LOS EXABRUPTOS DEL PATO DONALD


Ya estuvo suave - sentencia, molesto, el pato Donald- que esta bola de indios frijoleros -dice, refiriéndose a nosotros, los mexicanos- nos estén viendo la cara de tarugos.

Hay que poner un alto a tanta insolencia, añade con enojo el gran jefe de patolandia. Y ... pa´pronto es tarde ... y a firmar órdenes y contraórdenes se ha dicho ...

Ante el hiperactivismo de Donald, las autoridades mexicanas están pasmadas y simplemente ya no saben ni a qué santo encomendarse.

Las majaderías del pato son de tal calado que quizá tan sólo encontrarian respuesta en actitudes similares. Pero mientras son peras o manzanas, el pato Donald, autoconsiderándose un nuevo Justiniano, se ha fijado como meta el recuperar el supuesto poderío de patolandia.

Es claro que intenta demostrar al mundo que patolandia sigue siendo la gran patolandia, y para ello debe de vapulear a algunos babosos incapaces de defenderse, y por desgracia ese triste papel parece ser que nos lo tiene reservado a nosotros, los indios frijoleros mexicanos, a quienes parece no puede ver ni en pintura. Sus provocaciones son de una agresividad increible para el campo de las relaciones internacionales. ¿Qué hacer ante semejante realidad?

Lo primero que debemos de intentar clarificar es cuáles son los elementos del problema en el que está enredado el pato. Básicamente existen dos vertientes: una relacionada con la multitudinaria entrada de trabajadores ilegales a territorio de patolandia; y, otra, anclada en series diferencias referentes a asuntos comerciales estacionados en el famoso TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), el cual, a decir de Donald resulta negativo y perjudicial a la economía de patolandia.

El primer asunto no es para nada nuevo, sino que ya lleva bastante tiempo generándose y no ha encontrado solución porque la relación bilateral entre patolandia y México ha sido incapaz de tender caminos y puentes de solución, buscándose soluciones mágicas o absurdas. El segundo punto, que parece ser que es el que realmente interesa a las clases dirigentes mexicanas, podría abordarse de manera clara si se abandonara el discurso del sensacionalismo y del tremendismo. Nada de extraño tiene que un tratado como el TLCAN genere roces y desaveniencias, e incluso, nada de extraño tiene que alguna de las partes llegue a considerar que esté perdiendo en esa relación.

Suponiendo, sin conceder, que el pato tuviese razón, lo lógico es el establecer conversaciones entre las partes afectadas para ver si es posible llegar o no a una solución. Ahora bien, si alguna de las partes decide abandonar el Tratado o buscar convertirlo en otra cosa, pues eso deberá aflorar de las conversaciones que se establezcan. No hay razón alguna para despertar ese tremendismo que pinta futuros pavorosos que ni a patolandia ni a México sirven de algo. Existe, ciertamente, un enorme nerviosismo puesto que pareciera que sin el susodicho Tratado México desaparecería de la faz de la Tierra, y ello es una apreciación errónea. Así que en vez de andarnos calentando la cabeza con dimes y diretes, nos conviene mejor atemperarnos y recuperar la confianza en nosotros mismos para no ver un futuro tan desastroso.

No podemos olvidar que ese susodicho Tratado fue en parte causante de un levantamiento armado que costó no poca sangre mexicana y que fracturó la estabilidad política de México. Amén de que ha sido causa de un enorme debilitamiento político interno. Y no porque a ciertos sectores de las clases dirigentes mexicanas les haya ido de maravilla con el susodicho Tratado, quiera ello decir que los pobladores en México estemos en algodones gozándola a lo lindo. ¡No! La realidad es otra, y para muestra tan sólo un botón: los niveles salariales, y por tanto de bienestar en México, son raquíticos. No tenemos, pues, porque seguir el juego de esos sectores de las clases dirigentes a quienes quizá sí les haya caido muy bien el Trataducho, mas no ha sido así con la mayoría de la población, por lo que quizá su revisión también nos convendría a más de uno.

Por supuesto que junto con esta, llamémosla crisis bilateral, está una realidad nacional sumamente dañada, con instituciones severamente debilitadas que es lo que realmente genera un marco de enorme incertidumbre. Para muestra, de nuevo, un botón: ahorita que se está debatiendo el problema del qué hacer ante las majaderías del pato, aún no se suaviza el enojo social que generó el desacierto administrativo de adelantar un año la liberalización de las gasolinas que trajo como consecuencia el aumento desmedido del enérgetico. Y aún no se disuelve ese enojo social cuando ya se esta incubando un nuevo problema con lo relativo a la reforma en telecomunicaciones que implica una severa fiscalización de las opiniones vertidas por los comunicadores, lo cual está siendo considerado como un inaceptable veto a la libertad de expresión.

Así, ante el enorme vacio de poder que hoy por hoy existe en nuestro México lindo, no resulta extraño que el pato majadero se aproveche de las circunstancias y nos traiga fintos con sus agresiones y tonterias. A tal grado esta presente ese vacío que hasta el Rico Mc Pato mexicano ha buscado paliar ese problema.

El asunto es muy serio, ciertamente que sí, pero no lo vamos a resolver si no atendemos a sus causas reales, y, acéptese o no, esas causas son internas. Busquemos, pues, afrontarlas sin miedo, sin temor, sino con la seguridad de que es necesario el hacerlo porque a todos nos conviene.

Febrero de 2017
Omar Cortés