaritos como los de Castilla. Vieron cinco hombres, mas no les quisieron aguardar sino huir. Halló arrayan y otros árboles y yerbas como los de Castilla, y así es la tierra y las montañas.


SABADO 8 DE DICIEMBRE.

Allí en aquel puerto les llovió mucho con viento Norte muy recio: el puerto es seguro de todos los vientos excepto Norte, puesto que no le puede hacer daño alguno, porque la resaca es grande, que no da lugar a que la nao labore sobre las amarras ni el agua del río. Después de media noche se tornó el viento al Nordeste y después al Leste, de los cuales vientos es aquel puerto bien abrigado por la isla de la Tortuga, questá frontera 36 millas.


DOMINGO 9 DE DICIEMBRE.

Este día llovió e hizo tiempo de invierno como en Castilla por Octubre. No había visto población sino una casa muy hermosa en el Puerto de San Nicolás, y mejor hecha que en otras partes de las que había visto. La isla es muy grande, y dice el Almirante no será mucho que boje 200 leguas: ha visto ques toda muy labrada; creía que debían ser las poblaciones lejos de la mar de donde ven cuando llegaba, y así huían todos y llevaban consigo todo lo que tenían, y hacían ahumadas como gente de guerra. Este puerto tiene en la boca 1.000 pasos, ques un cuarto de legua: en ella ni hay banco ni baja, antes no se halla cuasi fondo hasta en tierra a la orilla de la mar, y hacia dentro en luengo va 3.000 pasos todo limpio y basa, que cualquiera nao puede surgir en él sin miedo y entrar sin resguardo: al cabo dél tiene dos bocas de ríos que traen poca agua: enfrente dél hay unas vegas las más hermosas del mundo y cuasi semejables a las tierras de Castilla, antes éstas tienen ventaja, por lo cual puso nombre a la dicha isla la Isla Española.


LUNES 10 DE DICIEMBRE.

Ventó mucho el Nordeste, y hízole garrar las anclas medio cable, de que se maravilló el Almirante, y echólo a que las anclas estaban mucho a tierra y venía sobre ella el viento. Y visto que era contrario para ir donde pretendía, envió seis hombres bien aderezados de armas a tierra que fuesen 2 ó 3 leguas dentro en la tierra para ver si pudieran haber lengua. Fueron y volvieron no habiendo hallado gente ni casas: hallaron empero unas cabañas y caminos muy anchos y lugares donde habían hecho lumbre muchos; vieron las mejores tierras del mundo, y hallaron árboles de almáciga muchos, y trujeron della y dijeron que había mucha, salvo que no es agora el tiempo para cogella porque no cuaja.


MARTES 11 DE DICIEMBRE.

No partió por el viento que todavía era Leste y Nordeste. Frontero de aquel puerto, como está dicho, está la Isla de la Tortuga, y parece grande isla, y va la costa de ella cuasi como la Española, y puede haber de la una a la otra, a lo más, 10 leguas; conviene a saber, desde el Cabo de Cinquin, a la cabeza de la Tortuga, después la costa della se corre al Sur. Dice que quería ver aquel entre medio destas dos islas por ver la Isla Española, ques la más hermosa cosa del mundo, y porque según le decían los indios que traía por allí se había de ir a la Isla de Babeque, los cuales le decían que era isla muy grande y de muy grandes montañas y ríos y valles, y decían que la Isla de Bohio era mayor que la Juana a que llaman Cuba, y que no está cercada de agua, y parece dar a entender ser tierra firme, ques aquí detrás desta Española, a que ellos llaman Caritaba, y que es cosa infinita, y cuasi traen razón que ellos sean trabajados de gente astuta, porque todas estas islas viven con gran miedo de los de Caniba, y así torno a decir como otras veces dije, dice él, que Caniba no es otra cosa sino la gente del Gran Can, que debe ser aquí muy vecino, y terná navíos y vernán a captivarlos, y como no vuelven creen que se los han comido. Cada día entendemos más a estos indios y ellos a nosotros, puesto que muchas veces hayan entendido uno por otro (dice el Almirante). Envió gente a tierra, hallaron mucha almáciga sin cuajarse, dice que las aguas lo deben hacer, y que en Xio la cogen por marzo, y que en enero la cogerían en aquestas tierras por ser tan templadas. Pescaron muchos pescados como los de Castilla, albures, salmones, pijotas, gallos, pámpanos, lisas, corbinas, camarones y vieron sardinas: hallaron mucho lináloe.


