Indice de Los seis libros de la República de Jean BodinLIBRO SEXTO - Capítulo primeroLIBRO SEXTO - Capítulo tercero.Biblioteca Virtual Antorcha

Los seis libros de la República
Jean Bodin

LIBRO SEXTO
CAPÍTULO SEGUNDO
De la hacienda pública.


Si, como decía un antiguo orador, es cierto que los nervios de la República están representados por su hacienda, es imprescindible un conocimiento exacto del asunto. El problema consta de tres aspectos, que trataremos en este orden: primero, los medios honestos para procurar fondos a la hacienda; segundo, su empleo en provecho y honra de la República, y, tercero, el ahorro de una parte, como reserva para caso de necesidad.

Existen numerosos grandes doctores en materia impositiva que saben mucho de los medios para procurar fondos a la hacienda, pero son ajenos a la verdadera ciencia del honor y de la prudencia política. Sin tomar en consideración a estos maestros en todo género de sutilezas, seguiré de cerca a quienes, sin descuidar la hacienda, trataron de fundarla sobre procedimientos honestos ... En toda República la hacienda debe establecerse sobre una base cierta y durable. Siete son, en general, los procedimientos para recaudar fondos para la hacienda ... El primero es el patrimonio de la República; el segundo, las conquistas a los enemigos; el tercero, los presentes de los amigos; el cuarto, las pensiones o tributos de los aliados; el quinto, el tráfico comercial; el sexto, los derechos sobre las exportaciones e importaciones, y, el séptimo, los impuestos sobre los súbditos.

El primero, el patrimonio, parece ser el más honesto y seguro de todos. Todos los antiguos monarcas y legisladores, al fundar las Repúblicas o establecer nuevas colonias, destinaban, además de las calles, templos y teatros, cierto número de bienes en propiedad a la República, para uso común de todos, a los que se denomina bienes de comunes; igualmente asignaban cierto patrimonio, arrendado o atribuido a los particulares, con carácter temporal o perpetuo, para que, mediante el pago de sus rentas al tesoro, pudiera subvenirse a los gastos de la República ... A fin de que los príncipes no se viesen obligados a cargar de impuestos a sus súbditos o a confiscar sus bienes, todos los pueblos y monarcas aceptaron por ley general y evidente que el patrimonio público debe ser santo, sagrado e inalienable, tanto por contrato como por prescripción. Por ello, los reyes, especialmente en este reino, cuando expiden letras patentes para la restitución del patrimonio, declaran que han jurado, al acceder al trono, no enajenar en modo alguno el patrimonio ... El patrimonio pertenece a la República, como los príncipes prudentes han reconocido siempre. Luis VIII, que había dotado a cuatro de sus hijos y ordenado que el quinto y los que naciesen posteriormente se dedicasen a la iglesia, dejó 70.000 libras a la Iglesia, pobres, viudas y huérfanos, pero quiso que se vendiesen sus muebles y joyas para cumplir el legado, sin dar nada del patrimonio ... A los príncipes soberanos no les está permitido usar mal de los frutos y rentas del patrimonio, aunque la República esté en paz y sin deudas, ya que no son sus usufructuarios, sino simples usuarios que deben, una vez deducidos los gastos de la República y de su casa, guardar el excedente para hacer frente a las necesidades públicas ...

Hay gran diferencia entre la tesorería de las monarquías y la de los Estados populares. El príncipe puede tener, como ya he dicho, junto al tesoro particular de su patrimonio, llamado por los antiguos fiscus, el tesoro público, o erarium, perfectamente separados por las leyes antiguas; esto no ocurre en los Estados popular o aristocrático ... Son infinitos los abusos que la República padece debido a la enajenación del patrimonio ... Sin embargo, no faltan razones que justifican la venta de las tierras baldías del patrimonio, a fin de obtener dinero en caso de necesidad, cuando no es posible arrendarlas ... Debe señalarse que, en términos generales, se pone mayor cuidado en la conservación del patrimonio público en la monarquía que en los otros Estados; en estos, los magistrados y superintendentes de la hacienda tienden a identificar el bien público con su propio interés y procuran favorecer a sus amigos o comprar el favor del pueblo con el dinero público ...

