ROSENDA

Cuento corto de Omar Cortés


1

El día que murió Rosenda, los árboles escupían hojas marchitas. Era el tiempo en el que los días melancólicos parecían eternizarse.

Tenía ochenta y dos años, y una neumonía fulminante, según rezaba su acta de defunción, habría sido la causa de su fallecimiento.

Su cuerpo, que en tiempos muy pasados fue codiciado por muchos hombres, yacía inherte en la plancha del anfiteatro. Nadie, de los pocos que como familiares le quedaban, habíase presentado a reclamarlo, y tan sólo su vecina, la señora Clotilde, que fue quien la encontró muerta, se encontraba en el lugar.

Rosenda vivía en un cuartucho de vecindad desde hacía ya muchos años. Su sobrevivencia económica devenía del dinero que de vez en vez le hacían llegar sus dos biznietos, Pablo y Tomás, quienes a veces le visitaban.

Los últimos meses de su existencia fueron un martirio. Los achaques y limitaciones de la edad, manteníanla prácticamente enclaustrada en su habitación, de la que no salía, sino a lo mucho, una vez por semana. Su vecina era de hecho quien la cuidaba, llevándole alimentos y platicando con ella por las noches.

Clotilde, mujer también de avanzada edad, habíase identificado con Rosenda y establecido un fuerte vínculo de amistad. Y entre las dos lograban sortear el mayor reto de los viejos: la soledad.

Ambas enfrentaban una pavorosa cotidianidad bajo el permanente asedio de su verdugo. Defendíanse como podían, atrincherándose tras sus recuerdos, los que una y otra vez revivían, blandiéndoles como arma de defensa.

Entre las dos habían construido una muralla que pensaban impenetrable; una muralla tras la cual se esforzaban por sobrevivir, día con día, en su eterna lucha contra su habitual enemiga.

Cuando Rosenda llegó a aquel cuartucho, era ya tan sólo un recuerdo de lo que había sido. Su lamentable situación económica, aunada a su avanzada edad, habíale arrojado a la vecindad. Ella, aunque nunca había tenido una vida de lujos, tampoco habíase enfrentado a una situación tan lamentable. Pero su retraso en el morir, a eso la condujo.

Cuarta hija de una familia numerosa, Rosenda había tenido siete hermanos, cinco hombres y dos mujeres. Su infancia, transcurrida en un marco de estrechez económica, no fue infelíz, ya que, además de contar con el calor familiar, se desarrollaba de manera normal, acudiendo a la escuela, divirtiéndose con sus amigas y familiares y colaborando en las labores domésticas.

En sí, sus problemas empezaron en la edad de la adolecencia, cuando hubo de enfrentar su realidad como mujer frente a un mundo dominado por el hombre.

Cuando su cuerpo comenzó a metamorfosearse pasando de la inocencia infantil a la voluptuocidad de la adolecente, y sus atributos femeninos brotaban mostrándose exhuberantes, Rosenda tuvo que cambiar, porque comenzó a ver a sus hermanos, primos y a los amigos de éstos, con ojos diferentes, notando que ellos le miraban de similar manera ...



2

En la escuela, Rosenda soñaba con llegar a convertirse en una talentosa ingeniera capaz de construir hermosos y vistosos puentes, y también útiles y emblemáticos tuneles que, atravezando montañas, facilitaran la comunicación entre pueblos y ciudades.

Su mente efervecía ante la ilusión de llegar a ser una profesionista admirada y respetada por su entorno. Fantaseaba, le encantaba fantasear viéndose a sí misma en sus oficinas de ingeniera, ya trabajando o atendiendo asuntos con su equipo o con terceros interesados en contratar sus servicios. Su mente de adolecente le conducia a esos sueños, y ella esforzábase por cumplir al pie de la letra con sus obligaciones escolares, y estudiaba con ardor, poniendo atención en clase, realizando las tareas que sus maestros le dejaban ... en fin, comportábase como estudiante modelo, atrayéndose, por lógica, las antipatías de muchas de sus compañeras y compañeros que de ella mofábanse, atosigándola por su dedicación a los estudios, cuando en realidad, lo único que con tales acciones mostraban era su incontenible envidia por los avances logrados por Rosenda.

A ella importábale menos que un comino lo que sus compañeretes dijeran u opinaran, porque estaba convencida de que ese era el camino idóneo para alcanzar sus metas.