MIÉRCOLES 12 DE DICIEMBRE.

No partió aqueste día por la misma causa del viento contrario dicha. Puso una gran cruz a la entrada del puerto, de la parte del Oueste, en un alto muy vistoso, en señal (dice él) que Vuestras Altezas tienen la tierra por suya, y principalmente por señal de Jesucristo nuestro Señor, y honra de la cristiandad; la cual puesta, tres marineros metieron por el monte a ver los árboles y yerbas, y oyeron un gran golpe de gente, todos desnudos como los de atrás, a los cuales llamaron e fueron tras ellos, pero dieron los indios a huir. Y finalmente, tomaron una mujer que no pudieron más porque yo (él dice) les había mandado que tomasen algunos para honrallos y hacelles perder el miedo, y si hobiese alguna cosa de provecho, como no parece poder ser otra cosa, según la fermosura de la tierra, y así trujeron la mujer muy moza y hermosa a la nao, y habló con aquellos indios, porque todos tenían una lengua. Hízola el Almirante vestir, y diole cuentas de vidrio y cascabeles y sortijas de latón, y tornó la enviar a tierra muy honradamente, según su costumbre: envió algunas personas de la nao con ella, y tres de los indios que llevaba consigo, porque hablasen con aquella gente. Los marineros que iban en la barca, cuando la llevaban a tierra, dijeron al Almirante que ya no quisiera salir de la nao si no quedarse con las otras mujeres indias que había hecho tomar en el Puerto de Mares de la Isla Juana de Cuba. Todos estos indios que venían con aquella india dizque venían en una canoa, ques su carabela, en que navegan de alguna parte, y cuando asomaron a la entrada del puerto y vieron los navíos volviéronse atrás y dejaron la canoa por allí en algún lugar, y fuéronse camino de su población. Ella mostraba el paraje de la población. Traía esta mujer un pedacito de oro en la nariz, que era señal que había en aquella isla oro.


JUEVES 13 DE DICIEMBRE.

