Índice de La Convención Revolucionaria de Aguascalientes de Vito Alessio RoblesCapítulo anteriorCapítulo siguienteBiblioteca Virtual Antorcha

Capítulo 66

La campaña del Bajio, las derrotas del General Francisco Villa y el ocaso de una asamblea revolucionaria.

Parecían haber amainado las dificultades entre el Presidente, General Roque González Garza, y los jefes del Ejército Libertador del Sur, con la entrevista que celebró el primero, el día 20 de marzo de 1915, con el General Emiliano Zapata. Pero desdichadamente, no fue así. Siguieron días angustiosos preñados de recelos y de mutuas desconfianzas, que redundaron en provecho de don Venustiano Carranza y el General Alvaro Obregón, y que el último supo aprovechar muy bien, para el buen éxito de las operaciones militares que tenían por objetivo militar el dominio de la región del Bajío.

La situación militar en la República.

Aunque sea someramente, es oportuno echar una ojeada a la situación militar de la República en la primera quincena de marzo de 1915. Las fuerzas adictas a la Convención dominaban en lo absoluto los Estados de Chihuahua y Coahuila, porciones de Puebla, Hidalgo, Jalisco, Nuevo León y Tamaulipas, la mayor parte de San Luis Potosí, casi todo Sonora, Sinaloa y Nayarit y la totalidad de los Estados de Durango, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, México, Morelos y Guerrero.

El General Felipe Angeles en posesión de Monterrey, preparaba sus fuerzas para apoderarse de Matamoros, Ciudad Victoria y Tampico. Ya podía disponer la División del Norte del combustible extraído de las minas de carbón del norte de Coahuila. El General Tomás Urbina, con una poderosa columna, había emprendido la ofensiva sobre las posiciones que los carrancistas habían fortificado en El Ebano, para adueñarse de la región petrolera, toda ella en poder de las fuerzas que sostenían a don Venustiano. La importante ciudad de Guadalajara había vuelto a quedar en manos de las fuerzas de los Generales Diéguez y Murguía. En Michoacán continuaba el juego de estira y afloja en el que las fuerzas que habían estado a las órdenes del General Gertrudis Sánchez, reconocían alternativamente al bando cuyas tropas se encontraban más cercanas y en aquellos días parecían inclinarse del lado de Carranza.

Para esas fechas, las fuerzas del Primer Jefe dominaban en la región del Sureste y controlaban los Estados de Veracruz y Oaxaca, dominio que les permitía el envío de pertrechos por la vía de Salina Cruz y Manzanillo, a los elementos que en Jalisco sostenían al dicho Primer Jefe, fuertemente amagados por las fuerzas de la División del Norte a las órdenes directas del General Villa.

El difícil cometido del General Obregón.

Obregón, después de haber extorsionado a los habitantes de la capital de la República, dirigió su marcha hacia el norte. ¿Cual era su principal objetivo? Desde luego en obedecimiento de las órdenes dictadas por Carranza, eludir responsabilidades ante las amenazas del Departamento de Estado norteamericano por las incitaciones al saqueo hechas en forma clara por el caudillo sonorense. Como objetivo militar, procurar la unión de sus fuerzas con las de los Generales Diéguez y Murguía, que habían hecho salir de Guadalajara a las fuerzas villistas y evitar que éstas, reunidas con otras procedentes del Norte, volvieran a ocupar Guadalajara e infligieran un fuerte revés a las tropas de los Generales mencionados.

Pero indudablemente, perseguía otro objetivo de más importancia: interponerse con sus fuerzas entre las de Villa, procedentes del norte y las fuerzas zapatistas que se encontraban en la capital y sus alrededores, para evitar toda comunicación entre estos núcleos convencionistas. El objetivo era demasiado audaz porque Obregón corría el riesgo de una acción combinada de tales fuerzas adversarias y de ser aplastado por ellas, o cuando menos correr el gravísimo riesgo de dejar completamente al aire, sin ninguna protección, su línea de comunicaciones de más de setecientos kilómetros de longitud, que en Ometusco, San Lorenzo o en Tula, podía ser cortada fácilmente por el enemigo. En efecto, Tula se encuentra solamente a ochenta kilómetros de la capital. El avance de Obregón hacia Querétaro, Celaya y el Bajío, resultaba peligrosísimo.