De entre sus compañeras, solo Jesusa parecía entenderla. Jesusa era una chica, bastante introvertida y al igual que ella, muy apegada al estudio. En poco tiempo hiciéronse amigas, compartiendo sus cotidianidades, discutiendo y platicando sobre los temas de su interés, los cuales eran bastante diferentes de los que atraian la atención de sus compañeras y compañeros.

A Rosenda y a Jesusa no les interesaban las modas ni las canciones o bailes del momento, de igual manera poco llamábales la atención el salir con tal o cual chico, y ello no obstante que las dos, siendo bastante guapas, en repetidas ocasiones habíanles pintado violines a no pocos de los chicos que tras sus huesos andaban.

Los padres de Rosenda apoyábanla en sus esfuerzos, no siendo pocas las ocasiones en que pacientemente intentaban explicarle temas o asuntos relacionados con sus trabajos escolares. También, los padres de Jesusa actuaban de un modo parecido.

Jesusa, a diferencia de Rosenda, se había planteado como objetivo el llegar a titularse como arquitecta, por lo que ambas tenían muchas cosas en común sobre las cuales conversar y fantasear.



3

Además de su vida en la escuela, Rosenda enfrentaba su cotidianidad como hija de familia, conviviendo con sus siete hermanos. Y de sus relaciones con ese mundo familiar devenia prácticamente un universo de sensaciones.

Con sus hermanas poco se relacionaba debido en mucho a la diferencia de edades. Martina era cuatro años mayor, y Teresa, tres. Ambas tenían sus novios y consideraban a Rosenda como la niña molesta, a la cual había que evitar; y Rosenda veía a sus hermanas como un par de estúpidas idiotizadas por los no menos babosos de sus novios.

En cuanto a sus hermanos, con tan solo dos de ellos se identificaba: Margarito y Genovebo. A Margarito le llevaba un año, y a Genovebo, dos. Los dos le caian de maravilla y los amaba plenamente. A los otros tres prácticamente ni los pelaba, e igual actitud tenían ellos para con ella ...

Asi pues, su mundo familiar tendía a reducirse a sus cotidianas relaciones con sus dos hermanos preferidos. Con Genovebo llegó a tener algunas diferencias porque el muchacho sintiéndose atraido por la Jesusa, en no pocas ocasiones intentó aprovechar su amistad con Rosenda, para ligársela, siendo ello motivo de conato de bronca con su hermana.

En no pocas ocasiones Jesusa, Margarito, Genovebo y ella convivieron en reuniones, fiestas, bailes, cenas y asistencia a espectáculos. Conformaban un bonito grupo, y ante terceros daban la impresión de ser dos lindas parejas. Genovebo y Jesusa, por un lado, y Rosenda y Margarito, por el otro. Inclusive, sus compañeros de escuela mantenían la idea de que entre ellos -Jesusa y Genovebo, y Margarito y Rosenda- existía un noviazgo, porque ninguno llegó a suponer siquiera que Margarito fuese hermano de Rosenda, y ellos buen cuidado tuvieron de jamás decirlo ...



4

Cuando Rosenda conoció el amor, fue en una tarde de invierno, en casa de Jesusa. Las dos experimentaron un bello momento que no dio lugar ni para reicriminaciones, ni tampoco para el florecimiento de nefastos sentimientos de culpa. Fue algo que surgió de improviso, sin que ninguna de las dos mediara para ello ... ocurrió y eso fue todo.

El recuerdo del primer beso con Jesusa la acompañaría, prácticamente, hasta que expiró. Todo transcurrió tan normal, tan bello, que resultaba imposible olvidarlo.

Nadie, salvo ellas dos, se enteró jamás de aquel amoroso encuentro, y ellas fueron capaces de guardar celosamente su experiencia sin compartirla con persona alguna. Fue única, irrepetible. Después de aquella ocasión, Rosenda y Jesusa jamás volverían ni a juntar sus labios ni a mordisquear sus lenguas, nunca más se tocarían ni sus senos, ni su sexo. Su acto fue de una sola vez y ya ...

Pero a partir de aquella tarde invernal, Rosenda no volveria a ser la misma. Algo se habia despertado en su interior, que la llamaba, que la empujaba a buscar nuevas experiencias, a tener nuevos encuentros. Y Rosenda seguiría sus instintos, porque el despertar de su sexo era cosa seria, y su apetito parecíale insaciable ...