El segundo procedimiento para recaudar fondos para la hacienda consiste en las conquistas arrancadas a los enemigos. De este modo se recuperan, en alguna medida, las rentas consumidas en la guerra ... En Roma, si bien el botín de las ciudades saqueadas se repartía entre soldados y capitanes, los tesoros Se destinaban al erario de la ciudad ... Los romanos no Se contentaban con los tesoros y el botín, sino que condenaban a los vencidos a la pérdida de una parte de su territorio, antiguamente la séptima parte ... Sin embargo, los romanos se mostraron siempre, a este respecto, corteses y circunspectos. Enviaban oolonias de su ciudad a habitar en las tierras conquistadas, asignando a cada uno cierta cantidad. Por este medio se deshacían de pobres, sediciosos y vagabundos, al tiempo que se fortificaban con su propia gente contra los pueblos vencidos. Estos, poco a poco, se ligaban en amistad y parentesco con los romanos, a quienes terminaban por obedecer de buen grado ...

El tercer medio de acrecer la hacienda consiste en los presentes de los amigos y de los súbditos, sea por legado testamentario o por donaciones entre vivos. No vale la pena extenderse en este punto, ya que no se trata de una fuente de ingresos estable ...

El cuarto procedimiento para alimentar la hacienda consiste en las pensiones pagadas por los aliados, tanto en tiempo de paz como de guerra, para asegurar la protección y defensa contra los enemigos, o para disponer de consejo, auxilio y ayuda en caso de necesidad, de acuerdo con el tenor de los tratados. La pensión se recibe siempre de amigos o aliados, ya que el príncipe soberano que conviene con otro en pagarle cierta cantidad anual para tener paz, pero sin que haya tratado de amistad o alianza, solo es tributario ... Los tratados de alianza suscritos entre la casa de Francia y las ligas suizas estipulan que el rey dará a cada cantón una pensión ordinaria de mil libras por la paz y dos mil por la alianza, aparte las pensiones extraordinarias ...

El quinto medio de asegurar la hacienda consiste en la actividad comercial desarrollada por el príncipe o la señoría a través de sus agentes. En realidad, hay pocos príncipes que la ejerzan e incluso en algunos reinos -España, Francia, Inglaterra y Alemania-, el mercader pierde la calidad de nobleza ... Sin embargo, es preferible el príncipe mercader al tirano y el gentilhombre comerciante al ladrón ... En cuanto al comercio que los príncipes ejercen con los súbditos, en verdad no es tal, sino impuesto y exacción; no es otra cosa prohibir la libre contratación y entregar el grano y vino de los súbditos a los recaudadores, para pagárselo a bajo precio y venderlo caro a los extranjeros o a los propios súbditos ... De todos los tráficos a que se dedican los príncipes, ninguno es tan peligroso y sórdido como el de los honores, oficios y beneficios ..., a no ser que no exista otro medio para salvar la República ...

El sexto medio de recaudar fondos para la hacienda se ejerce sobre los mercaderes que importan o exportan mercancías. Se trata de uno de los procedimientos más antiguos y practicados en toda República; tiene su fundamento en la equidad, porque es muy justo que quien quiere ganar con los súbditos de otro pague algún derecho al príncipe o al tesoro público ... El príncipe prudente solo debe permitir la exportación de (las cosas necesarias a la vida humana) si su pueblo dispone en abundancia de ellas ... Cuanto mayores sean los derechos de aduana, mayor beneficio obtendrá la hacienda ... y el súbdito adquirirá a mejor precio, debido a que el extranjero, asustado por el impuesto, comprará menor cantidad ... Por lo que se refiere a las materias (imprescindibles) que se importan del extranjero, es necesario reducir los impuestos, y, por contrario, elevarlos para los artículos manufacturados. No debe permitirse que estos sean importados, así como tampoco debe tolerarse que se exporten las materias primas, como hierro, cobre, acero, lanas, hilo, seda cruda..., a fin de que el súbdito obtenga el beneficio de la manufactura y el príncipe los derechos de aduana ...