Pero Obregón ya antes había dejado en peligro su línea de comunicaciones avanzando hacia el centro del país, cuando Guaymas y Mazatlán estaban ocupados por fuerzas adversarias. Mas en el caso del Bajío, el peligro era mucho mayor. Quiza Obregón consideró que los zapatistas no disponían de fuerzas de choque, que pudieran cortar la vía férrea entre Ometusco y Tula.

Los errores y las deficiencias del General Francisco Villa.

El jefe de la División del Norte, que había dado muestras de gran habilidad en su campaña del Norte, no dio muestras de igual aptitud en las operaciones del Bajío. En primer lugar, subestimó las dotes guerreras de Obregón. Parece que le estorbó el manejo de grandes masas armadas y que le faltó el conocimiento del terreno en que operaba. Además se empecinó en conservar a todo trance el empalme de Irapuato, con la mira de impedir la unión de las fuerzas de Obregón con las de Jalisco. Villa era sobre todo, un jefe de caballería que tenía absoluta fe en el choque y Obregón disponía de aguerridas fuerzas de infantería. Le bastaba para tener la ventaja en el momento decisivo, precaverse del choque y para ello, esperó a las fuerzas de Villa en Celaya, población que mandó rodear con obras de fortificación pasajera y que además se encuentra en una llanura en donde los canales y acequias de riego, cuyos bordos que podían utilizarse como trincheras, constituían un serio obstáculo para las cargas de caballería.

Ya hemos visto cómo el General Villa desoyó la sugestión del General Felipe Angeles consistente en que el más fuerte núcleo de la División del Norte debería marchar sobre la plaza de Veracruz. En el caso del primer combate de Celaya, se repitió la historia. El General Villa, desde Silao tuvo una conferencia telegráfica con Angeles, que se encontraba en Monterrey, preparándose para hacer marchar sus tropas sobre Matamoros y Tampico. Villa le hizo conocer sus propósitos de atacar a Obregón en Celaya y le pidió su opinión sobre este plan. Angeles opinó que por ningún motivo debería hacerlo y le sugirió que se replegara hacia el Norte lo más lejos posible, con el objeto de que Obregón se debilitara, alargando todavía más su línea de comunicaciones, con lo cual se derrotaría él solo.

Ante la persistencia de Villa en su plan primitivo de ataque a Celaya, Angeles rogó, suplicó que no lo hiciera. Aconsejó el repliegue hasta Aguascalientes o hasta Zacatecas, indicando que se colocaran a retaguardia de Obregón, dos o tres brigadas ligeras de la División del Norte para cortar su línea de comunicaciones con Veracruz.

La campaña del Bajío.

Tula, la antigua capital de los toltecas, se convirtió en aquellos días, en la clave de la situación. Para asegurar su posesión, el General Obregón situó en esa plaza una fuerza de tres mil hombres a las órdenes del General Agustín Millán. Se efectuó el primer combate de Celaya en los días 6 y 7 de abril. Villa fue rechazado con graves pérdidas, pero las fuerzas de Obregón quedaron maltrechas y sobre todo escasas de municiones. El 13 de abril se inició nuevo combate. Las caballerías de Villa, reforzadas, atacaron con ímpetu. Obregón había recibido por la vía de Tula gran cantidad de pertrechos, sin que las fuerzas de guarnición en la capital hubieran puesto el menor obstáculo a ese convoy, que Obregón bautizó con el nombre de La Victoria. Las embestidas fueron furiosas. Para el día 15 de abril la División del Norte había sido derrotada en forma decisiva, con graves pérdidas en hombres, cañones y municiones.

Desgraciadamente, esta victoria se manchó con un bárbaro derramamiento de sangre. Una página sombría -escribió el General Juan Barragán- vino a empañar los laureles del triunfo. El jefe de las fuerzas vencedoras que había proclamado en Aguascalientes, que él como simple Sargento, marcharía a combatir al primero que no acatara los acuerdos de la Convención, realizó una de las más grandes hecatombes que registra la triste historia de nuestras guerras civiles.

Dirigió al terminar la batalla, el siguiente telegrama:

Celaya, Gto., abril 15 de 1915.