No tardó Rosenda en enfrentar un nuevo encuentro, pero en esta ocasión con el sexo opuesto, siendo su hermano, su propio hermano Margarito, con el que lo llevaria a la práctica.

De nuevo la situación presentóse de improviso, sin que ninguno de los dos haya tan siquiera intervenido en su preparación. Tampoco en esta ocasión hubo culposos sentimientos y si una pasión desbordada de ambas partes. Igual que con Jesusa, Rosenda jamás a nadie compartió su experienca con su hermano Margarito, y ello no obstante las reiteradas peticiones de éste para repetir su encuentro.

Jamás quizo Rosenda volver a revolcarse con su hermano, y no fue porque su experiencia haya resultado insatisfactoria, sino que por el contrario, Margarito le hizo conocer el gozo de ser penetrada, conduciéndola por los maravillosos senderos del placer; pero a Rosenda no le apetecia repetir aquel bellísimo encuentro. Temía, y quizá no sin razón, que la repetición convirtiérase en costumbre, y esta terminara por marchitarlo todo. Margarito, por su parte, no paraba en sus intentos por volver a revolcarse con su hermana, convirtiendose ello en una obsesión, en una lamentable y tristísima obsesión que mucho daño le ocasionaria. Margarito sería incapaz de superar el hartazgo sexual que con Rosenda experimentó, y jamás volvió a ser el muchacho alegre y franco que fascinaba a su hermana. Volviose hosco, introvertido, solitario, melancólico, hasta que una mañana de otoño optó por quitarse la vida.

Cuando Rosenda se enteró del triste fin de su hermano, lloró, lloró desconsolada, lloró todo lo que pudo y debía, lloró hasta que ya no tenía lágrimas que vertir ... Fue aquel un momento muy duro, pero del que logró reponerse con rapidez, porque jamás cruzó por su mente ningún sentimiento de culpa, ningún auto-reproche por su negativa a las insistentes insinuaciones de Margarito. No se consideró, e hizo bien, inmiscuida en la decisión que Margarito habia tomado. El suicidio de su hermano fue porque él así lo quizó y punto ...



5

Con la muerte de su hermano y el alejamiento de Jesusa, Rosenda hubo de continuar su vida construyéndose otro ambiente. La necesidad económica obligole a abandonar sus estudios o, si se prefiere, a dejarlos pendientes, uniéndose al ejército de jóvenes solicitantes de empleo. Todos sus sueños en torno a sus objetivos para convertirse en ingeniera, penosamente naufragarian ante los arrecifes de la necesidad.

Rosenda entraría a trabajar como dependiente de una tienda de ropa, cuando recién cumplia diecisiete años. Un horario corrido de ocho horas, pagado mediante un sueldo raquítico, pero para ella indispensable, conformose en su nueva cotidianidad.

Poco, muy poco tiempo pasaba en casa, y en cuanto a sus viejas amistades, poco a poco fue perdiéndoles la pista. En su trabajo se relaciono con otras dependientes, y al cabo de tres meses, uno de los supervisores de la tienda comenzó a frecuentarla, siendo evidente el interés que por ella manifestaba.

Rosenda, transformada en una adolecente de muy buen ver, no tardó en convertirse en el centro de atracción del personal masculino de la tienda, e incluso el mismo gerente habiase fijado en ella. Fue allí cuando comenzó a aprender a utilizar las armas que la naturaleza habíale otorgado para que pudiera abrirse paso en aquella selva machista.

Como mujer, sus posibilidades de desarrollo eran bastante limitadas, pero como hembra, los cauces se abrian de manera considerable. Si bien a nadie, en ese mundo estrecho, le interesaba Rosenda como ingeniera, habia, sin embargo, muchos a quien sí les interesaba Rosenda la hembra, la muchacha buenona. El manipuleo de tal posibilidad fue lo que Rosenda aprendió rápidamente. Flirtear con el supervisor y el gerente, hacerse desear por cualquier individuo con jerarquía en la compañía, se constituyó en uno de sus principales objetivos, que muy pronto puso en práctica.

