Índice de El Proletariado Militante (Memorias de un internacionalista) de Anselmo de LorenzoAnteriorSiguienteBiblioteca Virtual Antorcha

TOMO SEGUNDO

CAPÍTULO DÉCIMO PRIMERO

CRISIS DE LA FEDERACIÓN REGIONAL ESPAÑOLA DE LA INTERNACIONAL

PRIMERA PARTE

La Asociación Internacional de los Trabajadores dejó de existir materialmente en el Congreso de Verviers. El Consejo Federal belga dió la ocasión o el pequeño motivo que tras un conjunto de causas se presenta siempre como la ocasional del fin de una existencia. No transmitiendo a las Federaciones la convocatoria del Congreso Universal, éstas enviaron representación escasa, y se inició después un enfriamiento que llegó a una gran debilidad y por último a la parálisis.

Tan muerta quedó de hecho La Internacional, que la Comisión Federal Española, no pudo cambiar una sola carta con la entidad encargada de la oficina internacional, y la Federación Regional Española, aceptó la invitación a nombrar representantes al Congreso Obrero de París de 1878 con el intento de restaurar el centro internacional de relaciones de solidaridad obrera.

Lo notable en aquella época era que mientras la organización se debilitaba. hasta el abandono y la paralización, las aspiraciones revolucionarias se eclipsaban con claridad y revestían, carácter de urgencia, como si todo estuVIera a punto y no hubiera momento que perder, ni entretenerse siquiera con ensayos de colonias comunistas, como expresa la negativa contenida en el acuerdo 13.

Los acuerdos 6 y 7 del Congreso de Verviers, y sobre todo los temas que originan tales acuerdos, hablan de la acción revolucionaria y del triunfo del proletariado como acontecimientos inminentes inaplazables. Y los acuerdos 9 y 10 tratan de la producción moderna y de los partidos políticos con perfecto buen sentido y conocimiento.

Considerada aquella época y la presente a través de la treintena de años que las separa se adquiere noción clara de la marcha del progreso, que parece muy lenta al optimista desengañado en vista de acontecimientos que parecen egresivos, y se adquiere la seguridad de que no hay verdadero avance mientras no se resuelvan todos los problemas ni se allanen todas las dificultades para que el avance sea verdadero y positivo sin peligro de retroceder ni desandar lo andado por irreflexión o ignorancia. Veíase entonces posible el inmediato triunfo del proletariado en una nación, separado de todo partido politico y se sentía la necesidad absoluta de extender su triunfo a todos los países, y 33 años después en Barcelona, en la ciudad que gozó fama de revolucionaria, ha sido posible la constitución de un partido compuesto de trabajadores, que se denomina Republicano Radical y que no es más que agrupación de inconscientes y abúlicos que sigue a un caudillo sin programa ni compromiso con sus partidarios a quienes maneja a su antojo.

Así se revela claramente que el monopolio de la riqueza y la consiguiente ignorancia de los sumidos en la miseria y la explotación, son un poderoso obstáculo, y todo adelanto que deje subsistente en unos la necesidad del abuso y en otros la paciente sumisión será aparente y encubridor de una triste realidad.

Acerca del Congreso de Gante, nada mejor que la oposición de los delegados españoles que queda expuesta.

Si hubiera de confirmarla con alguna consideración de mi parte diría que los ambiciosos, procedentes del proletariado y de la burguesía que vieron imposible satisfacer sus pretensiones en la organización puramente obrera, cosa relativamente fácil en los parlamentos, crearon esos partidos obreros en que se adormece y engaña a los trabajadores con los sofismas políticos con el fin de alcanzar brillantes posiciones y llegar hasta los ministerios.

De esa manera se ha dividido el proletariado; pero se ha aclarado perfectamente el objetivo revolucionario emancipador, contenido en el programa anarquista universal.

Véase a continuación la circular número. 4 de la Comisión Federal española con los acuerdos de las Conferencias de 1878:

Asociación Internacional de los Trabajadores
Federación Regional Española
CIRCULAR N°4

Compañeros:

La Comisión Federal que durante el año que acaba de transcurrir habéis honrado con vuestra confianza, que ha procurado ser fiel intérprete de vuestros pensamientos revolucionarios y puntual ejecutora de vuestros acuerdos, viene hoy, antes de hacer entrega de su cargo a la Comisión Federal nuevamente elegida, a daros cuenta de su último mandato, a poner en vuestro conocimiento el resultado definitivo de las Conferencias comarcales.

Y al mismo tiempo manifiesta su agradecimiento a todas las Federaciones que, por su iniciativa y actividad, han facilitado su tarea, haciendo así efectivo por la práctica el ejercicio de los principios anárquico revolucionarios.

Acuerdos tomados por las Conferencias de 1878

1.- Examen de la conducta de la Comisión Federal

Se aprob6 por unanimidad menos Jerez que se abstuvo y Madrid que pidió explicar las causas de su inercia.

Las causas de lo que la Federación madrileña llama inercia se hallan expresadas en la Memoria dirigida por la Comisión a las Conferencias, cuyas causas son el deseo y el cuidado que ha tenido de no comprometer a ningún compañero con comunicaciones demasiado frecuentes, por haber tocado los funestos resultados producidos en los ejercicios anteriores por la violación de la correspondencia que practica el gobierno.

2.- Revisión de cuentas.

Aprobadas por unanimidad, excepto por Jerez que se abstuvo, bajo pretexto que no tenía a la vista los comprobantes.

Dichos comprobantes están a disposición de todos los federados que quieran enterarse de ellos. A la Comisión Federal no le ha sido posible enviarlos a todos los puntos donde se celebraban Conferencias simultáneamente, por lo que sólo han podido ser examinadas por la Conferencia catalana.

3.- Revisión de los Estatutos.

Por las Conferencias de Cataluña, Valencia y Murcia se acordó quedaran incluídos en los Estatutos de la Federación Regional los siguientes artículos votados a título transitorio por las Conferencias de 1877:

La comisión Federal se debe entender directamente con las Federaciones locales en todos los asuntos y cuestiones que crea conveniente.

Las Federaciones locales satisfarán directamente sus cuotas a la Comisión Federal, y ésta abonará a cada Comisión Comarcal la cuota que le corresponda a razón de 3 céntimos de pesetas por mes y por federado de su comarca.

Las Comisiones comarcales harán las veces de Comisiones de agrupación, quedando éstas suspendidas.

En la comarca donde resida la Comisión Federal, hará ésta las veces de Comisión Comarcal.

Todo lo comprendido en los Estatutos contrarios a este artículo queda suspendido.

Se acordó también por las mismas la siguiente modificación al artículo 20; donde dice: Se compondrá de un delegado por cada Federación Local, debe decir: de uno o más delegados por cada Federación local, pero cada una de éstas sólo tendrá un voto.

