Índice de Historia de la Nación Chichimeca de Fernando de Alva IxtlilxochitlCapítulo XLCapítulo XLIIBiblioteca Virtual Antorcha

CAPÍTULO XLI

Que trata de la hambre y mortandad que hubo en esta tierra y por qué causa se comenzaron las guerras de Tlaxcalan, Huexotzinco y Cholulan contra el imperio

Estando las cosas del imperio en grande prosperidad por la abundancia de mantenimientos y máquina grande de gentes (que era de tal manera que hasta los montes y sierras fragosas las tenían ocupadas con sembrados y otros aprovechamientos y el menor pueblo de aquellos tiempos tenía más gente que la mejor ciudad que el día de hoy hay en la Nueva España según parece por los padrones reales de aquellos tiempos), como las cosas de esta vida tienen mil mudanzas y nunca faltan calamidades (como las que en esta sazón acontecieron y fueron las primeras), en el año de 1450 que llaman matlactli tochtli fue tan excesiva la nieve que cayó en toda la tierra que subió en las más partes estado y medio, con que se arruinaron y cayeron muchas casas y se destruyeron todas las arboledas y plantas, resfrió de tal manera la tierra que hubo un catarro pestilencial con que murieron muchas gentes y en especial la gente mayor; y los tres años siguientes se perdieron todas las sementeras y frutos de la tierra, en tal conformidad que pereció la mayor parte de la gente y en el siguiente de 1454 a los principios de él hubo un eclipse muy grande de sol, luego se aumentó más la enfermedad y moría tanta gente que parecía que no había de quedar persona alguna, según era la calamidad que sobre esta tierra había venido y la hambre tan excesiva que muchos vendieron a sus hijos a trueque de maíz en las provincias de Totonapan. en donde no corrió esta calamidad; y los de aquellas provincias, como eran tan grandes idólatras, todos los esclavos que compraban los sacrificaban a sus dioses, pareciéndoles que los tenían propicios para que no corriese la misma calamidad en su tierra. Y aunque Nezahualcoyotzin en su tierra y reino, Motecuhzomatzin y Totoquihuatzin en los suyos, hicieron todo lo posible por socorrer a sus súbditos y vasallos (porque además de haberles alzado los tributos por seis años que fue el tiempo que duraron estas calamidades, les dieron y repartieron todas las rentas de maíz que tenían en las trojes guardades y reservadas de a diez, doce años y más tiempo), viendo que no cesaba la calamidad se juntaron todos tres con la señoría de Tlaxcalan a tratar el remedio más conveniente para este efecto: los sacerdotes y sátrapas de los templos de México dijeron, que los dioses estaban indignados contra el imperio y que para aplacarlos convenía sacrificar muchos hombres y que esto se había de hacer ordinariamente, para que los tuviesen siempre propicios. Nezahualcoyotzin que era muy contrario a esta opinión. después de haber hecho muchas contradicciones, dijo que bastaba que les sacrificasen los cautivos en guerra, que así como así habían de morir en batalla, se perdía poco, además de que sería muy grande hazaña de los soldados haber vivos a sus enemigos, con lo cual, a más de que serían premiados, harían este sacrificio a los dioses: replicaron los sacerdotes, que las guerras que se hacían eran muy remotas y no ordinarias, que vendrían muy a espacio y debilitados los cautivos que se habían de sacrificar a los dioses, habiendo de ser muy de ordinario y la gente reciente y dispuesta para el sacrificio de los dioses, como lo solían hacer con sus hijos y esclavos. Xicoténcatl uno de los señores de Tlaxcalan fue de opinión, que desde aquel tiempo en adelante se estableciese que hubiesen guerras contra la señoría de Tlaxcalan y la de Tetzcuco con sus acompañados y que se señalase un campo donde de ordinario se hiciesen estas batallas y que los que fuesen presos y cautivos en ellas se sacrificasen a sus dioses, que sería muy acepto a ellos pues como manjar suyo sería caliente y reciente, sacándolos de este campo; además de que sería lugar donde se ejercitasen los hijos de los señores, que saldrían de allí famosos capitanes y que esto se había de entender sin exceder los límites del campo que para el efecto se señalase, ni pretender ganarse las tierras y señoríos y asimismo había de ser con calidad que cuando tuviesen algún trabajo o calamidad en la una u otra parte habían de cesar las dichas guerras y favorecerse unos a otros, como de antes estaba capitulado con la señoría de Tlaxcalan. A todos pareció muy bien lo que había dicho Xicoténcatl y como interesados y muy religiosos en el servicio de sus falsos dioses, apretaron en el negocio para que se efectuase y así Nezahualcoyotzin señaló el campo que fue entre Quauhtépec y Ocelotépec, y por tres las cabezas del imperio, señaló para el efecto otras tres provincias, que fueron la de Tlaxcalan referida, la de Huexotzinco y Cholulan, que llamaron los enemigos de casa, con calidad que peleasen tantos a tantos yendo los de las tres cabezas juntos y que diesen su batalla los primeros días de sus meses, comenzando por Tlaxcalan la primera vez y luego de ahí a otro mes que fue la segunda en el campo que estaba señalado de Huexotzinco y la tercera en el campo de Cholula, cuyos defensores eran los de Atlixco; y luego comenzaba otra vez la tanda por Tlaxcalan: con que hubieron suficiente recaudo los sacerdotes de los templos de Texcatlipoca, Huitzilopochtli, Tláoc y los demás que eran ídolos de los mexicanos, los de los contrarios Cumaxtle, Matlalcueie y Quetzalcóatl. Así se comenzaron estas guerras y abominables sacrificios de los dioses (o para mejor decir) demonios, hasta que vino el invictísimo don Fernando Cortés primer marqués del Valle a plantar la santa fe católica: asimismo quedó por ley que ninguno de los naturales de las tres provincias referidas pudiesen pasar a estas partes, ni los de acá ir allá, con pena de ser sacrificados a los dioses falsos. En el año se hacían dieciocho fiestas principales a los dioses fingidos, que era a los primeros días de sus dieciocho meses con que repartían su año solar, en los cuales sacrificaban los nombres cautivos en las guerras referidas y en otras fiestas que tenían movibles.

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