Aquel actuar no tardó en generarle beneficios, contando con muchos privilegios. Su horario volviose más flexible al tener mayor tolerancia para checar tarjeta, e igualmente más tiempo para comer. De la misma manera no tardó en ser promovida para ocupar puestos mejor remunerados. Y asi, en un lapso de seis meses, su situación laboral cambió totalmente. Ya no debía andar a las carreras para llegar temprano a su trabajo, puesto que no faltaba quien se acometiera a pasar por ella; e igual ocurríale a la salida del trabajo, ya que diariamente, alguien ponía a su disposición su auto para llevarla a casa ...

Por supuesto que ella debía dar algo a cambio, y ese algo por lo general se reducía a algún faje de fin semana con el agraciado que ella podía darse el lujo de escoger. Un fin de semana aceptaba cenar con el supervisor, y al otro, una ida al cine con el gerente ... Y asi, brincando como chapulin de Juan a Pedro y de Pedro a José, Rosenda llegó a colocarse en las alturas administrativas de la compañía.

Su ascenso fue vertiginoso, puesto que a menos de un año de haber entrado a laborar en esa tienda, ya ocupaba el puesto de asistente del supervisor, cargo que de ninguna manera era solo nominal, puesto que desde el mismo ella realizaba acciones de control del personal. Prácticamente podía decidir sobre el futuro de todos los empleados y empleadas que se encontraban por debajo de su nivel, lo que, como es comprensible, atrajole el respeto y la lambisconeria de no pocos de los empleados, quienes buscando granjeársela la cubrian de elogios, regalos e invitaciones, lo que a ella le facilitaba el poder escoger a sus alcahuetes.

Lejos iban quedando sus ya viejos sueños en pos del título de ingeniera ...



6

Toda marchaba para ella de maravilla. Económicamente se habia hecho de entradas interesantes; animicamente, su situación era bastante placentera puesto que se sentia muy a gusto; sexualmente, contaba con un buen número de chicos, e incluso de chicas, para escoger según quisiera, y aunque a nivel ejecutivo, de vez en vez, debía de fajar o besuquearse con algún vejete, eso no le incomodaba.

Rosenda habia logrado encumbrarse a niveles que jamás imagino. Sin embargo, como siempre sucede en casos similares, llegó el día en que hubo de enfrentar su talón de Aquiles.

En su caso fue la ambición desbordada lo que le hizo caer. Si ella se hubiese conformado con el alto puesto que ocupaba en aquella tienda de ropa, nada le hubiese sucedido, pero no fue así ...

Buscando el acceder a superiores niveles, tuvo la ocurrencia de comenzar a frecuentar un particular club en el que se daban cita poderosos ejecutivos empresariales. Suponiendo, y no sin razón, que su hermoso físico sería capaz de abrirle puertas, elaboró un enredado plan para prácticamente atraer pichones y sacarles todo lo que pudiera.

En un principio su iniciativa funcionó con éxito, puesto que logró relacionarse con tres ejecutivos de nivel medio a los que saco información que le fue de mucha utilidad, pero, después, comenzarían los problemas ...

Rosenda habria de pagar su novatez en aquellos sitios. Ella, que suponíase única, no imaginaba que al igual que ella usaba a las personas, era, al mismo tiempo, usada por ellas. Y los medios que había escogido para llevar a cabo sus planes no eran, en absoluto, aguas tranquilas, sino por el contrario, infestadas se encontraban de tiburones. De mujeres y hombres cuya particular visión del mundo conducíalos a cosificar a las personas con quienes trataban. Para ellos todo eran cosas susceptibles de ser usadas, y desechadas cuando ya no ofrecieran nada. Úsese y tírese, tal era la máxima que predominaba en el club que Rosenda frecuentaba. Ella, que en sus años de juventud tanta valía otorgole a la amistad, pateticamente naufragaba en aquel medio nauseabundo ...



7

Cuando Rosenda conoció a Antonio su vida cambió totalmente. Antonio era un ejecutivo de alto nivel, dedicado a la compra-venta de bienes raíces, y alejado por completo del mundo de la mercaderia de ropa. Objetivamente Rosenda no debía relacionarse con él, porque poco o nada podría ofrecerle para sus fines mercantiles, sin embargo, como llega con frecuencia a suceder en asuntos pasionales, la atracción que cada uno sintió por el otro orilló al encuentro.

A diferencia de las personas con las que Rosenda relacionábase en aquel Club, las cuales, por lo general eran personas de edad avanzada, Antonio era joven, y aunque casado, resultaba un muy buen partido. Por su parte, Antonio veía en Rosenda a la mujer capaz de satisfacer sus aventuras amorosas, constituyendo el perfecto segundo frente capaz de sacarle del tedio de su matrimonio.