4.- Reducción de todas las atribuciones de la Comisión Federal a simple mediadora entre las Federaciones locales. (Propuesto por Sabadell).

Rechazado por unanimidad, a excepción de Madrid.

5.- Conveniencia de establecer escuelas internacionales.

Se reconoce por todas las Federaciones la conveniencia de establecer escuelas internacionales; además, las Conferencias de Cataluña, Valencia y Murcia recomiendan el que se den conferencias o cursos breves, pronunciadas en términos que estén al alcance de los trabajadores. Las Conferencias de Andalucía del Este y Castilla la Nueva no ven los medios de establecerIas hoy, y las de Aragón y Andalucía del Este resuelven que antes que todo debe llevarse a cabo la propaganda directa de los principios revolucionarios.

6.- Medios para desarrollar la organización revolucionaria.

La Conferencia catalana ratifica los acuerdos tomados con respeto a la línea de conducta que convenga seguir por las Conferencias de 1876 y 1877, como medio de sacar todo el provecho posible del primer movimiento insurreccional que se presente y excita a la Comisión Federal y al Comité revolucionario a que con este objeto desplegue la mayor actividad.

Aprueban la misma línea de conducta las Conferencias de Valencia, de Murcia y de Andalucía del Este.

La de Castilla la Nueva manifiesta que faltan recursos materiales y condiciones políticas y que hay que procurarse ambos.

La de Aragón propone que nos acerquemos más a las masas populares y organizaciones revolucionarias que profesen nuestros principios, y que se constituyan grupos que se distingan uno de otro llevando cada uno un lema que sea la expresión de uno de nuestros principios.

La de Andalucía del Oeste vota por unanimidad la propaganda por los hechos y las represalias, y por 6 votos contra 4 y una abstención la organización de sociedades cooperativas para dicho objeto.

7.- Necesidad de publicar un periódico o un boletín.

Se reconoció por unanimidad la conveniencia de la publicación de periódicos u hojas clandestinas, resolviendo la mayoría que no tengan carácter oficial, y opinando la Conferencia de Castilla La Nueva por que se sostenga por las Federaciones, la de Andalucía del O. que sea por suscripiciones voluntarias, y Andalucía del E. que se ayuden con los fondos de la Caja de propaganda de la Comisión Federal.

8.- La crisis, sus causas y su remedio.

Las Conferencias declaran estar conformes con el dictamen presentado por la Comisión Federal, y acuerdan que ésta publique en forma de folleto, tomando por base dicho dictamen, una recopilación razonada de los datos e ideas emitidas en las Conferencias sobre la crisis.

9.- Nombramiento de la Comisión Federal.

Han obtenido votos: C. A. 21; J. A. 21; M. F. lB; P. G. 16; T. P. 13; J. G. V. 8; A. L. 4; S. V. 3; M N. 2; T. O. 2; J. G. 2; J. S. 2; R. F. P. 1; resultando de consiguiente, elegidos los cinco primeros.

10.- Nombramiento de la delegación al Congreso internacional.

Obtuvieron votos: T. M. 16; A. L. 12; J. G. V. 12; R. F. P. 11; T. S. 7; F. T. 3; A. A. 3; C. A. 2; J. L. M. 1; J. S. 1.

11.- Nombramiento de la delegación al Congreso de Paris.

T. M. 14; A. L. 12; J. G. V. 10; T. S. 10; R. F. P. 7; A. A. 2; F. T. 2.

No habiendo aceptado T. M., A. L. fue a representar la Federación Regional en el Congreso de París.

Se resolvió además que los compañeros P. E., M. A. B., Y J. L. M. residentes en París, fuesen autorizados para representar la Federación en aquel Congreso con la reserva de atenerse extrictamente al mandato imperativo.

Se acordó, como mandato para la delegación a ambos Congresos, sostener los principios y la conducta revolucionaria seguida por la Federación Regional Española.

Fueron votadas las proposiciones siguientes:

1. Las Conferencias manifiestan sus simpatías por todos los hombres que han tenido el suficiente ánimo y buena voluntad para atentar contra la vida de los opresores y explotadores del género humano y muy principalmente contra los que impiden el desarrollo de las ideas anárquico-colectivistas.

2. Por iniciativa de la Federación de Tarrasa, se acordó recomendar a las Federaciones que se hallen próximas que celebren conferencias y entrevistas frecuentes a fin de activar la propaganda y ponerse de acuerdo para los fines de la Asociación.

3. Acordóse que todas las secciones de la Asociación remitan, cuanto antes a la Comisión Federal, por el conducto ordinario, todos los datos que puedan acerca de los salarios, horas de trabajo, precios de las subsistencias, alquileres, manera de vivir de los obreros, preocupaciones e ideas más generales que dominan en cada oficio y en cada localidad, y todas aquellas circunstancias que crean útil hacer constar, tanto si se refiere al presente como a los años anteriores; a los Consejos locales se les recomienda hagan el mismo trabajo respecto a los oficios no federados.

4. Las Conferencias recomiendan a todas las Comisiones que en su correspondencia con la Comisión Federal den cuenta de aquello que ocurra en la Comarca o localidad que crean merezca ser conocido, aunque no se refiera a nuestra organización.

Salud, Anarquía y Colectivismo.
La Comisión Federal.
España, 20 septiembre 1870.

La Comisión Federal dió cuenta a las Federaciones locales de los acuerdos de las Conferencias Comarcales en los siguientes términos:

En cumplimiento de lo que previenen los Estatutos, esta Comisión Federal, habiendo tomado posesión de su cargo, os comunica el siguiente resultado de las Conferencias Comarcales del año corriente:

Sobre el tema 3. Revisión de las cuentas de la C. F.

Las Conferen~ias han acordado rogar a las F. L. de Barcelona, Sans, GraCIa y San Martín de Provensals que nombren una comisión revisora de cuentas, compuesta de dos individuos de cada una de dichas F. para que den dictamen sobre ellas y lo publique la nueva C. F.

Tema 4. Revisión de cuentas de las S. C.

En todas las Conferencias han sido aprobadas las cuentas de la respectiva C. C.

Tema 5. Conducta de la C. F.

Las Conferencias han aprobado la conducta de la C. F.

Tema 6. Conducta de las C. C.

Ha sido aprobada en cada Conferencia la de su respectiva C. C.

Tema 7. En vista de la inacción de los partidos políticos que pretendían hacer una revolución ¿qué actitud debe tomar la F. R. española de la A. de los T.?

I. Las Conferencias, atendidas las circunstancias sociales y políticas del momento, acuerdan que la F. R. debe abandonar la actitud espectante por la activa, que le permita desplegar su bandera revolucionaria, a fin de señalar practicamente el medio de conseguir su emancipación económica-social.

II. Las Conferencias han aprobado el proyecto de organización presentado por el Comité de Guerra, que debe pasar a conocimiento de las Comisiones Ejecutivas de la organización de acción.