Volvieron los tres hombres que había enviado el Almirante con la mujer a tres horas de la noche, y no fueron con ella hasta la población porque les pareció lejos, o porque tuvieron miedo. Dijeron que otro día vernían mucha gente a los navíos, porque ya debían destar asegurados por las nuevas que daría la mujer. El Almirante, con deseo de saber si había alguna cosa de provecho en aquella tierra, y por haber alguna lengua con aquella gente por ser la tierra tan hermosa y fértil, y tomasen gana de servir a los Reyes, determinó de tornar a enviar a la población, confiando en las nuevas que la india habría dado de los cristianos ser buena gente, para lo cual escogió nueve hombres bien aderezados de armas y aptos para semejante negocio, con los cuales fue un indio de los que traía. Éstos fueron a la población, questaba 4 leguas y media al Sueste, la cual hallaron en un grandísimo valle y vacía, porque como sintieron ir los cristianos todos huyeron dejando cuanto tenían la tierra dentro. La población era de 1.000 casas y de más de 3.000 hombres. El indio que llevaban los cristianos corrió tras ellos dando voces, diciendo que no hobiesen miedo, que los cristianos no eran de Cariba, mas antes eran del cielo, y que daban muchas cosas hermosas a todos los que hallaban. Tanto les imprimió lo que decía que se aseguraron y vinieron juntos dellos más de 2.000, y todos venían a los cristianos y les ponían las manos sobre la cabeza, que era sañal de gran reverencia y amistad, los cuales estaban todos temblando hasta que muchos los aseguraron. Dijeron los cristianos que después que ya estaban sin temor iban todos a sus casas, y cada uno les traía de lo que tenía de comer, que es pan de niames, que son unas raíces como rábanos grandes que nacen, que siembran y nacen y plantan en todas sus tierras, y es su vida; y hacen dellas pan y cuecen y asan y tienen sabor propio de castañas, y no hay quien no crea comiéndolas que no sean castañas. Dábanles pan y pescado, y de lo que tenían. Y porque los indios que traía en el navío tenían entendido quel Almirante deseaba tener algún papagayo, parece que aquel indio que iba con los cristianos díjoles algo desto, y así les trujerop papagayos y los daban cuanto les pedían sin querer nada por ello. Rogábanles que no se viniesen aquella noche y que les darían otras muchas cosas que tenían en la sierra. Al tiempo que toda aquella gente estaba junta con los cristianos vieron venir una gran batalla o multitud de gente con el marido de la mujer que había el Almirante honrado y enviado, la cual traían caballera sobre sus hombros, y venían a dar gracias a los cristianos por la honra quel Almirante le había hecho, y dádivas que le había dado. Dijeron los cristianos al Almirante que era toda gente más hermosa y de mejor condición que ninguna otra de las que habían hasta allí hallado; pero dice el Almirante que no sabe cómo puedan ser de mejor condición que las otras, dando a entender que todas las que habían en las otras islas hallado eran de muy buena condición. Cuanto a la hermosura decían los cristianos que no había comparación así en los hombres como en las mujeres, y que son blancos más que los otros, y que entre los otros vieron dos mujeres mozas tan blancas como podían ser en España. Dijeron también de la hermosura de las tierras que vieron que ninguna comparación tienen las de Castilla las mejores en hermosura y en bondad, y el Almirante así lo vía por las que ha visto y por las que tenía presentes, y decíanle que las que vía ninguna comparación tenían con aquellas de aquel valle, ni la campiña de Córdoba llegaba aquella con tanta diferencia como tiene el día de la noche. Decian que todas aquellas tierras estaban labradas, y que por medio de aquel valle pasaba un río muy ancho y grande que podía regar todas las tierras. Estaban todos los árboles verdes y llenos de fruta, y las yerbas todas floridas y muy altas; los caminos muy anchos y buenos; los aires eran como en abril en Castilla, cantaba el ruiseñor y otros pajaritos como en el dicho mes en España, que dicen que era la mayor dulzura del mundo. Las noches cantaban algunos pajaritos suavemente: los grillos y ranas se oían muchas; los pescados como en España. Vieron muchos almácigos y lináloe, y algodonales: oro no hallaron, y no es maravilla en tan poco tiempo no se halle. Tomó aquí el Almirante experiencia de qué horas era el día y la noche, y de sol a sol; halló que pasaron 20 ampolletas que son de a media hora, aunque dice que allí puede haber defecto, porque o no la vuelven tan presto o deja de pasar algo. Dice también que halló por el cuadrante questaba de la línea equinocial 34 grados.


VIERNES 14 DE DICIEMBRE.

Salió de aquel Puerto de la Concepción con terral, y luego desde a poco calmó, y así lo experimentó cada día de los que por allí estuvo. Después vino viento Levante; navegó con él al Nornordeste, llegó a la Isla de la Tortuga, vida una punta della que llamó la Punta Pierna, que estaba al Lesnordeste de la cabeza de la isla, y habría 12 millas, y de allí descubrió otra punta que llamó la Punta Lanzada, en la misma derrota del Nordeste, que habría 16 millas. Y así desde la cabeza de la Tortuga hasta la Punta Aguda, habría 44 millas, que son 11 leguas al Lesnordeste. En aquel camino había algunos pedazos de playa grandes. Esta isla de la Tortuga es tierra muy alta, pero no montañosa, y es muy hermosa y muy poblada de gente como la de la Isla Española, y la tierra así toda labrada, que parecía ver la campiña de Córdoba. Visto quel viento le era contrario, y no podía ir a la isla Baneque, acordó tornarse al Puerto de la Concepción, de donde había salido, y no pudo cobrar un río questá de la parte del Leste del dicho puerto dos leguas.

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