En no mas de tres semanas, Rosenda y Antonio llegaron a entenderse de maravilla. Al inicio todo era miel y rosas. Con frecuencia Antonio invitaba a Rosenda a cenar, a bailar, a ir al cine, al teatro ... e incluso a pasear en el parque, pero cuando se le ocurrió llevarla a su oficina, el asunto pasó a otro nivel. Aquello ya implicaba complicar la relación con cuestiones demasiado personales, ya que muy dificil resultaba el ocultamiento de sus relaciones.

Rosenda, quien se dio bien cuenta del terreno pantanoso que pisaba al aceptar deambular por los territorios del enemigo, cometió el imperdonable error de no prestar atención a las normas básicas de los cosificadores de personas. Sabiendo que ella, ante los ojos de Antonio no era mas que una cosa de la que podia hacer uso, mal hizo en permitir que incluso la pasease como trofeo deseando colocarla en las vitrinas de su oficina.

Y Antonio, quien no era precisamente un experto gigoló, gozaba de lo lindo haciendole el amor en su propio escritorio.

No tardó mucho en regarse el chisme de aquella relación entre el ejército de empleados con que contaba Antonio, llegando tal rumor a permear los muros mismos del club que ambos frecuentaban. Y como a ninguno de los cosificadores asiduos a aquel antro, conveníales la existencia de personas con relaciones estables, Rosenda y Antonio comenzaron a sentir la repulsa del medio hasta que, no soportando más, decidieron la autoexpulsión, dejando de asistir al club, y ubicando sus sitios de reunión en otros lugares, preferentemente en la oficina de Antonio ...



8

La relación de Antonio y Rosenda no era ya una simple aventura, sino que se adentraba en otros campos. Habiase convertido en una relación bastante estable que incluso lejos se encontraba del objetivo inicial de Antonio de consolidar un segundo frente, puesto que más bien que el segundo parecia el principal, lo que empujaba a que su esposa fuese relegada al segundo sitio.

Por supuesto que no había sido en un inicio ese el objetivo de Antonio pero ... las cosas se le habían escapado de control y prácticamente Rosenda le habia hechizado. Junto a ella sentíase pleno, seguro, vigoroso, dueño de sí. Llegando a alcanzar una sensación que jamás experimentó con su esposa, e incluso, lamentando su situación de casado, Antonio había pensado en el divorcio. Finiquitar su relación con su esposa e iniciar una nueva con Rosenda, comenzo a ser para él una obsesión.

Rosenda, que similares sentimientos para con Antonio abrigaba, no tenía que pensar en ningún divorcio, pero si en enfrentar esa molesta situación de ser la segunda. Ella no se sentia haber nacido para ser la segunda de nadie, y prácticamente le hervía la sangre cada que en ello pensaba.

Y ante aquella situación, Rosenda no entendió que el mundo del úsese y tírese en el que habiase voluntariamente desarrollado, tiene sus propias reglas, las cuales no pueden ser evadidas sin pagar por ello las consecuencias. Y Rosenda hubo de pagarlas, y muy caro le salio el chiste.

Después de algunos meses de vino y rosas, la relación de Antonio y Rosenda se derrumbó el día que la esposa del primero les sorprendió en un lujoso restaurante al que Antonio habia llevado a Rosenda a cenar. El escándalo que armó la esposa de Antonio fue de una dimensión tal, que Rosenda terminó yendo a parar con sus huesos a la carcel. Y de ahí para adelante todo aquel mundo de fantasía, de caramelo, que Antonio y Rosenda habían construido, se desmoronó rápidamente.

Lo sucedido no tardó en llegar a oidos del medio empresarial en el que desenvolvíase Rosenda, siendo, en poco tiempo, aislada e incluso despedida de su trabajo. Nadie queria tener algo que ver con ella. Volviose, de la noche a la mañana, en ave de mal agüero, en persona non grata, siendo rápidamente boletinada en los núcleos empresariales y ejecutivos. ¡Ay de quien se atreviese a darle apoyo, a brindarle ayuda! En el mundo de los cosificadores no existe la palabra perdón. Rosenda devino en cosa no grata, en cosa inservible, y como tal fue desechada, tirada a la basura. La tétrica sentencia de úsese y tírese, le fue aplicada de manera demoledora ...