III. Las Conferencias han acordado un Programa de realización práctica inmediata presentado por el Comité de Guerra.

Tema 8. Delegación al Congreso general, caso que se celebre.

En vista de las circunstancias por que atraviesan todos los países, y muy particularmente la región española, que por este año no se celebre Congreso general, y caso de celebrarse, que la F. R. E. no envíe delegación.

Tema 9. Nombramiento de C. F.

Han obtenido votos: G. V. 19; F. P. 15; J. A. 11; D. P. 11; P. G. 11; M. F. 11; J. G. 11; M. N. 11; A. L. 9, J. V. 6; F. T. 5; J. M.

Tema 10. Nombramiento de la C. C.

Cada Conferencia ha nombrado la suya.

Tema 11. Propiedades generales.

1.- Las Conferencias declaran que han visto con satisfacción y merece todas sus simpatías la conducta de los socialistas revolucionarios rusos y de todos los que han obrado con ellos, y consagran un cariñoso recuerdo a los mártires que han sucumbido en la lucha.

2.- Hasta diciembre del corriente año inclusive se continuará pagando la cuota de presos y emigrados en la forma que al presente.

a) Los dos tercios de lo que por este concepto se recaude en los meses de octubre, noviembre y diciembre quedará en poder de la C. F. constituyendo un fondo para atender exclusivamente al socorro de emigrados.

b) Se consideran como emigrados los individuos que tengan que abandonar la población donde residan a causa de ser perseguidos por nuestras ideas o por actos realizados en pro de ellas.

c) Las cantidades con que se socorra al que tenga que emigrar las fijará la C. F.

d) Para que la C. F. fije en conciencia las cantidades del socorro, la F. L. del que ha de ser socorrido debe enviarle los datos e informes necesarios sobre el caso y el individuo.

e) Las cantidades que se inviertan del fondo para el socorro de emigrados serán repuestas inmediatamente por medio de un reparto cuyo pago es obligatorio a todos los federados.

f) A contar desde 1° de enero de 1880 queda abolida la cuota de presos y emigrados que hoy se paga.

g) La F. L. que tenga la desgracia de que sea puesto preso un compañero debe imponerse una cuota fija para atender a su socorro en la medio da que crea conveniente.

h) Cuando por desgracia los recursos que pueda reunir la F. L. sean insuficientes para el caso. se dirigirá a la C. F. en demanda de auxilio; dando cuenta detallada de las circunstancias que concurran en el preso o presos para quienes lo soliciten.

i) La C. F. con arreglo a los informes que adquiera, atendido el estado precario de los federados, fijará el socorro y en conformidad con él establecerá la cuota que corresponda pagar a los federados de las demás F. L.

j) La cuota del reparto de que se habla en el artículo anterior es obligatoria.

3.- La cuota federal desde 1° de enero de 1880 será de un real por mes y por federado.

4.- Ningún individuo debe ser socorrido si no acredita por medio de documentos que es federado. Caso que algún individuo por circunstancias especiales no lleve documento sólo será socorrido si dos federados responden de pagar, caso de no ser federado, la cantidad con que se le socorra.

5.- Se autoriza a la C. F. para que en caso de publicar el programa de realización práctica inmediata, lo haga en la forma que crea conveniente sin alterar la esencia de los artículos aprobados.

Sobre las proposiciones a, b y c de la sección de albañiles de Barcelona, contenidas en la circular de la orden del día de las Conferencias, han acordado no haber lugar a deliberar.

La Comisión nombrada por las Conferencias para revisar las cuentas de la C. F., compuesta de delegaciones de Barcelona, Sans, Gracia y San Martín de Provensals, reunida en 24 de septiembre de 1880, habiendo revisado las cuentas y sus comprobantes y habiéndolos encontrado conformes las declara aprobadas, firmando éste su dictamen para que así conste.

Siguen las firmas.
La Comisión Federal.
España 1° de octubre de 1879.

Llegamos a un período de triste decadencia de la Federación Regional Española de La Internacional.

La Comisión Federal venía residiendo en Barcelona desde la adopción de las Federaciones y de las Conferencias Comarcales. Esta residencia era impuesta por la especial manera de ser del proletariado español. La organización obrera sólo tenía alguna fuerza numérica en Cataluña y en Andalucía; los catalanes prestaban a la Comisión Federal el apoyo de su más perfecta organización y los recursos propios de la misma, sirviendo de intermediario entre la Comisión y las sociedades obreras el grupo barcelonés de La Alianza, que vivía e impulsaba a la una y a las otras. Los andaluces sólo influían en la organización por su número y por su sentimentalismo, y nada podían en otro sentido, porque víctimas del latifundio y analfabetos en gran parte, no podían administrar ni dirigir. Las restantes comarcas daban escasísimo contingente a la organización y no podía contarse con ellas para nada.

En Barcelona, en el seno de la misma Alianza, surgieron desavenencias y enemistades que trascendieron a la organización en general. Un joven estudiante de Medicina que desde el principio de La Internacional trabajó activamente en el Centro de las Sociedades obreras, graduado ya de doctor, continuó dedicándose con asiduidad a la emancipación de los trabajadores. En la Alianza, en la Comisión Federal, en la Sección de Oficios Varios a que pertenecía, en la delegación a las Conferencias, siempre estaba en su puesto llevando generalmente a todas partes excelentes iniciativas. Esto, con ser tan bueno en sí produjo deplorables efectos: muchos compañeros le dedicaron gran afecto y llegaron a renunciar al propio pensamiento confiando en su acierto y actividad, y él mismo llegó a sentirse indispensable y a desdeñar y aun despreciar a quien quiera que se atreviera a contrariarle.

Otra vez el personalismo y los odios se apoderaron de los compañeros, y una vez más la necesidad de intervenir para apaciguar me hizo blanco de la ira del desequilibrado, y la injusta transigencia, por no decir cobarde sumisión de los compañeros me dejó en situación critica.

Formaba yo parte de la Comisión Federal, y en las Conferencias de 1880 fuí reelegido para continuar en la del año siguiente. En la Conferencia de la Cámara Catalana, celebrada en Tarrasa, se discutió ampliamente la cuestión personal, llegándose a un convenio falso semejante al adoptado en el Congreso de Zaragoza en caso análogo. Nombrado para continuar en la Comisión Federal no quise aceptar, aleccionado por triste experiencia; pero ante los ruegos insistentes y las seguridades de que no se renovarían las enemistades, acepté, menos por debilidad que por sacrificio: esperaba atenuar los odios, tranquilizar las pasiones deprimentes y dirigir la actividad de los compañeros hacia el ideal ...

Como delegado de la Comisión Federal saliente y candidato por la Conferencia Catalana y probable miembro de la futura inmediata, quedé encargado de llevar la representación de la Comisión Federal y los acuerdos y documentación de unas Conferencias a otras.

