Índice de Romeo y Julieta de William ShakespeareAnteriorSiguienteBiblioteca Virtual Antorcha

ACTO QUINTO

ESCENA PRIMERA

Mantua - Una calle

(Entra Romeo)

Romeo: De creer en la halagadora visión del sueño, mis sueños pronostican próximas y favorables noticias. El señor de mi pecho se encuentra serenamente sentado en su trono, y durante todo el día una inusitada excitación me eleva por encima de la tierra con tiernos pensamientos. Recuerdo que soñé que yo había muerto -¡sueño raro, que confiere a un muerto la facultad de pensar!-, y que venía mi esposa e infundía con sus besos en mis labios una vida tan vigorosa y deliciosa, que yo resucitaba y era emperador. ¡Ay de mí! ... ¡Qué dulce no será la posesión del ser amado, cuando la sola sombra del amor es tan rica en deleites! ... (Entra Baltasar con botas para montar) ¡Noticias de Verona! ¿Qué hay, Baltasar? ¿Traes alguna carta del ftaile? ¿Está bien mi señora? ¿Sigue bien mi padre? ¿Cómo está mi Julieta? Te lo pregunto otra vez, pues nada puede ir mal si ella se encuentra bien.

Baltasar: Ella no puede estar mejor; luego nada puede ir mal ... ¡Su cuerpo descansa en el panteón de los Capuletos, y su parte inmortal mora con los ángeles! Yo mismo la he visto enterrar en la cripta de sus antepasados, y al punto tomé la posta para comentárselo. ¡Oh, perdóneme si le traigo noticias tan dolorosas, pues tal misión me confió, señor!

Romeo: ¿Es posible? ... ¡Entonces, estrellas, no creo en su poder! ¡Ya sabes mi albergue! ¿Procúrame papel y tinta, y alquila caballos de posta! ¡Parto esta misma noche!

Baltasar: ¡Por Dios, señor, tranquilícese! Su rostro desencajado y pálido anuncia alguna desgracia.

Romeo: ¡Bah! ¡Te engañas! ¡Déjame y haz lo que te ordeno! ... ¿No traes para mí cartas del fraile?

Baltasar: Ninguna, mi querido señor.

Romeo: ¡No es importante! Retírate y alquila esos caballos, que en seguida te sigo. (Sale Baltasar). ¡Bien, Julieta, esta noche descansaré contigo! ... Tracemos los medios ... ¡Oh, mal, qué pronto te adentras en el corazón de los hombres desesperados! Recuerdo a un boticario, y muy cerca de este sitio vive, a quien vi hace poco, cubierto de harapos, de tétrica mirada, cogiendo hierbas medicinales. Tenía el semblante demacrado, una miseria espantosa le había consumido hasta los huesos, y del techo de su sórdida tienda colgaba una tortuga, un caimán disecado y otras pieles de peces deformes. Encima de sus estantes había un pobre surtido de cajas vacías, tarros cubiertos con tierra verdosa, vejigas y mohosas siínientes, retazos de bramante y viejos panes de rosas, todo ello en orden desigual, para que hiciera más ostentación. Notando esta penuria, dije para mí: si en este instante precisara un hombre de un veneno, cuya venta se castiga en Mantua con la muerte inmediata, he aquí un infeliz miserable que se lo expenderia. ¡Oh! ¡Aquella misma reflexión no hacía sino adelantarse a mi necesidad, y este mismo hombre necesitado es quien me lo ha de vender! Si no recuerdo mal, ésta debe ser la casa. Como es día festivo el pordiosero ha cerrado la tienda ... ¡Hola! ¡Eh! ¡Boticario!

(Entra el boticario).

Boticario: ¿Quién llama tan fuerte?

Romeo: ¡Veo que eres muy pobre! ¡Toma cuarenta ducados, véndeme una dosis de veneno, una sustancia tan severa, que al propagarse por las venas caiga muerto aquel que, fastidiado de la vida, la beba, y haga salir su alma del cuerpo con la misma violencia que la impetuosa pólvora encendida estalla en las entrañas fatales del cañón!

Boticario: Cuento con esos mortales venenos; sin embargo, las leyes de Mantua sancionan con la muerte a quien los venda.

Romeo: ¿Estás tan lleno de guiñapos y miseria, y aún tienes miedo de morir? ¡Llevas el hambre retrasada en tus mejillas! ¡La pobreza y la opresión se asoman hambrientas a tus ojos! ¡La pobreza y el desprecio pesan sobre tus espaldas! ¡El mundo no es amigo tuyo, ni las leyes del mundo! ¡El mundo no establece ninguna ley para que te enriquezcas! ¡Luego no seas pobre, sino, por el contrario, quebrántala y toma esto!

Boticario: Mi pobreza consiente; pero no mi voluntad.

Romeo: No es tu voluntad lo que pago, sino tu pobreza.

Boticario: Disuelve esto en un líquido, y bébelo hasta la última gota; aunque tengas la fuerza de veinte hombres, caerás muerto de inmediato.

Romeo: ¡He aquí tu oro, veneno más funesto para el alma de los hombres y causante de más muertes en este mundo abominable que esas pobres mixturas que no te dejan despachar! ¡Yo soy quien te vende a ti el veneno; no tú el que me lo vendes a mí! ¡Adiós! Compra alimentos y rehabilita tus carnes ... ¡Ven, cordial, y no veneno; ven conmigo a la tumba de Julieta, que allí debo usarte! (Sale).

Índice de Romeo y Julieta de William ShakespeareAnteriorSiguienteBiblioteca Virtual Antorcha