9

De ahi para adelante Rosenda se deslizaria en una dura vertiente de penalidades. Siendo en aquellos momentos que tuvo la mala fortuna de conocer a Luis, un vival que acabó padroteándola, aunque ello no debe ser visto como tragedia, puesto que de todas las nefastas experiencias que Rosenda enfrentó en cuanto acosos y abusos, su relación con Luis no fue precisamente un manantial de lágrimas y sufrimientos. Fue, aunque parezca extraño, lo mejor que le pasó en su vida. Porque Rosenda gozó del amor de su padrote, y los cientos de veces que por él se prostituyó, fueron auténticos hartazgos de placer. ¡Sí! Aunque parezca increible, Rosenda fue felíz, verdaderamente felíz, en su papel de puta padroteada.

Ciertamente, a veces, Luis la golpeaba, o tenía que enfrentar las impertinencias de algún cliente, pero eso bien sabía que formaba parte de su nueva realidad y gustosa lo aceptaba, porque mal que bien sentíase protegida por Luis. A tal grado llegó la aceptación de su condición, que con Luis tuvo tres hijos, dos niños y una niña, a los que les proporcionó todo su amor y cuidados, siendo, en toda la extensión de la palabra, una madre para ellos.

Luis, que ademas regenteaba a otras trece chicas, sentíase cómodo con Rosenda, a la que, de vez en vez, dábale algún dinerillo, sabedor de que iria a parar, directa o indirectamente, en favor de sus tres hijos.

Pero sucedió que un día, Luis desapareció y nadie volvió a saber nada de él. Mucho se rumoró que había sido asesinado, pero Rosenda jamás con certeza lo supo. Ella, junto con las otras trece chicas del corral de Luis, idearon la manera de crear una especie de cooperativa para sobrevivir. Nada tonta, y conocedora del mundo de los negocios, Rosenda dio muestras de su aprendizaje en el pasado, montando con sus socias un tugurio el que en poco tiempo se vió bastante concurrido.

Las catorce chicas trabajaban duro para mantenerse, conformando entre ellas lazos de unión bastente sólidos. Cada una de ellas realizaba de seis a ocho servicios por noche en el tugurio, y llegaron a determinar el destinar el 20% de sus ingresos diarios al mantenimiento del tugurio, guardándose cada una el 80% restante para sus gastos personales. Rosenda sería elegida como administradora y tesorera.

En no más de tres años, aquel tugurio de mala muerte fue transformándose en un sitio más respetable, capaz de atraer a mejor clientela, pero, paralelamente, las chicas hubieron de lidiar con inspectores y autoridades, buscando evitar las temidas clausuras.

No sin contratiempos y problemas, las chicas lograron salir adelante convirtiéndose en símbolo para otras mujeres que, al igual que ellas, enfrentaban las particularidades de la trabajadora sexual.

Poco a poco aquella especie de cooperativa de trabajadoras sexuales, fue ampliándose, llegando a mantener auténticas guerras con mafias de padrotes y organizaciones delictivas, y aunque por momentos Rosenda llegó a sentirse perdida, busco siempre sobreponerse a las situaciones, logrando éxitos increibles.

Ella, que en su juventud habia soñado con llegar a ser ingeniera, habiase convertido en una astuta e inteligente empresaria y, también, en una activista por los derechos de la trabajadora sexual. Porque Rosenda comenzó a dar pláticas y charlas a sus compañeras de trabajo, compartiéndoles sus ideas y proyectos, pero sobre todo, inyectándoles el orgullo que debían sentir por su trabajo. Para Rosenda siempre fue norma el evitar los sentimientos de culpa y el automenosprecio.

Y así pasaron los años, y Rosenda fue envejeciendo, percatándose que en la medida en que su atributos de belleza física iban desapareciendo, su posibilidad en cuanto trabajadora sexual se acortaba. Y cuando la vejez la sorprendió, el retiro fue automático.

Para fortuna suya había logrado mantener una familia, y aunque por su pasado sus nietos preferian evitarla, de todas maneras alguna ayuda le brindaban. De todas formas, su situación económica fue siendo cada vez más y más dificil, hasta que terminó en la vecindad en donde moriría.

Su único error de cálculo fue el no haber calculado el momento de su muerte, porque Rosenda vivió íntegramente su vida ...

Diciembre de 2014
Omar Cortés



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