El resultado oficial de aquellas Conferencias fue publicado por la Comisión Federal nombrada por las mismas en la siguiente circular:

Asociación Internacional de los Trabajadores
Federación Regional Española

Resumen de los acuerdos tomados por las Conferencias Comarcales de la Federación Regional Española, celebradas en agosto y septiembre de 1880.

En las Conferencias han tenido representación las F. L. siguientes: Barcelona, Sans, Gracia, San Martín de Provensals, Mataró, Tarrasa, Sabadell, San Celoni, Bañolas, San Juan Lasfons, San Feliu de Codinas, Reus, Valls, Concetaina, Enguera, Alcoy, Benilloba, Bocairente, Muro, Cádiz, Puerto-Real, Jerez, Arcos, Ubrique, Sevilla, Marchena, Paradas, Arahal, Sanlúcar de Barrameda, Huelva, Benaocaz, Málaga, Antequera, Córdoba, Adra, Valladolid, Zaragoza.

Revisadas las cuentas de la C. F. han sido aprobadas por unanimidad.

Revisadas las cuentas de las C. C. han sido aprobadas por unanimidad en las Conferencias de sus respectivas comarcas.

La conducta de la C. F., previa lectura de su Memoria, ha sido aprobada por unanimidad, absteniéndose de votar San Juan Lasfons.

Todas las Conferencias han aprobado por unanimidad la conducta de sus C. C.

Sobre el tema 7 de la orden del día Revisión de los Estatutos si ha lugar.

1. La C. F. publicará y circulará a las F. L. los Estatutos de la Federación Regional, teniendo presentes las modificaciones introducidas por las Conferencias. (Unanimidad).

2. En lo sucesivo para proponer reformas a los Estatutos de la Federación Regional, es necesario que la Sección o Federación que desee proponerlas remita a la C. F. nota de la reforma que desee introducir, indicando el artículo que quiera reformar para que sea publicado oportunamente en la circular de la orden del día de las Conferencias. (Unanimidad).

3. Los acuerdos que se tomen en una Conferencia Comarcal tienen valor ejecutivo en su comarca, siempre que no se opongan a los Estatutos de la Federación Regional, aunque no hayan sido discutidos y aprobados en las demás Conferencias. La C. F. queda encargada de declarar si los mencionados acuerdos se oponen o no a los Estatutos, dando cuenta después a las Conferencias. (Mayoría de F. L. representadas y unanimidad en las conferencias de Andalucía del O., de Andalucía del E., de Valencia, de Castilla la Vieja y de Zaragoza).

4. Las F. L. comprendidas dentro de cada comarca constituyen una Federación Comarcal y su representante es la C. C. nombrada por las Conferencias. Las Federaciones Comarcales pueden constituirse en Conferencia extraordinaria, previo aviso a la C. F., para destituir a la C. C. que no cumpla con su deber y nombrar otra. Para hacer posible este acuerdo, todas las F. L. de cada comarca tendrán sus respectivas direcciones y podrán corresponder entre sí para todo lo que quieran, guardando la conveniente prudencia. (Aprobado en votación igual al anterior acuerdo).

Tema 8. Sustitución de las Conferencias comarcales por Congresos regionales.

Continuarán celebrándose las Conferencias comarcales. Para que las Conferencias sean fructíferas y sus acuerdos sean la expresión del pensamiento de toda la Federación Regional, las Secciones y Federaciones que deseen proponer acuerdos de interés general, los remitirán oportunamente a la C. F. para que los publique en la circular de la orden del día, sin cuyo requisito no serán admitidos a discusión. (Mayoría y unanimidad en las dos comarcas de Andalucía, Zaragoza y Castilla la Vieja).

Tema 9. Conveniencia e inconveniencia de pagar la misma cuota de 25 céntimos de peseta.

Los federados pagarán mensualmente 30 céntimos de peseta, divididos del modo siguiente: 10 céntimos ,para la C. F.; 10 céntimos para la C. C.; 10 céntimos depositados en la C. C. para atender al socorro de presos y emigrados. Cuando en una comarca haya presos o emigrados a quienes socorrer, la C. C. entregará los fondos que se vayan necesitando a la F. L. a que pertenezcan los compañeros necesitados del socorro, y si los fondos se agotan, la C. C. pasará aviso a la C. F. para que ésta avise a las C. C. para que presten auxilio a la C. C. necesitada. (Aprobado por mayoría: Gracia, Sabadell, Bañolas, San Feliu de C,odinas, Reus y Valls, San Juan Lasfons, San Martín de Provensals, Tarrasa y Marchena, votaron por la continuación de la cuota de 2S céntimos).

Tema 10. Examen del influjo moral y material que los compañeros o comisiones ejercen en sus respectivas localidades.

No ha lugar a deliberar. (Unanimidad).

Tema 11. Considerando que los actos o protestas individuales son de escasos resultados por irse acostumbrando a ellos la burguesía, estudio y medios para la acción colectiva o general.

Se recomienda el programa de acción revolucionaria acordado en las Conferencias de 1879: la C. F. pasará copia a las C. y éstas a las Comisiones ejecutivas de las localidades. (Unanimidad).

Tema 12. Adoptada esta línea de conducta antes o después de iniciarla, ¿convendría atraerse los elementos revolucionarios sin atender a su escuela o procedencia?

Considerando que la fusión con colectividades que tengan aspiraciones distintas a la de nuestra Asociación sólo puede existir a condición de hacer transacciones perjudiciales a los principios, se rechaza toda fusión con dichas colectividades, reservándose el derecho de adoptar la conducta conveniente en vista de la necesidad de acelerar el triunfo de la revolución social. (Mayoría y unanimidad en las Conferencias de las dos comarcas de Andalucía, Valencia, Castilla la Vieja y Zaragoza.

Tema 13. ¿Está la Federación Regional en disposición de ir por sí directamente a la revolución social?

Se ratifica el acuerdo del tema 7 de las Conferencias de 1879 referente al abandono de la actitud espectante por la activa. (Unanimidad).

Tema 14. Conveniencia de hacer represalias.

Se reconoce la necesidad de ejecutar represalias, tanto en las personas y en los bienes de los burgueses como en las de los trabajadores que, habiendo pertenecido a nuestra Asociación, abusan de los secretos que durante su permanencia en ella han adquirido. Para hacer más eficaces estas represalias y para generalizar su acción todo lo posible, se recomienda nuevamente la práctica de la organización de acción revolucionaria aprobada por las Conferencias de 1879. La Asociación no se hace solidaria y no apoyará aquellos actos llevados a cabo por individuos inspirados por pasiones personales y que no redunden en beneficio de la revolución, a juicio de la F. L. donde el acto se realice. (Mayoría y unanimidad de las Conferencias de las dos comarcas de Andalucía, Castilla la Vieja y Zaragoza).