El séptimo procedimiento de recaudar fondos recae sobre los súbditos. Solo debe utilizarse cuando los demás medios fallan y urge acudir a las necesidades de la República. En tal caso, dado que la tutela y defensa de los particulares depende de la conservación pública, es razonable que todos la asistan. Son muy justos entonces las cargas e impuestos sobre los súbditos, pues nada hay tan justo como lo que es necesario, según decía un antiguo senador romano. Para que las cargas extraordinarias impuestas durante la guerra no se prolonguen en tiempos de paz, es conveniente utilizar los empréstitos. No se olvide que el dinero se encuentra más fácilmente cuando el que presta espera recibir su dinero y el agradecimiento por el préstamo ... Existen tres clases de impuestos sobre los súbditos: ordinarios, extraordinarios y mixtos, llamados casuales. Bajo estas tres categorías están comprendidos tanto los ingresos procedentes de las jurisdicciones, sal, moneda, pesos y medidas, como los que gravan la venta de objetos, cualquiera que sea su naturaleza, o las donaciones, legados y sucesiones, o la venta de los oficios, o en forma de impuesto directo, sea personal -denominado capitación- o real, sobre bienes muebles, inmuebles y frutos de la tierra, como son los minerales y tesoros ... Luis IX fue el primero que estableció el impuesto directo, como ha señalado el Presidente Le Maistre, aunque no añade que siempre fue con carácter extraordinario, en forma de subsidio obligatorio durante la guerra ...

Si la necesidad constriñe a establecer algún impuesto extraordinario, debe ser en tal forma que cada uno cargue con su parte, como ocurre con los impuestos sobre la sal, el vino y otras mercancías semejantes ... Para evitar las sediciones que frecuentemente se han producido a causa de los impuestos que gravan las mercancías vendidas al detall, es recomendable transformar el impuesto en una cantidad global ... Para que los impuestos sean bienquistos de Dios, útiles a la República, a gusto de los hombres de bien y alivio de los pobres, deben cargarse sobre las cosas que solo sirven para corromper y perder a los súbditos, tales como golosinas, adornos, perfumes, telas de oro y plata, sedas, crespones ... En vez de prohibirlas ..., es mejor encarecerlas tanto por medio de los impuestos que solo los ricos y golosos las compren ... El emperador Augusto, para castigar la impudicia de los súbditos y obligarlos a casarse, estableció un impuesto en forma de multa sobre los legados y herencias recibidos por quienes a los veinticinco años no se habían casado o no tenían hijos ...

El segundo punto (de este capítulo) se refiere al buen uso de las rentas de la República, algo de lo cual ya hemos visto al tratar de las penas y recompensas. Tratemos ahora del resto. Antiguamente, el primer artículo inserto en el capítulo de gastos de la hacienda estaba dedicado a las limosnas, el segundo a la casa real, el tercero a las reparaciones ... Respecto a las limosnas, los sabios hebreos tienen como máxima, recibida de los antiguos profetas, que la conservación de los bienes depende de las limosnas, tasadas por ellos en la décima parte de la renta de cada uno y destinada a los ministros de la iglesia y a los pobres ... La historia nos enseña que muchas casas, familias, reinos e imperios se han arruinado y empobrecido por haber desdeñado a los pobres y abandonado los súbditos a los robos de los soldados y recaudadores ... Para poner fin a tanta calamidad y restaurar en alguna medida la disciplina militar, casi desaparecida, es preciso pagar al ejército, porque, como decía Casiodoro: disciplinam servare nos potést ieiunus exercitus, dum quod deest semper praesumit armatus. Mantenida la casa real, pagados soldados y oficiales y atribuidas las recompensas a quienes lo merecen. es justo acordarse de los pobres.

Si la hacienda cuenta con recursos, se debe emplear una parte de ellos en la reparación de las ciudades, el abastecimiento de las fortalezas, la construcción de fortificaciones en las fronteras, el aplanamiento de los caminos, la restauración de los puentes, el flete de barcos, la construcción de edificios públicos, la fundación de colegios de honor, de virtud y de saber. Aparte que las reparaciones son necesarias, de ellas redundan grandes beneficios para toda la República, debido a que, gracias a ellas, las artes y oficios se fomentan, la pobreza del pueblo se alivia y el disgusto por los impuestos desaparece cuando el príncipe devuelve al público en general y a los súbditos en particular los dineros que de ellos tomó ... Todo esto es más necesario en los Estados aristocrático y popular que en la monarquía, porque en aquellos es más difícil mantener a los súbditos en paz y unión ...; además, de esta forma, se destierran las dos grandes pestes de toda República: la ociosidad y la pobreza ...
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