Primer Jefe. Faros, Veracruz, Ver.

Hónrome comunicar a usted que anoche fueron pasados por las armas, ciento veinte oficiales y jefes villistas, entre ellos Joaquín Bauche Alcalde y Manuel Bracamontes, de Sonora. Haberse encontrado muertos en campo de batalla, Generales ex federales Migoni, Meza y Meneses. Número aproximado de muertos, alrededor de cuatro mil. En este momento destaco al General Serrano con cuatro mil hombres para atacar un grupo igual que quedó copado del enemigo y se encuentra en la hacienda de Santa María. Villa pasó anoche 9 p.m. por Irapuato, huyendo hacia el Norte.

Respetuosamente General en Jefe de las Operaciones

Alvaro Obregón.

Y agrega el antiguo jefe del Estado Mayor de don Venustiano:

El señor Carranza guardó, discretamente, el anterior documento, sin darle ninguna respuesta ...

Desorden en la capital.

Villa, por medio de correos especiales, urgía a González Garza, con gran apremio, a que fuerzas de la capital cortaran las comunicaciones de Obregón con el puerto de Veracruz. Logró que las tropas zapatistas lo intentaran en Ometusco, pero fueron rechazadas por las fuerzas a las órdenes del General Gabriel Gavira, en 22 de marzo. Como en la capital no habían quedado tropas de la División del Norte, González Garza apremiaba, a su vez, a los zapatistas, y estos apremios provocaron un gran distanciamiento entre el Presidente provisional y algunos jefes del Ejército Libertador del Sur.

Mientras el General Villa se replegaba con sus tropas hacia León, en la madrugada del 7 de mayo, el General Antonio Barona, del Ejército Libertador del Sur, un troglodita que ya había provocado graves escándalos, completamente ebrio, disparó su revólver en varios prostíbulos y en las calles. Cuando fue llamado al orden por un enviado especial del Presidente González Garza, reunió a varios soldados y marchando con ellos, preparó el asalto al Hotel Lascuráin, en el costado norte de la Alameda, donde se alojaba el encargado del Poder Ejecutivo.

Los soldados de Barona, parapetados en los árboles, disparaban sobre las ventanas del hotel y algunos mílites de la guardia presidencial, se vieron constreñidos a contestar el fuego. Los de Barona huyeron disparando sobre los transeúntes que encontraron a su paso. El escándalo fue muy grande y costó más de cincuenta vidas.

Este incidente vino a agriar todavía más las diferencias existentes entre surianos y norteños. En la Convención, contaban con una gran mayoría los primeros y eran continuados los ataques injustos contra el Presidente González Garza.

Lagos Cházaro, Presidente provisional.

Al fin, para terminar con aquellas estériles reyertas, los delegados norteños consintieron en la separación de González Garza siempre que en su lugar fuese nombrado el licenciado Francisco Lagos Cházaro, que era el secretario particular del Presidente. Se hizo la substitución el 10 de junio, y debiendo integrarse el gabinete de acuerdo con la Convención, según la ley aprobada del gobierno parlamentario, fueron designados Ministros:

De Relaciones, licenciado Ignacio Borrego; de Gobernación, José Quevedo; de Hacienda, licenciado Luis Zubiria y Campa; de Guerra, General Francisco V. Pacheco; de Comunicaciones, General Federico Cervantes; de Instrucción Pública, profesor y General Otilio Montaño; de Agricultura, General Manuel Palafox. Con el carácter de Subsecretario, quedó encargado del Ministerio de Justicia el licenciado J. Mendoza López.

El día 11 prestó la protesta de ley el nuevo Presidente y ante él, lo hicieron los nuevos Ministros. Roque González Garza, Presidente de la República en uno de los períodos más tempestuosos de la historia de México y gobernando en situaciones muy difíciles, bajó del poder limpio de sangre y de oro, entre las generales simpatías de todo el pueblo. Democráticamente volvió a ocupar en la Convención, su curul de delegado como representante del General Francisco Villa.


Índice de La Convención Revolucionaria de Aguascalientes de Vito Alessio RoblesCapítulo anteriorCapítulo siguienteBiblioteca Virtual Antorcha