Tema 15. Revisión aprobada del programa aprobado por las Conferencias del año próximo pasado.

Ha resultado aprobado el que oportunamente se circulará a las F. L.

Han obtenido votos para la C. F.: 1. A. 2S, N. G. 16, V. T. 15, A. V. 15, M. C. 13, G. V. 12, M. B. 11, J. R. 11, J. G. 9, J. M. 6, A. C. 4, F. T. 3, M. F. 2, A. D. 2, S. A. 1, M. B. 1, M. 1, T. S. 1, F. P. 1.

España, 16 octubre de 1880.
La Comisión Federal.

Imposibilitada la prensa pública obrera durante los primeros años de la restauración, se venció la dificultad de una manera verdaderamente admirable: se recurrió a la prensa clandestina; pero con tal regularidad, que en las poblaciones donde el movimiento obrero tenía bastante importancia, se recibían las hojas con la misma exactitud periódica que cualquiera publicación política.

Se publicaron mensualmente El Orden, del cual dejo copiados algunos documentos; Las Represalias, ambos en Madrid, según indicios, aunque no puedo asegurarlo, y El Municipio Libre, éste en Barcelona, me consta. Por su impresión se veía que las tales hojas se imprimían por un sistema muy primitivo. La imprenta clandestina de Barcelona fue adquirida por la comisión ejecutiva de la Federación barcelonesa y estuvo situada en un taller de tonelería de la derruída muralla de mar, en lo que es hoy paseo de Colón; después en un piso bajo de la Barceloneta, donde había abundancia de papel procedente de la Aduana, y por último, en una zapatería de la calle Provenza. En ella se imprimían circulares de la Comisión federal, hojas de acuerdos de las Conferencias comarcales, algunos documentos de Sociedades, hojas de propaganda. Allí se imprimía también El Municipio Libre, hoja doctrinal y de combate en que se discutía y exponía como lo hacen ordinariamente los periódicos obreros, con la única diferencia de emplear en ellos algunos adjetivos algo picantes o subidos de color, como convencionalismo exigido por su carácter clandestino.

Cada 18 de marzo, en conmemoración de la Comuna de París, se hacía en Barcelona. una gran velada (ya volveré sobre este asunto), y se publicaDa una hoja. También en ciertas festividades religiosas se publicaban hojas de propaganda anticlerical. A continuación, como recuerdo, inserto las dos hojas siguientes:

¡EL 18 DE MARZO!

Compañeros: Todos sabéis lo que significa esta memorable fecha. París, libre apenas de las calamidades de un sitio riguroso, ve reclamadas por una burguesía suspicaz las armas que empuñara para defenderse; búscanse los caminos más desleales para arrancar alevosamente al proletariado los cañones que tiene en su poder: se enciendó la lucha; surge la Comuna y encárnanse en ella las ideas de la clase obrera sedienta de derecho y de justicia. Al grito sublime del proletariado alármanse todos los intereses egoístas, despiértanse todas las concupiscencias, aúnanse todas las explotaciones, pónense a contribución los más infames procederes: la calumnia, el soborno, la traición, todo, todo lo llama en su auxilio una burguesía trémula de ira e inquieta de que una vez para siempre escape de sus garras la víctima de todos los tiempos, el trabajador, eterno paria de todas las edades. ¡Qué frenesí, qué angustias le producen los primeros albores de una era de justicia! Con incansable ardor hacina fuerza sobre fuerza, falsía sobre falsía, pide a los mismos invasores del territorio complacencias y servicios que éstos conceden de buen grado ... y vence al fin: un mar de sangre ahoga las generosas ideas de emancipación del obrero, ametralla sin piedad, levanta cadalso tras cadalso en la llanura de Satory y hoy, aun después de siete años de aquel trágico suceso, hacen todavía su triste ruta hacia los desiertos de la Nueva Caledonia. las víctimas expiatorias del furor de la implacable burguesía. ¡Que así castiga airada el enorme crimen de reclamar que ella, la mecida en el privilegio, gane también el pan con el sudor de su frente! Vedla espumosa de coraje; vedla rebosando saña; quiere ácabar con todo lo que lleve el nombre de trabajador; intenta un completo exterminio ... pero no, no temáis que llegue a tanto, porque entonces debería trabajar ella a la vez, y el trabajo le inspira mortales repugnancias.

Duro ha sido el castigo, terrible el escarmiento, ¿se detendrá aquí? No; a un pueblo aterrado hay que embrutecerlo para mejor explotarle; por esto vota templos a la virgen de Loreto; destaca un ejército de curas que prediquen la resignación y prometan un cielo ilusorio a cambio de una tierra real y efectiva; paga a cien calumniadores a fin de que inspiren el horror hacia los generosos mártires de la idea de la humanidad; subvenciona periodistas corrompidos para que derramen su inmunda baba sobre frentes inmaculadas; pone a sueldo los histriones de la ciencia para que inculquen mentidas armonias ... pero vano es su afán; los trabajadores del mundo entero repiten el grito de París; el fragor del combate despertó a las masas de Alemania, España, Italia, Inglaterra, Estados Unidos; el obrero tiene clara su conciencia de clase; sabe que su emancipación de sí propio ha de esperarla; oye excéptico a los santones políticos y acude presuroso a las filas de sus compañeros de infortunio; rinde culto a los mártires de París, no tanto por lo que hicieron como por lo que representaron; pide la razón de su malestar económico-social y se apresta a remediarlo.

Compañeros: Conmemoremos el aniversario de la Comuna; aprendamos en sus desastres; no olvidemos que el rencor de una clase rapaz y egoísta ha sacrificado millares de millares de nuestros hermanos; recordemos que lo que nos concede de vida es para arrancárnoslo en las tenebrosidades de una profunda mina o por el aire corrompido de mefíticos talleres; tengamos presente que es otro vampiro y que sólo vive de la sangre que nos chupa ... Atrás, infame burguesía; atrás, con tus clérigos, cuyo largo imperio ha hecho ya sus pruebas y no nos ha librado de esa ignorancia que explotas ni de esa miseria que escarneces; atrás con tus sabios de pacotilla que por todo consuelo nos repiten que no hay cubiertos para todos en el banquete de la vida; atrás con tus leyes, férrea urdimbre para el débil y frágil telaraña para el poderoso. Queremos la ciencia, no tu fe. Queremos la propiedad colectiva, no tu pillaje individual. Queremos la inetrucción, no tu imbécil catecismo.

¡Parias de todos los tiempos! ¡víctimas de todas las edades! ¡oprimidos de la tierra! Loor mil veces a los mártires del proletariado. ¡Viva la emancipación social!

18 de marzo 1878.

