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Penitenciaría Federal de los Estados Unidos.

Leavenworth, Kansas.

Enero 10 de 1921.

Gus Telsch.

Lake Bay, Wash.

Mi querido Gus:

Dos días antes de recibir tu querida carta del 27 de diciembre último, me llegó una caja conteniendo los comestibles que me remitiste. Gracias, muchas gracias.

Tu carta es especialmente querida para mí; me da fortaleza, porque está de acuerdo con la actitud que he tomado para obtener mi libertad, la libertad racional que no tiene más que una ley, la que contienen estas simples palabras: No hagas a otro lo que no quieras para ti.

El tiempo pasa, querido camarada, pero no pasa en vano. Cierto que tengo de edad tres años más que cuando las garras de los enemigos de la civilización se clavaron sobre mi cuello; pero también el sistema del cual ellos obtienen su poder tiene tres años más, y tres años es tiempo muy largo para algo que está decayendo y muriendo rápidamente, como es el sistema capitalista. De hecho, el sistema está ya muerto en la conciencia de las masas, nadie funda en él sus esperanzas, y si no se ha desplomado, es a causa del impulso que recibió en centenares y millares de años de ignorancia y sumisión. Se sostiene por la simple inercia; su vida ae es galvánica. Todos los esfuerzos hechos para revivir su cadáver son inútiles, desatinados, idiotas; nadie puede volver a la vida un árbol muerto, apuntalándolo.

El sistema está muerto y bien muerto, porque fracasó en asegurar al ser humano su desarrollo en harmonía con la ciencia y la naturaleza. Nadie cree en este sistema, ni aún aquellos que se empeñan en sostenerlo y parcharlo. El ambiente está cargado con su peste y dentro de poco será necesario enterrarlo o conducir al fuego su deteriorado esqueleto. Por lo tanto, el anciano Tiempo no pasa en vano. Si coloca más hilos de plata en mi cabeza y añade una o dos arrugas a mi cara, él, al mismo tiempo, aproxima el momento de la caída de la iniquidad y la justicia. El conocimiento de este hecho es halagador. Mis sueños, nuestros sueños, los sueños de los desheredados de todo el mundo, están a punto de realizarse, o cuando menos el principio de su realización está a la mano.

La vanguardia del gran ejército del Progreso ha llegado a las puertas de la Libertad, y está a punto de dar vuelta al pasador para abrirla y dejarnos entrar. ¿No es una gran fortuna haber vivido para ver el principio del fin de una larga pesadilla que duró toda una época? Porque estoy cierto que nosotros, los seres humanos, hemos entrado ya en un franco periodo revolucionario. La revolución no comienza con el cambio forzoso o pacífico de un modo colectivo de vida social, económica o política en otra. Mucho antes que se intente el cambio, se ha efectuado la revolución en la conciencia colectiva. Mucho antes que la Bastilla fuera reducida a un montón de humeantes ruinas, el derecho divino de los reyes se había desmoronado adentro de los densos cráneos de las chusmas parisienses. No fue el huracán de 1910 el que arrojó a Díaz desde su mansión en Chapultepec a la cubierta del Ipiranga, sino la conciencia popular que despertó en 1906 y 1908 por los clarines de Jiménez y Acayucan, Viesca y Valladolid. Las coronas de los Romanoff rodaron a los pies del pueblo mucho antes que el tirano hubiera dejado de ser el querido padrecito para los mujiks. Ahora solamente es simple cuestión de tiempo para la realización del prodigio, y el tiempo pasa ... El aire está lleno de rumores; el ambiente está repleto de posibilidades, y mi corazón se regocija con la inminencia del milagro. ¿No viene es rumor de la azada de aquellos que se ocupan de cavar una tumba profunda para arrojar adentro su cadáver? Y el creciente calor de la atmósfera, ¿no es el resultado de la ardiente respiración de millones sobre la Tierra, de cuyos pechos surgen las llamas del descontento? A la proximidad del portento, corre por todo mi ser ese sentimiento de ansiedad y regocijo que embarga al joven cuando vuela al lugar de su primera cita de amor ...

Ahora, mi querido amigo, debo concluir. Las dos páginas que me permiten escribir, están casi llenas. ¿Estás en comunicación con el camarada Nicolás T. Bernal, 1279 79th. Ave., E. Oakland, Cal.? Si así fuese, debes de estar bien informado de lo que están haciendo en mi favor y en favor de los prisioneros políticos de los Estados Unidos, los trabajadores de México, y también debes saber que mi último drama va a representarse en Tampico y en la ciudad de México. ¿Lo sabías? También van a publicar el mismo drama en forma de libro y con bellas ilustraciones.

Recibe, mi querido y buen Gus. mi cariño fraternal.

Ricardo Flores Magón


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