SEMANA SANTA

Las ceremonias que celebran hoy los curas con tanta solemnidad y que los católicos contemplan con tanto respeto, son una farsa indigna a la vez que instrumento de especulación y embrutecimiento.

La meditación que quisieran imponemos en este día debemos aplicarla, no a los misterios religiosos, sino al conocimiento de la inmensa estafa social que el clero católico viene efectuando desde su fundación.

Los curas, constituídos en clase independiente desde que lograron imponerse a los gobiernos, han seguido constantemente con el propósito de rodearse de la mayor suma de privilegios y eximirse del cumplimiento de todos los deberes sociales. Para perseverar en este propósito no han vacilado en llevar a cabo los mayores crímenes y las más grandes humillaciones. Soberbios con los poderes débiles, llegaron en la Edad Media a considerar a las naciones como su patrimonio y los reyes eran sus miserables instrumentos. Humildes con los poderes fuertes, sancionaron todos los vicios de los poderosos. Consintieron en los divorcios de los reyes, casaron segunda o tercera vez a los divorciados, expidieron bulas, tolerando por dinero la conquista, el concubinato y el adulterio y adularon a la corrupción.

En el fondo de toda cuestión política y social, han dicho los hombres de la Iglesia, hay siempre un caso de conciencia; por esto puede asegurarse, teniendo en cuenta la poderosa influencia que siempre ha ejercido la gente negra, que la causa principal de toda guerra ha sido una maniobra clerical.

Sí; los curas se han propuesto como objeto en todos los tiempos vivir sin trabajar. Para esto formaron un pacto de solidaridad y con sus intrigas en los palacios de los reyes y con sus amenazas con los horrores del infierno a la cabecera de los moribundos lograron acaparar el poder y la riqueza. Para llevar adelante sus propósitos con más libertad, decidieron vivir célibes, es decir, satisfacer sus apetitos con la hija, la hermana o la mujer del prójimo, para lo cual sirve de gancho el confesonario, pero no cargar con las obligaciones de padre de familia.

Cada página de la historia señala un crimen horrendo o alguna infamia nevada a cabo por la gente de sotana; las cruzadas, la inquisición, el degüello de los judíos, la San Bartolomé, la propagación del fanatismo, los falsos milagros, etc., etc.

Hasta entonces la Alianza de la Democracia Socialista había dado buenos frutos, o a lo menos no los había dado ostensiblemente malos. Dedicada a impulsar la organización obrera en el sentido de la mayor cohesión y en el de dirigirse hacia el ideal, había cumplido fielmente su propósito, y bien puede decirse que el Congreso de Córdoba tuvo razón en no satisfacer los deseos de los enemigos de la Alianza acordando no ha lugar a deliberar sobre aquella institución, o sea dejándola obrar libremente mientras no se hiciera acreedora a la censura.

Podría discutirse la conveniencia o inconveniencia de sugestionar las agrupaciones obreras con el fin de realizar ciertos actos no determinados por la propia voluntad dirigida por el conocimiento previo, y en este sentido pienso hoy lo contrario de lo que pensaba treinta años antes, y consigno aquí como descargo de conciencia y como consejo a mis compañeros.

Entusiasta por el ideal ante la elocuente a la par que sencilla y sugestiva demostración de Fanelli, parecíame que todos los trabajadores habían de sentir Y comprender con igual rapidez e intensidad y cuando no, adoptando la máxima el fin justifica los medios, que todo el mundo profesa en mayor o menor escala, aunque hipócritamente se niegue por rehuir concomitancias con el antipático jesuitismo, por bueno tenía empujar dando a la ficción la apariencia de la realidad. Y empujé, junto con mis compañeros de la Alianza, hasta constituir una federación de federaciones que asustó a gobernantes ricos y aspirantes a serlo, y que en realidad era un castillo de naipes sin la menor solidez, que había de derrumbarse, como se derrumbó, ante el menor choque autoritario, no quedando de todo ello más realidad que los individuos convencidos y aun los fanáticos mientras les durase la cuerda y no viniera el escepticismo a desvanecer las ilusiones.

¿Qué sabía yo entonces de la influencia regresiva del atavismo ni de la lentitud progresiva de la evolución? ¿Quién pudiera culparme, ni a otros compañeros trabajadores aliancistas, de que creyéramos sobreponernos al atavismo y a la evolución con actos de ilusorio radicalismo, cuando en el absurdo nos acompañaban y hasta se nos anticipaban hombres del privilegio que estudian en la Universidad y poseían títulos y grados académicos?

Hoy considero que las afirmaciones que haga o que hagan en nombre de una entidad grande o pequeña, llámese sociedad, asociación, liga, partido, masa, multitud, sólo tienen valor positivo según se aproximen a radicar en todos y en cada uno de los individuos que componen la corporación de que se trate. Un programa, un manifiesto, una manifestación, las conclusiones de un mitin, una votación, una sonada, aunque por su importancia material tenga carácter de revolución, nada significan si su interpretación corre exclusivamente a cargo de sus inspiradores y directores habiéndola de acatar el mismo pueblo a quien se pretende beneficiar.

¡Cuánto más beneficioso hubiera sido que, en vez de arrancar acuerdos y soluciones por sorpresa, se hubiera propuesto la Alianza una obra de educación y de instrucción, encaminada a obtener acuerdos y soluciones como sumas de voluntades conscientes!

No se hizo así, y de ahí sobrevino un éxito aparente, tan grandioso como falso al principio, falsa e impracticable organización después, y por último, una decadencia rápida que llega al lindero del fracaso absoluto.

La obra desorganizadora de la Alianza, fue mucho más rápida que la organizadora. Antes era necesario estar al tanto de todos los asuntos de la organización, haber preparado las soluciones en reunión secreta y trabajar en el seno de las secciones, federaciones, comisiones, comités, consejos, periódicos, congresos y conferencias para obtener los acuerdos deseados. Después bastó insinuar una calumnia en desprestigio de un individuo o de una entidad y servirse del correo para producir la hostilidad necesaria y conseguir el objeto deseado.

Contra mí principalmente y contra mis compañeros de Comisión federal, Gasull, Nacher, Alier y Vidal se levantó una tempestad de odio en Barcelona. Desvanecida en la Conferencia de la Comarca Catalana, celebrada en Manresa, con la aprobación de la Memoria, de la conducta y de las cuentas de la Comisión federal, se renovó después con la publicación de los acuerdos de las Conferencias comarcales y el nombramiento y constitución de la Comisión federal, fundándose en la acusación calumniosa de que yo había falseado la elección de la Comisión federal.

La acusación, además de falsa era absurda. El nombramiento se efectuó de la manera siguiente: En la primera conferencia se designó como residencia de la Comisión federal, Barcelona; los delegados catalanes, muchos de Barcelona o de sus inmediaciones conocían bien el personal y presentaron y votaron sus candidatos; en las demás conferencias que desconocían el personal, votaban por confianza los mismos que habían votado la conferencia anterior, o algún nombre conocido, o a capricho el ñombre que entre los candidatos les chocaba porque sonaba mejor, y delegado hubo que votó el nombre catalán de pronunciación más difícil, pronunciándole el votante de una manera ridícula entre las risas de los demás delegados. Poco me hubiera costado elogiar a uno y censurar a otro, determinando a los electores en el sentido de mi preferencia; pero no lo hice, lo que no obsta para que se me acusara de haber ejercido coacción sobre los electores para dar un pucherazo electoral.

Constituída la Comisión federal y publicados los acuerdos de las Conferencias, mis enemigos, que lo eran mis compañeros de la Alianza, no pararon hasta ultimar los trabajos de protesta y convocatoria de una Conferencia extraordinaria para destituir la Comisión federal y nombrar otra nueva, instigando a las Federaciones locales para que nos negaran toda correspondencia.

El resultado fue el que se proponían.

Convocóse una Conferencia extraordinaria. Los que creían haber salvado de un peligro a la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de los trabajadores fueron los que le asestaron el golpe mortal. Aquella conferencia puede decirse que fue el último acto celebrado por la Asociación en España.

La Comisión federal, en vista de la injustificada y apasionada guerra que se le había declarado, acordó hacer entrega de su cargo y de su documentación a una Comisión de la Federación local barcelonesa, como así se verificó.

La Conferencia extraordinaria se convocó y se reunió con delegados de las comisiones comarcales, pero la tal Conferencia resultó una injusticia flagrante. No sólo no se ajustó a ningún precepto estatutario, sino que la casi totalidad de los delegados eran federados barceloneses que habían recibido su mandato, no de las secciones, no federaciones, ni comités, consejos locales o comisiones comarcales de las comarcas que representaban, sino de no sé qué Comisión barcelonesa que habia recibido nombramientos en blanco de las comisiones comarcales y entregaban, poniendo su nombre, al individuo que convenía y se prestaba a desempeñar la farsa de tal representación.

Así lo arregló el cacicato dictatorial y electorero de la Alianza; hasta el punto degeneró aquella Alianza que soñó dar al proletariado energía artificial para cambiar rápidamente el régimen social.

Mis compañeros de Comisión federal y yo recibimos cada uno una invitación concebida en estos términos:

ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
Federación Española.

La Conferencia regional española ha resuelto invitarte para que hoy a las cuatro de la tarde te presentes en la plaza de Cataluña, a fin de asistir a la reunión de esta Conferencia.

Salud, Anarquía y Colectivismo
7 de febrero de 1881.
El delegado de la Comarca de Andalucía del Este.
El delegado de la Comarca Valenciana.
El delegado de la Comarca Catalana.
El delegado de la Comarca de Castilla la Nueva.
El delegado de la Comarca de Castilla la Vieja.
El delegado de la Comarca de Andalucía del Oeste.
Sello de la Comisión comarcal catalana

Aunque no tuve tiempo para ponerme de acuerdo con mis compañeros de Comisión federal, sabía yo que indignados por la injusticia de que eran objeto, no querían obedecer la invitación que tenía carácter de mandato; pero yo, aunque poseído de los mismos sentimientos, me presenté en la plaza de Cataluña en el momento indicado, y un compañero me condujo a Gracia, a un café, en un salón del piso superior, donde se hallaba reunida la Conferencia, compuesta toda, si no recuerdo mal, de federados barceloneses, excepto uno de Valladolid, a quien sus compañeros delegaron para el caso.

Aquellos compañeros, amigos míos todos en tiempo normal, habían tomado en serio su papel de justicieros. Me designaron un asiento en medio del local y frente a la mesa, produciendo bien el efecto de tribunal ésta y banquillo del acusado aquél. Se me interrogó y acusó duramente; respondí y me defendí con sencillez, y sinceridad y tuve el sentimiento de oir las más apasionadas, falsas y calumniosas acusaciones y de ver que un compañero andaluz, que se había manifestado muy amigo durante su residencia en Barcelona, hacía ya algunos años, y que en su deseo de instruirse me había rogado le enseñara gramática, porque deseaba aprender a escribir para la propaganda, se ensañara contra mí acusándome de que quería detener la organización obrera, arguyendo en pro de su acusación con falsedades por demás exageradas y ridículas.

La conferencia extraordinaria estuvo al ínfimo nivel que correspondía a la pequeñez de su objeto. Cuando los jueces de la farsa se creyeron satisfechos, sin más defensa que la que yo mismo hice con la sencillez de mis respuestas, me despidieron, y me retiré con la dolorosa sensación de ver mi eritusiasmo por el ideal y mi constante trabajo recompensado por segunda vez con negra ingratitud.

Supe después que aquella conferencia me había expulsado de la Federación Regional por no sé qué crímenes, y encargaba a la Federación local de la población de mi residencia que me vigilase constantemente. La circunstancia de haber atendido a su invitación, presentándome, lo consideró aquella Conferencia como circunstancia agravante, porque a los otros invitados que no comparecieron les condenó a penas más leves; no puedo precisar cuáles, porque sólo recuerdo la impresión recibida entonces y no conservo documentos que la precisen.

La expulsión de un individuo por el poder absorbente de aquella Conferencia extraordinaria no tenía eficacia, no podía surtir efecto mientras continuara yo siendo socio de la Sección de Tipógrafos de Barcelona, federada a la Federación local de la misma ciudad.

Así lo comprendieron mis enemigos, y para subsanar su falta trataron de expulsarme de la sección de mi oficio, y al efecto recurrieron a someterme a un jurado formado por la misma.

Constituyóse el jurado en casa de un antiguo y querido amigo, cuyo nombre no quiero citar por respeto cariñoso a su memoria, quien, convertido a la sazón en mi enemigo, actuaba de presidente.

Mi afectuoso y buen amigo de los buenos tiempos del principio de La Internacional, mi compañero de la Alianza, me tenía allí delante y se disponía a juzgarme, a mí, que ocupaba por segunda vez el banquillo de los acusados por haber cumplido con mi deber, por haber hecho acto de independencia contra la soberbia de un compañero endiosado, de un anarquista que, según frase de un compañero aliancista que no tuvo valor para sostener su opinión, llevaba un emperador dentro de su cabeza. Porque bueno es recordar que aquella ola de pasión y de injusticia provenía de haber indicado a un individuo, que se había erigido en dictador, que había de limitarse a ser compañero. sin exceder en nada el nivel del compañerismo.

Sirvió como motivo de acusación contra mí el acuerdo de la Conferencia extraordinaria expulsándome de la Federación Regional, y aquel motivo, lejos de provocar en mis compañeros de sección la idea de expulsarme, debía, por el contrario, haber motivado una enérgica protesta contra el abuso de autoridad y la usurpación del poder que se había atribuído aquella desdichada conferencia extraordinaria.

En efecto, según el reglamento típico de la sección de oficio, concordado con todos los demás reglamentos y con los Estatutos de la Federación Regional, el obrero internacional lo era por su admisión y por su continuación en la sección de su oficio.

Se comprende que así fuera y no podía ser de otro modo: en buena doctrina federalista el individuo autónomo se comprometía en el seno de la sección de su oficio al cumplimiento de los deberes necesarios para el goce de determinados derechos. La admisión y exclusión de los individuos competía exclusivamente a la sección, la cual, para excluir al individuo que lo mereciera, tenía instituído al jurado en sus artículos 40 al 43 de su reglamento. La Federación local podía admitir o excluir secciones y la Federación regional admitía o excluía Federaciones locales, según consignaban sus respectivos reglamentos, pero nada tenían que ver con los individuos.

Lo racional era que la Sección de tipógrafos de la Federación local barcelonesa se querellara contra la Conferencia extraordinaria por usurpación de poder, por abuso autoritario contra la sección misma prescindiendo por el momento de un asunto particular. Cada socio debió ver ante todo una injusticia, una contravención al pacto federal, y después un peligro para sí mismo; la sección, dejando en segundo término el examen de mi conducta, debió proclamar la integridad de su autonomía, rechazando la intromisión de la Conferencia en la esfera de las respetables autonomías de la sección y del individuo, y después juzgarme.

No fue así, desgraciadamente; en la Sección de Tipógrafos había miembros de la Alianza que figuraban entre mis jueces, y estos jueces, que gozaban de influyente prestigio en la sección, estaban de acuerdo con otros aliancistas que habían representado el papel de delegados en la Conferencia que acababa de decretar mi expulsión, y hallaron más racional respetar el acuerdo de sus colegas, aun tratándose de otro colega como era yo mismo, que atenerse al pacto fundamental de la organización obrera internacional.

El resultado de aquel jurado fue desastroso: asistí a dos sesiones y con la razón de mi parte y con la convicción íntima de mi derecho desconocido por cuantos eran mis enemigos o permitían con su indiferencia que se me ultrajara y atropellara, convertí el banquillo de acusado en dignísimo tribunal y viceversa la mesa de los jurados.

Sufrí el interrogatorio a que tuvieron a bien someterme, pero mis obcecados compañeros, peor que obcecados, dominados por un convencionalismo que les tiranizaba, súbditos del anarquista autócrata, se dieron cuenta de su falsa situación, y en vez de libertarse por un acto de franca y noble valentía proclamando mi justificación y la autonomía de la sección, optaron por lo peor, por el absurdo de dejar en suspenso al jurado sin dar veredicto absolutorio ni condenatorio, sacrificándome a la soberbia del dictador que de tal manera dominaba en aquella decadente Federación Regional.

Así quedé yo moralmente, sin tierra que pisar, ni socio, ni internacional; esquirol, por exclusión y abandono: en la imprenta en que trabajaba, desempeñando la plaza de corrector, y donde todos los compañeros de trabajo eran socios de la Sección de Tipógrafos, me quedé completamente aislado; nadie me dirigía la palabra; todos mis amigos, puesto que no frecuentaba más amistades que la de algunos compañeros, se apartaron de mí, y quedé reducido a un mínimum de vida inadmisible para quien, gozando de libertad, necesitaba la amistad, la lucha, la propaganda y la comunión humana.

La enemistad de mis ex compañeros llegó al extremo de querer privarme de medios de subsistencia; se pensó en que se me despidiera de la imprenta, y llegó a darse algún paso en aquel sentido; pero se desvaneció el propósito por un resto de buen sentido irritado ante la enormidad de la felonía propuesta por un socio que se mostró en contra mía poseído de la más rabiosa enemistad. ¡Quién sabe qué causas motivaban en aquel individuo tan deprimente pasión! ¡Sólo diré que aquel hombre, algunos años después de los sucesos que vengo relatando, se mató de un tiro en su casa y en su cama!

Como resumen y recuerdo característico consigno el hecho siguiente: Un día festivo salí a dar un solitario paseo; caminaba por la ronda de San Antonio con dirección a la plaza de la Universidad, y desde lejos vi venir hacia mí a un antiguo compañero a quien hacía mucho tiempo que no veía y con quien había tenido gran amistad y confianza. Me disponía a saludarle cuando, ya a los pocos pasos de distancia, separa de mí su vista, se finje distraído, y en el momento de cruzarse conmigo escupe al suelo y pasa de largo.

Grande fue la pena que sentí en aquel momento, pero mi justicia me confortó y me consoló: yo no merecía semejante desprecio, y mi pena se convirtió en lástima por aquel y otros muchos compañeros sugestionados por la calumnia a causa de su ignorancia y débil voluntad.

Una ola de pesimismo me amenazó; a otros en análogas circunstancias les habría anegado y sumido en el abismo del escepticismo, considerando irredimibles a los trabajadores; yo me libré de ella, porque, procurando elevarme en mis consideraciones a mayor altura, tuve un punto de vista que me permitió alcanzar el conjunto de las causas, y vi, si no una justificación en aquellos irracionales apasionamientos, una explicación, de la cual deduje, no el desvanecimiento de mis emancipadoras esperanzas, sino su realidad despojada de vanos espejismos: no tomé mi deseo como anhelado oasis en el desierto, sino que pude apreciar el camino recorrido y calcular racionalmente el que faltaba recorrer, tras el cual confiaba en hallar, como sigo confiando en el momento de trazar estas letras, el ideal que como profecía científico-revolucionaria promete el progreso.

Tenía necesidad de justificarme, de defenderme, de ponerme a cubierto contra los efectos de la calumnia por mi propia honra y como tributo a la verdad, y mi juicio y la experiencia me suministraron el medio. Había ya observado. que en los pasados antagonismos personales las discusiones tenían siempre, caracter agresivo: uno acusaba a otro por una falta y en la acusación ponían siempre un tanto más de malicia para causar efecto más seguro; el acusado, en su defensa solía defenderse de lo principal como podía y del accesorio malicioso con mayor insistencia, porque le era más fácil desvanecer la exageración, y al hacerlo no podía por menos de recargar por su parte con una nueva exageración, y de este modo los enemistados emprendían una marcha diametralmente opuesta en la que la concordia era absolutamente imposible. De este modo los amigos enemistados llegaron a sentir los más agudos odios y a sugerir en sus parciales los mismos horrorosos sentimientos.

Nada hice en mi defensa; sobre todo tuve especial cuidado en no ofender a nadie, y así pasé tres o cuatro años en una especie de retiro, que me sirvió de descanso, dedicado al estudio, preparándome para futuras campañas, confiado en que aquel turbión pasaría, y con un ambiente renovado podría dedicarme a la lucha por la conquista del ideal.

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